Título: Promesa
Pareja: EunHae/HaeHyuk
Tipo: Slash
Género: Romance
Clasificación: PG-13
Advertencia: Este fic está incompleto y no veo su 'completación' en un futuro cercano xD
Promesa
Todos los días de tu vida has hecho lo mismo. Todos los días han sido iguales para ti. Te levantas temprano, tomas una ducha rápida, te vistes con el uniforme, desayunas algo ligero, y te marchas a la escuela. Después de clase o estás en el club de baile o en el club de fútbol, y empleas mucho de tu tiempo libre en el estudio.
Para ti, toda tu vida se limita a la escuela. Sabes que hay un tiempo “antes de”, ese cuando fuiste bebé, pero no recuerdas nada. La vida para ti comenzó con la escuela.
Ahora ya cursas el último año, tus días siguen iguales, malditamente iguales. Eres preso de esta rutina desde hace muchos años, pero no siempre ha sido así. Hubo un tiempo en que tu día a día siempre era algo nuevo. Esos días comenzaron en la primaria, y terminaron en la secundaria. Comenzaron cuando conociste al bullicioso de Lee Donghae, y terminaron cuando tú y él se fueron a preparatorias diferentes.
Lo conociste durante un castigo, un castigo que en verdad no merecías, pero eso al maestro no le había importado. Tú solamente pasabas por ahí al momento de la pelea, fuiste testigo de cómo esos niños de un curso superior le quitaban el almuerzo a una niña de tu grado, viste como esta rompía a llorar y como Donghae salía en su defensa. Viste como el pequeño castaño llamó a los niños grandes de mil maneras diferentes, todos insultos muy originales, y también viste como él, muy valientemente, se abalanzaba sobre uno de ellos, intentando quitarle la lonchera de la niña. Tú sólo te quedaste allí mirando todo porque te llamó la atención, y cuando llegó el maestro, este sólo te vio allí, parado cerca del pleito, y te llevó con los otros. Los dejó un par de horas después de clases, sentados muy lejos el uno del otro, copiando la frase “No debo golpear a nadie” de la pizarra. El maestro abandonó la sala un momento, y Donghae aprovechó para girarse y mirarte, y preguntar tu nombre.
‘Lee Hyukjae’
‘¿En serio? Yo soy Lee Donghae’ rió.
Desde ese día comenzaron a hablar. No iban en la misma clase, pero Donghae se acercaba a ti en los recreos, sólo para hablarte. Tú agradecías su compañía. Siempre fuiste tímido y hasta un poco retraído, todo lo contrario a ese niño, que era alegre y escandaloso y hablaba con todo el mundo.
Donghae siempre tenía ideas nuevas, algunas interesantes, otras realmente absurdas; eso no te importaba, le seguiste en todas y cada una de ellas. Se hicieron completamente inseparables.
Recuerdas los días de secundaria con cariño. Recuerdas a Donghae y al enorme grupo de amigos que tenían. Él se hizo muy popular rápidamente, por su chispeante personalidad y su carisma, eso te arrastró a ti también, y te viste de pronto rodeado de gente que se reía de tus bromas, y te diste cuenta de que estar con tantas personas a la vez no era desagradable.
La vida te parecía maravillosa. No querías nada más, lo tenías todo, buenas calificaciones, eras popular, y tenías el mejor amigo que pudieses desear. Desafortunadamente, el tiempo siguió avanzando, y llegó el momento de apartarse.
Tú y él habían hecho una promesa de asistir a la misma preparatoria, en Seúl, una preparatoria con muy buenos índices de ingreso a la universidad y con excelente formación en áreas artísticas como el baile, el canto y la música. Secretamente ambos compartían el mismo sueño: ser artistas y debutar algún día, ojala que en el mismo grupo.
Tú tenías todos tus documentos listos para ser enviados a esa preparatoria. Era más que claro que los aceptarían a ambos, puesto que poseían las más altas calificaciones. Llevaste todos tus papeles al salón de maestros, y se los entregaste al encargado de esas cosas. Te dijo que esperaras un segundo, porque le habían llamado por teléfono y tú asentiste. De curioso, fijaste la vista en el revoltijo de papeles que tenía en su escritorio, y sonreíste cuando viste el documento con la fotografía de Donghae. Leíste rápidamente todo el formulario de ingreso a la preparatoria de tu amigo, y te llevaste una gran sorpresa cuando leíste que el nombre de la preparatoria a la que iría tu mejor amigo no era el mismo que la tuya.
Contrariado, saliste de la sala de profesores, a buscarlo, y lo encontraste en la entrada de la escuela, pero no estaba solo. Estaba con su novia, una chica que ya cursaba la preparatoria en un instituto local. Reconociste el uniforme de inmediato y sentiste algo encogerse en tu interior. Eso no te impidió que lo llamaras.
—¡Donghae-ah!
El castaño volteó a verte y sonrió. Dejó a su noona a solas un momento y corrió hacia a ti.
—¿Qué sucede?
Tú no sabías por dónde empezar. Te sentías traicionado, dolido. ¿Cómo poner en palabras todo lo que sentías?
—Iremos a Seúl —dijiste. —Al Instituto___ —le miraste a los ojos, y sentiste que los tuyos se estaban humedeciendo, pero eso no te detuvo. —Sacaremos las mejores notas, ingresaremos a una buena universidad y apenas tengamos la oportunidad, audicionaremos en una compañía grande, comenzaremos el entrenamiento y debutaremos.
Donghae te miró algo apenado.
—Lo siento Hyukkie —dijo.
Y eso fue suficiente para ti. No esperabas explicaciones ni disculpas. Todo había quedado muy claro. Los planes trazados, los sueños juntos, todo eso desde ese momento sería sólo tuyo.
No dejaste de hablarle ni de juntarte con él, pero algo en su amistad se rompió. Él día que se graduaron de la secundaria, quisiste decirle cosas, cómo te sentías, lo asustado que estabas de emprender este viaje a Seúl sin él, pero no lo hiciste. Simplemente le abrazaste, le deseaste buena suerte en su futuro y él te deseó lo mismo.
Esa fue la última vez que lo viste. Desde entonces tu vida se ha convertido en la miserable rutina que vives ahora. Pero te consuelas a ti mismo diciéndote que sólo te queda un año más, y que prontamente tu esfuerzo se verá recompensado.
Audicionaste junto a un gran amigo que conociste apenas llegaste a Seúl, Junsu. Pero Junsu fue escogido, no tú. Te alegraste mucho por él y prometiste que volverías a intentarlo el año entrante. Así que ahora tu meta más próxima es audicionar nuevamente a esa compañía y quedar seleccionado sí o sí, por lo que darás el máximo en tus prácticas de baile y canto.
Hoy es el primer día de clases de tu último año de preparatoria. No estás emocionado, estás ansioso de que este semestre comience y así dar lo mejor de ti. Sales de tu casa y te aseguras de cerrarla bien. Vives solo desde que llegaste a Seúl. La preparatoria queda cerca, por lo que te vas caminando. De camino, varios estudiantes te saludan. Eres popular, tus talentos en el baile y en el canto te han ganado el respeto de todos.
Llegas justo a tiempo, un par de segundos antes de que entre el profesor. Este anuncia que tendrán un nuevo compañero de curso, y tú te acomodas mejor en tu silla, demostrando interés. El profesor le dice al nuevo alumno que pase. Al principio no le reconoces. Tiene el cabello mucho más largo, pero acomodado perfectamente de tal manera que le hacía lucir guapo con un toque de rebelde. Le reconoces cuando sus miradas se cruzan y él te sonríe. Su sonrisa sigue siendo la misma.
—Mi nombre es Lee Donghae —se presenta a la clase y hace una venia. —Por favor sean buenos conmigo.
Algo así como un murmullo de aprobación se extiende por todo el salón, pero no le prestas demasiada atención. Estás demasiado sorprendido.
El profesor le indica que se siente en el pupitre vacío uno dos puestos más atrás del tuyo. Él pasa a tu lado, y escuchas su risa al ver tu cara de asombro. Sientes su vista taladrando tu nuca y te volteas ligeramente para comprobar que te está mirando. Ubicas la mirada en el frente inmediatamente y no te atreves a mirarle de nuevo.
La clase pasa demasiado lenta para ti. Cuando suena el timbre, y todos comienzan a salir, sientes un alivio tremendo. Te giras, para hablarle, pero le ves rodeado por tus compañeras de clase.
—¿No eres de Seúl? ¿De dónde eres?
—¿Dónde estudiabas?
—¿Tienes novia?
Te levantas de tu asiento y abandonas el salón, pensando que ya habrá oportunidad de hablar con él. Te preguntas si aún te recuerda. Claro que debe recordarte, te sonrío. Vas por la mitad del pasillo cuando escuchas que alguien te llama.
—¡Eh! ¡Hyukjae-ah!
Detienes tus pasos y te giras.
Él se acerca a ti con una enorme sonrisa.
—¿No me recuerdas? —te pregunta. —¿Ya te olvidaste de mí?
—Claro que no —sonríes, enseñando todos los dientes y hasta las encías. Ambos se funden en un abrazo, de esos que dejan sin respiración.
—Ha pasado mucho tiempo —comenta él. —Has cambiado mucho.
—Tú también has cambiado. Has crecido.
—Tú también —ríe. —Me gusta el color de tu cabello —señala tu cabello rojo brillante.
Tú te sonrojas levemente.
—Me lo teñí para actuar en un musical.
—¿De verdad? ¿Tenías el papel principal?
—No, sólo era el antagonista.
—Wow, eso sigue siendo importante.
Tú sonríes.
—Tenemos mucho de qué hablar. Han pasado tantas cosas. Tienes que contarme cómo es tu vida en Seúl —te dice él, pasando un brazo alrededor de tu hombro e instándote a caminar.
—¿Cuándo te mudaste a Seúl?
—Hace un mes, y me cuesta acostumbrarme. Me sorprende que hoy haya llegado a la hora, siempre me pierdo.
—Yo puedo mostrarte los alrededores —sugeriste.
—Eso sería de mucha ayuda.
Siguen hablando y hablando, y es como si nunca se hubiesen separado. Te sorprende lo fácil que es hablar con él después de dos años de no haberse visto ni saber nada el uno del otro. Te sorprende que Donghae siga siendo el mismo de la secundaria, igual de enérgico, igual de alegre, igual de sonriente, igual de guapo…
—¡Eh! ¡Eunhyuk-ah! —tú y Donghae están sentados en una banca en el patio de la preparatoria. Te volteas a ver quién te llama y sonríes. Te pones de pie y con un gesto le indicas a Donghae que espere un momento.
—Junsu-ah —dices, contento de ver a tu amigo después de varios meses. Le abrazas. —¿Cómo has estado? ¿Qué haces aquí?
—Vengo a ver los horarios de los exámenes que debo rendir para graduarme este año —te explica.
—Vaya. ¿Cómo va lo del grupo? La última vez que hablamos me dijiste que te habían puesto en un grupo de cuatro.
—Sí, pero ese proyecto se rechazó.
—Ah…
—Pero eso no importa. Hay algo mejor que vine a decirte. Ahora estoy en un grupo de cinco miembros, y debutaremos el mes que viene.
—¿En serio? —exclamas, sorprendido y feliz a la vez. —Oh, de verdad… Felicidades —le abrazas nuevamente mientras los dos se ríen. —¿En dónde?
—Será por televisión. Transmitirán el comeback de BoA-shi, y actuaremos una canción con ella.
—¿BoA? —repites, impresionado. —¿Conoces a BoA?
Junsu se ríe y asiente.
—Es muy agradable. ¿Puedes creer que ella tiene nuestra edad?
—¿En serio? —te asombras. Ella tiene tu misma edad y ya tiene una gran carrera como cantante. Tú en cambio ni siquiera has sido contratado como aprendiz en ninguna compañía. —Bien, este año será mi año. Audicionaré y quedaré —dices con determinación.
Junsu te sonríe y te palmea el hombro, dándote ánimo.
Charlan un par de minutos más hasta que tu amigo te dice que debe irse. Se despiden y prometen reunirse después del debut de Junsu para celebrar.
Regresas junto a Donghae, quien te mira curioso.
—¿Por qué ese chico te llamó Eunhyuk?
Tú te echas a reír.
—Es un apodo que me gané en aquí después de mi primera presentación.
—¿Si?
Tú asientes.
—¿Quién es él? Se ve que son muy amigos.
—Él es mi mejor amigo —dices. —Xiah Junsu. Hará su debut muy pronto.
—¿De verdad? Vaya, debe ser muy bueno.
—Lo es. Es la mejor voz que he escuchado en mi vida —dices, con orgullo.
Donghae te sonríe, es una sonrisa extraña, pero no deja de ser bonita.
—El timbre sonó hace un par de minutos —te dice.
—¿Qué? —exclamas, sorprendido. Miras en derredor y en efecto no ves a nadie. —¿Por qué no me lo dijiste? —le reprochas.
—Te veías muy feliz hablando con ese chico —se encogió de hombros. —Seguro que no le veías de hacía mucho.
—Sí, pero…
—Ya déjalo, mejor vámonos porque vamos tarde —dice, comenzando a caminar.
—Donghae-ah, no es por ahí…
Él se ríe y te sigue.
Los días pasan. Te concentras mucho en tus prácticas y en tus estudios. Donghae se ha unido al club de baile, por lo que practican juntos. Y él es bueno, es condenadamente bueno. Cuando baila es como si fuera a romper el escenario por la energía que desborda.
—Eres muy bueno —le dices durante un momento de descanso.
Él te sonríe. —Practico todos los días.
—Entonces, ¿también quieres debutar?
Él asiente. —Ha sido mi sueño desde la primaria, ¿no lo recuerdas? —te sonríe, pero es una sonrisa extraña.
Tú asientes con la cabeza y te alejas en busca de una botella de agua. No quieres hablar del pasado, siempre lo evitas, porque en el fondo sigues dolido porque él te cambió, a ti, a la promesa y a su amistad, por esa noona, y ni siquiera sabes si siguen de novios o no. No quieres preguntarle porque no quieres saberlo.
—¿A qué compañía quieres entrar? —te pregunta, acercándose, intentando entablar una conversación.
—SM.
Él sonríe. Su sonrisa es hermosa. —No has cambiado.
—¿Por qué?
—Cuando íbamos en secundaria decías lo mismo, que querías entrar en la SM.
Te encoges de hombros, bebiendo agua.
—¿No recuerdas a qué compañía quería entrar yo? —te pregunta.
Tú niegas con la cabeza y evitas su mirada que, en tu opinión, se tornó un tanto decepcionada.
—Tienes muy mala memoria —le escuchas murmurar antes de que se aleje con destino al reproductor de música.
Le miras presionar la tecla de “play” y la música comienza a inundar la estancia. Le ves moverse, torcer los pies, mover los brazos, las caderas.
Te acomodas el mechón de pelo rojo que te cubre la frente y suspiras. No es que tengas mala memoria. Por supuesto que recuerdas cuál era la compañía a la que él quería entrar cuando iban en secundaria. Pero por alguna razón no quisiste que él lo supiera. No querías sentirte tonto al decirle que sí recuerdas, y que la razón por la que quieres entrar en la SM es él, porque antes él solía decirlo a cada momento, que entraría en esa compañía y que debutaría algún día contigo.
Te sientes extraño. ‘No soy yo el que tiene mala memoria’ piensas con amargura. Porque fue él quien olvidó la promesa y todos los planes que tenían juntos.
Donghae vive solo. Después de un mes, vas a conocer dónde vive. Es cerca del centro, en un edificio. Su departamento es muy pequeño, suficiente para una persona. No tiene muchas cosas. En la salita, que es mitad comedor, hay un sofá que se ve viejo, pero cómodo, y una mesa con cuatro sillas. No hay televisión, pero sí una laptop sobre la mesita de centro. La cocina es de esas estrechas, con una estufa normal, y lavaplatos al lado, una encimera, y los gabinetes superiores donde guarda platos, vasos y cosas por el estilo. Tiene una pequeña nevera.
La habitación de Hae es lo que más te gusta. Es simple. No hay cama, sólo un colchón en el suelo con muchas mantas y algunos muñecos de felpa encima. Hay un espejo grande, que casi cubre todo el muro, también tiene un ventanal grande que dejar entrar la luz a raudales. Hay una cajonera de madera marrón, una lámpara de lava encima. También notas que tiene un estéreo, y junto a este pilas y pilas de cds. Los parlantes están repartidos en cada extremo de la habitación.
Uno de los muros tiene muchos posters de las cosas que le gustan a Hae: series de anime, juegos de video, artistas.
—¿Y este? —te acercas a ver un poster que muestra a cinco chicos, guapos en tu opinión. —¿DBSK?
—Un amigo de Mokpo es miembro de ese grupo. Debutaron hace poco.
—Lo sé. Mi amigo Junsu está en este grupo.
—¿En serio?
Y hablan de sus amigos.
—¿No recuerdas a Yunho? Iba en secundaria con nosotros.
Sí lo recuerdas. Yunho era un chico alto y guapo. Siempre podías encontrarlo bailando en la plaza de la ciudad con su grupo de amigos. Le gustaba Michael Jackson.
—Sí lo recuerdo. No sabía que él también quería debutar.
—No quería —río Donghae. —Yunho pensaba entrar a estudiar Leyes, pero un agente de la compañía lo vio bailando y le propuso hacer un viaje hasta Seúl para que otras personas lo vieran. Al final se quedó aquí. Lleva entrenando un año.
—Sí, Junsu también lleva un año entrenando —dices, y suena como a un suspiro.
—¿Tú no audicionaste?
—Lo hice. Lo hicimos juntos, pero eligieron a Junsu —sonreíste. —Dijeron que mi baile era genial, pero que si podía mostrar algo más sería mucho mejor.
—¿Algo más como qué?
—Querían que cantara —tus mejillas se tornaron un poco rojas, pero decidiste ignorarlo. —Y lo mío no es el canto —reíste. —Canté un poco y dijeron que estaba bien, pero que necesitaba algo más para entrar.
—Mmm… Supongo que a veces bailar no es suficiente —murmura Donghae. —Pero eso no significa que no tengamos oportunidad —agrega, mirando fijamente el poster de DBSK. —Hasta hace un año, Yunho no cantaba. Me contó que en la compañía le obligaron a cantar, para probarlo, y lo hizo. Según él, el entrenador vocal dijo que su voz podía mejorar si se ponía a trabajar. Así que lo hizo. Me reuní con él en cuanto llegué a Seúl y me demostró lo bien que canta ahora. Me dijo que a pesar de cantar, a él le venía mejor rapear. Quizás a ti también te venga mejor eso que el canto.
—Mmm… No lo sé, nunca lo he intentado… —no quieres sonar pesimista, pero es inevitable que te escuches así. —En público —agregas. Porque si lo has hecho. La verdad es que te gusta mucho el rap, y has llegado incluso a escribir algunos, pero jamás te has atrevido a mostrarle aquel talento –si es que es uno- a nadie.
—Tenemos que esforzarnos si queremos ser elegidos —dice él, con cierto entusiasmo en la voz y en la mirada. —Desde mañana empezaremos a entrenarte para que cantes y rapees.
—¿Y cómo haremos eso? —ríes.
—Yo puedo cantar. Mi padre me enseñó a hacerlo desde pequeño. Rapear será complicado, pero no imposible. Sólo tenemos que escuchar un montón de rap y copiar el estilo que más nos guste, practicar hasta dominarlo, y después agregar un toque personal que nos haga únicos.
—Hablas como si todo fuera muy fácil.
—Lo será si trabajamos duro —te dice él, sonriendo. Hay algo en su sonrisa y en su forma de mirar que hace que aguantes la respiración. No sabes qué es y, en verdad, no quieres saberlo. —Nos presentaremos en las audiciones de Agosto del próximo año y quedaremos. Lo haremos Hyukkie, ¿de acuerdo?
Hay algo en la forma en la que te habla, algo en ese Hyukkie, que remece tu interior. Es como antes, como cuando tenían catorce años y soñaban con pararse en un escenario frente a muchas personas. Es como si el tiempo hubiese retrocedido a esa época de tu vida. No, es como si nada hubiese cambiado, como si Donghae jamás hubiese roto la promesa que hicieron. Aquel pensamiento te llena de una dicha que hace mucho tiempo no sentías. Es extraño. Sientes renovadas ganas y entusiasmo por hacer tu sueño realidad. Por mucho tiempo quisiste convencerte de que tu sueño de ser artista seguía siendo lo que más querías hacer en este mundo, y trataste por todos los medios de ignorar esa sensación de vacío que te invadía ante la perspectiva de cumplirlo sin tu mejor amigo. Ahora te das cuenta de que ese sueño jamás fue el mismo sin Donghae, que si no es con él jamás se cumplirá. Tú quieres debutar, quieres ser un artista y que el mundo entero reconozca tu talento, pero si no es al lado de este muchacho de cabello castaño que te mira con firmeza e ilusión, entonces no quieres.
—De acuerdo —dices, sonriendo, enseñando tus encías. Sellan sus palabras con un apretón de manos.
Inconscientemente han vuelto a hacer una promesa.
Han pasado los meses. Tú y Donghae practican sin descanso. Ponen especial empeño en las clases de canto del instituto. El profesor de canto, Kang Chang Mo, pasa horas extras con ustedes en la sala de música, enseñándoles a controlar sus voces, yendo desde bajos a altos.
Durante ese tiempo quedaste maravillado con la voz de Donghae. Alguna vez lo habrás escuchado cantar cuando ambos vivían en Mokpo, pero escuchar al Donghae de ahora es completamente diferente. Su voz ha cambiado. Su tono es diferente. Las pocas veces que le habías escuchado cantar en el pasado habían sido agradables, pero eso no se compara a lo que se siente ahora.
Cuando Donghae canta te sientes como hechizado. Es como si el mundo se detuviera por completo y sólo existiera tu amigo y su voz.
Let me take you to a place nice and quiet
There ain't no one there to interrupt
Ain't gotta rush I just want to take it nice and slow
Su voz tiene algo que te resulta atrapante. El sonido aterciopelado te acaricia los oídos, y hace que la piel se te erice.
See I've been waiting for this for so long
We makin' love until the sun comes up
Baby I just wanna take it nice and slow
Hay algo más. No sabes si es por el contenido de la canción o no. Esas palabras, que de por sí son provocativas, suenan endemoniadamente sugerentes con la voz de Donghae. Te sonrojas sin saber por qué. No quieres saber por qué. Poco antes de que tu amigo termine de cantar, sales de la sala de música. Caminas con premura hacia los baños, tratando de calmar el ritmo de tu corazón.
¿Por qué? ¿Por qué sientes así? Fue sólo una estúpida canción.
Te metes dentro de un cubículo. Apoyas la espalda contra la pared y suspiras, inclinando la cabeza hacia atrás. Te golpeas la nuca contra la pared un par de veces.
No fue sólo una estúpida canción. Fue una estúpida canción, más una voz estúpidamente turbadora, más un intérprete estúpidamente sensual… ¿Sensual? ¿De verdad acabas de pensar eso?
Suspiras. Te niegas a darle importancia a que pensaste en tu amigo como ‘sensual’. En verdad no quieres meditar sobre lo maricón que eso te hace.
—Sensual —bufas con cierta amargura una vez sales del baño.
—¿Quién es sensual?
Esa voz hace que des un pequeño respingo mientras miras hacia el frente. Donghae te está mirando escrutadoramente, apoyado en los lavabos, con los brazos cruzados.
Te sonrojas en apenas medio segundo.
Donghae lo nota. Te mira, y aunque intenta mantenerse serio, tú notas la diversión que chispea en su mirada.
—¿Qué hacías en el baño? —pregunta, y él tono de voz que emplea hace que sientas la cara aún más caliente.
—No es de tu incumbencia —murmuras, ubicándote en el lavabo a la izquierda de él, abriendo la llave de agua y mojando tus manos, por inercia porque es innecesario.
—¿Quién es sensual? —vuelve a preguntar.
Sientes tu cara arder nuevamente, lo cual te fastidia.
—¿Por qué estás aquí? —preguntas en lugar de responderle.
—Vine por ti. El profesor Kang te espera.
—Gracias —murmuras.
—De nada —sonríe. No deja de mirarte de esa forma. Te dan ganas de golpearlo para que te deje de fastidiar. —No tienes de que avergonzarte Hyukkie —te dice con un tono que intenta ser condescendiente.
Tú frunces el ceño. —¿De qué hablas?
—No finjas Hyukkie. Sé lo que estabas haciendo —te dice, con esa sonrisa traviesa que tiene él.
Sí creías que no podrías sonrojarte más, estabas equivocado. Podías sentir que hasta la punta de las orejas te ardían.
—Gwaenchanh-ayo —te dijo, dándote una palmadita en el hombro. —Mejor vamos, Kang seonsaeng-nim se enfadará contigo.
Asentiste y saliste detrás de él.
~*~
No comments:
Post a Comment