Monday, July 30, 2012

[KrisxFan] Primer Encuentro


Título: Primer Encuentro
Pareja:  Kris x Fan
Tipo: Hetero
Género: Romance
Clasificación: PG
Serie: Naranja



Primer encuentro


WuFan siempre recordaría la primera vez que la vio. Más bien, siempre recordaría como iba vestida. La vio detenida en una esquina, esperando a que cambiase la luz del semáforo para cruzar la calle. Él estaba sentado en un banco de piedra en una de las orillas de un pequeño paseo peatonal. Las razones por las que había ido a ese lugar aún estaban frescas en su memoria. Tenía tiempo libre antes de asistir a una de las tantas firmas de autógrafos que se llevaría a cabo en uno de los centros comerciales más grandes del distrito y no queriendo volver a los dormitorios con sus compañeros o quedarse practicando en la compañía, decidió escabullirse de la perpetua mirada vigilante de sus managers. Nadie lo notó, lo cual era algo un tanto gracioso considerando que su presencia nunca pasaba desapercibida. Pero sus compañeros ya estaban acostumbrados a sus constantes momentos de apatía y a la expresión de su rostro que indicaba que pasaría a modo solitario. Habrán pensado que sólo se pasearía por los pasillos de la compañía. Sólo una persona adivinó sus intensiones, pero esa persona jamás le delataría. Porque LuHan era demasiado amable y comprensivo, y él entendía que WuFan era ese tipo de persona que necesitaba alejarse de vez en cuando, aunque fuese por sólo cinco minutos, de aquel ambiente tan ruidoso y estresante. WuFan siempre se sentiría agradecido con él.


Aquella primera vez, se sentó en un banco de piedra en un boulevard, porque ese había sido uno de los primero lugares de Seúl que había aprendido a reconocer durante sus primeros meses en aquella desconocida ciudad. Cerca de allí había un pequeño café donde él solía pasar algunas tardes con Yixing durante sus días de entrenamiento. Nostalgia era lo que había empujado a WuFan a ese lugar. Nostalgia por aquellos días donde todo lo que actualmente vivía formaba parte de un sueño que muchas veces se le antojó irrealizable.


Se dio el gusto de sentarse en ese banco y observar a la gente porque su disfraz era excepcional. Él, a quien las fans habían bautizado de muchas formas denotando el buen gusto que tenía para vestir, jamás habría salido a la calle con un peluquín rojo, unos pantalones de chándal azules y una sudadera gris con capucha que le quedaba notoriamente grande. Él siempre destacaba por sus atuendos, por cómo hasta para las ocasiones más simples, ir a la compañía por ejemplo, se vestía como si fuese a modelar por alguna pasarela importante. Por aquel entonces sus fans siempre esperaban frente a las puertas de la compañía, con las cámaras listas. Aprovechó el revuelo que se formó por la llegada de uno de sus sunbaes para salir sin ser visto. Se felicitó por su astucia y caminó por las calles, tomó un bus del transporte público y se fue de pie, afirmándose de los pasamanos que colgaban del techo y chocando con el resto de pasajeros, sintiéndose extrañamente libre.


Gracias a su excepcional disfraz, pudo observar a la gente. Él, quien solía ser siempre el centro de todas las miradas. Había algo relajante y hasta placentero en el hecho de ser un observador. Mirar ese mar de gente que iba en todas direcciones, esa masa sincronizada y tan dispareja a la vez, y desear por un ínfimo segundo ser parte de ella.
Nostalgia por una vida que desechó y ya nunca podría tener. No se arrepentía. El ‘Y si’ era tan sólo algo que se cuestionaba de vez en cuando.


Y si no hubiese hecho la audición… Probablemente jamás habría pisado Corea del Sur, porque aquel país jamás llamó su atención. Habría terminado sus estudios en Canadá, y quizás habría regresado a vivir a China.


Nunca la habría conocido.


Nunca se habría sentado en aquella banca de piedra aquel día de Septiembre. Nunca se habría detenido a observar a la gente. Nunca habría posado los ojos en ese par de piernas interminables envueltas en color naranja. Un naranja fuerte, oscuro. Era llamativo. Esas piernas naranjas terminaban en un par de botines de un café claro. Levantó la mirada para ver el rostro de la dueña de esas piernas. Una chica de su edad -tal vez-. Un suéter blanco largo que hacía de vestido, cabello rizado castaño y oscuro. Piel clara, ojos grandes y expresivos, labios rojos.



~*~


WuFan pensó que era muy bonita y le hizo recordar a Canadá. Allá la mayoría de las chicas tenían el cabello claro y los ojos azules, pero eran de formas distintas. En Corea todas las chicas bonitas eran iguales, usaban el mismo estilo de cabello y de vestir, y en proporciones físicas eran lo mismo, delgadas, como si no tuviesen órganos dentro, y con piernas largas, interminables. De esto último WuFan no se quejaba. Canadá era un país muy frío y las chicas siempre usaban pantalones. En Corea se sorprendió gratamente de que hubiese cierto favoritismo por las mini faldas. Sin embargo, eran todas lo mismo. Hermosas, pero iguales. En Canadá todas las chicas eran diferentes. Algunas eran muy delgadas, otras eran más rellenitas. WuFan recordaba a cierta chica en la escuela, de mejillas rosadas y ojos pequeños y azules, que le invitó al cine. WuFan dijo que no. Le gustaba la diversidad, pero su estereotipo de belleza femenina estaba establecido por los cánones asiáticos incluso en aquel entonces. Las chicas de la parte Franco-Canadiense, sin embargo, eran otra cosa. Esas chicas tenían estilo, cabellos castaños y ondulados, labios rojos y piernas interminables. WuFan salió un par de veces con una chica de ascendencia francesa. Ella era delicada, pequeña y llena de curvas. Y besaba maravillosamente.


La chica de medias naranjas le recordó a ella. WuFan llegó a la conclusión de que ella era francesa, porque su apariencia prácticamente lo gritaba.


La observó, muy interesado. Se notaba por los gestos que hacía que era una recién llegada, no llevaría más de un mes en la ciudad. Miraba el semáforo con impaciencia, frunciendo el par de cejas gruesas que adornaban su cara de forma graciosa. Cuando el semáforo cambió, ella fue la primera en avanzar, sacando ventaja a la multitud que se había agrupado a sus espaldas a la espera de la luz verde. Su cabello era muy rizado, y largo, y se movía con cada uno de sus pasos. Entró en el pequeño café que WuFan solía frecuentar y este sintió como una fuerza invisible lo levantaba del banco de piedra y lo forzaba a caminar. Terminó entrando en el café al tiempo que la chica hacía su pedido en el mesón con el cajero. WuFan caminó lentamente hasta ponerse detrás de ella para hacer su pedido. Podía escuchar como ella intentaba pedir un frapuccino de mocca. Su coreano no era malo, pero parecía insegura con cada palabra que decía, por lo que hablaba muy lento. El cajero le sonrió y le dijo que fuese a sentarse, que alguien llevaría su pedido a la mesa. Ella le agradeció con una venia un tanto torpe. Cuando se volteó, casi chocó con él.


Ella se disculpó nuevamente haciendo una venia muy torpe y se alejó de él. Se sentó en una de las mesas que había junto a la ventana.


—¿Qué desea ordenar?


WuFan pidió un americano.
Ocupó una mesa cercana a la entrada donde podía observarla perfectamente. Ella se había puesto los cascos y había sacado un Ipad de su mochila mientras esperaba su orden. Cuando el mesero llevó su bebida ella le agradeció con una sonrisa. El tipo hizo una venia y se alejó de ella, sonrojado. Ella no se dio ni por enterada. Cuando llegó su americano, ella se puso de pie, a preguntarle algo al cajero. WuFan siguió disimuladamente la trayectoria de sus piernas naranjas. Tenían formas delicadas, pero se adivinaban fuertes bajo la tela. Eran mucho más gruesas que la mayoría de piernas que se ven en Seúl. Las coreanas no tienen piernas tan torneadas, pensó.
El celular de ella sonó de repente, una canción muy conocida para WuFan.


‘Ah, le gusta el k-pop’ pensó.


Ella atendió la llamada y agradeció las muchas servilletas que el cajero le entregaba con una sonrisa. Comenzó a hablar en inglés muy rápido. A WuFan le costó un poco seguir el hilo de su conversación porque su inglés era un poco extraño. Tardó en comprender que la chica utilizaba un marcado acento británico.


—Eeeem… No puedo decirte exactamente dónde estoy. No sé cómo… Aaaahm… ¿Recuerdas el café al que nos trajo SouMin el otro día? Está a un par de calles de mi departamento. No, es en dirección opuesta al edificio de la SM. ¿Qué? ¿Viste a quién? ¡¿En serio?! Ah, no puedo cree que me lo perdiera…


A WuFan le dio un poco de risa la conversación y se terminó su americano tras varios sorbos. Se levantó de su asiento, le dio las gracias al cajero con una venia y se marchó. Consultó la hora en su móvil y decidió que aún tenía mucho tiempo, así que regresó a sentarse en el mismo banco de piedra de hacía un momento. La chica de las piernas naranjas salió poco después del café, sorbiendo su frapuccino por una pajita, con la mano envuelta en servilletas, seguramente para protegerse del frío de la bebida.
WuFan se preguntó si acaso ella sabía quién era él. Es decir, obviamente no lo sabía, porque él estaba disfrazado, pero se preguntó si ella sabría de EXO y de él, Kris, el líder de la sub unidad china. Tal vez ella era una fan de ellos, tal vez ella era una ‘Kris biased’ y tenía posters con su rostro pegados en los muros de su habitación. O tal vez sólo era una fan de Super Junior, como el ringtone de su celular lo indicaba.


WuFan dejó de pensar en ello al sentir que alguien lo miraba. Levantó la vista y se topó con una poderosa mirada castaña. La chica del café le estaba mirando, ya había cruzado la calle. WuFan sostuvo su mirada un par de segundos. Nunca nadie le había mirado así. Es decir, en Asia la gente no mira de esa forma. Él sí, él siempre había mirado así, de esa forma tan penetrante. Lo hacía porque sabía que sus fans morirían derretidas por aquel gesto.  En él era un gesto común, pero en las mujeres no. Las mujeres asiáticas no miraban de esa manera, y en aquel entonces WuFan ya se había acostumbrado demasiado a ellas.


La chica se volteó sin hacer ningún gesto y se marchó. WuFan vio como ese par de piernas naranjas se perdía entre la gente.




~*~



Recordaba perfectamente la reprimenda que recibió por parte de ambos managers. Y como ya estaba acostumbrado, pidió las disculpas correspondientes sin sentirse verdaderamente arrepentido. En su mente, el color naranja no le dejaba tranquilo.

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