Saturday, April 30, 2011

Me gustas mucho Hyung

Título: Me gustas mucho Hyung
Pareja: KiHae
Tipo: Slash
Género: Romance
Clasificación: PG
Serie: Hyung

N/A: Inauguro el blog con este one-shot KiHae, una cosita hermosa que salió en un momento de maravillosa inspiración *O*~

Me gustas mucho Hyung

Levantó los brazos y se estiró, despegando la espalda del respaldo de la silla, escuchando el sonido que hacían sus vertebras quejándose de la tonta posición en la que se mantuvo por horas. Se quitó las gafas y se restregó los ojos porque su vista estaba cansada. La luz del sol ya no era tan potente como cuando se sentó allí, en su lugar predilecto de la biblioteca del instituto, junto a un enorme ventanal. Cerró el libro que había estado leyendo y decidió que ya era tiempo de ir a casa.

Cruzando el umbral de la entrada a la biblioteca, mientras se acomodaba mejor la mochila al hombro y estiraba las arrugas que se formaban en su uniforme, detuvo sus pasos al posar la vista en la escalinata frente a él.

—¿Hyung? —se acercó y permaneció en silencio durante algunos segundos frente al muchacho que yacía sentado en la escalera, con el rostro hundido y oculto en sus rodillas y brazos. —Hyung —llamó, pero el muchacho no respondió. —Donghae-hyung —dijo más fuerte.

Donghae se removió y alzó la cabeza, con los ojos entrecerrados. —¿Qué? —murmuró con voz adormilada.
—¿Estabas durmiendo? —no pudo evitar sonreír. —Creí que estabas llorando.
—¿Qué hora es? —preguntó Donghae, desperezándose, limpiándose la saliva con la manga de su chaqueta y bostezando descomunalmente.
—Las seis y media.
—¡¿Las seis y media?! —se sorprendió. —Omma va a matarme.
Kibum se rió discretamente. —¿Qué haces aquí de todos modos? Creí que tenías práctica de fútbol.
—La tuve. Acabó a las cuatro.
—¿Y estuviste durmiendo aquí desde esa hora? —Donghae no respondió. —¿Viniste aquí a dormir? —preguntó, extrañado.
—No.
—¿Entonces qué haces aquí, hyung?
Donghae le miró frunciendo el ceño, levemente dolido. —Te llamé un par de veces —dijo.
—Siempre que estoy en la biblioteca dejo el celular en silencio —sacó el aparato del bolsillo de su chaqueta y vio que tenía diez llamadas perdidas de Donghae. —¿Para qué me querías? —le preguntó, mientras revisaba sus mensajes, porque también le había llegado uno.

Donghae permaneció en silencio. Kibum ignoró la expresión un tanto avergonzada del rostro del otro mientras leía el mensaje.

Te espero fuera de la biblioteca. Hay algo que debo decirte.

—Así que era eso —murmuró el pelinegro, cerrando el aparato y guardándolo, mirando a Donghae de reojo. El castaño tenía las mejillas algo rojas y evitaba su mirada. —Lamento no haber contestado hyung —se disculpó Kibum.
—Está bien —murmuró.
—¿Qué ibas a decirme? —Kibum sabía que el otro no respondería.
—Vamos a casa —sugirió Donghae, ignorando su pregunta.

Caminaron en silencio hasta llegar al sitio en donde ambos se despedían para seguir el camino a sus respectivas casas.

—Hyung —dijo Kibum antes de que este se marchara. —¿Qué ibas a decirme?
Donghae le miró, mordiéndose el labio, como debatiendo algo mentalmente. —Ya no puedo ser tu amigo —dijo.
—¿Qué? ¿Por qué? —preguntó, sorprendido.
—Me gustas —soltó el castaño.

El silencio los envolvió hasta que el mayor se giró y se alejó corriendo.

***



Con parsimonia metió la llave en el cerrojo y entró a su hogar. Se quitó los zapatos, y al pasar por el salón saludó a sus padres haciendo una venia. Subió las escaleras, abrió la puerta de su habitación y, una vez adentro, le puso el seguro. Se aflojó el nudo de la corbata, dejó la mochila en el suelo y se sentó en la silla de su escritorio. Cogió el libro que descansaba junto a su laptop, y comenzó a hojearlo. Al cabo de segundos terminó dejándolo.

Sacó sus cuadernos de la mochila y se dispuso a hacer los deberes, aunque era viernes y tenía todo el fin de semana para hacerlo, pero también terminó por dejarlo. Encendió su laptop y comenzó su habitual recorrido por sus páginas favoritas, pero la verdad era que apenas prestaba atención a lo que salía en la pantalla. Le hubiese gustado ver televisión para distraerse, pero no tenía en la habitación porque él lo consideraba como un mal hábito. Su madre golpeó la puerta avisándole que la cena ya estaba lista. Él no bajó a cenar.

No podía concentrarse en nada. Se sentó en la cama, apoyando la espalda en el cabecero, suspirando imperceptiblemente. El rostro de su hyung no abandonaba su mente, mucho menos sus palabras.

Me gustas. Eso había dicho.

Se aflojó aún más el nudo de la corbata, sintiéndose repentinamente sofocado por el calor que le subía a la cara. Su hyung se le había confesado. Le había esperado más de dos horas fuera de la biblioteca sólo para decírselo. Ante ese pensamiento, una discreta sonrisa se asomó en el rostro de Kibum. Pero su rostro adquirió un semblante serio nuevamente con rapidez. Las primeras palabras de Donghae le preocupaban.

Ya no puedo ser tu amigo.

¿Significaba que se alejaría de él? ¿Qué ya no volvería a hablarle?
Kibum no quería que eso pasara. Conoció a Donghae cuando entró al instituto. Fue la primera persona amable que se acercó a él, debido a esa naturaleza amistosa y curiosa del castaño. Desde entonces eran muy buenos amigos. No quería que esa camaradería entre ellos desapareciera. Puede que no lo demuestre, pero Kibum siempre ha estado muy agradecido de la compañía del mayor. Él por naturaleza es callado y retraído, sino fuera por su hyung nunca habría hecho amigos en la escuela. Aunque en ese momento poco le importaban esos otros amigos.

No quiero perderte hyung, pensó.

Se levantó de la cama, cogió sus llaves, su celular y algo de dinero, y abandonó la habitación. Bajó las escaleras apresuradamente, y vagamente respondió la pregunta de su madre cuando esta le preguntó a dónde iba con un “Donghae hyung” y salió.

La noche estaba fresca. Él seguía con el uniforme del instituto. Ignorando eso, comenzó a dar pasos presurosos con destino a la casa de su hyung.

***



—Kibum, ¡Qué sorpresa! No sabía que venías —exclamó la madre de Donghae cuando abrió la puerta. Con un gesto le indicó que pasara.
—Buenas noches. ¿Donghae hyung…
—Está en la sala —sonrió la mujer. —Hae, vinieron a verte —exclamó.
—¿Quién? —gritó una voz desde la sala.

La señora Lee puso los ojos en blanco. —Estaré en la cocina —le dijo, y se alejó.

Kibum tragó saliva y se dirigió a la sala.
Su hyung estaba echado sobre el sofá, con el brazo izquierdo detrás de la cabeza y sosteniendo el mando a distancia con la mano derecha, pasando los canales con rapidez. Levantó la vista para quién lo visitaba, y sus ojos se agrandaron ante la sorpresa cuando lo vio.

—Kibum-ah —murmuró, levantándose de un salto, tratando de arreglar su despeinado cabello. Vestía unos pantalones deportivos de color gris un una playera negra sin mangas. —¿Q-qué haces aquí?

A Kibum le hizo un poco gracia verlo tan nervioso, pero entonces se dio cuenta de que él también lo estaba, tan o más que el otro. Quiso responder, pero ni él mismo sabía a ciencia cierta el por qué había ido. Fue una idea que surgió de repente, y tan sólo lo hizo. Decidió ser honesto.

—Quería verte —sintió que enrojecía, pero aún así le sostuvo la mirada.

Esa respuesta pareció sorprender al mayor, quien, sintiéndose algo incómodo, se miró los pies y se acomodó mejor el flequillo que le caía sobre el lado derecho de la frente.

—¿Vienes de la escuela? —preguntó de pronto la madre de Donghae, entrando en la sala de improviso.
—No, vengo de mi casa.
—¿Y por qué sigues vistiendo el uniforme? —preguntó.

Kibum sonrió, un tanto avergonzado. —Olvidé quitármelo.
—Qué divertido eres —río la señora Lee. —Lo primero que hace Donghae al llegar es quitarse el uniforme, y deja todo tirado por ahí.
—No es cierto —dijo Donghae haciendo un mohín.
—Sí cielo, lo que digas. Es mi turno de ver televisión. Mi drama ya está a punto de comenzar.

Donghae puso los ojos en blanco, cogió a Kibum de la mano, y tiró de él para que lo siguiera. La casa de Donghae era pequeña. Él y su familia solían vivir en una más grande que tuvieron que vender para pagar las cuentas del hospital por el tratamiento de su padre, quien había fallecido el año pasado. Donghae solía compartir la habitación con su hermano mayor, pero este se había marchado por la universidad.
El mayor cerró la puerta tras un suspiro, y soltó la mano de Kibum al instante. Le indicó con un gesto que podía sentarse en la cama, y Kibum lo hizo, nervioso porque su hyung lo miraba atentamente.
Kibum sabía que su hyung debía estar preguntándose miles de cosas, pero también sabía que no respondería a ninguna. Su vista se entretenía con el piso alfombrado, cuando oyó al mayor suspirar nuevamente. Alzó el rostro para mirarlo, y vio que este sonreía.

—¿Quieres jugar? —preguntó, señalando la consola de videojuegos que descansaba el suelo, junto a un pequeño televisor.

Kibum sonrió discretamente y aceptó.

***



—¡Ash! —exclamó Donghae al perder por cuarta vez seguida. —Otra vez —dijo y eligió la opción continuar de inmediato cuando apareció el conteo regresivo en su parte de la pantalla.
—Ya es tarde. Kibum se queda esta noche, ¿verdad? —preguntó su madre, abriendo la puerta y asomando la cabeza.
—¿Te quedas a dormir? —le preguntó Donghae, apenas mirándolo, muy concentrado en presionar las combinaciones de botones correctas para hacer que su personaje realizara impresionantes técnicas.
—Eeeh, sí —contestó Kibum, enrojeciendo.
—Muy bien —sonrió la madre de Donghae antes de marcharse.

Kibum miró a su amigo de reojo. Al parecer su hyung no se había percatado de su reacción, demasiado concentrado en el juego.

—¡Te gané! —exclamó el mayor, alzando los brazos en señal de triunfo.

Kibum se limitó a sonreír. Se sentía demasiado nervioso como para concentrarse en el videojuego.

—¿Qué hora es? —preguntó el castaño, y se levantó del suelo para coger su móvil de la cama. —Es medianoche, es temprano —frunció el ceño ante la exageración de su madre.
—¿Medianoche es temprano para ti hyung? —rió Kibum.
—Es que yo me duermo muy tarde —dijo. Iba a agregar algo más cuando el rugir del estómago de Kibum le interrumpió. —¿Tienes hambre? —preguntó, sonriendo ampliamente.
—La verdad es que no cené —murmuró el pelinegro, avergonzado.
—¡Haberlo dicho antes! —exclamó el mayor. —¿Qué clase de hyung soy si dejó que mi dongsaeng se muera hambre? Te traeré algo de comer, mientras —se acercó a su armario, esos de pared, y cogió un pantalón deportivo como el que él mismo traída puesto y una playera verde, —ponte esto. No querrás dormir con el uniforme —rió, y salió de la habitación.

Suspiró, y comenzó a quitarse la ropa. Dejó su uniforme perfectamente doblado y su chaqueta colgada en el respaldar de la silla del escritorio de su hyung. Tocaron la puerta y Kibum se apresuró en abrir.

—La cena está lista —dijo un sonriente Donghae, cargando una bandeja. Había preparado ramen, banana en rodajas y galletas. Dejó la bandeja en el suelo al tiempo que se sentaba. —Espero que te guste —sonrió, y sin perder más tiempo, cogió el control del videojuego y comenzó una partida nueva mientras Kibum devoraba los fideos. —¿Me das? —preguntaba el mayor de vez en cuando, y abría la boca con su rostro en dirección al menor, sin despegar los ojos de la pantalla. A Kibum no le molestaba.

A las tres, a Donghae le dio sueño.
Después de apagar la consola, ambos se quedaron viendo la cama unos segundos antes de mirarse a los ojos. Kibum pudo notar cómo su hyung se tensaba.

—Y-yo dormiré en el suelo —dijo el mayor, y fue hasta su armario para sacar algunas mantas.
—No hyung, yo dormiré en el suelo.
—Claro que no, eres mi invitado.
—Pero hyung.
—No seas mal dongsaeng y hazle caso a tu hyung —le dijo, golpeándole suavemente en la cabeza.

Kibum le ayudó a estirar las mantas sobre el suelo, junto a la cama, que estaba apegada a la pared. Kibum estaba a punto de recostarse, cuando dijo:

—Hyung…
—Ya dije que no Kibum-ah —dijo Donghae con impaciencia. —Ahora duérmete. Apaga la luz.

Kibum apagó la luz de la mesita de noche y se recostó, con los ojos muy abiertos. Sería una noche muy larga.

***



Por supuesto que no podía dormir. Estaba demasiado ansioso como para dormir. ¿Ansioso de qué? No estaba seguro. La situación era extraña. Por la tarde, su hyung se le había confesado. Me gustas, le había dicho. Ahora estaba en casa de su hyung, ocupando su cama mientras él dormía en el suelo. Ninguno había dado el menor indicio de querer sacar el tema a colación. Sabían que sería algo incómodo. Kibum agradecía que su hyung no lo hubiese atosigado a preguntas cuando llegó, y que se hubiese comportado como siempre, como si nada hubiese pasado. El problema era que en ese momento Kibum no podía hacer como si nada hubiese pasado. Tenía preguntas, dudas, y estas estaban martirizando su mente y su corazón.

—Hyung —dijo, sin esperar recibir respuesta.
—¿Qué? —su corazón dio un vuelco cuando escuchó que le respondían. —¿No puedes dormir?
—No.
—¿Estás incómodo? ¿Sientes frío? ¿Quieres otra manta?
—No hyung, estoy bien.
Hubo silencio.
—Hyung.
—Dime.
—Me siento mal si duermes en el piso. —Escuchó la risa del mayor. —Hablo en serio. Puedes enfermar.
—Estaré bien.
—Por favor hyung —dijo con voz suave.

Era cierto que se sentía mal porque Donghae estuviera en el piso. Kibum solía quedarse a dormir con frecuencia, y jamás su hyung había tenido que dormir en el suelo, siempre compartían la cama. Kibum sabía que la situación entre ellos estaba algo delicada, pero eso no significaba que no pudieran compartir el sitio para dormir, ¿verdad? Si lo habían hecho tantas otras veces en el pasado.

—Hyung.
—Está bien. Hazme espacio —Kibum se movió hacia la pared, sintiendo como la cama se hundía un poco bajó el peso del mayor. —¿Contento?
—Gracias hyung. Estoy más tranquilo.

Donghae no dijo nada.
El aroma del mayor le penetraba la nariz, era un olor muy agradable, demasiado, tanto así que le producía cosquillas en la parte baja de su vientre. El corazón le latía fuertemente, y quiso que se detuviera, porque tenía la sensación de que su hyung podía sentir la intensidad de sus latidos, y pensar en eso le daba mucha vergüenza.

—Kibum-ah —murmuró el mayor.
—¿Hyung?
—Dime por qué viniste. —Lo había estado esperando. Era más que obvio que su hyung se estaría preguntando eso. —¿Es por lo que dije? —preguntó. —¿Estás enfadado? —agregó en un susurro.
—No estoy enfadado hyung. Sólo…
—¿Qué?
—Dijiste que ya no podías ser mi amigo —dijo, y sintió un nudo en su garganta. —¿Es verdad eso? ¿Significa que ya no seremos amigos?

El mayor se tardó en contestar.

—Yo no quiero ser tu amigo, Kibum.
—Hyung, eso… —murmuró. Me duele, completó en su mente, sin atreverse a decirlo. El nudo en su garganta se hizo más grande. ¿De verdad iba a llorar por eso?

De pronto sintió que la mano del mayor cogía la suya y entrelazaba los dedos. Esperó, aguantando la respiración.

—Me gustas —murmuró su hyung, y se escuchó muy cerca de su oído. —Me gustas mucho, Kibum.

***



Tragó saliva duro, y el nudo de su garganta bajó a su estómago, transformándose en un nudo de nervios. La mano de Donghae mantenía un agarre firme con la suya, y el contacto le producía cosquillas, de hecho, sentía cosquillas por todo el cuerpo. El aroma masculino del mayor ya comenzaba a aturdirle los sentidos, era embriagante, le daban ganas de inclinarse hacia el mayor y aspirar más de ese aroma. Su corazón parecía a punto de salir de su pecho, y le sorprendía que su hyung aún no se diera cuenta de la potencia de sus latidos.

—Hyung —dijo, —c-creo que… también me gustas —murmuró muy bajito.

Casi podía ver la sonrisa del mayor en la oscuridad. Casi. Sintió que su hyung se acercaba, su corazón dio un brinco muy violento. Kibum se recostó sobre su costado para quedar cara a cara con el mayor. Sintió la mano de este acariciarle dulcemente la mejilla. Kibum cerró los ojos ante ese contacto, aceptando que le gustaba. Luego sintió aire caliente hacerle cosquillas en los labios. Tragó saliva duro y esperó. Los labios de su hyung se rozaron brevemente contra los suyos.

—Hyung…
—Lo siento —se disculpó el mayor de inmediato.

Kibum se sorprendió a sí mismo inclinándose hacia adelante para repetir ese contacto. La mano del mayor de ajustó a su mejilla, y con el pulgar acarició con dulzura al tiempo que los labios de ambos intercambiaban pequeños roces, castos besos que arrancaban suspiros de ambos.

—Hyung, me siento extraño —murmuró Kibum, tratando de poner en palabras la extraordinaria sensación que invadía todo su cuerpo en ese momento.
—Yo me siento feliz —murmuró el mayor.
—Mi corazón va a estallar —susurró el pelinegro, pues así se sentía. Su órgano vital le martilleaba en el pecho con extraordinaria fuerza, tanto así que llegaba a asustarlo un poco; nunca le había pasado algo así.

La mano de su hyung abandonó su mejilla y se apoyó en su pecho, comprobando los desaforados latidos del menor.

—El mío también —murmuró, y tomó la mano del menor para ubicarla en su propio pecho. El corazón del mayor estaba tan o más agitado que el suyo, y Kibum se maravilló por tal descubrimiento.
—Me gustas mucho hyung —susurró; esos besos castos continuaban.
—Me gustas mucho Kibummie —susurró el mayor, provocando en el otro un sonrojo inapreciable debido a la oscuridad. —Mucho.