Saturday, May 21, 2011

El más grande de todos los tontos - One

Título del fanfic: El más grande de todos los tontos
Parejas: EunHae
Tipo: Slash
Género: Angts
Clasificación: NC-17

N/A: Amé escribir este fic. Tiene un no-sé-qué que me hace amarlo con locura. Me siento orgullosa de esto. Es de lo mejor que he escrito. Oh yeah~
Enjoy


One

Sentado en tu cama, te preguntas cómo has llegado a este estado. El pecho te duele, te duele montones, es como si alguien presionara una barra de hierro caliente contra tu piel, y te estuviese marcando perpetuamente para que no puedas olvidar el dolor. Te duele, y entre medio de tu llanto, te haces preguntas, esas preguntas que últimamente te has estado repitiendo una y otra vez y que todavía no tienen respuesta.

En verdad sí las tienen, pero tú no quieres responderlas. No todavía.

¿Cómo estás?

Estás llorando. Estás triste, enojado y dolido, y ahora mismo todo te vale una putada.

¿Por qué estás así?

Porque eres un tonto. Porque debiste haberte marchado de su lado hacía mucho, cuando comenzaste a sentir feo cada vez que él te rechazaba. Estás así porque en tu mundo el corazón puede más, porque tu razón es patéticamente débil y tu voluntad es de esas que se deshacen apenas él te ofrece una miserable sonrisa.

¿Quién es el responsable?

Pues tú mismo. No lo culpas a él, aunque él sea el motivo de tus desdichas.
Simplemente no puedes culparlo. Cuando estás triste, tu razón toma algo de control, y te echa toda la culpa. Tú eres el que permite que sucedan esas cosas, tú eres el que se deja dominar y pisotear de esa manera. Tú eres el que se queda callado cuando él regresa y le recibes, sintiendo como todo tu ser se derrite ante su presencia. Cuando él te mira o te habla, cosas tan pequeñas e insignificantes como esas te llenan de una dicha que no puedes explicar, pero que describes como patética y ridícula. Si hasta tú mismo te das cuenta que tu manera de responder frente a él no es sana, no para ti al menos.

Te duele, te duele todo lo que él hace y no hace. Te duele esperarle y que él jamás llegue a tu lado, te duele que a veces pase junto a ti sin siquiera mirarte y que al segundo siguiente este sobre ti, hablándote de cosas sin sentido, o llenándote de caricias.

Él es bipolar, estás seguro de ello, no puede haber otra explicación. Un día te busca con sus ojos castaños llenos de cariño, se sienta junto a ti, te toma las manos, te acaricia el rostro, se queda mirando tus labios, a veces de te besa, otras sólo te sonríe con esa sonrisa brillante que es contagiosa y que te mata de felicidad, y te sientes el ser más afortunado y querido en todo el planeta.

Otro día, en cambio, ni siquiera te da los buenos días, apenas levanta el rostro y te mira un segundo para seguir haciendo lo que sea que haga. No busca tus manos, no se sienta a tu lado, en lugar de eso bromea y presta atención a todos los demás, un día es Siwon, otro día es Kyuhyun, la mayor parte del tiempo es Eeteuk, y a ti no te da nada, ni siquiera una sonrisa, ni siquiera un saludo. Te trata con la peor de las indiferencias, y eso te hace sentir tan desgraciado que te metes a tu habitación, pasas mucho tiempo en ella, solo, componiendo melodías tristes o escribiendo líricas sobre desamor que reflejan lo que siente tu herido corazón.

Y es que cuando Donghae se comporta así contigo, lo único que haces es preguntarte «¿Qué hice mal?» Y te quiebras la cabeza pensando en ello, tratando de responder una pregunta que no tiene respuesta alguna. Porque en verdad no haces nada, nada malo como para ganarte su fría indiferencia.

Eres muy atento con él. Siempre es el dueño de tu atención y le complaces en todo lo que se le antoje, como ir a nadar a mitad de la noche, o practicar nuevos pasos cuando tú estás tan cansado que apenas puedes mantener los ojos abiertos, o le escuchas hablar por horas y horas sobre cosas que él cree que son importantes, pero que en verdad no lo son tanto. Cuando le da hambre, compartes tus caramelos y tu leche de fresa con él, y le dejas que usurpe tu cama cuantas veces él quiera, e incluso le cubres con una manta para que no coja frío mientras sueña con peces. Todas tus sonrisas son para él y cuando sales de compras, siempre vuelves a casa con algo especialmente para el pez.

Quizás tú único defecto sea que eres demasiado tímido, tanto así, que al principio rechazabas sus demostraciones de afecto en público, porque te daba vergüenza, porque no querías que nadie sospechara nada. Pero ahora es distinto, ahora ya no te reprimes tanto, ahora te acercas a él y el demostrarle afecto te sale natural, pero ahora es él el que te rechaza, y eso te rompe el corazón porque a ti te cuesta tanto hacer ese tipo de cosas. ¿Por qué se comporta de esa manera? ¿Por qué cuando están en algún concierto o presentación, él no devuelve las insistentes miradas que tú le das? ¿Por qué evita los jugueteos contigo, y no con los demás, como con Siwon por ejemplo? ¿Por qué deja que Siwon se acerque tanto y lo manosee todo? ¿Por qué deja que Kyuhyun le diga a las fans que él es suyo? ¿Por qué pasa tanto tiempo en el cuarto de Eeteuk charlando con él?
Esas cosas te ponen enfermo de celos, te enfurecen, pero tú eres de esa clase de persona que no puede estar enojada mucho tiempo, de esa que transforma la rabia en melancolía.

No entiendes por qué él se comporta así. Quieres preguntarle, pero casi nunca te atreves, simplemente no quieres que se enfade. Te importa demasiado todo lo que él piense y haga.
Pero esa situación tiene que acabar. Ya lo has decidido. Hoy fue la última vez, la última. No tienes por qué seguir aguantando cosas como esa, sufrir por cosas como esa. Su frialdad, su inferencia, tú no quieres nada de eso, no lo mereces. Por mucho que te duela la idea de que no volverás a sentirlo cerca, que no volverás a estremecerte cuando su cálido aliento recorra tu piel, ni cuando sus labios busquen los tuyos desesperadamente y su lengua se una a la tuya en un contacto líquido y caliente. Su cuerpo, su sonrisa, y hasta su voz, de todo eso tienes que olvidarte. Te será horriblemente difícil porque se ven casi todos los días, y ante esa perspectiva agradeces que el viva en el piso de arriba y que tú tengas una habitación para ti solo.

El primer paso es cambiar la cerradura de la puerta, porque él tiene copia de la llave y entra cuando quiere. Ya no podrá hacerlo, así que ya no habrá más mañanas en las que el suave contacto de sus labios en tu frente o mejillas te despierte. Ya no se meterá en tu cama en medio de la noche, ya no se abrazara a tu cuerpo ni te besara el cuello ni frotara su entrepierna despierta contra ti para provocarte y pedirte en voz baja que lo tomes. Ya no volverás a desvestirlo, ni a saborear todo su cuerpo, ni a introducirte en él, abriéndote paso lentamente en su estrechez hasta alcanzar ese punto que lo hace perder la cabeza y suplicarte por embestidas más duras y profundas.

Sientes que tu miembro comienza a palpitar tan sólo pensar en ello, y lloras más, frustrado, molesto contigo mismo por ser débil ante sólo un recuerdo. Pero es inevitable. El recuerdo del primer beso, de la primera caricia, de la primera vez juntos, todo eso comienza a jugar con tu mente y con tu corazón, como en un intento de mermar con tu determinación de sacarlo de tu vida. Es como si el Donghae de tu mente se estuviese revelando contra ti y tu voluntad de no volver a caer en él nunca más. Pero tú estás cansado de llorar, estás harto de sentir ese vacío en tu pecho cuando él decide que es «tiempo de ignorar a Hyukjae». Tú ya no quieres seguir cuestionándote a ti mismo y a tus actitudes ni a nada de lo que haces. Quieres dejar de mirarte tanto en el espejo, arreglando tu cabello y tu ropa, sólo para no recibir ninguna mirada por parte suya. Estás hasta la coronilla de que coquetee con todo el mundo delante de tus narices, como si tú no existieras ni sintieras.

Hoy fue la última vez. Ya no más, ya no permitirás que te siga afectando. Porque te afecta, y de qué manera te afecta. Por las noches no duermes esperando en silencio a que se cuele dentro de tu habitación y se acueste junto a ti, y la ansiedad y la expectación por una palabra suya te hacen doler el estómago y ya ni ganas de comer tienes. Y al no comer ni dormir, te encuentras débil, sin energías suficientes para practicar tus bailes como se debe.

Suspiras y aprietas los puños con fuerza, tratando de infundirte un poco de valor. Tú lo sabes, que no mereces lo que él hace, el cómo se comporta. Y has tratado de saber por qué es así contigo, le has preguntado, un par de veces, y aunque él nunca se ha dignado a responderte, tú lo consideras un gran intento, por tu parte, de solucionar todo. Te has rebajado, te has humillado, le has dicho «Si no quieres estar conmigo, estás bien. Seguiremos siendo amigos» y él te ha dejado la mitad del tiempo con la palabra en la boca.

Te golpeas la nuca contra el muro, y te duele. Te muerdes el labio para reprimir un sollozo, y es que no puedes evitar recordar lo que pasó hace unas horas. Estabas tan feliz de volver a Sukira después de dejar el programa temporalmente por las actividades con SJ M, y te pusiste mucho más feliz cuando supiste que Donghae estaba invitado. Siempre te gustó hacer el programa cuando él era invitado, porque era divertido, y esperabas que esta vez, al estar juntos, el pez te prestara un poco de atención. Pero no lo hizo. No se sentó a tu lado, se sentó entre Eeteuk y Yesung, y te quedaste al otro lado de este último. No te dirigió la mirada ni la palabra, se dedicó a hacer bromas con los mayores, e incluso los molestó mientras hablaban al micrófono, picándolos con el dedo índice de tanto en tanto. Eso, aunque te dolió mucho, lo podías soportar, porque, vamos, ya estás acostumbrado. Pero entonces, el llamado de una fan y su inocente pregunta complicaron todo.

‘Oppa, ¿hay alguien en tu corazón?’

Los cuatro se dispusieron a responder esa pregunta, y te eligieron a ti como el primero.

—Bueno... es complicado —dijiste, sonriendo como bobo, avergonzado. Querías ser sincero, y hacerle llegar indirectamente el mensaje a ese estúpido pez que te hacía sufrir tanto. —La verdad es que... tengo muchas personas en mi corazón. Los miembros, mi familia, ELF, pero si tuviera que pensar en una sola persona... alguien especial, pues sí, sí hay alguien especial en mi corazón.

Yesung y Eeteuk soltaron exclamaciones de asombro, pero Donghae sólo te miró, por un segundo, antes de posar su vista en Yesung, que respondía la misma pregunta.

Tú le miraste insistentemente, sintiendo un temblor en tus piernas ante la expectación, porque venía el turno de él. Tú sabías que él sí había entendido tu mensaje, más claro no pudo haber sido, ¿verdad? Por lo que el aire abandonó tus pulmones cuando escuchaste su respuesta.

—¿Es mi turno? —sonrió. —Pueees... en mi corazón, como dijo Eunhyuk, hay muchas personas. En mi corazón está ELF, yo soy de ELF y de nadie más.

Yesung y Eeteuk rieron y le insistieron a que respondiera la pregunta, sin contar a ELF, el grupo o su familia.

—No. Mi corazón está libre para cualquiera que lo quiera.

Eeteuk comenzó a decir su respuesta, y tú dejaste de mirarlo, porque ya no podías. Tus ojos se humedecieron casi al instante, y te insultaste tanto por ser así de débil. Cuando el programa acabó, quisiste hablar con él, pero él te dijo que lo hicieran después, que ahora se fueran a comer con los otros. Le insististe, porque era importante, pero él siguió negándose, y te dijo ‘Prefiero comer que hablar contigo’.

Incluso ahora, esas palabras te siguen doliendo. Tú lo intentaste, lo intentaste tanto, y él sólo te dice que prefiere comer a hablar contigo. Aun así le sonreíste y le dijiste que estaba bien, cuando no tenía nada de bien. Debiste haberle gritado, insultado, incluso golpeado, para hacerlo reaccionar. Pero para ti ya no había nada que hacer. Si él prefería irse a comer a intercambiar un par de palabras contigo, después de días sin dignarse a hacerlo, eso sólo significaba que para él no eras tan importante como en algún momento llegaste a creer.

Escuchas ruidos fuera de la habitación, y sabes que el resto ha llegado. No te importa, sin embargo. No haces caso al llamado de Shindong para que vayas a comer algo, ni tampoco a los golpecitos suaves de Ryewook para saber si estás bien. Estas dispuesto a ignorar todo intento de comunicación contigo por parte del exterior cuando alguien vuelve a tocar a tu puerta, y tú reconoces esa manera de tocar, si hasta muerto lo harías. ‘Toc, toc, toc, toc, toc’.
Tu corazón da un vuelco, pero permaneces inmóvil, porque no darás tu brazo a torcer, no más.

—Hyukjae —llama, y te estremeces al escuchar su voz diciendo tu nombre, porque hacía tanto que no lo escuchabas. —Abre —demanda con impaciencia, pero tú no te mueves. Estás decidido.

Le escuchas maldecir y llamarte tonto. Le escuchas forcejear con la cerradura, intentando abrirla con la copia de la llave de la cerradura anterior, la cual yace sobre tu cama, desarmada, y te felicitas por no haber esperado hasta mañana para cambiarla.

Casi una hora de golpes en la puerta, ruidos metálicos y palabrotas, y el pez al fin se rinde, o eso crees tú, porque después de recargar nuevamente la cabeza contra el muro, escuchas un golpe fuerte y entonces la puerta se abre.

Donghae entra y trae consigo un martillo. Ha destrozado tu nueva cerradura.

—Demonios Donghae —suspiras cansinamente. —La acabo de poner —dices, aunque lo has hecho hace un par de horas.
—¿Por qué cambiaste la cerradura? —te pregunta el pez, dejando el martillo en el suelo.
—Perdí mi llave —mientes descaradamente.
—¿Por qué no me pediste mi copia?
—No estabas aquí.
—¿Por qué no me llamaste?
—Perdí mi celular.
—¿Por qué no esperaste a que llegara?
—Tardaban demasiado
—¿Por qué no abrías la puerta?
—Quería estar solo —dices, siendo sincero.

Él te mira con el entrecejo fruncido, y deseas que no lo haga. Deseas que se de media vuelta y se marche, porque hasta verlo te causa un poco de dolor.

—¿Por qué?

Te molestas. ¿Quién se cree para hablarte en ese tono?

—Porque sí. Ahora vete.

Él no se mueve, y estás a punto de lanzarle una almohada.

—¿Qué sucede Hyukkie? —murmura, con ese tono de voz dulce y encantador que causa estragos en ti.
No respondes.
—Dime qué es —se acerca dos pasos, y te mira con esa cara, ya sabes, esa donde los ojos le brillan y sus labios se fruncen en un puchero de lo más encantador.

Algo en tu interior quema. Te sientes tan estúpido. Por un lado, ese rostro está causando estragos en tu determinación, hace que te entren ganas de mirarle, de decirle que no es nada, de abrazarlo y comértelo a besos. Por otro, te da coraje que se acerque a ti de esa manera, que esté ahí y espere a que le contestes y hagas cómo si nada hubiese pasado, como si todos estos días de indiferencia no te hubieran dolido.
Suspiras, en parte para liberar la tensión en tu interior y aflojar el nudo que se ha formado en tu garganta.

Él se acerca y se sube a tu cama, se ubica junto a ti, te mira fijamente y estira la mano para coger una de las tuyas. Su contacto te estremece. Lo has añorado tanto, tu piel se eriza toda y un hormigueo se expande por todo tu cuerpo desde donde él te toca. El nudo en tu garganta se hace enorme y pesado, te duele, te duele muchísimo y te gustaría gritarlo.

Sus dedos acarician el dorso de tu mano y luego se entrelazan con los tuyos. Te sientes patético, porque esa caricia te hace feliz. Pero esa felicidad no se compara a todo lo demás que sientes.

—No juegues conmigo —murmuras bajito, porque tu voz está desapareciendo.
—¿Mmm? —luce confundido.
—Tsh —escapa de tus labios, con una sonrisa amarga.

Quieres apartar su mano de la tuya, porque su contacto te daña, te quema, te hace anhelarle más. Pero no lo haces. Miras con atención tu mano en la de él y piensas que es una buena imagen, una bonita, una que te gustaría recordar por siempre. Pero sabes que eso no va a suceder. Que la imagen que vas a recordar siempre es la de tu propia mano, sola, esperando en vano a que la mano de él la tome. Y tú no quieres eso para ti, no más. Amas, pero has llegado a ese punto donde es necesario decir que ha sido suficiente, que has esperado lo suficiente, que has soportado lo suficiente. Has sido bueno, muy bueno y paciente. No pides demasiado, sólo quieres una sonrisa todos los días, un saludo, algún gesto de reconocimiento, lo que sea que pueda hacer el pez para reconocer tu existencia y tu importancia en su vida.

Tragas saliva, y una lágrima cae desde uno de tus ojos. Te duele tanto lo que estás a punto de decir. Prefieres no tener que decirlo nunca, pero sabes que tienes que hacerlo, que es tu deber. Por ti.

—No quiero… No quiero seguir con esto —dices apenas con un hilo de voz, pero sabes que él te ha escuchado perfectamente.
—¿Con qué? —pregunta, y no sabes si echarte a reír o a llorar por su ignorancia.
—Tú y yo —dices, y sientes una quemazón tan intensa en la garganta, que podrías aullar de dolor. —Se acabó.

Él sólo te queda mirando, sientes su mirada castaña fija en ti, como esperando a que voltees el rostro para mirarle. Pero no lo haces, no puedes. Quieres contener el llanto hasta lo último, y sabes que si lo miras aunque sea sólo por un segundo, romperás a llorar como un bebé.

—¿Qué dijiste? —pregunta, y notas un cambio en su tono de voz, pero no puedes descifrar qué es.
—Se acabó —repites. No puedes decir nada más, no eres capaz.

Por un instante, los únicos sonidos que puedes escuchar provienen sólo de ti, tu respiración y tus desaforados latidos. Te preguntas por qué Donghae no está respirando cuando este habla.
—Está bien —se aleja de ti, se baja de tu cama, camina hasta la puerta, la abre, y sale. Todo en silencio. Sin mirarte siquiera una vez.

Con la mano temblando, te tocas el pecho, y encierras en un puño la tela de tu camisa. Sientes que te han arrancado el corazón, que te lo han quitado de la forma más dolorosa. Te regañas mentalmente por ser tan idiota, por haber creído que él te diría algo, que haría algo, cualquier cosa, para retenerte a su lado, para impedir que te fueras. Algo que te demostrase que sí le importas, que sí quiere estar contigo. Pero no recibiste nada de eso.

Eres un tonto, y por eso lloras. Lloras porque anhelas su compañía, sus caricias y sus besos. Lloras porque quieres más que nada en el mundo que él te preste un poco de atención, como antes solía hacerlo. Lloras porque sabes que él ya no volverá, que se acabaron para siempre las mañanas donde se metía en tu cama con la excusa de despertarte y se quedaba durmiendo contigo. Lloras porque no volverás a sentir su piel, ni volverás a hacerle el amor una y otra vez, ni volverás a escucharle gemir tu nombre cuando te estés corriendo en su interior, llenándolo de tu semilla mientras él se derrama entre sus vientres.

Eres un tonto por anhelar todo eso. Un tonto, el más grande de todos.

No comments:

Post a Comment