Título: Primer Encuentro
Pareja: Kris x Fan
Tipo: Hetero
Género: Romance
Clasificación: PG
Serie: Naranja
Primer encuentro
WuFan siempre
recordaría la primera vez que la vio. Más bien, siempre recordaría como iba
vestida. La vio detenida en una esquina, esperando a que cambiase la luz del
semáforo para cruzar la calle. Él estaba sentado en un banco de piedra en una
de las orillas de un pequeño paseo peatonal. Las razones por las que había ido
a ese lugar aún estaban frescas en su memoria. Tenía tiempo libre antes de
asistir a una de las tantas firmas de autógrafos que se llevaría a cabo en uno
de los centros comerciales más grandes del distrito y no queriendo volver a los
dormitorios con sus compañeros o quedarse practicando en la compañía, decidió
escabullirse de la perpetua mirada vigilante de sus managers. Nadie lo notó, lo
cual era algo un tanto gracioso considerando que su presencia nunca pasaba
desapercibida. Pero sus compañeros ya estaban acostumbrados a sus constantes
momentos de apatía y a la expresión de su rostro que indicaba que pasaría a modo solitario. Habrán pensado que sólo
se pasearía por los pasillos de la compañía. Sólo una persona adivinó sus
intensiones, pero esa persona jamás le delataría. Porque LuHan era demasiado
amable y comprensivo, y él entendía que WuFan era ese tipo de persona que
necesitaba alejarse de vez en cuando, aunque fuese por sólo cinco minutos, de
aquel ambiente tan ruidoso y estresante. WuFan siempre se sentiría agradecido
con él.
Aquella primera vez,
se sentó en un banco de piedra en un boulevard, porque ese había sido uno de
los primero lugares de Seúl que había aprendido a reconocer durante sus
primeros meses en aquella desconocida ciudad. Cerca de allí había un pequeño
café donde él solía pasar algunas tardes con Yixing durante sus días de
entrenamiento. Nostalgia era lo que
había empujado a WuFan a ese lugar. Nostalgia
por aquellos días donde todo lo que actualmente vivía formaba parte de un sueño
que muchas veces se le antojó irrealizable.
Se dio el gusto de
sentarse en ese banco y observar a la gente porque su disfraz era excepcional.
Él, a quien las fans habían bautizado de muchas formas denotando el buen gusto
que tenía para vestir, jamás habría salido a la calle con un peluquín rojo,
unos pantalones de chándal azules y una sudadera gris con capucha que le
quedaba notoriamente grande. Él siempre destacaba por sus atuendos, por cómo hasta
para las ocasiones más simples, ir a la compañía por ejemplo, se vestía como si
fuese a modelar por alguna pasarela importante. Por aquel entonces sus fans
siempre esperaban frente a las puertas de la compañía, con las cámaras listas.
Aprovechó el revuelo que se formó por la llegada de uno de sus sunbaes para
salir sin ser visto. Se felicitó por su astucia y caminó por las calles, tomó
un bus del transporte público y se fue de pie, afirmándose de los pasamanos que
colgaban del techo y chocando con el resto de pasajeros, sintiéndose
extrañamente libre.
Gracias a su
excepcional disfraz, pudo observar a la gente. Él, quien solía ser siempre el
centro de todas las miradas. Había algo relajante y hasta placentero en el
hecho de ser un observador. Mirar ese mar de gente que iba en todas
direcciones, esa masa sincronizada y tan dispareja a la vez, y desear por un
ínfimo segundo ser parte de ella.
Nostalgia por una vida que desechó y ya nunca podría tener. No se arrepentía. El
‘Y si’ era tan sólo algo que se cuestionaba de vez en cuando.
Y si no hubiese hecho
la audición… Probablemente jamás habría pisado Corea del Sur, porque aquel país
jamás llamó su atención. Habría terminado sus estudios en Canadá, y quizás
habría regresado a vivir a China.
Nunca la habría
conocido.
Nunca se habría
sentado en aquella banca de piedra aquel día de Septiembre. Nunca se habría
detenido a observar a la gente. Nunca habría posado los ojos en ese par de
piernas interminables envueltas en color naranja. Un naranja fuerte, oscuro.
Era llamativo. Esas piernas naranjas terminaban en un par de botines de un café
claro. Levantó la mirada para ver el rostro de la dueña de esas piernas. Una
chica de su edad -tal vez-. Un suéter blanco largo que hacía de vestido,
cabello rizado castaño y oscuro. Piel clara, ojos grandes y expresivos, labios
rojos.
~*~
WuFan pensó que era
muy bonita y le hizo recordar a Canadá. Allá la mayoría de las chicas tenían el
cabello claro y los ojos azules, pero eran de formas distintas. En Corea todas
las chicas bonitas eran iguales, usaban el mismo estilo de cabello y de vestir,
y en proporciones físicas eran lo mismo, delgadas, como si no tuviesen órganos
dentro, y con piernas largas, interminables. De esto último WuFan no se
quejaba. Canadá era un país muy frío y las chicas siempre usaban pantalones. En
Corea se sorprendió gratamente de que hubiese cierto favoritismo por las mini
faldas. Sin embargo, eran todas lo mismo. Hermosas, pero iguales. En Canadá
todas las chicas eran diferentes. Algunas eran muy delgadas, otras eran más
rellenitas. WuFan recordaba a cierta chica en la escuela, de mejillas rosadas y
ojos pequeños y azules, que le invitó al cine. WuFan dijo que no. Le gustaba la
diversidad, pero su estereotipo de belleza femenina estaba establecido por los
cánones asiáticos incluso en aquel entonces. Las chicas de la parte
Franco-Canadiense, sin embargo, eran otra cosa. Esas chicas tenían estilo,
cabellos castaños y ondulados, labios rojos y piernas interminables. WuFan
salió un par de veces con una chica de ascendencia francesa. Ella era delicada,
pequeña y llena de curvas. Y besaba maravillosamente.
La chica de medias
naranjas le recordó a ella. WuFan llegó a la conclusión de que ella era
francesa, porque su apariencia prácticamente lo gritaba.
La observó, muy
interesado. Se notaba por los gestos que hacía que era una recién llegada, no
llevaría más de un mes en la ciudad. Miraba el semáforo con impaciencia,
frunciendo el par de cejas gruesas que adornaban su cara de forma graciosa.
Cuando el semáforo cambió, ella fue la primera en avanzar, sacando ventaja a la
multitud que se había agrupado a sus espaldas a la espera de la luz verde. Su
cabello era muy rizado, y largo, y se movía con cada uno de sus pasos. Entró en
el pequeño café que WuFan solía frecuentar y este sintió como una fuerza
invisible lo levantaba del banco de piedra y lo forzaba a caminar. Terminó
entrando en el café al tiempo que la chica hacía su pedido en el mesón con el cajero.
WuFan caminó lentamente hasta ponerse detrás de ella para hacer su pedido.
Podía escuchar como ella intentaba pedir un frapuccino de mocca. Su coreano no
era malo, pero parecía insegura con cada palabra que decía, por lo que hablaba
muy lento. El cajero le sonrió y le dijo que fuese a sentarse, que alguien
llevaría su pedido a la mesa. Ella le agradeció con una venia un tanto torpe.
Cuando se volteó, casi chocó con él.
Ella se disculpó
nuevamente haciendo una venia muy torpe y se alejó de él. Se sentó en una de
las mesas que había junto a la ventana.
—¿Qué desea ordenar?
WuFan pidió un americano.
Ocupó una mesa cercana
a la entrada donde podía observarla perfectamente. Ella se había puesto los
cascos y había sacado un Ipad de su mochila mientras esperaba su orden. Cuando
el mesero llevó su bebida ella le agradeció con una sonrisa. El tipo hizo una
venia y se alejó de ella, sonrojado. Ella no se dio ni por enterada. Cuando
llegó su americano, ella se puso de pie, a preguntarle algo al cajero. WuFan siguió
disimuladamente la trayectoria de sus piernas naranjas. Tenían formas
delicadas, pero se adivinaban fuertes bajo la tela. Eran mucho más gruesas que
la mayoría de piernas que se ven en Seúl. Las
coreanas no tienen piernas tan torneadas, pensó.
El celular de ella
sonó de repente, una canción muy conocida para WuFan.
‘Ah, le gusta el k-pop’ pensó.
Ella atendió la
llamada y agradeció las muchas servilletas que el cajero le entregaba con una
sonrisa. Comenzó a hablar en inglés muy rápido. A WuFan le costó un poco seguir
el hilo de su conversación porque su inglés era un poco extraño. Tardó en
comprender que la chica utilizaba un marcado acento británico.
—Eeeem… No puedo
decirte exactamente dónde estoy. No sé cómo… Aaaahm… ¿Recuerdas el café al que
nos trajo SouMin el otro día? Está a un par de calles de mi departamento. No,
es en dirección opuesta al edificio de la SM. ¿Qué? ¿Viste a quién? ¡¿En
serio?! Ah, no puedo cree que me lo perdiera…
A WuFan le dio un poco
de risa la conversación y se terminó su americano tras varios sorbos. Se
levantó de su asiento, le dio las gracias al cajero con una venia y se marchó.
Consultó la hora en su móvil y decidió que aún tenía mucho tiempo, así que
regresó a sentarse en el mismo banco de piedra de hacía un momento. La chica de
las piernas naranjas salió poco después del café, sorbiendo su frapuccino por
una pajita, con la mano envuelta en servilletas, seguramente para protegerse
del frío de la bebida.
WuFan se preguntó si
acaso ella sabía quién era él. Es decir, obviamente no lo sabía, porque él
estaba disfrazado, pero se preguntó si ella sabría de EXO y de él, Kris, el
líder de la sub unidad china. Tal vez ella era una fan de ellos, tal vez ella
era una ‘Kris biased’ y tenía posters con su rostro pegados en los muros de su
habitación. O tal vez sólo era una fan de Super Junior, como el ringtone de su
celular lo indicaba.
WuFan dejó de pensar
en ello al sentir que alguien lo miraba. Levantó la vista y se topó con una
poderosa mirada castaña. La chica del café le estaba mirando, ya había cruzado
la calle. WuFan sostuvo su mirada un par de segundos. Nunca nadie le había
mirado así. Es decir, en Asia la gente no mira de esa forma. Él sí, él siempre había
mirado así, de esa forma tan penetrante. Lo hacía porque sabía que sus fans
morirían derretidas por aquel gesto. En
él era un gesto común, pero en las mujeres no. Las mujeres asiáticas no miraban
de esa manera, y en aquel entonces WuFan ya se había acostumbrado demasiado a
ellas.
La chica se volteó sin
hacer ningún gesto y se marchó. WuFan vio como ese par de piernas naranjas se
perdía entre la gente.
~*~
Recordaba
perfectamente la reprimenda que recibió por parte de ambos managers. Y como ya
estaba acostumbrado, pidió las disculpas correspondientes sin sentirse
verdaderamente arrepentido. En su mente, el color naranja no le dejaba
tranquilo.
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