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Saturday, September 17, 2011

Te quiero más cerca Hyung

Título: Sí puedes besarme Hyung
Pareja: KiHae
Tipo: Slash
Género: Romance
Clasificación: PG-13
Serie: 'Hyung'

N/A: Continuación de Sí puedes besarme Hyung


Te quiero más cerca Hyung

Miró la hora en su celular y sonrió discretamente. Eran las cuatro en punto. Cogió su mochila, regresó el libro que había estado leyendo a su estante correspondiente y abandonó la biblioteca.

—Hola hyung —sonrió tímidamente.

El mayor le respondió con una sonrisa radiante, levantándose de la escalera donde había esperado sentado pacientemente, como hacía todos los días.

Bajaron hasta el primer piso charlando. El mayor le contaba como había estado la práctica del equipo y alguna que otra cosa que había hecho durante el tiempo que no se habían visto. Kibum le escuchaba atentamente. Siempre era así. Su naturaleza era ser callado y escuchar, y eso a Donghae no le molestaba, ya se había acostumbrado a su silencio.

El pelinegro disfrutaba mucho el poder escucharlo, uno de sus momentos favoritos del día era cuando regresaban a casa juntos y su hyung le contaba las cosas que había hecho durante el día.

—¿Y tú qué has hecho? —preguntaba el mayor entonces, y a Kibum no le quedaba otra más que relatar las insignificantes cosas que había hecho en el día, aunque lo hacía de buena gana, porque el mayor siempre se mostraba muy interesado por sus aburridas y rutinarias actividades.

Llegaron al sitio en donde sus caminos se separaban. Esta era la parte menos y, a la vez, más favorita de Kibum. Menos favorita porque tenían separarse.

—Hoy es viernes —dijo el mayor.

—Sí.

—¿Tienes algo que hacer esta noche? —preguntó sin rodeos.

—Eeh, no.

—¿Vienes a dormir a mi casa? —preguntó, nervioso y expectante.

—Pues… —le divirtió notar el cómo la expresión del rostro de su hyung cambiaba a una de suma decepción. —La verdad es que mi madre me dijo que te invitara a casa esta vez. Dice que paso mucho tiempo en la tuya y que hace tanto que no te ve que… quiere que vayas.

El rostro del castaño se iluminó al instante.

—¿De verdad? Entonces iré —sonrió.

—Eso me alegra.

—¿En serio? —preguntó, divertido.

—En serio.

—Entonces nos vemos esta noche.

—Nos vemos esta noche hyung.

Y entonces lo hizo. Miró con disimulo en todas direcciones, cerciorándose que no había nadie a la vista. Se acercó a Kibum, se inclinó hacia él y le dio un fugaz beso en la mejilla antes de girar sobre sus talones, como si bailara, y despedirse de él con un gesto de la mano y con una sonrisa. Ese efímero contacto de los labios del mayor con su mejilla hacía que el momento de la despedida fuese, en cierta manera, su favorito. (413)

***

—Yo abriré —le avisó a su madre que estaba en la cocina. Se miró en el espejo que había en el recibidor y se acomodó el flequillo hacia un lado. Tragó saliva antes de abrir la puerta.

—Hyung —sonrió.

El mayor respondió a esa sonrisa con naturalidad.

—Donghae-ah —sonrió la madre de Kibum, apareciendo de repente. —Has crecido mucho. Hace mucho que no venías —agregó con tono de reproche.

—Lo siento mucho. Prometo que vendré más seguido —miró a Kibum en busca de un asentimiento y este no hizo más que sonrojarse.

—Espero que no hayas cenado. Como sabía que venías, preparé kimbap.

—¿De verdad? —sonrió el mayor, entusiasmado.

—De verdad. Deja tus cosas en la habitación de Kibum y bajen a cenar.

Subieron al cuarto del pelinegro de inmediato.

—Tu madre es muy buena conmigo —comentó el mayor.

Kibum se encogió de hombros. —Le gustas mucho.

Donghae rió.

Kibum estaba apoyado en la puerta, observándolo. Que el mayor de repente fijara su mirada en él lo puso nervioso.

—Será mejor que bajemos —murmuró al tiempo que el castaño se detenía frente a él.

No se movió ni hizo ademán de querer salir de la habitación. Se quedó quieto, esperando con los ojos cerrados. Podía sentir el cálido aliento de su hyung hacerle cosquillas en los labios.

—Muchachos, ya bajen —gritó su madre desde el piso de abajo.

Kibum suspiró imperceptiblemente. —Vamos —dijo, abriendo la puerta. El mayor le siguió en silencio. (237)

***

Después de comer, su madre les avisó a ambos que ella y su padre iban a salir.

—¿A dónde irán? —preguntó Kibum, extrañado.

Su madre miró a su padre en busca de apoyo, con las mejillas sonrojadas.

—Eso no es asunto tuyo —respondió el hombre.

Kibum se encogió de hombros, y él y el mayor se fueron al salón a jugar videojuegos.

—Ya nos marchamos Bummie —le dijo su madre. —¿Cómo me veo?

—Bien —respondió Kibum.

—Hermosa —sonrió Donghae.

La madre de Kibum sonrió encantada. —Eres muy amable Donghae-ah. Cuida bien de Bummie mientras no estamos.

—Omma —dijo Kibum con un dejo de impaciencia.

—Lo haré —sonrió el mayor.

—Si les da hambre cojan algo de la nevera, u ordenen una pizza, lo que sea.

—Está bien —dijo Kibum. —Adiós.

—Adiós muchachos. Pórtense bien —les guiñó un ojo a ambos y se marchó.

Aquel comentario tan inocente por parte de su madre le hizo enrojecer. Porque él y su hyung estarían solos.

Tragó duro ante esa perspectiva, nervioso.

Estaba tan nervioso, que en todas las partidas que jugaron, Donghae le venció. Kibum sabía que el mayor estaba consciente de su nerviosismo, y agradeció infinitamente la amabilidad y consideración de su hyung por no hacer ningún comentario al respecto.

—Tengo hambre —dijo el mayor a eso de la una. —¿Me dejas husmear en tu nevera?

—¿No prefieres ordenar pizza?

—Quiero comer algo dulce.

—Me parece que hay helado.

—¿Helado? —los ojos del mayor brillaron debido al entusiasmo, y se levantó del sofá rápidamente para ir a la cocina. —¡Wow! —exclamó desde la cocina. —Tienes toneladas de helado. ¿Puedo sacar del que yo quiera?

—Claro hyung —sonrió Kibum.

Al cabo de unos minutos, Donghae regresó con un pote de helado de vainilla, chocolate y fresas.

—¿Vas a comerte todo eso hyung? —rió Kibum.

—Esto es para los dos —dijo, dándole una cuchara.

—No me gusta el helado de fresa.

—Lo sé, pero te gusta la vainilla. La vainilla es para ti, yo me comeré la fresa y el chocolate.

—Creí que no te gustaba mucho la fresa hyung.

—Sí me gusta, lo que pasa es que evito comer algo de fresa muy seguido porque me hostiga. Hyukjae ama tanto la fresa que es lo único que comemos cuando nos vemos, por lo que a veces me harta.

—Ya veo —murmuró.

Hyukjae era el mejor amigo de su hyung, y estudiaba en el extranjero.

—¿No vas a comer, Bummie? —le dijo, ofreciéndole el pote de helado.

—No tengo ganas… Hey, hyung, no me llames así —protestó.

—¿Por qué no?

—Es vergonzoso.

—Es lindo —rió el mayor.

Kibum se sonrojó notoriamente, y sintió que se sonrojaba aún más cuando sintió la mano de su hyung acariciarle la mejilla.

Donghae se le quedó mirando, con esa sonrisa de medio lado que le hacía ver tan atractivo a ojos de Kibum.

—Vamos a dormir —dijo con ese tono de voz modulado que tanto le gustaba, y el corazón del menor dio un vuelco tremendo dentro de su pecho.

Se limitó a asentir con la cabeza y a seguir a su hyung a la habitación en silencio, con el rostro ardiendo, las piernas temblándole y las manos sudándole.

***

—¿Prefieres que duerma en el suelo? —preguntó el mayor al ver que el menor permanecía de pie cerca de la puerta mientras él se estaba acomodando en la cama de este.

—No hyung —respondió Kibum, y apagó la luz, presionando el interruptor junto a la puerta. La habitación quedó completamente a oscuras, pero el pelinegro la sabía de memoria, por lo que no tropezó con nada cuando caminó hasta llegar a su cama. Palpó la superficie con la mano y luego se recostó, con el corazón latiéndole en la garganta debido al nerviosismo.

Estaba tieso, con la espalda y los brazos tensos, la vista hacia el techo, con los ojos muy abiertos aunque no podía ver nada.

—Bummie —murmuró el mayor a su lado. —No estés asustado.

—No lo estoy.

—No estés nervioso.

—…

—…

—Está bien.

—No te hará nada, lo prometo.

Y una vocecilla dentro de la cabeza de Kibum comenzó a protestar. ¿Por qué? ¿Por qué protestaba? ¿Por qué las palabras de su hyung le habían dejado esa sensación de vacío en el pecho? ¿Acaso él quería que… sí hiciera algo?

—Hyung —murmuró sin darse cuenta.

—¿Qué?

¿Qué iba a decirle? No tenía idea. Él no quería que se alejase, quería sentirle cerca, más cerca de lo que ahora estaban.

—¿Qué es Bummie? —murmuró el mayor, con esa voz modulada que le ponía la piel de gallina. —Dime.

—Hyung —volvió a decir. Te quiero más cerca, completó en su cabeza, sin atreverse a decirlo.

—Kibum.

El pelinegro se recostó sobre su costado derecho y a tientas, buscó a su hyung con las manos. Cuando dio con su rostro, le atrajo suavemente hacia sí y susurró la dulce caricia de un beso en los labios del mayor.

Donghae suspiró ante esa caricia, y Kibum cerró los ojos para hacer de ese contacto algo más que un simple roce.

El beso de hacía unos días en los vestidores le había dejado con ganas de más.

Su labios, sus dientes, su lengua, Kibum degustó todo eso, tomando total control sobre el beso, disfrutando de los jadeos que escapaban de la boca del mayor cuando se separaba de él por breves instantes para cambiar el ángulo del beso. Todo había comenzado deliciosamente lento y suave, pero ahora, impulsado parcialmente por la insana velocidad de su corazón, Kibum tornó el beso más urgente y necesitado.

Se habían acercado muchísimo. Kibum rodeaba el cuello del mayor con los brazos, con la mano perdida en sus cabellos, mientras que este le rodeaba la cintura en un abrazo posesivo.

—Bummie —gimió el mayor, comenzando a repartir besos por toda la mandíbula del pelinegro, deslizándose con sutileza a su cuello, aspirando con fruición el aroma de su piel. —Me gustas mucho —murmuró contra su cuello, y comenzó a besar esa piel expuesta.

—Hyung —gimió Kibum, apegándose más a su hyung, fascinado por las sensaciones que le provocaba.

Sintió la humedad de la lengua del mayor contra su piel, luego sintió sus dientes, y después el cómo su piel era sorbida por su boca. Era una explosión de placer que nacía en esa zona de su cuello y se extendía a todas partes. Su corazón golpeaba con muchísima fuerza contra el pecho del castaño.

Su hyung llevaba mucho tiempo concentrado en su cuello, tanto que ya era hasta doloroso, pero a Kibum no le importaba. Había algo en ese dolor que le gustaba.

—Dong…hae —murmuró con dificultad, porque le era imposible mantener el aliento.

El mayor liberó la piel de su cuello y Kibum escuchó sus intentos por calmar su agitada respiración.

—L-lo siento. ¿Te lastimé?

—N-no.

—Lo siento —hundió el rostro en su cuello, y Kibum podría jurar que tenía ese adorable gesto en el rostro que hacía cada vez que se sentía avergonzado. —Me vuelves loco Bummie —murmuró contra la piel que había succionado y que ahora le escocía. Ante esas palabras, Kibum se estremeció, y cerró los ojos al sentir la lengua de su hyung. Sus lamidas trataban de calmar el dolor.

Pasados los minutos, se acomodaron para dormir.

—Tu corazón late muy fuerte hyung —murmuró Kibum, recostado en el pecho del mayor.

—Es tu culpa.

—Lo siento hyung.

—No te disculpes.

—No. Siento que debo disculparme —alzó la cabeza y la hundió en el cuello del mayor.

—Bummie —murmuró el castaño con deseo.

Y Kibum hizo exactamente lo mismo que su hyung. Repartió besos por toda la piel de su cuello, pasó la lengua reiteradas veces, y después tomó un trozó de piel con la boca, succionando.

—Bummie —gimió el mayor.

Kibum no se conformó con sólo una porción de piel, se deslizó por todo el espacio que le era accesible, y se inclinó para acceder al otro lado del cuello del mayor, haciendo lo mismo.

—Bummie, t-te quiero —murmuró el mayor.

Kibum sintió su corazón dar un brinco, pero no respondió. Se acurrucó contra el pecho del mayor y dejó que este le abrazara.

—Te quiero —repitió su hyung antes de caer dormido.

Thursday, August 4, 2011

Sí puedes besarme Hyung

Título: Sí puedes besarme Hyung
Pareja: KiHae
Tipo: Slash
Género: Romance
Clasificación: PG

Serie: Hyung

N/A: Cotinuación de Me gustas mucho Hyung.


Sí puedes besarme Hyung

El silbido del árbitro dio inicio al partido. Kibum veía todo desde lejos, refugiado bajo la sombra de un árbol. Observó a su hyung jugar con mucho entusiasmo y anotar tres goles para su equipo. Aquella expresión que adornaba su rostro cuando celebraba con el resto de los jugadores era algo que a Kibum siempre le había gustado.

El primer tiempo ya había terminado y vio como su hyung se disculpaba con el resto del equipo.

—¿Te marchas temprano otra vez? —escuchó decir a uno de los miembros del equipo.

—Tengo algo que hacer —sonrió su hyung con un gesto de disculpa, al tiempo que cogía sus cosas y se marchaba apresuradamente a los vestidores.

Kibum sonrió. Mientras caminaba rumbo a los vestidores, pensaba. Ese día se le antojó variar su rutina, y decidió cambiar la biblioteca y los libros por un poco de aire fresco, porque lo que fue a ver la práctica del club de fútbol.

Le conmovió ver que su hyung dejaba la práctica temprano para llegar puntual a la hora en la que se reunían fuera de la biblioteca para regresar juntos a casa, pero como esta vez no estaba en la biblioteca, no sería necesario que su hyung fuese hasta allá, por lo que tenía que decirle. Entró en los vestidores masculinos y vio a su hyung recién salido de la ducha (¿tanto había demorado en seguirlo, o es que su hyung es realmente rápido bañándose?), con la cintura envuelta en una toalla. Se estaba secando el cabello, cuando alzó la vista y lo vio.

—Kibum-ah —sonrió.

Kibum le devolvió la sonrisa, sonrojado.

—Siento molestar…

—No molestas. ¿Qué haces aquí?

—Vine a ver la práctica.

—¿De verdad? —dejó la toalla del pelo sobre una banca de madera y se volteó completamente para verlo. —¿Por qué no me dijiste que vendrías?

—Fue algo de improviso. Lo siento hyung.

—No te disculpes. Estoy feliz de que hayas venido —sonrió, y Kibum no pudo más que hacer eco de esa cálida sonrisa. —Me vestiré en un segundo —dijo, cogió ropa limpia de su bolso y regresó a las duchas para vestirse ahí. Salió vestido con los pantalones del uniforme, poniéndose el cinturón, todavía desnudo del torso para arriba.

A Kibum la situación lo ponía nervioso. Su hyung era unos centímetro más bajo que él, pero tenía los músculos de los brazos y los pectorales muy definidos, y se notaba que los músculos de su abdomen estaban muy bien trabajados. Se veía odiosamente atractivo.

—¿Cómo estuvo tu día? —preguntó el mayor, sacándolo de su ensimismamiento. Se había puesto una camiseta sin mangas de color blanco que le quedaba ajustaba, y ahora se disponía a colocarse la camisa blanca del uniforme.

—Estuvo normal. ¿Qué tal el tuyo, hyung?

—Mmm… pensé que reprobaría mi examen de química, pero aprobé con la nota mínima —rió. —Quizás debería dejar el club de fútbol y ponerme a estudiar más.

—¿Lo harías? —preguntó Kibum, incrédulo.

—No, no lo haría. ¿Viste los goles que anoté? —le preguntó, y se notaba que había querido hablar de eso desde que lo vio.

—Sí los vi hyung —sonrió ante la actitud tan infantil del mayor.

—¿No crees que me veo bien cuando juego fútbol? —preguntó, más para sí mismo.

Kibum rió discretamente.

—No lo sé hyung. Deberías preguntarle a tu club de fans.

—Nah, ellas siempre dicen que me veo bien haciendo todo —suspiró.

Kibum rió. Su hyung era muy popular entre las chicas, por su carisma y por su dulce sonrisa.

—Kibummie-ah —dijo el mayor.

—¿Qué?

—Quédate quieto.

Se acercó al menor, quedando cara a cara con él. Kibum sintió que su corazón comenzaba a agitarse dentro de su pecho, y tragó saliva, aunque de repente la boca se le secó.

—¿Q-qué sucede hyung?

—Tienes algo verde en el cabello —murmuró, mientras le quitaba lo que sea que tenía en el lado izquierdo. —Listo —eran algunas hojas, seguramente del árbol bajo el cual había estado observando la práctica.

—Gracias hyung —sonrió.

Donghae le sonrió de vuelta, sin demostrar intenciones de alejarse.

—Estamos solos —murmuró, sonriendo de medio lado, mordiéndose el labio inferior con gesto travieso. —¿Puedo besarte?

Kibum asintió. Sintió la mano de su hyung en su rostro y cerró automáticamente los ojos. Los labios del mayor se presionaron contra los suyos. Estaban juntos desde hacía tres meses, y Kibum ya había aceptado que los labios de su hyung le encantaban, aún cuando sus besos no habían pasado de ser un roce casto entre sus labios.

Kibum tenía mucha curiosidad por saber qué se sentiría besar a su hyung de verdad, pero no se atrevía a dar el primer paso, porque se ponía demasiado nervioso. Sabía que su hyung notaba todo su nerviosismo, y creía que era quizás por eso que el mayor aún no daba ningún indicio de querer profundizar esos besos, tal vez pensaba que lo espantaría o algo así.

A pesar de eso, esos besos tan inocentes le seguían dejando sin aliento, hacían que su corazón bombeara sangre con locura, y que en la punta de los dedos de las manos sintiera cosquillas.

La mano izquierda de su hyung le sujetaba gentilmente el rostro, y Kibum sintió que con la otra mano le tomaba de la cintura.

—Kibummie —susurró el mayor con la voz ronca, provocando que la piel del menor se erizara.

El pelinegro gimió muy bajito cuando sintió los labios de su hyung intentando aprisionar su labio inferior. Gimió otra vez cuando sintió los dientes del mayor mordisquear su labio provocativamente, y lo hizo nuevamente cuando sintió la lengua del mayor recorrer su labio de extremo a extremo, muy lentamente.

Separó los labios inconscientemente, y el mayor se aprovechó de ello para introducir su lengua dentro de la boca de Kibum, saboreando con deliciosa lentitud la cavidad del menor. A Kibum nunca lo habían besado de esa manera, así que fue por puro instinto el que respondiera al beso, correspondiendo las caricias con su propia lengua. De pronto sintió detrás de su espalda y nuca algo duro y frío. No se percató en qué momento su hyung lo encaminó hasta acorralarlo contra la pared, y sinceramente no le importaba. El aliento del mayor, su olor, su sabor, la sensación de su lengua frotándose contra la suya, sus labios moviéndose contra los suyos, sus manos sujetando su rostro y su cintura, su cuerpo apegado al suyo…

De pronto el celular de Kibum comenzó a vibrar, produciendo un sonido que los desconcentró y sobresaltó a ambos. Se separaron. Kibum tenía las mejillas teñidas de un rojo brillante y respiraba agitado, al igual que el mayor. Metió la mano al bolsillo de su chaqueta y sacó el aparato. La pantalla parpadeaba al tiempo que un pececito revoloteaba de aquí a allá mientras la palabra “Hyung” y una campana cambiaban de color. Había programado la alarma para las cuatro, para así salir puntual a reunirse con el mayor. Desactivó la alarma y el celular dejó de brillar. Soltó un imperceptible suspiro. ¿Ya eran las cuatro? ¿Cuánto tiempo habían estado besándose?

—¿Vamos a casa? —preguntó Donghae, sonriendo.

Kibum asintió, y esperó a que terminara de vestirse.

Saturday, April 30, 2011

Me gustas mucho Hyung

Título: Me gustas mucho Hyung
Pareja: KiHae
Tipo: Slash
Género: Romance
Clasificación: PG
Serie: Hyung

N/A: Inauguro el blog con este one-shot KiHae, una cosita hermosa que salió en un momento de maravillosa inspiración *O*~

Me gustas mucho Hyung

Levantó los brazos y se estiró, despegando la espalda del respaldo de la silla, escuchando el sonido que hacían sus vertebras quejándose de la tonta posición en la que se mantuvo por horas. Se quitó las gafas y se restregó los ojos porque su vista estaba cansada. La luz del sol ya no era tan potente como cuando se sentó allí, en su lugar predilecto de la biblioteca del instituto, junto a un enorme ventanal. Cerró el libro que había estado leyendo y decidió que ya era tiempo de ir a casa.

Cruzando el umbral de la entrada a la biblioteca, mientras se acomodaba mejor la mochila al hombro y estiraba las arrugas que se formaban en su uniforme, detuvo sus pasos al posar la vista en la escalinata frente a él.

—¿Hyung? —se acercó y permaneció en silencio durante algunos segundos frente al muchacho que yacía sentado en la escalera, con el rostro hundido y oculto en sus rodillas y brazos. —Hyung —llamó, pero el muchacho no respondió. —Donghae-hyung —dijo más fuerte.

Donghae se removió y alzó la cabeza, con los ojos entrecerrados. —¿Qué? —murmuró con voz adormilada.
—¿Estabas durmiendo? —no pudo evitar sonreír. —Creí que estabas llorando.
—¿Qué hora es? —preguntó Donghae, desperezándose, limpiándose la saliva con la manga de su chaqueta y bostezando descomunalmente.
—Las seis y media.
—¡¿Las seis y media?! —se sorprendió. —Omma va a matarme.
Kibum se rió discretamente. —¿Qué haces aquí de todos modos? Creí que tenías práctica de fútbol.
—La tuve. Acabó a las cuatro.
—¿Y estuviste durmiendo aquí desde esa hora? —Donghae no respondió. —¿Viniste aquí a dormir? —preguntó, extrañado.
—No.
—¿Entonces qué haces aquí, hyung?
Donghae le miró frunciendo el ceño, levemente dolido. —Te llamé un par de veces —dijo.
—Siempre que estoy en la biblioteca dejo el celular en silencio —sacó el aparato del bolsillo de su chaqueta y vio que tenía diez llamadas perdidas de Donghae. —¿Para qué me querías? —le preguntó, mientras revisaba sus mensajes, porque también le había llegado uno.

Donghae permaneció en silencio. Kibum ignoró la expresión un tanto avergonzada del rostro del otro mientras leía el mensaje.

Te espero fuera de la biblioteca. Hay algo que debo decirte.

—Así que era eso —murmuró el pelinegro, cerrando el aparato y guardándolo, mirando a Donghae de reojo. El castaño tenía las mejillas algo rojas y evitaba su mirada. —Lamento no haber contestado hyung —se disculpó Kibum.
—Está bien —murmuró.
—¿Qué ibas a decirme? —Kibum sabía que el otro no respondería.
—Vamos a casa —sugirió Donghae, ignorando su pregunta.

Caminaron en silencio hasta llegar al sitio en donde ambos se despedían para seguir el camino a sus respectivas casas.

—Hyung —dijo Kibum antes de que este se marchara. —¿Qué ibas a decirme?
Donghae le miró, mordiéndose el labio, como debatiendo algo mentalmente. —Ya no puedo ser tu amigo —dijo.
—¿Qué? ¿Por qué? —preguntó, sorprendido.
—Me gustas —soltó el castaño.

El silencio los envolvió hasta que el mayor se giró y se alejó corriendo.

***



Con parsimonia metió la llave en el cerrojo y entró a su hogar. Se quitó los zapatos, y al pasar por el salón saludó a sus padres haciendo una venia. Subió las escaleras, abrió la puerta de su habitación y, una vez adentro, le puso el seguro. Se aflojó el nudo de la corbata, dejó la mochila en el suelo y se sentó en la silla de su escritorio. Cogió el libro que descansaba junto a su laptop, y comenzó a hojearlo. Al cabo de segundos terminó dejándolo.

Sacó sus cuadernos de la mochila y se dispuso a hacer los deberes, aunque era viernes y tenía todo el fin de semana para hacerlo, pero también terminó por dejarlo. Encendió su laptop y comenzó su habitual recorrido por sus páginas favoritas, pero la verdad era que apenas prestaba atención a lo que salía en la pantalla. Le hubiese gustado ver televisión para distraerse, pero no tenía en la habitación porque él lo consideraba como un mal hábito. Su madre golpeó la puerta avisándole que la cena ya estaba lista. Él no bajó a cenar.

No podía concentrarse en nada. Se sentó en la cama, apoyando la espalda en el cabecero, suspirando imperceptiblemente. El rostro de su hyung no abandonaba su mente, mucho menos sus palabras.

Me gustas. Eso había dicho.

Se aflojó aún más el nudo de la corbata, sintiéndose repentinamente sofocado por el calor que le subía a la cara. Su hyung se le había confesado. Le había esperado más de dos horas fuera de la biblioteca sólo para decírselo. Ante ese pensamiento, una discreta sonrisa se asomó en el rostro de Kibum. Pero su rostro adquirió un semblante serio nuevamente con rapidez. Las primeras palabras de Donghae le preocupaban.

Ya no puedo ser tu amigo.

¿Significaba que se alejaría de él? ¿Qué ya no volvería a hablarle?
Kibum no quería que eso pasara. Conoció a Donghae cuando entró al instituto. Fue la primera persona amable que se acercó a él, debido a esa naturaleza amistosa y curiosa del castaño. Desde entonces eran muy buenos amigos. No quería que esa camaradería entre ellos desapareciera. Puede que no lo demuestre, pero Kibum siempre ha estado muy agradecido de la compañía del mayor. Él por naturaleza es callado y retraído, sino fuera por su hyung nunca habría hecho amigos en la escuela. Aunque en ese momento poco le importaban esos otros amigos.

No quiero perderte hyung, pensó.

Se levantó de la cama, cogió sus llaves, su celular y algo de dinero, y abandonó la habitación. Bajó las escaleras apresuradamente, y vagamente respondió la pregunta de su madre cuando esta le preguntó a dónde iba con un “Donghae hyung” y salió.

La noche estaba fresca. Él seguía con el uniforme del instituto. Ignorando eso, comenzó a dar pasos presurosos con destino a la casa de su hyung.

***



—Kibum, ¡Qué sorpresa! No sabía que venías —exclamó la madre de Donghae cuando abrió la puerta. Con un gesto le indicó que pasara.
—Buenas noches. ¿Donghae hyung…
—Está en la sala —sonrió la mujer. —Hae, vinieron a verte —exclamó.
—¿Quién? —gritó una voz desde la sala.

La señora Lee puso los ojos en blanco. —Estaré en la cocina —le dijo, y se alejó.

Kibum tragó saliva y se dirigió a la sala.
Su hyung estaba echado sobre el sofá, con el brazo izquierdo detrás de la cabeza y sosteniendo el mando a distancia con la mano derecha, pasando los canales con rapidez. Levantó la vista para quién lo visitaba, y sus ojos se agrandaron ante la sorpresa cuando lo vio.

—Kibum-ah —murmuró, levantándose de un salto, tratando de arreglar su despeinado cabello. Vestía unos pantalones deportivos de color gris un una playera negra sin mangas. —¿Q-qué haces aquí?

A Kibum le hizo un poco gracia verlo tan nervioso, pero entonces se dio cuenta de que él también lo estaba, tan o más que el otro. Quiso responder, pero ni él mismo sabía a ciencia cierta el por qué había ido. Fue una idea que surgió de repente, y tan sólo lo hizo. Decidió ser honesto.

—Quería verte —sintió que enrojecía, pero aún así le sostuvo la mirada.

Esa respuesta pareció sorprender al mayor, quien, sintiéndose algo incómodo, se miró los pies y se acomodó mejor el flequillo que le caía sobre el lado derecho de la frente.

—¿Vienes de la escuela? —preguntó de pronto la madre de Donghae, entrando en la sala de improviso.
—No, vengo de mi casa.
—¿Y por qué sigues vistiendo el uniforme? —preguntó.

Kibum sonrió, un tanto avergonzado. —Olvidé quitármelo.
—Qué divertido eres —río la señora Lee. —Lo primero que hace Donghae al llegar es quitarse el uniforme, y deja todo tirado por ahí.
—No es cierto —dijo Donghae haciendo un mohín.
—Sí cielo, lo que digas. Es mi turno de ver televisión. Mi drama ya está a punto de comenzar.

Donghae puso los ojos en blanco, cogió a Kibum de la mano, y tiró de él para que lo siguiera. La casa de Donghae era pequeña. Él y su familia solían vivir en una más grande que tuvieron que vender para pagar las cuentas del hospital por el tratamiento de su padre, quien había fallecido el año pasado. Donghae solía compartir la habitación con su hermano mayor, pero este se había marchado por la universidad.
El mayor cerró la puerta tras un suspiro, y soltó la mano de Kibum al instante. Le indicó con un gesto que podía sentarse en la cama, y Kibum lo hizo, nervioso porque su hyung lo miraba atentamente.
Kibum sabía que su hyung debía estar preguntándose miles de cosas, pero también sabía que no respondería a ninguna. Su vista se entretenía con el piso alfombrado, cuando oyó al mayor suspirar nuevamente. Alzó el rostro para mirarlo, y vio que este sonreía.

—¿Quieres jugar? —preguntó, señalando la consola de videojuegos que descansaba el suelo, junto a un pequeño televisor.

Kibum sonrió discretamente y aceptó.

***



—¡Ash! —exclamó Donghae al perder por cuarta vez seguida. —Otra vez —dijo y eligió la opción continuar de inmediato cuando apareció el conteo regresivo en su parte de la pantalla.
—Ya es tarde. Kibum se queda esta noche, ¿verdad? —preguntó su madre, abriendo la puerta y asomando la cabeza.
—¿Te quedas a dormir? —le preguntó Donghae, apenas mirándolo, muy concentrado en presionar las combinaciones de botones correctas para hacer que su personaje realizara impresionantes técnicas.
—Eeeh, sí —contestó Kibum, enrojeciendo.
—Muy bien —sonrió la madre de Donghae antes de marcharse.

Kibum miró a su amigo de reojo. Al parecer su hyung no se había percatado de su reacción, demasiado concentrado en el juego.

—¡Te gané! —exclamó el mayor, alzando los brazos en señal de triunfo.

Kibum se limitó a sonreír. Se sentía demasiado nervioso como para concentrarse en el videojuego.

—¿Qué hora es? —preguntó el castaño, y se levantó del suelo para coger su móvil de la cama. —Es medianoche, es temprano —frunció el ceño ante la exageración de su madre.
—¿Medianoche es temprano para ti hyung? —rió Kibum.
—Es que yo me duermo muy tarde —dijo. Iba a agregar algo más cuando el rugir del estómago de Kibum le interrumpió. —¿Tienes hambre? —preguntó, sonriendo ampliamente.
—La verdad es que no cené —murmuró el pelinegro, avergonzado.
—¡Haberlo dicho antes! —exclamó el mayor. —¿Qué clase de hyung soy si dejó que mi dongsaeng se muera hambre? Te traeré algo de comer, mientras —se acercó a su armario, esos de pared, y cogió un pantalón deportivo como el que él mismo traída puesto y una playera verde, —ponte esto. No querrás dormir con el uniforme —rió, y salió de la habitación.

Suspiró, y comenzó a quitarse la ropa. Dejó su uniforme perfectamente doblado y su chaqueta colgada en el respaldar de la silla del escritorio de su hyung. Tocaron la puerta y Kibum se apresuró en abrir.

—La cena está lista —dijo un sonriente Donghae, cargando una bandeja. Había preparado ramen, banana en rodajas y galletas. Dejó la bandeja en el suelo al tiempo que se sentaba. —Espero que te guste —sonrió, y sin perder más tiempo, cogió el control del videojuego y comenzó una partida nueva mientras Kibum devoraba los fideos. —¿Me das? —preguntaba el mayor de vez en cuando, y abría la boca con su rostro en dirección al menor, sin despegar los ojos de la pantalla. A Kibum no le molestaba.

A las tres, a Donghae le dio sueño.
Después de apagar la consola, ambos se quedaron viendo la cama unos segundos antes de mirarse a los ojos. Kibum pudo notar cómo su hyung se tensaba.

—Y-yo dormiré en el suelo —dijo el mayor, y fue hasta su armario para sacar algunas mantas.
—No hyung, yo dormiré en el suelo.
—Claro que no, eres mi invitado.
—Pero hyung.
—No seas mal dongsaeng y hazle caso a tu hyung —le dijo, golpeándole suavemente en la cabeza.

Kibum le ayudó a estirar las mantas sobre el suelo, junto a la cama, que estaba apegada a la pared. Kibum estaba a punto de recostarse, cuando dijo:

—Hyung…
—Ya dije que no Kibum-ah —dijo Donghae con impaciencia. —Ahora duérmete. Apaga la luz.

Kibum apagó la luz de la mesita de noche y se recostó, con los ojos muy abiertos. Sería una noche muy larga.

***



Por supuesto que no podía dormir. Estaba demasiado ansioso como para dormir. ¿Ansioso de qué? No estaba seguro. La situación era extraña. Por la tarde, su hyung se le había confesado. Me gustas, le había dicho. Ahora estaba en casa de su hyung, ocupando su cama mientras él dormía en el suelo. Ninguno había dado el menor indicio de querer sacar el tema a colación. Sabían que sería algo incómodo. Kibum agradecía que su hyung no lo hubiese atosigado a preguntas cuando llegó, y que se hubiese comportado como siempre, como si nada hubiese pasado. El problema era que en ese momento Kibum no podía hacer como si nada hubiese pasado. Tenía preguntas, dudas, y estas estaban martirizando su mente y su corazón.

—Hyung —dijo, sin esperar recibir respuesta.
—¿Qué? —su corazón dio un vuelco cuando escuchó que le respondían. —¿No puedes dormir?
—No.
—¿Estás incómodo? ¿Sientes frío? ¿Quieres otra manta?
—No hyung, estoy bien.
Hubo silencio.
—Hyung.
—Dime.
—Me siento mal si duermes en el piso. —Escuchó la risa del mayor. —Hablo en serio. Puedes enfermar.
—Estaré bien.
—Por favor hyung —dijo con voz suave.

Era cierto que se sentía mal porque Donghae estuviera en el piso. Kibum solía quedarse a dormir con frecuencia, y jamás su hyung había tenido que dormir en el suelo, siempre compartían la cama. Kibum sabía que la situación entre ellos estaba algo delicada, pero eso no significaba que no pudieran compartir el sitio para dormir, ¿verdad? Si lo habían hecho tantas otras veces en el pasado.

—Hyung.
—Está bien. Hazme espacio —Kibum se movió hacia la pared, sintiendo como la cama se hundía un poco bajó el peso del mayor. —¿Contento?
—Gracias hyung. Estoy más tranquilo.

Donghae no dijo nada.
El aroma del mayor le penetraba la nariz, era un olor muy agradable, demasiado, tanto así que le producía cosquillas en la parte baja de su vientre. El corazón le latía fuertemente, y quiso que se detuviera, porque tenía la sensación de que su hyung podía sentir la intensidad de sus latidos, y pensar en eso le daba mucha vergüenza.

—Kibum-ah —murmuró el mayor.
—¿Hyung?
—Dime por qué viniste. —Lo había estado esperando. Era más que obvio que su hyung se estaría preguntando eso. —¿Es por lo que dije? —preguntó. —¿Estás enfadado? —agregó en un susurro.
—No estoy enfadado hyung. Sólo…
—¿Qué?
—Dijiste que ya no podías ser mi amigo —dijo, y sintió un nudo en su garganta. —¿Es verdad eso? ¿Significa que ya no seremos amigos?

El mayor se tardó en contestar.

—Yo no quiero ser tu amigo, Kibum.
—Hyung, eso… —murmuró. Me duele, completó en su mente, sin atreverse a decirlo. El nudo en su garganta se hizo más grande. ¿De verdad iba a llorar por eso?

De pronto sintió que la mano del mayor cogía la suya y entrelazaba los dedos. Esperó, aguantando la respiración.

—Me gustas —murmuró su hyung, y se escuchó muy cerca de su oído. —Me gustas mucho, Kibum.

***



Tragó saliva duro, y el nudo de su garganta bajó a su estómago, transformándose en un nudo de nervios. La mano de Donghae mantenía un agarre firme con la suya, y el contacto le producía cosquillas, de hecho, sentía cosquillas por todo el cuerpo. El aroma masculino del mayor ya comenzaba a aturdirle los sentidos, era embriagante, le daban ganas de inclinarse hacia el mayor y aspirar más de ese aroma. Su corazón parecía a punto de salir de su pecho, y le sorprendía que su hyung aún no se diera cuenta de la potencia de sus latidos.

—Hyung —dijo, —c-creo que… también me gustas —murmuró muy bajito.

Casi podía ver la sonrisa del mayor en la oscuridad. Casi. Sintió que su hyung se acercaba, su corazón dio un brinco muy violento. Kibum se recostó sobre su costado para quedar cara a cara con el mayor. Sintió la mano de este acariciarle dulcemente la mejilla. Kibum cerró los ojos ante ese contacto, aceptando que le gustaba. Luego sintió aire caliente hacerle cosquillas en los labios. Tragó saliva duro y esperó. Los labios de su hyung se rozaron brevemente contra los suyos.

—Hyung…
—Lo siento —se disculpó el mayor de inmediato.

Kibum se sorprendió a sí mismo inclinándose hacia adelante para repetir ese contacto. La mano del mayor de ajustó a su mejilla, y con el pulgar acarició con dulzura al tiempo que los labios de ambos intercambiaban pequeños roces, castos besos que arrancaban suspiros de ambos.

—Hyung, me siento extraño —murmuró Kibum, tratando de poner en palabras la extraordinaria sensación que invadía todo su cuerpo en ese momento.
—Yo me siento feliz —murmuró el mayor.
—Mi corazón va a estallar —susurró el pelinegro, pues así se sentía. Su órgano vital le martilleaba en el pecho con extraordinaria fuerza, tanto así que llegaba a asustarlo un poco; nunca le había pasado algo así.

La mano de su hyung abandonó su mejilla y se apoyó en su pecho, comprobando los desaforados latidos del menor.

—El mío también —murmuró, y tomó la mano del menor para ubicarla en su propio pecho. El corazón del mayor estaba tan o más agitado que el suyo, y Kibum se maravilló por tal descubrimiento.
—Me gustas mucho hyung —susurró; esos besos castos continuaban.
—Me gustas mucho Kibummie —susurró el mayor, provocando en el otro un sonrojo inapreciable debido a la oscuridad. —Mucho.