Pareja: HaeSica (?)
Tipo: One-shot
Género: Friendship
Clasificación: PG
Resumen: Mejores amigos hasta que Hyukjae vino para quedarse.
Mejor Amiga
Hyukjae es mi mejor amigo. Lo conozco desde los seis años. Solíamos jugar en la calle con los demás niños del barrio. Pero antes de Hyukjae había alguien más. Ella. Ella solía ser mi mejor amiga. Yo jugaba mucho con ella hasta que Hyukjae se mudó a nuestra calle.
Con Jessica los juegos eran divertidos. Yo siempre era el caballero de escudo y espada, el héroe que derrotaba al mal. Jessica no era la princesa, nunca quiso serlo. Siempre hacía el papel de villana, o si no era mi compañera en la batalla contra el mal. Jamás quiso ser la princesa y eso me gustaba de ella, por eso era mi mejor amiga. Aunque en el fondo yo sabía que Jessica era una princesa, y ella también lo sabía.
Jugábamos siempre por las tardes, después de comer, hasta la hora de la cena. Había veces que ella cenaba en mi casa; mi madre le quería mucho y adoraba tenerla en casa. Jessica siempre usaba los vestidos que mi madre le regalaba. A ella le gustaban mucho los vestidos, pero no era como las demás niñas que temían jugar en la arena y ensuciarse. Jessica adoraba trepar árboles, lo hacía incluso mejor que yo, y a la mierda su vestido, no le importaba trepar y que yo desde abajo le viera todo. Trepábamos los árboles del parque, y hacíamos castillos de arena en la playa. La madre de Jessica se enfadaba muchísimo y la regañaba. Una vez le dio una cachetada en frente de mí. Ese día Jessica cambió. Se volvió un poco más ‘recatada’ en palabras de mi madre. Se rehusaba a trepar árboles conmigo o a atrapar peces con las manos en las pozas que se formaban en las rocas que había en la orilla del mar. Aunque esto último jamás le gustó puesto que le daba asco, pero al menos se sentaba en las rocas y me miraba hacerlo. Desde ese momento comencé a odiar mucho los vestidos, y cada vez que la veía le decía que se veía muy fea. Jessica no me decía nada. Se lo aguantó muchas veces, hasta que un día ya no pudo con las lágrimas. Pensé que me gritaría o que me pegaría, pero no hizo nada de eso. Se puso a llorar, haciendo esos ruiditos que hacen las niñitas cuando lloran, y se dio media vuelta y se alejó de mí. No tardé mucho en ir tras ella, pero cuando pregunté por ella en su casa su mamá me dijo que no estaba. Y la busqué por muchas partes; en los columpios, en la playa, en su lugar favorito, que era debajo del muelle. Y nada. Regresé a casa para decirle a mi mamá que había hecho llorar a Sica –porque así le decía de niño– y que me sentía mal por eso, y ahí la encontré, sentada en la mesa de la cocina, bebiendo un vaso de leche de chocolate y comiéndose mis galletas. Antes de que pudiera protestar por nada, mi madre me llevó fuera de la cocina. Por su mirada supe que iba a regañarme.
—Jessica vino llorando a decirme que ya no la querías —dijo ella con los brazos en jarras.
Y yo le dije todo lo que había pasado, y mamá me dijo que no debía decirle esas cosas a una niña, porque eso las lastimaba mucho. Mientras mi mamá me decía otras cosas, yo me puse a llorar, porque lo que menos quería en el mundo era lastimar a mi Sica. Así que antes de que mi mamá terminara su discurso sobre las niñas, corrí de regreso a la cocina.
—¡No quería lastimarte! ¡Yo sí te quiero mucho! ¡Te ves bien con vestido!
Ella se bajó del asiento alto en el que estaba sentada con agilidad. Aguanté la respiración.
—¡Tonto! —exclamó y me golpeó la cabeza.
Pero no me dolió. Cuando ella me pegaba nunca me dolía.
Sonreí y la abracé.
—Yo también te quiero mucho Hae.
~*~
Con Jessica volvimos a trepar árboles. Mi madre tuvo la idea de que en mi casa Jessica se cambiase su vestido por ropa mía, y regresara por ella después de que terminásemos de jugar. Fue una época muy feliz de mi vida. Asistimos al mismo jardín de niños. Ella usaba un delantal rosa y yo uno celeste, pero eso no me molestaba en lo absoluto, porque el rosa era el color de Jessica. Cuando los niños se metían con ella, Jessica sabía cómo defenderse, era muy buena poniendo motes. ‘Aliento de zorrillo’, ‘cerebro de repollo’. Yo pensaba que jamás tendría de defenderla de nadie, pero un día un bravucón la empujó y Jessica cayó sobre un charco de lodo. Yo sé que a ella no le dolió el empujón, le dolió el que su ropa se hubiese ensuciado, su precioso vestido y sus preciosos zapatos que su madre había encargado por catálogo desde Francia. Su madre sin duda la mataría. Pude ver el miedo en sus ojos castaños, en el temblor de su labio inferior. Yo no quería que Jessica fuese regañada, odiaba cuando eso sucedía. La madre de Jessica era muy estricta en cuanto a la apariencia. Jessica estaba a punto de ponerse a llorar y todos los niños se pusieron a reír. Eso me enfureció. Golpeé a ese niño en la nariz y lo hice llorar. Después ayudé a Jessica a levantarse.
—No te preocupes —le dije.
La maestra me regañó mucho, y al ver a Jessica llorando, llamó a nuestras madres.
Yo conté toda la verdad, y afortunadamente la mamá de Jessica me creyó. Y me dio las gracias.
—Muchas gracias, pequeño caballero, por defender a mi princesa —y me dio un beso.
Yo todavía tenía la cara roja cuando Jessica corrió a abrazarme.
—Muchas gracias Hae —y ella también me dio un beso.
Yo recuerdo que sentí cosquillas por todo el cuerpo, y que sentí la cara aún más caliente.
~*~
Con el tiempo Jessica se volvió más niña y yo más niño, pero eso no cambió nada. Un día me presentó una de sus muñecas. Ese día yo supe que Jessica jugaba con ellas.
—¿Por qué no me dijiste antes? —pregunté.
—Tenía miedo de que ya no quisieras ser mi amigo —me dijo.
—No seas tonta Sica, nunca dejaremos de ser amigos.
~*~
Para la Navidad de ese año, le di un regalo a Jessica. El primer regalo que iba por parte mía y no de mis padres. Aunque fue mi papá el que me ayudó a conseguirlo. A mi padre le gustaba mucho Jessica, así como yo le gustaba al padre de ella. El señor Jung siempre me invitaba a jugar fútbol con él los domingos por la mañana. Jessica jugaría con nosotros de no ser por su madre.
El caso es que un día Jessica vio un oso de felpa en la vitrina de una juguetería cuando pasábamos por afuera de esta al acompañar a mi mamá a hacer las compras, y yo supe de inmediato, por su mirada, que le había gustado, así que le dije a mí papá que para Navidad quería darle ese oso a Jessica y él no me dijo que no.
El día de Navidad, yo estaba aún en pijamas cuando Jessica entró corriendo a la sala de mi casa donde yo y mi hermano mayor abríamos los regalos. Ella también estaba en pijamas, un camisón largo y rosado lleno de volantes.
—¡Hae! —exclamó y se me lanzó encima.
Al oso lo bautizamos ‘Fishy’, y era el hijo de ambos. Esa Navidad le prometí a Jessica que me casaría con ella cuando fuera un adulto.
~*~
Un mes antes de que acabaran las vacaciones de verano de ese año, apareció Hyukjae. Él y su familia venían de Seúl. Con él congeniamos de inmediato, y comenzamos a hacer todo tipo de cosas, cosas que con Jessica nunca pude hacer, como jugar fútbol, o lanzarles piedras a los gatos, molestar a los demás niños o jugar con autos a control remoto. Cosas tontas de niños.
Cuando entramos a la escuela, con Jessica no asistimos a la misma. Ella iba a una escuela sólo de chicas y yo a una normal, con Hyukjae. Después de clases, me iba a jugar con Hyukjae.
No sé en qué momento dejé de jugar con Jessica. A veces estábamos los tres juntos, pero Jessica siempre estaba muy callada. Yo no sabía por qué hasta que un día me di cuenta de que a Hyukjae no le caía bien Jessica. No la odiaba, pero él decía ‘¿por qué siempre tiene que seguirnos a todos lados?’ Y era cierto, Jessica nos seguía a todas partes, pero yo sabía que lo hacía por mí, para estar conmigo. Había veces en las que me quería ir a jugar sólo con Jessica, pero entonces Hyukjae salía con alguna idea loca y corría a buscarme, y yo siempre me iba con él, dejando a mi mejor amiga sola. Además que Jessica comenzó a cambiar de una forma que no me gustaba. Antes no se quejaba de la arena, ni del agua fría del mar, ni de los caracoles, por mucho asco que le dieran. Yo les echaba la culpa a sus amigas de la escuela, que eran un montón de niñas tontas y quejosas.
Un día Hyukjae quiso gastarle una broma a Jessica. No me dijo de qué se trataba, y yo confiaba en que no sería nada grave. Yo sabía del miedo que Jessica le tenía a los gusanos, por eso cuando Hyukjae guardó una lombriz de esas que usan los pescadores en una caja de cerillos, me preocupé. Pero aún así no dije nada. Hyukjae era un niño genial, y no quería decepcionarlo.
La broma fue horrible. Hyukjae sacó la lombriz de la caja y comenzó a molestar a Jessica con ella. Ella no dijo nada, simplemente lo miró con odio, y me miró. Me miró como diciéndome ‘Haz que se detenga’. Pero yo no hice nada. No hice nada cuando Hyukjae le lanzó la lombriz y esta cayó sobre su cabeza, no hice nada cuando Jessica comenzó a chillar despavorida, girando sobre sí misma y agitando un poco las manos, tratando de quitarse la lombriz. No hice nada cuando Hyukjae cayó de espaldas al suelo, desternillándose de risa.
—¡Hae, por favor!
Yo di un paso hacia ella automáticamente, pero Hyukjae me agarró de la muñeca y me dijo ‘¿Qué haces?’. Yo no atiné más que a sonreír al ver su cara contorsionada en una mueca tan chistosa y sus ojos llenos de lágrimas por la risa.
Y en ese momento Jessica dejó de chillar, y la miré.
La lombriz ya no estaba en su cabeza, estaba en el suelo. Y ella me estaba mirando. Fue como aquella vez que le dije que se veía fea con vestido y se puso a llorar, sólo que esta vez no lloro. Pero fue la misma mirada, la misma mirada de ‘¿Cómo has podido?’. Y me sentí fatal, y cuando se echó a correr, quise ir tras ella, pero no pude, mis pies estaban pegados al piso. Y de pronto la risa de Hyukjae dejó de parecerme tan graciosa.
~*~
Después de eso Jessica dejó de seguirnos a Hyukjae y a mí. Hyukjae más de alguna vez me comentó lo aliviado que se sentía al no tenerla sobre nosotros. Yo lo único que hacía era asentir a sus palabras. Intenté hablar con ella, pero no pude, porque ella no quiso verme. Mi madre comenzó a hacerme preguntas sobre Jessica, que por qué ya no salía a jugar con ella, que por qué ya no venía a casa y cosas por el estilo, y yo le decía que no sabía por qué, hasta que un día le dije que ya no éramos amigos.
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