Thursday, August 4, 2011

Sí puedes besarme Hyung

Título: Sí puedes besarme Hyung
Pareja: KiHae
Tipo: Slash
Género: Romance
Clasificación: PG

Serie: Hyung

N/A: Cotinuación de Me gustas mucho Hyung.


Sí puedes besarme Hyung

El silbido del árbitro dio inicio al partido. Kibum veía todo desde lejos, refugiado bajo la sombra de un árbol. Observó a su hyung jugar con mucho entusiasmo y anotar tres goles para su equipo. Aquella expresión que adornaba su rostro cuando celebraba con el resto de los jugadores era algo que a Kibum siempre le había gustado.

El primer tiempo ya había terminado y vio como su hyung se disculpaba con el resto del equipo.

—¿Te marchas temprano otra vez? —escuchó decir a uno de los miembros del equipo.

—Tengo algo que hacer —sonrió su hyung con un gesto de disculpa, al tiempo que cogía sus cosas y se marchaba apresuradamente a los vestidores.

Kibum sonrió. Mientras caminaba rumbo a los vestidores, pensaba. Ese día se le antojó variar su rutina, y decidió cambiar la biblioteca y los libros por un poco de aire fresco, porque lo que fue a ver la práctica del club de fútbol.

Le conmovió ver que su hyung dejaba la práctica temprano para llegar puntual a la hora en la que se reunían fuera de la biblioteca para regresar juntos a casa, pero como esta vez no estaba en la biblioteca, no sería necesario que su hyung fuese hasta allá, por lo que tenía que decirle. Entró en los vestidores masculinos y vio a su hyung recién salido de la ducha (¿tanto había demorado en seguirlo, o es que su hyung es realmente rápido bañándose?), con la cintura envuelta en una toalla. Se estaba secando el cabello, cuando alzó la vista y lo vio.

—Kibum-ah —sonrió.

Kibum le devolvió la sonrisa, sonrojado.

—Siento molestar…

—No molestas. ¿Qué haces aquí?

—Vine a ver la práctica.

—¿De verdad? —dejó la toalla del pelo sobre una banca de madera y se volteó completamente para verlo. —¿Por qué no me dijiste que vendrías?

—Fue algo de improviso. Lo siento hyung.

—No te disculpes. Estoy feliz de que hayas venido —sonrió, y Kibum no pudo más que hacer eco de esa cálida sonrisa. —Me vestiré en un segundo —dijo, cogió ropa limpia de su bolso y regresó a las duchas para vestirse ahí. Salió vestido con los pantalones del uniforme, poniéndose el cinturón, todavía desnudo del torso para arriba.

A Kibum la situación lo ponía nervioso. Su hyung era unos centímetro más bajo que él, pero tenía los músculos de los brazos y los pectorales muy definidos, y se notaba que los músculos de su abdomen estaban muy bien trabajados. Se veía odiosamente atractivo.

—¿Cómo estuvo tu día? —preguntó el mayor, sacándolo de su ensimismamiento. Se había puesto una camiseta sin mangas de color blanco que le quedaba ajustaba, y ahora se disponía a colocarse la camisa blanca del uniforme.

—Estuvo normal. ¿Qué tal el tuyo, hyung?

—Mmm… pensé que reprobaría mi examen de química, pero aprobé con la nota mínima —rió. —Quizás debería dejar el club de fútbol y ponerme a estudiar más.

—¿Lo harías? —preguntó Kibum, incrédulo.

—No, no lo haría. ¿Viste los goles que anoté? —le preguntó, y se notaba que había querido hablar de eso desde que lo vio.

—Sí los vi hyung —sonrió ante la actitud tan infantil del mayor.

—¿No crees que me veo bien cuando juego fútbol? —preguntó, más para sí mismo.

Kibum rió discretamente.

—No lo sé hyung. Deberías preguntarle a tu club de fans.

—Nah, ellas siempre dicen que me veo bien haciendo todo —suspiró.

Kibum rió. Su hyung era muy popular entre las chicas, por su carisma y por su dulce sonrisa.

—Kibummie-ah —dijo el mayor.

—¿Qué?

—Quédate quieto.

Se acercó al menor, quedando cara a cara con él. Kibum sintió que su corazón comenzaba a agitarse dentro de su pecho, y tragó saliva, aunque de repente la boca se le secó.

—¿Q-qué sucede hyung?

—Tienes algo verde en el cabello —murmuró, mientras le quitaba lo que sea que tenía en el lado izquierdo. —Listo —eran algunas hojas, seguramente del árbol bajo el cual había estado observando la práctica.

—Gracias hyung —sonrió.

Donghae le sonrió de vuelta, sin demostrar intenciones de alejarse.

—Estamos solos —murmuró, sonriendo de medio lado, mordiéndose el labio inferior con gesto travieso. —¿Puedo besarte?

Kibum asintió. Sintió la mano de su hyung en su rostro y cerró automáticamente los ojos. Los labios del mayor se presionaron contra los suyos. Estaban juntos desde hacía tres meses, y Kibum ya había aceptado que los labios de su hyung le encantaban, aún cuando sus besos no habían pasado de ser un roce casto entre sus labios.

Kibum tenía mucha curiosidad por saber qué se sentiría besar a su hyung de verdad, pero no se atrevía a dar el primer paso, porque se ponía demasiado nervioso. Sabía que su hyung notaba todo su nerviosismo, y creía que era quizás por eso que el mayor aún no daba ningún indicio de querer profundizar esos besos, tal vez pensaba que lo espantaría o algo así.

A pesar de eso, esos besos tan inocentes le seguían dejando sin aliento, hacían que su corazón bombeara sangre con locura, y que en la punta de los dedos de las manos sintiera cosquillas.

La mano izquierda de su hyung le sujetaba gentilmente el rostro, y Kibum sintió que con la otra mano le tomaba de la cintura.

—Kibummie —susurró el mayor con la voz ronca, provocando que la piel del menor se erizara.

El pelinegro gimió muy bajito cuando sintió los labios de su hyung intentando aprisionar su labio inferior. Gimió otra vez cuando sintió los dientes del mayor mordisquear su labio provocativamente, y lo hizo nuevamente cuando sintió la lengua del mayor recorrer su labio de extremo a extremo, muy lentamente.

Separó los labios inconscientemente, y el mayor se aprovechó de ello para introducir su lengua dentro de la boca de Kibum, saboreando con deliciosa lentitud la cavidad del menor. A Kibum nunca lo habían besado de esa manera, así que fue por puro instinto el que respondiera al beso, correspondiendo las caricias con su propia lengua. De pronto sintió detrás de su espalda y nuca algo duro y frío. No se percató en qué momento su hyung lo encaminó hasta acorralarlo contra la pared, y sinceramente no le importaba. El aliento del mayor, su olor, su sabor, la sensación de su lengua frotándose contra la suya, sus labios moviéndose contra los suyos, sus manos sujetando su rostro y su cintura, su cuerpo apegado al suyo…

De pronto el celular de Kibum comenzó a vibrar, produciendo un sonido que los desconcentró y sobresaltó a ambos. Se separaron. Kibum tenía las mejillas teñidas de un rojo brillante y respiraba agitado, al igual que el mayor. Metió la mano al bolsillo de su chaqueta y sacó el aparato. La pantalla parpadeaba al tiempo que un pececito revoloteaba de aquí a allá mientras la palabra “Hyung” y una campana cambiaban de color. Había programado la alarma para las cuatro, para así salir puntual a reunirse con el mayor. Desactivó la alarma y el celular dejó de brillar. Soltó un imperceptible suspiro. ¿Ya eran las cuatro? ¿Cuánto tiempo habían estado besándose?

—¿Vamos a casa? —preguntó Donghae, sonriendo.

Kibum asintió, y esperó a que terminara de vestirse.

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