Tuesday, December 18, 2012

[Borrador] Sehun pt.2


Jessica sentía una enorme debilidad por él. La había sentido desde que entró a trabajar en SMent y lo vio por primera vez. Era tan sólo un niño, forzado al confinamiento y al abuso. Jessica estaba al tanto de la situación puesto que había revisado todos los expedientes que había en el archivador con la etiqueta de ‘Oh Sehun’. Un niño donado para la ciencia por sus propios padres tras ser testigos del devastador poder de su habilidad con el viento. Jessica no había creído nada de eso, ni siquiera cuando vio la grabación del tornado que generó el niño cuatro años más tarde de su ingreso a los laboratorios. Lo que hizo cambiar el parecer de Jessica fue haberlo visto con sus propios ojos.

Sehun pasaba dormido la mayor parte del tiempo. Tras el incidente del tornado, los estudios cambiaron y comenzaron a experimentar durante su sueño. Durante la etapa de REM la actividad neuronal  de una persona es casi la misma a cuando está despierta. El procedimiento consistía en sedar a Sehun y monitorear su actividad neuronal, cuando pasase al estado de REM el encargado del sueño lúcido hacía que Sehun viera lo que la gente del laboratorio quería que viera. Casi siempre era una recreación del momento en el que Sehun hacía volar su casa.

A Sehun lo mantienen la mayor parte del tiempo en una habitación sin aire, herméticamente cerrada, sedado y respirando por un tubo. Él sólo despierta una vez al día, cuando es trasladado al laboratorio de pruebas, donde lo exponen al aire normal dentro de una habitación. Aun así hay medidas de seguridad extremas. El aire acondicionado está prohibido y no debe haber personas alrededor de Sehun cuando estén proyectando el sueño lúcido, por eso hay amplios ventanales resistentes que albergan del otro lado a todo el equipo que se dedica a estudiar las habilidades de Sehun desde el día que entró en SMent.

La primera vez que Jessica vio su habilidad fue un día de verano, el primer año que ella llegó a los laboratorios. Iba a tomar una muestra de sangre de él, pero el calor excesivo dentro de la habitación volvía incómoda cualquier tarea. Jessica se abanicó un momento con la mano, y después miró al niño en la camilla, cubierto en sudor. Le abanicó un par de veces y sucedió, se formó un remolino e hizo volar todos sus instrumentos de trabajo y le alborotó las ropas y el cabello. Después de aquella ocasión comenzó a hacer pequeños experimentos por su cuenta, como dejar puertas abiertas o soplar en el rostro de Sehun de vez en cuando. Sus pequeños atrevimientos le valieron más de algún regaño por parte de sus superiores, pero no le importó, porque estaba segura que jamás perdería ese trabajo, puesto que manejaba demasiada información.

Jessica sabía que con un poco de viento natural Sehun podría crear otro tornado y seguramente podría escapar. La idea de liberarlo surgió de forma repentina en la mente de ella, pero no fue hasta un día de invierno, durante su segundo año trabajando con el equipo que estudiaba a Sehun, que realmente se decidió por dejar escapar al niño.

Monitoreando la actividad cerebral de Sehun, el hombre encargado de insertar los sueños lúcidos se estaba preparando para llevar a cabo su tarea. Jessica le preguntó que qué significaban las fluctuaciones en la línea que representaba el sueño de Sehun y él le explicó que seguramente él estaba soñando otra cosa. Jessica sintió mucha curiosidad por saber qué soñaba, y logró convencer al encargado para que le mostrara qué estaba viendo Sehun en esos momentos. Los laboratorios contaban con una máquina extraordinaria que mostraba los sueños de las personas. Jessica se arrepintió casi enseguida de haber preguntado. Sehun soñaba consigo mismo de pequeño y con su familia, con remolinos de hojas secas y los gritos de su madre llamándolo monstruo. Minutos después Jessica entró a la habitación donde permanecía Sehun y secó con su mano las lágrimas de las mejillas del niño.

Sacarlo no sería una tarea fácil, estaría arriesgando mucho, pero algo dentro de ella le decía que debía hacerlo. Ya tenía todo preparado. Había comprado pasajes para volver a los Estados Unidos y había pedido vacaciones en el trabajo por motivos familiares. Afortunadamente no estaba sola en esto. Se había ganado el favor del jefe de la seguridad, quien le había explicado con detalle cómo funcionaba el CCTV, cuáles eran los puntos ciegos y cómo podía ser desactivado. Jessica sólo necesitaba cortar la corriente del edificio por un minuto, así podría abrir todas las puertas y dejaría el aire fluir, pero no tenía idea de cómo cortar el flujo de corriente sin ser atrapada.

La oportunidad no se le presentó fácilmente. Un día hubo una baja en el voltaje. Jessica creyó que estaba soñando y rogó con todas sus fuerzas a que la energía de todo el edificio se fuera. Uno de sus compañeros dijo que no importaba si se iba la energía, puesto que ellos siendo un prestigioso centro de estudios contaban con generadores, pero eso a Jessica no le importaba. Sólo necesita un minuto sin energía, hasta un par de segundos le servirían, para poder abrir las puertas sin que las cámaras de seguridad la grabasen.
Jessica se despidió de sus compañeros y fingió que se marchaba a su casa. Se escondió en uno de los puntos ciegos del CCTV y esperó. La energía eventualmente se fue. Ella no perdió el tiempo, lo primero que hizo fue abrir una de las puertas traseras que utilizaba el personal y después, apresurándose y tratando de no toparse con nadie, abrió la puerta que llevaba al pasillo donde la habitación en la que mantenían confinado a Sehun se encontraba. Se asomó al pasillo y vio al encargado de monitorear la actividad cerebral de Sehun encaminándose hacia la habitación, Jessica maldijo por lo bajo y retrocedió, pero dejó abierta la puerta. Bastaría con tan sólo un poco de aire.

~*~

Sehun abrió los ojos y respiró. Respiró profundamente, sintiendo un cosquilleo en las fosas nasales y en los pulmones. El foco de luz estaba igual que siempre. Movió la cabeza por inercia y se sorprendió, porque realmente podía moverla. Estiró los dedos de las manos y los cerró, y se sorprendió al notar que podía mover las muñecas. ¿Qué estaba pasando?

Lo último que recordaba era esa voz suave y musical. Sehun era consciente de que sus ataduras no le impedían moverse, y aun así el hombre a su lado no se percató. Sehun sintió un cosquilleo en la yema de los dedos y sorbió aire más profunda y ruidosamente. Fue ahí que el encargado de monitorear su actividad cerebral se percató de su estado. Pero fue demasiado tarde. Todas las puertas del edificio se abrieron de golpe, empujadas por una devastadora brisa. El hombre junto a Sehun salió disparado contra el techo. El aire comenzó a arremolinarse a su alrededor vertiginosamente. La puerta estaba abierta…

~*~

No recordaba cómo caminar. Sus piernas eran débiles y difícilmente podía sostener su peso, pero el instinto fue más fuerte, y logró moverse, apoyándose en el muro. Todas las puertas estaban abiertas para él. Poco a poco comenzó a caminar por sí sólo, aunque sus pasos eran inseguros y lentos. Le dolían todos los músculos del cuerpo, pero todo aquel sufrimiento no era nada en comparación a las ganas que tenía por salir de allí. Ni siquiera estaba seguro de cómo llegar a la salida, pero de alguna forma lo logró. Nadie se interpuso en su camino. Cualquiera que intentaba acercarse salía arrojado por los aires por una fuerza invisible. Al llegar a la calle cayó de bruces al suelo, golpeándose contra el cemento. El viento que lo rodeaba desapareció de golpe. Se sintió abrumado por el sonido de sirenas y gritos. Se sentía muy débil, más débil que nunca. El vigor de hace un momento se había desvanecido junto al viento protector. Se sintió muy vulnerable, y temió que lo volvieran a encerrar en aquel lugar.

Sehun no quería volver, no quería volver por nada del mundo.

Se levantó del suelo haciendo acopio de las pocas fuerzas que le quedaban. Trató de correr, pero sólo atinó a dar pasos vacilantes hacia el frente. Caminó y caminó, alejándose del destruido edificio de SMent. No volteó en ningún momento, porque temía encontrarse con un ejército persiguiéndolo. Sabía que no tenía demasiado tiempo, y que tarde o temprano lo encontrarían y lo regresarían a esa jaula, pero Sehun no quería rendirse. La sensación dura y áspera del suelo contra sus pies descalzos, el dolor ardiente en sus piernas, el ardor lacerante en sus pulmones cuando respiraba tan forzosamente, el aire gélido de la noche que le cortaba la piel… Todo eso le hacía sentir vivo. Y no lo cambiaría por nada del mundo.

Cayó al piso cuan largo era, raspándose la barbilla. Se arrastró por toda la calles hasta llegar tras un contenedor de basura. Se sentó y se abrazó las rodillas. Tiritaba de frío. Sehun sabía que no lo lograría hasta el día siguiente.

‘¿Voy a morir?’, pensó con amargura. ‘No importa’. Cerró los ojos. Después de todo, él era un monstruo. Y era mejor morir en cualquier lugar que no fuese aquella prisión.

~*~

La lluvia comenzó de repente. Tao observaba silencioso el caos que se había generado en el edificio de SMent.
—Vaya, ese niño tiene mucho poder —comentó un individuo de cabello castaño, con un liso y largo flequillo cubriendo parcialmente su ojo derecho.
Tao, aquel individuo y otros cuatro observaban lo acontecido desde uno de los edificios altos que había por allí.
—Me preocupa —comentó un muchacho de cabello claro. —¿Qué pasará con él, Kris?

Kris no respondió de inmediato. Parecía que meditaba algo, con la vista fija en lo que sucedía en el edificio de SMent. Nadie le interrumpió, ni siquiera el muchacho que le había hablado. Kris se alejó de la cornisa de repente, dándole la espalda a los otros cinco, que se voltearon a mirarlo. Parecía que todos esperaban sus instrucciones.

—Tao.
—Duizhang.
—Ve con Lu Han. Tráiganlo.

Tao y el muchacho de cabellos claros que había hablado antes, Lu Han, asintieron y desaparecieron en un abrir y cerrar de ojos. Se alejaron dando saltos por sobre los edificios de menor altura a velocidad sobrehumana, volviéndose nada menos que manchas oscuras y borrosas.

—Jongdae.

Un muchacho de cabello negro azabache y afiladas facciones dio un paso adelante.

—Ven conmigo. El resto que regrese.

Kris y Chen desaparecieron de la misma manera que Tao y Lu Han.
El muchacho que había hablado primero permaneció mirando el vacío por algunos segundos mientras el otro, un chico con mofletes pronunciados, le miraba.

—¿Planeas desobedecerlo? —le preguntó.

El muchacho del flequillo salió de su trance y miró a su superior.

—¿Vas a delatarme, gege?
—No será necesario. WuFan siempre sabe.
—Lo sé, por eso creo que no va a importarle.
—Haz lo que quieras. Sólo no nos metas en problemas, Yixing.
—Gracias, XiuMin gege.

Yixing desapareció, y se transformó en una mancha blanca que siguió la dirección de Tao y Lu Han.
XiuMin suspiró, mirando el cielo. No había luna. No había estrellas. Era una noche oscura como la boca de un lobo.

—Es solitario ser el mayor, ¿verdad? —preguntó una voz.

XiuMin giró el rostro hacia la izquierda.

—¿A qué has venido, profeta? —no había ningún dejo de fastidio en su voz, sólo un profundo cansancio.

El recién llegado río. Tenía la mitad derecha de la cabeza rapada, y de la otra mitad le caía una cascada de cabello rubio.

—Traigo buenas nuevas —sonrió.
~*~

La lluvia había comenzado muy repentinamente. Donghae maldecía el tiempo, que últimamente había sido de locos. No llevaba consigo un paraguas, pero su chaqueta le protegía del agua y del frío. Caminaba con premura, puesto que no faltaba demasiado para llegar a su departamento y darse una ducha caliente, ponerse ropa seca y limpia y comer algo preparado por Siwon. Pensaba en qué le habría traído Siwon de su último viaje cuando una mariposa cruzó su campo de visión. Sí, una mariposa monarca, si no estaba equivocado. Donghae se detuvo y siguió con la mirada la trayectoria del insecto, que describió círculos en el aire frente a él. Una mariposa bajo la lluvia no era algo común, de hecho, él jamás había visto ese tipo de mariposas en aquella parte de la ciudad. La mariposa dio una última vuelta frente a él y siguió volando, perdiendo altura. Descendió y se alejó un poco de Donghae, hasta posarse en una de las puntas de un contenedor de basura. Por alguna razón, Donghae se acercó a la mariposa lentamente, temeroso de espantarla. La observó fijamente, como abría y cerraba las alas de color naranja con diseños negros. La mariposa alzó el vuelo nuevamente y se escondió del otro lado del contenedor de basura. Donghae dio un paso para asomarse al otro lado del contenedor y ver si la mariposa seguía allí o si ya se había ido, y se llevó un susto de muerte al ver un par de pies descalzos. Respiró hondo, y pasada la primera impresión volvió a asomarse. La mariposa se había posado sobre la cabeza de un muchacho, que estaba sentado en el piso, con el rostro oculto entre las rodillas, abrazándose las piernas.

—Hey —Donghae se acercó. —¿Estás bien? ¿Cómo te llamas?

El muchacho no le respondió. Donghae se acercó más y se inclinó sobre el muchacho, moviéndolo con la mano para hacerlo reaccionar. —Oye… —lo intentó de nuevo, más fuerte, y el muchacho siguió sin responder.

Donghae temió lo peor. Pensó en coger al muchacho y llevarlo a su departamento, y desde allí llamar a la ambulancia puesto que no traía su celular, pero cuando intentó tomar al chico, este se rehusó.
‘Déjame aquí, soy un monstruo’ pensó.

Donghae se sintió aliviado al ver que el chico estaba vivo.

—Oye… ¿Estás bien? —el chico no respondió. —Mi departamento queda cerca, te daré ropa seca mientras llamo a tu casa para que vengan por ti. ¿Cómo se llama tu madre?

¿Madre?

Sehun levantó la cabeza, dejando a la vista de Donghae sus ojos. ‘Yo no tengo madre’, pensó. No sabía cuándo había sido la última vez que la había visto, sólo sabía que había sido hace mucho tiempo porque en ese entonces su cuerpo era más pequeño. Recordó entonces el rostro de su madre, la mujer que llorando le había gritado que era un monstruo.

Después de mucho tiempo, sintió ganas de llorar, y volvió a esconder el rostro.

—¿Estás lastimado? ¿Te duele algo?

Este extraño hacía demasiadas preguntas. Sehun quería que se fuera y le dejara solo. Solo, como había estado siempre.

—Por favor, dime algo —dijo Donghae en tono suplicante. —No te haré daño, lo prometo.

Prometer. Su padre le había prometido que saldría pronto de ese lugar. No cumplió esa promesa, se olvidó de él y lo dejó ahí, confinado a una existencia miserable.

Sehun decidió ignorar a aquel extraño.

Donghae siguió tratando de que le respondiera, pero el chico permanecía en silencio. Donghae llegó a pensar que era sordo o hasta mudo. Era un chico pequeño, no tendría más de quince años y estaba muy delgado. Tenía puesto un camisón blanco y estaba sucio. No podía dejarlo solo, estaba claro que el chico estaba asustado y que algo muy malo le había pasado.

Donghae suspiró, y decidió armarse de paciencia. Sin importarle la lluvia o el hecho de que Siwon le estaba esperando, se quitó la chaqueta y la colocó sobre los hombros del chico. Sehun levantó la cabeza y la volteó para mirar al extraño, que acababa de sentarse a su lado y le sonreía.

Sehun se arrebujó más en la chaqueta y volvió a esconder la cabeza. Nadie había hecho algo así por él, nunca.

Permanecieron en silencio. Sehun no sabía qué decir y Donghae prefirió quedarse callado y no presionarlo. Comenzaba a sentir mucho frío, pero no iba a marcharse de allí y abandonar a ese niño.

El ruido de sirenas obligó a Donghae a voltear el rostro hacia el final de la calle y a ponerse de pie.

—¿Qué habrá pasado? —preguntó.

Sehun en cambio se paralizó del miedo. Irían tras él en cualquier momento y volverían a encerrarlo. Él no quería regresar, no quería volver a ser confinado a una existencia tan miserable y vacía como la que había tenido por todo ese tiempo.

Donghae estiraba un poco el cuello para ver de dónde procedía el ruido de sirenas cuando sintió un tirón en su mano.

—Por… favor… —él chico habló con voz rasposa, como si no hubiese hablado en mucho tiempo. 

Monday, December 17, 2012

[Borrador] Sehun pt.1


Despertó. Abrió los ojos muy lentamente. Se encontró con aquel familiar foco de luz que colgaba del techo. Estaba inmovilizado, pero aquello no era ninguna sorpresa. Él nunca podía moverse cuando estaba en aquella habitación. Sus muñecas y tobillos siempre eran sujetos a la camilla por grilletes acolchados. Tampoco podía mover la cabeza, que estaba sujeta por unas almohadillas y un cinturón, por lo que lo único que siempre veía era aquel foco de luz.

Así había sido casi siempre.

Hubo una época en la que Sehun vivió de forma diferente. Rara vez se permitía pensar en ella. No era agradable. Recordaba su casa y a sus padres, y su pequeña hermanita. Y recordaba el tornado que él había invocado y cómo su casa con su hermana bebé dentro habían salido volando. Sus padres había sido testigos del hecho, de cómo su hijo de apenas cinco años había provocado un tornado descomunal que arrasó con más de una casa en la pequeña comunidad en los suburbios de la ciudad. Nadie habría creído la historia, porque pensar que un niño de cinco años podía provocar un tornado sonaba ridículo, pero los padres de Sehun juraron que era cierto y quién mejor para confirmar las habilidades de un niños que sus propios padres.

La primera en notar que Sehun era diferente había sido su madre. No era algo que sólo hubiese sentido durante el embarazo, cuando Sehun nació se formaron corrientes de aire en la sala de parto, a pesar de que el aire acondicionado estaba descompuesto y las puertas y ventanas estaban bien cerradas. Cuando el bebé Sehun estuvo en casa, su madre le sorprendió muchas veces flotando sobre la cuna. La primera vez que lo vio al bebé flotando en una masa de aire se arremolinaba debajo de él casi se le dio un infarto. No era como si ella pudiese verla, pero podía sentirla. El sonido del viento era algo con lo que ella estaba muy familiarizada, no porque vivieran en un sitio ventoso, sino porque durante el embarazo pareció que su sentido de la audición se agudizó y se volvió sensible a todo lo relacionado con el viento.

Después de que Sehun cumpliese un año su madre ya se había acostumbrado. Las situaciones en donde Sehun se veía involucrado con el viento aumentaron gradualmente, pero siempre eran asuntos de poca importancia, como los remolinos que formaba durante el otoño con las hojas secas o las veces que hacía volar los papeles del despacho de su padre cuando éste no le prestaba la atención que quería.
Cuando nació su hermana pequeña, su madre le hizo prometer a Sehun que debía protegerla siempre. La pequeña apenas tenía dos meses cuando sucedió. Los padres de Sehun salieron por un segundo a la calle. Al segundo siguiente la casa era levantada desde los cimientos por un tornado que se había formado de la nada.

Los gritos de madre de Sehun fueron ahogados por el rugido del tornado y tuvieron que jalarla entre tres vecino para moverla y llevarla a uno de los refugios subterráneos de la comunidad donde vivían. La primera en notar que el tornado se había ido fue ella pues el rugido del viento se había esfumado. Salió del refugio subterráneo y corrió. La mujer dejó escapar un grito de alivio cuando vio a su hijo pequeño parado en medio del lugar donde antes había estado su casa. Se abalanzó sobre él, le abrazó, y le miró. Le preguntó dónde estaba su hermana y Sehun no respondió. El niño estaba en una especia de trance y no reaccionó a las sacudidas de su madre ni a los gritos y sollozos preguntando por su hermana bebé.

Lo siguiente que recuerda Sehun es haber entrado al edificio de SMent con su padre. Recuerda la voz de él diciéndole que regresaría por él en unos días y que debía portarse bien y ser obediente. Sehun había cumplido. Su padre no.

En aquel entonces Sehun era pequeño, muy pequeño. Ahora era diferente. Su cuerpo habría crecido. Sus brazos y piernas se habían alargado, su cabello también había crecido mucho, le cubría la frente y en ocasiones parte de los ojos, pero estaba seguro que se lo cortaban periódicamente. Podría jurar que había escuchado el sonido de tijeras más de alguna vez a lo largo de su permanencia en SMent.

Nunca supo por qué estaba allí, y nunca lo había preguntado tampoco. Su padre le había dicho que obedeciera, y así lo hizo. Por mucho tiempo creyó que mientras más sumiso fuera, más pronto su padre volvería por él. No recuerda en qué momento dejó de creer.

En algún momento llegó a la conclusión de que si estaba allí era por culpa del tornado. La gente de ese lugar le hacía pruebas extrañas todos los días. Tiempo atrás no lo mantenían sujeto a la camilla las veinticuatro horas del día, lo dejaban caminar y lo movían de una habitación a otra. Recordaba incluso que una mujer de cabello corto le había dicho que podía llamarla ‘noona’. Pero esos privilegios le fueron vetados el día que convocó un tornado.

Sehun no sabía cómo lo hacía, lo cual era realmente frustrante no sólo para él, sino también para las personas que lo estudiaban.

Sehun se acostumbró a ser una rata de laboratorio, un prisionero al servicio de la ciencia. Y no se quejaba, porque en el fondo de su corazón siempre se sentiría responsable por su hermanita y por lo que le había hecho a su madre.

Su madre le había llamado ‘monstruo’, y algunas veces Sehun podía oírla todavía.

Aquel día no era diferente a los otros. Escuchaba el movimiento de gente a su alrededor y murmullos. En el último tiempo escuchaba una voz femenina, suave y musical que le hablaba muy de vez en cuando. Sehun no sabía a quién pertenecía esa voz, pero sentía cierta confianza cuando la escuchaba.
La voz le dijo que pronto sentiría mucho sueño y que estaba bien si cerraba los ojos. Sehun le obedeció, tranquilo.

—Todo va a cambiar, Sehun-ah —dijo la voz, y Sehun creyó que soñaba.

~*~