Prólogo
Primera parte.
La noche en Seúl apenas comenzaba. El cielo estaba negro, como boca de lobo. Soplaba un viento frío, que erizaba los vellos de la nuca de la gente en las calles que se apresuraba por volver a sus casas, porque en cualquier momento haría mal tiempo.
En la azotea de un edificio altísimo había dos siluetas. Dos muchachos enfundados en atuendos negros.
El más alto tenía el cabello castaño claro y lacio, y estaba parado sobre la cornisa, sin inmutarse por la altura ni por una eventual caída.
—El viento… —dijo en voz baja, pero sabía que su acompañante le escuchaba. —El viento está frío. —Cerró los ojos y estiró los brazos, dejando que una leve ráfaga de viento le golpease en pleno rostro. Sorbió el aire con fruición. —Hoy sucederá algo extraordinario —agregó, abriendo los ojos, fijando la vista unos segundos en el oscuro cielo y luego desviándola hacia sus pies. —Es aquí. Esta es la ciudad elegida.
El muchacho a sus espaldas no dijo nada. Permaneció mirando al otro, su cabello negro y corto ondeando por la brisa.
—Pronto —dijo el más alto, volviendo sus ojos hacia el cielo.
—Aún no sabemos dónde están.
—Pronto —repitió. —Pronto van a manifestarse. Cuando llegue el momento, actuaremos. Debemos esperar a que estén todos juntos. Y eso sucederá pronto.
—Tenemos conceptos del tiempo muy diferentes.
El más alto sonrío y se volteó a encarar a su acompañante.
—Entiendo tus preocupaciones Tao, pero no debes temer. Algo extraordinario está a punto de comenzar. Me lo ha dicho el viento.
Y nuevamente el viento sopló más fuerte, como reafirmando sus palabras.
—Ya hemos esperado demasiado —murmuró el de cabello negro.
El más alto abandonó la cornisa y se acercó a él.
—Lo sé —dijo, mirando a Tao fijamente a los ojos. El pelinegro le sostuvo la mirada, con calma. —Hemos esperado mucho para este momento. Pero no podemos alterar el curso del tiempo.
—Sí podemos.
—No podemos —dijo, empleando un tono de voz levemente amenazador. —Tú eso lo sabes mejor que nadie. No debemos interferir directamente.
El pelinegro asintió.
—Me sorprende que seas tan impaciente. Lo esperaba de XiuMin, pero no de ti.
—Lo lamento.
—No te disculpes. No has hecho nada malo —alzó las manos y tomó el rostro de Tao. Acercó su rostro al de él y apegó sus frentes con suavidad. —Yo sé que hemos esperado demasiado, pero un poco más no nos dañará. Muy pronto comenzará.
Tao asintió levemente, sin desviar su mirada de los ojos del otro, que los cerró. Permanecieron así un par de segundos, disfrutando la intimidad del momento.
El más alto lo soltó y volvió a darle la espalda.
—Ve con Lay —dijo.
—Sí, líder —respondió el pelinegro con suavidad, dando media vuelta en dirección a las escaleras.
—Pronto —murmuró el líder cuando Tao cerró la puerta, que rechinó al ser cerrada. —Muy pronto.
To be continued...
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