Tuesday, December 18, 2012

[Borrador] Sehun pt.2


Jessica sentía una enorme debilidad por él. La había sentido desde que entró a trabajar en SMent y lo vio por primera vez. Era tan sólo un niño, forzado al confinamiento y al abuso. Jessica estaba al tanto de la situación puesto que había revisado todos los expedientes que había en el archivador con la etiqueta de ‘Oh Sehun’. Un niño donado para la ciencia por sus propios padres tras ser testigos del devastador poder de su habilidad con el viento. Jessica no había creído nada de eso, ni siquiera cuando vio la grabación del tornado que generó el niño cuatro años más tarde de su ingreso a los laboratorios. Lo que hizo cambiar el parecer de Jessica fue haberlo visto con sus propios ojos.

Sehun pasaba dormido la mayor parte del tiempo. Tras el incidente del tornado, los estudios cambiaron y comenzaron a experimentar durante su sueño. Durante la etapa de REM la actividad neuronal  de una persona es casi la misma a cuando está despierta. El procedimiento consistía en sedar a Sehun y monitorear su actividad neuronal, cuando pasase al estado de REM el encargado del sueño lúcido hacía que Sehun viera lo que la gente del laboratorio quería que viera. Casi siempre era una recreación del momento en el que Sehun hacía volar su casa.

A Sehun lo mantienen la mayor parte del tiempo en una habitación sin aire, herméticamente cerrada, sedado y respirando por un tubo. Él sólo despierta una vez al día, cuando es trasladado al laboratorio de pruebas, donde lo exponen al aire normal dentro de una habitación. Aun así hay medidas de seguridad extremas. El aire acondicionado está prohibido y no debe haber personas alrededor de Sehun cuando estén proyectando el sueño lúcido, por eso hay amplios ventanales resistentes que albergan del otro lado a todo el equipo que se dedica a estudiar las habilidades de Sehun desde el día que entró en SMent.

La primera vez que Jessica vio su habilidad fue un día de verano, el primer año que ella llegó a los laboratorios. Iba a tomar una muestra de sangre de él, pero el calor excesivo dentro de la habitación volvía incómoda cualquier tarea. Jessica se abanicó un momento con la mano, y después miró al niño en la camilla, cubierto en sudor. Le abanicó un par de veces y sucedió, se formó un remolino e hizo volar todos sus instrumentos de trabajo y le alborotó las ropas y el cabello. Después de aquella ocasión comenzó a hacer pequeños experimentos por su cuenta, como dejar puertas abiertas o soplar en el rostro de Sehun de vez en cuando. Sus pequeños atrevimientos le valieron más de algún regaño por parte de sus superiores, pero no le importó, porque estaba segura que jamás perdería ese trabajo, puesto que manejaba demasiada información.

Jessica sabía que con un poco de viento natural Sehun podría crear otro tornado y seguramente podría escapar. La idea de liberarlo surgió de forma repentina en la mente de ella, pero no fue hasta un día de invierno, durante su segundo año trabajando con el equipo que estudiaba a Sehun, que realmente se decidió por dejar escapar al niño.

Monitoreando la actividad cerebral de Sehun, el hombre encargado de insertar los sueños lúcidos se estaba preparando para llevar a cabo su tarea. Jessica le preguntó que qué significaban las fluctuaciones en la línea que representaba el sueño de Sehun y él le explicó que seguramente él estaba soñando otra cosa. Jessica sintió mucha curiosidad por saber qué soñaba, y logró convencer al encargado para que le mostrara qué estaba viendo Sehun en esos momentos. Los laboratorios contaban con una máquina extraordinaria que mostraba los sueños de las personas. Jessica se arrepintió casi enseguida de haber preguntado. Sehun soñaba consigo mismo de pequeño y con su familia, con remolinos de hojas secas y los gritos de su madre llamándolo monstruo. Minutos después Jessica entró a la habitación donde permanecía Sehun y secó con su mano las lágrimas de las mejillas del niño.

Sacarlo no sería una tarea fácil, estaría arriesgando mucho, pero algo dentro de ella le decía que debía hacerlo. Ya tenía todo preparado. Había comprado pasajes para volver a los Estados Unidos y había pedido vacaciones en el trabajo por motivos familiares. Afortunadamente no estaba sola en esto. Se había ganado el favor del jefe de la seguridad, quien le había explicado con detalle cómo funcionaba el CCTV, cuáles eran los puntos ciegos y cómo podía ser desactivado. Jessica sólo necesitaba cortar la corriente del edificio por un minuto, así podría abrir todas las puertas y dejaría el aire fluir, pero no tenía idea de cómo cortar el flujo de corriente sin ser atrapada.

La oportunidad no se le presentó fácilmente. Un día hubo una baja en el voltaje. Jessica creyó que estaba soñando y rogó con todas sus fuerzas a que la energía de todo el edificio se fuera. Uno de sus compañeros dijo que no importaba si se iba la energía, puesto que ellos siendo un prestigioso centro de estudios contaban con generadores, pero eso a Jessica no le importaba. Sólo necesita un minuto sin energía, hasta un par de segundos le servirían, para poder abrir las puertas sin que las cámaras de seguridad la grabasen.
Jessica se despidió de sus compañeros y fingió que se marchaba a su casa. Se escondió en uno de los puntos ciegos del CCTV y esperó. La energía eventualmente se fue. Ella no perdió el tiempo, lo primero que hizo fue abrir una de las puertas traseras que utilizaba el personal y después, apresurándose y tratando de no toparse con nadie, abrió la puerta que llevaba al pasillo donde la habitación en la que mantenían confinado a Sehun se encontraba. Se asomó al pasillo y vio al encargado de monitorear la actividad cerebral de Sehun encaminándose hacia la habitación, Jessica maldijo por lo bajo y retrocedió, pero dejó abierta la puerta. Bastaría con tan sólo un poco de aire.

~*~

Sehun abrió los ojos y respiró. Respiró profundamente, sintiendo un cosquilleo en las fosas nasales y en los pulmones. El foco de luz estaba igual que siempre. Movió la cabeza por inercia y se sorprendió, porque realmente podía moverla. Estiró los dedos de las manos y los cerró, y se sorprendió al notar que podía mover las muñecas. ¿Qué estaba pasando?

Lo último que recordaba era esa voz suave y musical. Sehun era consciente de que sus ataduras no le impedían moverse, y aun así el hombre a su lado no se percató. Sehun sintió un cosquilleo en la yema de los dedos y sorbió aire más profunda y ruidosamente. Fue ahí que el encargado de monitorear su actividad cerebral se percató de su estado. Pero fue demasiado tarde. Todas las puertas del edificio se abrieron de golpe, empujadas por una devastadora brisa. El hombre junto a Sehun salió disparado contra el techo. El aire comenzó a arremolinarse a su alrededor vertiginosamente. La puerta estaba abierta…

~*~

No recordaba cómo caminar. Sus piernas eran débiles y difícilmente podía sostener su peso, pero el instinto fue más fuerte, y logró moverse, apoyándose en el muro. Todas las puertas estaban abiertas para él. Poco a poco comenzó a caminar por sí sólo, aunque sus pasos eran inseguros y lentos. Le dolían todos los músculos del cuerpo, pero todo aquel sufrimiento no era nada en comparación a las ganas que tenía por salir de allí. Ni siquiera estaba seguro de cómo llegar a la salida, pero de alguna forma lo logró. Nadie se interpuso en su camino. Cualquiera que intentaba acercarse salía arrojado por los aires por una fuerza invisible. Al llegar a la calle cayó de bruces al suelo, golpeándose contra el cemento. El viento que lo rodeaba desapareció de golpe. Se sintió abrumado por el sonido de sirenas y gritos. Se sentía muy débil, más débil que nunca. El vigor de hace un momento se había desvanecido junto al viento protector. Se sintió muy vulnerable, y temió que lo volvieran a encerrar en aquel lugar.

Sehun no quería volver, no quería volver por nada del mundo.

Se levantó del suelo haciendo acopio de las pocas fuerzas que le quedaban. Trató de correr, pero sólo atinó a dar pasos vacilantes hacia el frente. Caminó y caminó, alejándose del destruido edificio de SMent. No volteó en ningún momento, porque temía encontrarse con un ejército persiguiéndolo. Sabía que no tenía demasiado tiempo, y que tarde o temprano lo encontrarían y lo regresarían a esa jaula, pero Sehun no quería rendirse. La sensación dura y áspera del suelo contra sus pies descalzos, el dolor ardiente en sus piernas, el ardor lacerante en sus pulmones cuando respiraba tan forzosamente, el aire gélido de la noche que le cortaba la piel… Todo eso le hacía sentir vivo. Y no lo cambiaría por nada del mundo.

Cayó al piso cuan largo era, raspándose la barbilla. Se arrastró por toda la calles hasta llegar tras un contenedor de basura. Se sentó y se abrazó las rodillas. Tiritaba de frío. Sehun sabía que no lo lograría hasta el día siguiente.

‘¿Voy a morir?’, pensó con amargura. ‘No importa’. Cerró los ojos. Después de todo, él era un monstruo. Y era mejor morir en cualquier lugar que no fuese aquella prisión.

~*~

La lluvia comenzó de repente. Tao observaba silencioso el caos que se había generado en el edificio de SMent.
—Vaya, ese niño tiene mucho poder —comentó un individuo de cabello castaño, con un liso y largo flequillo cubriendo parcialmente su ojo derecho.
Tao, aquel individuo y otros cuatro observaban lo acontecido desde uno de los edificios altos que había por allí.
—Me preocupa —comentó un muchacho de cabello claro. —¿Qué pasará con él, Kris?

Kris no respondió de inmediato. Parecía que meditaba algo, con la vista fija en lo que sucedía en el edificio de SMent. Nadie le interrumpió, ni siquiera el muchacho que le había hablado. Kris se alejó de la cornisa de repente, dándole la espalda a los otros cinco, que se voltearon a mirarlo. Parecía que todos esperaban sus instrucciones.

—Tao.
—Duizhang.
—Ve con Lu Han. Tráiganlo.

Tao y el muchacho de cabellos claros que había hablado antes, Lu Han, asintieron y desaparecieron en un abrir y cerrar de ojos. Se alejaron dando saltos por sobre los edificios de menor altura a velocidad sobrehumana, volviéndose nada menos que manchas oscuras y borrosas.

—Jongdae.

Un muchacho de cabello negro azabache y afiladas facciones dio un paso adelante.

—Ven conmigo. El resto que regrese.

Kris y Chen desaparecieron de la misma manera que Tao y Lu Han.
El muchacho que había hablado primero permaneció mirando el vacío por algunos segundos mientras el otro, un chico con mofletes pronunciados, le miraba.

—¿Planeas desobedecerlo? —le preguntó.

El muchacho del flequillo salió de su trance y miró a su superior.

—¿Vas a delatarme, gege?
—No será necesario. WuFan siempre sabe.
—Lo sé, por eso creo que no va a importarle.
—Haz lo que quieras. Sólo no nos metas en problemas, Yixing.
—Gracias, XiuMin gege.

Yixing desapareció, y se transformó en una mancha blanca que siguió la dirección de Tao y Lu Han.
XiuMin suspiró, mirando el cielo. No había luna. No había estrellas. Era una noche oscura como la boca de un lobo.

—Es solitario ser el mayor, ¿verdad? —preguntó una voz.

XiuMin giró el rostro hacia la izquierda.

—¿A qué has venido, profeta? —no había ningún dejo de fastidio en su voz, sólo un profundo cansancio.

El recién llegado río. Tenía la mitad derecha de la cabeza rapada, y de la otra mitad le caía una cascada de cabello rubio.

—Traigo buenas nuevas —sonrió.
~*~

La lluvia había comenzado muy repentinamente. Donghae maldecía el tiempo, que últimamente había sido de locos. No llevaba consigo un paraguas, pero su chaqueta le protegía del agua y del frío. Caminaba con premura, puesto que no faltaba demasiado para llegar a su departamento y darse una ducha caliente, ponerse ropa seca y limpia y comer algo preparado por Siwon. Pensaba en qué le habría traído Siwon de su último viaje cuando una mariposa cruzó su campo de visión. Sí, una mariposa monarca, si no estaba equivocado. Donghae se detuvo y siguió con la mirada la trayectoria del insecto, que describió círculos en el aire frente a él. Una mariposa bajo la lluvia no era algo común, de hecho, él jamás había visto ese tipo de mariposas en aquella parte de la ciudad. La mariposa dio una última vuelta frente a él y siguió volando, perdiendo altura. Descendió y se alejó un poco de Donghae, hasta posarse en una de las puntas de un contenedor de basura. Por alguna razón, Donghae se acercó a la mariposa lentamente, temeroso de espantarla. La observó fijamente, como abría y cerraba las alas de color naranja con diseños negros. La mariposa alzó el vuelo nuevamente y se escondió del otro lado del contenedor de basura. Donghae dio un paso para asomarse al otro lado del contenedor y ver si la mariposa seguía allí o si ya se había ido, y se llevó un susto de muerte al ver un par de pies descalzos. Respiró hondo, y pasada la primera impresión volvió a asomarse. La mariposa se había posado sobre la cabeza de un muchacho, que estaba sentado en el piso, con el rostro oculto entre las rodillas, abrazándose las piernas.

—Hey —Donghae se acercó. —¿Estás bien? ¿Cómo te llamas?

El muchacho no le respondió. Donghae se acercó más y se inclinó sobre el muchacho, moviéndolo con la mano para hacerlo reaccionar. —Oye… —lo intentó de nuevo, más fuerte, y el muchacho siguió sin responder.

Donghae temió lo peor. Pensó en coger al muchacho y llevarlo a su departamento, y desde allí llamar a la ambulancia puesto que no traía su celular, pero cuando intentó tomar al chico, este se rehusó.
‘Déjame aquí, soy un monstruo’ pensó.

Donghae se sintió aliviado al ver que el chico estaba vivo.

—Oye… ¿Estás bien? —el chico no respondió. —Mi departamento queda cerca, te daré ropa seca mientras llamo a tu casa para que vengan por ti. ¿Cómo se llama tu madre?

¿Madre?

Sehun levantó la cabeza, dejando a la vista de Donghae sus ojos. ‘Yo no tengo madre’, pensó. No sabía cuándo había sido la última vez que la había visto, sólo sabía que había sido hace mucho tiempo porque en ese entonces su cuerpo era más pequeño. Recordó entonces el rostro de su madre, la mujer que llorando le había gritado que era un monstruo.

Después de mucho tiempo, sintió ganas de llorar, y volvió a esconder el rostro.

—¿Estás lastimado? ¿Te duele algo?

Este extraño hacía demasiadas preguntas. Sehun quería que se fuera y le dejara solo. Solo, como había estado siempre.

—Por favor, dime algo —dijo Donghae en tono suplicante. —No te haré daño, lo prometo.

Prometer. Su padre le había prometido que saldría pronto de ese lugar. No cumplió esa promesa, se olvidó de él y lo dejó ahí, confinado a una existencia miserable.

Sehun decidió ignorar a aquel extraño.

Donghae siguió tratando de que le respondiera, pero el chico permanecía en silencio. Donghae llegó a pensar que era sordo o hasta mudo. Era un chico pequeño, no tendría más de quince años y estaba muy delgado. Tenía puesto un camisón blanco y estaba sucio. No podía dejarlo solo, estaba claro que el chico estaba asustado y que algo muy malo le había pasado.

Donghae suspiró, y decidió armarse de paciencia. Sin importarle la lluvia o el hecho de que Siwon le estaba esperando, se quitó la chaqueta y la colocó sobre los hombros del chico. Sehun levantó la cabeza y la volteó para mirar al extraño, que acababa de sentarse a su lado y le sonreía.

Sehun se arrebujó más en la chaqueta y volvió a esconder la cabeza. Nadie había hecho algo así por él, nunca.

Permanecieron en silencio. Sehun no sabía qué decir y Donghae prefirió quedarse callado y no presionarlo. Comenzaba a sentir mucho frío, pero no iba a marcharse de allí y abandonar a ese niño.

El ruido de sirenas obligó a Donghae a voltear el rostro hacia el final de la calle y a ponerse de pie.

—¿Qué habrá pasado? —preguntó.

Sehun en cambio se paralizó del miedo. Irían tras él en cualquier momento y volverían a encerrarlo. Él no quería regresar, no quería volver a ser confinado a una existencia tan miserable y vacía como la que había tenido por todo ese tiempo.

Donghae estiraba un poco el cuello para ver de dónde procedía el ruido de sirenas cuando sintió un tirón en su mano.

—Por… favor… —él chico habló con voz rasposa, como si no hubiese hablado en mucho tiempo. 

Monday, December 17, 2012

[Borrador] Sehun pt.1


Despertó. Abrió los ojos muy lentamente. Se encontró con aquel familiar foco de luz que colgaba del techo. Estaba inmovilizado, pero aquello no era ninguna sorpresa. Él nunca podía moverse cuando estaba en aquella habitación. Sus muñecas y tobillos siempre eran sujetos a la camilla por grilletes acolchados. Tampoco podía mover la cabeza, que estaba sujeta por unas almohadillas y un cinturón, por lo que lo único que siempre veía era aquel foco de luz.

Así había sido casi siempre.

Hubo una época en la que Sehun vivió de forma diferente. Rara vez se permitía pensar en ella. No era agradable. Recordaba su casa y a sus padres, y su pequeña hermanita. Y recordaba el tornado que él había invocado y cómo su casa con su hermana bebé dentro habían salido volando. Sus padres había sido testigos del hecho, de cómo su hijo de apenas cinco años había provocado un tornado descomunal que arrasó con más de una casa en la pequeña comunidad en los suburbios de la ciudad. Nadie habría creído la historia, porque pensar que un niño de cinco años podía provocar un tornado sonaba ridículo, pero los padres de Sehun juraron que era cierto y quién mejor para confirmar las habilidades de un niños que sus propios padres.

La primera en notar que Sehun era diferente había sido su madre. No era algo que sólo hubiese sentido durante el embarazo, cuando Sehun nació se formaron corrientes de aire en la sala de parto, a pesar de que el aire acondicionado estaba descompuesto y las puertas y ventanas estaban bien cerradas. Cuando el bebé Sehun estuvo en casa, su madre le sorprendió muchas veces flotando sobre la cuna. La primera vez que lo vio al bebé flotando en una masa de aire se arremolinaba debajo de él casi se le dio un infarto. No era como si ella pudiese verla, pero podía sentirla. El sonido del viento era algo con lo que ella estaba muy familiarizada, no porque vivieran en un sitio ventoso, sino porque durante el embarazo pareció que su sentido de la audición se agudizó y se volvió sensible a todo lo relacionado con el viento.

Después de que Sehun cumpliese un año su madre ya se había acostumbrado. Las situaciones en donde Sehun se veía involucrado con el viento aumentaron gradualmente, pero siempre eran asuntos de poca importancia, como los remolinos que formaba durante el otoño con las hojas secas o las veces que hacía volar los papeles del despacho de su padre cuando éste no le prestaba la atención que quería.
Cuando nació su hermana pequeña, su madre le hizo prometer a Sehun que debía protegerla siempre. La pequeña apenas tenía dos meses cuando sucedió. Los padres de Sehun salieron por un segundo a la calle. Al segundo siguiente la casa era levantada desde los cimientos por un tornado que se había formado de la nada.

Los gritos de madre de Sehun fueron ahogados por el rugido del tornado y tuvieron que jalarla entre tres vecino para moverla y llevarla a uno de los refugios subterráneos de la comunidad donde vivían. La primera en notar que el tornado se había ido fue ella pues el rugido del viento se había esfumado. Salió del refugio subterráneo y corrió. La mujer dejó escapar un grito de alivio cuando vio a su hijo pequeño parado en medio del lugar donde antes había estado su casa. Se abalanzó sobre él, le abrazó, y le miró. Le preguntó dónde estaba su hermana y Sehun no respondió. El niño estaba en una especia de trance y no reaccionó a las sacudidas de su madre ni a los gritos y sollozos preguntando por su hermana bebé.

Lo siguiente que recuerda Sehun es haber entrado al edificio de SMent con su padre. Recuerda la voz de él diciéndole que regresaría por él en unos días y que debía portarse bien y ser obediente. Sehun había cumplido. Su padre no.

En aquel entonces Sehun era pequeño, muy pequeño. Ahora era diferente. Su cuerpo habría crecido. Sus brazos y piernas se habían alargado, su cabello también había crecido mucho, le cubría la frente y en ocasiones parte de los ojos, pero estaba seguro que se lo cortaban periódicamente. Podría jurar que había escuchado el sonido de tijeras más de alguna vez a lo largo de su permanencia en SMent.

Nunca supo por qué estaba allí, y nunca lo había preguntado tampoco. Su padre le había dicho que obedeciera, y así lo hizo. Por mucho tiempo creyó que mientras más sumiso fuera, más pronto su padre volvería por él. No recuerda en qué momento dejó de creer.

En algún momento llegó a la conclusión de que si estaba allí era por culpa del tornado. La gente de ese lugar le hacía pruebas extrañas todos los días. Tiempo atrás no lo mantenían sujeto a la camilla las veinticuatro horas del día, lo dejaban caminar y lo movían de una habitación a otra. Recordaba incluso que una mujer de cabello corto le había dicho que podía llamarla ‘noona’. Pero esos privilegios le fueron vetados el día que convocó un tornado.

Sehun no sabía cómo lo hacía, lo cual era realmente frustrante no sólo para él, sino también para las personas que lo estudiaban.

Sehun se acostumbró a ser una rata de laboratorio, un prisionero al servicio de la ciencia. Y no se quejaba, porque en el fondo de su corazón siempre se sentiría responsable por su hermanita y por lo que le había hecho a su madre.

Su madre le había llamado ‘monstruo’, y algunas veces Sehun podía oírla todavía.

Aquel día no era diferente a los otros. Escuchaba el movimiento de gente a su alrededor y murmullos. En el último tiempo escuchaba una voz femenina, suave y musical que le hablaba muy de vez en cuando. Sehun no sabía a quién pertenecía esa voz, pero sentía cierta confianza cuando la escuchaba.
La voz le dijo que pronto sentiría mucho sueño y que estaba bien si cerraba los ojos. Sehun le obedeció, tranquilo.

—Todo va a cambiar, Sehun-ah —dijo la voz, y Sehun creyó que soñaba.

~*~

Monday, July 30, 2012

[KrisxFan] Primer Encuentro


Título: Primer Encuentro
Pareja:  Kris x Fan
Tipo: Hetero
Género: Romance
Clasificación: PG
Serie: Naranja



Primer encuentro


WuFan siempre recordaría la primera vez que la vio. Más bien, siempre recordaría como iba vestida. La vio detenida en una esquina, esperando a que cambiase la luz del semáforo para cruzar la calle. Él estaba sentado en un banco de piedra en una de las orillas de un pequeño paseo peatonal. Las razones por las que había ido a ese lugar aún estaban frescas en su memoria. Tenía tiempo libre antes de asistir a una de las tantas firmas de autógrafos que se llevaría a cabo en uno de los centros comerciales más grandes del distrito y no queriendo volver a los dormitorios con sus compañeros o quedarse practicando en la compañía, decidió escabullirse de la perpetua mirada vigilante de sus managers. Nadie lo notó, lo cual era algo un tanto gracioso considerando que su presencia nunca pasaba desapercibida. Pero sus compañeros ya estaban acostumbrados a sus constantes momentos de apatía y a la expresión de su rostro que indicaba que pasaría a modo solitario. Habrán pensado que sólo se pasearía por los pasillos de la compañía. Sólo una persona adivinó sus intensiones, pero esa persona jamás le delataría. Porque LuHan era demasiado amable y comprensivo, y él entendía que WuFan era ese tipo de persona que necesitaba alejarse de vez en cuando, aunque fuese por sólo cinco minutos, de aquel ambiente tan ruidoso y estresante. WuFan siempre se sentiría agradecido con él.


Aquella primera vez, se sentó en un banco de piedra en un boulevard, porque ese había sido uno de los primero lugares de Seúl que había aprendido a reconocer durante sus primeros meses en aquella desconocida ciudad. Cerca de allí había un pequeño café donde él solía pasar algunas tardes con Yixing durante sus días de entrenamiento. Nostalgia era lo que había empujado a WuFan a ese lugar. Nostalgia por aquellos días donde todo lo que actualmente vivía formaba parte de un sueño que muchas veces se le antojó irrealizable.


Se dio el gusto de sentarse en ese banco y observar a la gente porque su disfraz era excepcional. Él, a quien las fans habían bautizado de muchas formas denotando el buen gusto que tenía para vestir, jamás habría salido a la calle con un peluquín rojo, unos pantalones de chándal azules y una sudadera gris con capucha que le quedaba notoriamente grande. Él siempre destacaba por sus atuendos, por cómo hasta para las ocasiones más simples, ir a la compañía por ejemplo, se vestía como si fuese a modelar por alguna pasarela importante. Por aquel entonces sus fans siempre esperaban frente a las puertas de la compañía, con las cámaras listas. Aprovechó el revuelo que se formó por la llegada de uno de sus sunbaes para salir sin ser visto. Se felicitó por su astucia y caminó por las calles, tomó un bus del transporte público y se fue de pie, afirmándose de los pasamanos que colgaban del techo y chocando con el resto de pasajeros, sintiéndose extrañamente libre.


Gracias a su excepcional disfraz, pudo observar a la gente. Él, quien solía ser siempre el centro de todas las miradas. Había algo relajante y hasta placentero en el hecho de ser un observador. Mirar ese mar de gente que iba en todas direcciones, esa masa sincronizada y tan dispareja a la vez, y desear por un ínfimo segundo ser parte de ella.
Nostalgia por una vida que desechó y ya nunca podría tener. No se arrepentía. El ‘Y si’ era tan sólo algo que se cuestionaba de vez en cuando.


Y si no hubiese hecho la audición… Probablemente jamás habría pisado Corea del Sur, porque aquel país jamás llamó su atención. Habría terminado sus estudios en Canadá, y quizás habría regresado a vivir a China.


Nunca la habría conocido.


Nunca se habría sentado en aquella banca de piedra aquel día de Septiembre. Nunca se habría detenido a observar a la gente. Nunca habría posado los ojos en ese par de piernas interminables envueltas en color naranja. Un naranja fuerte, oscuro. Era llamativo. Esas piernas naranjas terminaban en un par de botines de un café claro. Levantó la mirada para ver el rostro de la dueña de esas piernas. Una chica de su edad -tal vez-. Un suéter blanco largo que hacía de vestido, cabello rizado castaño y oscuro. Piel clara, ojos grandes y expresivos, labios rojos.



~*~


WuFan pensó que era muy bonita y le hizo recordar a Canadá. Allá la mayoría de las chicas tenían el cabello claro y los ojos azules, pero eran de formas distintas. En Corea todas las chicas bonitas eran iguales, usaban el mismo estilo de cabello y de vestir, y en proporciones físicas eran lo mismo, delgadas, como si no tuviesen órganos dentro, y con piernas largas, interminables. De esto último WuFan no se quejaba. Canadá era un país muy frío y las chicas siempre usaban pantalones. En Corea se sorprendió gratamente de que hubiese cierto favoritismo por las mini faldas. Sin embargo, eran todas lo mismo. Hermosas, pero iguales. En Canadá todas las chicas eran diferentes. Algunas eran muy delgadas, otras eran más rellenitas. WuFan recordaba a cierta chica en la escuela, de mejillas rosadas y ojos pequeños y azules, que le invitó al cine. WuFan dijo que no. Le gustaba la diversidad, pero su estereotipo de belleza femenina estaba establecido por los cánones asiáticos incluso en aquel entonces. Las chicas de la parte Franco-Canadiense, sin embargo, eran otra cosa. Esas chicas tenían estilo, cabellos castaños y ondulados, labios rojos y piernas interminables. WuFan salió un par de veces con una chica de ascendencia francesa. Ella era delicada, pequeña y llena de curvas. Y besaba maravillosamente.


La chica de medias naranjas le recordó a ella. WuFan llegó a la conclusión de que ella era francesa, porque su apariencia prácticamente lo gritaba.


La observó, muy interesado. Se notaba por los gestos que hacía que era una recién llegada, no llevaría más de un mes en la ciudad. Miraba el semáforo con impaciencia, frunciendo el par de cejas gruesas que adornaban su cara de forma graciosa. Cuando el semáforo cambió, ella fue la primera en avanzar, sacando ventaja a la multitud que se había agrupado a sus espaldas a la espera de la luz verde. Su cabello era muy rizado, y largo, y se movía con cada uno de sus pasos. Entró en el pequeño café que WuFan solía frecuentar y este sintió como una fuerza invisible lo levantaba del banco de piedra y lo forzaba a caminar. Terminó entrando en el café al tiempo que la chica hacía su pedido en el mesón con el cajero. WuFan caminó lentamente hasta ponerse detrás de ella para hacer su pedido. Podía escuchar como ella intentaba pedir un frapuccino de mocca. Su coreano no era malo, pero parecía insegura con cada palabra que decía, por lo que hablaba muy lento. El cajero le sonrió y le dijo que fuese a sentarse, que alguien llevaría su pedido a la mesa. Ella le agradeció con una venia un tanto torpe. Cuando se volteó, casi chocó con él.


Ella se disculpó nuevamente haciendo una venia muy torpe y se alejó de él. Se sentó en una de las mesas que había junto a la ventana.


—¿Qué desea ordenar?


WuFan pidió un americano.
Ocupó una mesa cercana a la entrada donde podía observarla perfectamente. Ella se había puesto los cascos y había sacado un Ipad de su mochila mientras esperaba su orden. Cuando el mesero llevó su bebida ella le agradeció con una sonrisa. El tipo hizo una venia y se alejó de ella, sonrojado. Ella no se dio ni por enterada. Cuando llegó su americano, ella se puso de pie, a preguntarle algo al cajero. WuFan siguió disimuladamente la trayectoria de sus piernas naranjas. Tenían formas delicadas, pero se adivinaban fuertes bajo la tela. Eran mucho más gruesas que la mayoría de piernas que se ven en Seúl. Las coreanas no tienen piernas tan torneadas, pensó.
El celular de ella sonó de repente, una canción muy conocida para WuFan.


‘Ah, le gusta el k-pop’ pensó.


Ella atendió la llamada y agradeció las muchas servilletas que el cajero le entregaba con una sonrisa. Comenzó a hablar en inglés muy rápido. A WuFan le costó un poco seguir el hilo de su conversación porque su inglés era un poco extraño. Tardó en comprender que la chica utilizaba un marcado acento británico.


—Eeeem… No puedo decirte exactamente dónde estoy. No sé cómo… Aaaahm… ¿Recuerdas el café al que nos trajo SouMin el otro día? Está a un par de calles de mi departamento. No, es en dirección opuesta al edificio de la SM. ¿Qué? ¿Viste a quién? ¡¿En serio?! Ah, no puedo cree que me lo perdiera…


A WuFan le dio un poco de risa la conversación y se terminó su americano tras varios sorbos. Se levantó de su asiento, le dio las gracias al cajero con una venia y se marchó. Consultó la hora en su móvil y decidió que aún tenía mucho tiempo, así que regresó a sentarse en el mismo banco de piedra de hacía un momento. La chica de las piernas naranjas salió poco después del café, sorbiendo su frapuccino por una pajita, con la mano envuelta en servilletas, seguramente para protegerse del frío de la bebida.
WuFan se preguntó si acaso ella sabía quién era él. Es decir, obviamente no lo sabía, porque él estaba disfrazado, pero se preguntó si ella sabría de EXO y de él, Kris, el líder de la sub unidad china. Tal vez ella era una fan de ellos, tal vez ella era una ‘Kris biased’ y tenía posters con su rostro pegados en los muros de su habitación. O tal vez sólo era una fan de Super Junior, como el ringtone de su celular lo indicaba.


WuFan dejó de pensar en ello al sentir que alguien lo miraba. Levantó la vista y se topó con una poderosa mirada castaña. La chica del café le estaba mirando, ya había cruzado la calle. WuFan sostuvo su mirada un par de segundos. Nunca nadie le había mirado así. Es decir, en Asia la gente no mira de esa forma. Él sí, él siempre había mirado así, de esa forma tan penetrante. Lo hacía porque sabía que sus fans morirían derretidas por aquel gesto.  En él era un gesto común, pero en las mujeres no. Las mujeres asiáticas no miraban de esa manera, y en aquel entonces WuFan ya se había acostumbrado demasiado a ellas.


La chica se volteó sin hacer ningún gesto y se marchó. WuFan vio como ese par de piernas naranjas se perdía entre la gente.




~*~



Recordaba perfectamente la reprimenda que recibió por parte de ambos managers. Y como ya estaba acostumbrado, pidió las disculpas correspondientes sin sentirse verdaderamente arrepentido. En su mente, el color naranja no le dejaba tranquilo.

Sunday, July 15, 2012

[Borrador] [Sin título] KaiHan


Título: ...
Pareja: KaiHan
Tipo: AU
Género: Romance
Clasificación: NC 17



Summary: En su antigua escuela en Beijing, Luhan había sido uno de los chicos más populares, estrella en los deportes, sobresaliente en el baile y el canto, estudiante modelo en cuanto a calificaciones y comportamiento y, por lejos, uno de los chicos más guapos de todo el estudiantado. Ahora estudiaba en Seúl, y se pasaba la mayor parte del tiempo escondido en el armario de limpieza del tercer piso del instituto.
¿Por qué había cambiado tanto?


.

En China la vida era sencilla. En la escuela todo el mundo le saludaba, todo el mundo sabía quién era él. Contaba con el aprecio de todos los maestros y la admiración de todos sus compañeros, y eso era porque sus logros eran recibidos con apreciación. Su repertorio era amplio, desde sobresalir en los deportes, el baile y el canto, hasta encontrarse siempre entre los primeros lugares en la lista de rendimiento académico. Además de eso LuHan era un ser sociable por naturaleza. Encantaba a todos con su dulce sonrisa y su buena voluntad. Todas las chicas de su antigua escuela suspiraban por él, y los muchachos le admiraban y querían ser como él.

Sí. Aquella era una buena vida.

Cuando le ofrecieron la oportunidad de terminar sus estudios en Corea no dijo que sí inmediatamente. Lo discutió con sus padres, con sus maestros, y con su grupo de amigos. Todos ellos le dijeron que sería una instancia excelente para probarse a sí mismo y vivir nuevas experiencias que enriquecerían su perspectiva del mundo y lo harían crecer como persona.

A pesar de eso, LuHan no estuvo totalmente convencido hasta que Wu YiFan, su eterno rival –y mejor amigo- le dio su opinión.

—Yo creo que deberías hacerlo. Pero vas a sufrir.
—¿Por qué?
—Por tu cara de niña y por ser chino.

LuHan se rió de lo que su amigo le había dicho.

Aceptó la oferta y al mes siguiente ya estaba volando rumbo a Corea del Sur. Cuando el avión estaba por aterrizar recordó lo que YiFan le dijo al despedirse en el aeropuerto de Beijing, antes de abordar el avión.

—No dejes que nadie pasé por encima de ti Han.

LuHan se preguntó, un tanto inquieto, mientras se dirigía a la puerta de salida, tirando de su maleta con ruedas, si acaso sería tan difícil encajar en la sociedad coreana.

~*~

Llegó un par de días antes de que comenzara el segundo semestre de clases. Una chica llamada Jessica –quien lo fue a recoger al aeropuerto- le llevó al edificio del instituto donde estaban dispuestos los dormitorios para los alumnos extranjeros. Jessica era de Estado Unidos, y al igual que LuHan, le habían ofrecido una vacante en aquel instituto tan prestigioso de Seúl.

—Es una buena escuela. Aquí trabajan los mejores profesionales como maestros y la formación es muy completa en todas las áreas, ya sabes, ciencias, matemáticas, lenguas, artes, deportes, entre otras cosas.
—¿Hay algo relacionado con la música?
—Oh, claro que sí. El instituto tiene mucho prestigio en las áreas del canto y el baile. Hay muchas clases relacionadas a los distintos estilos… La secretaria va a explicarte cómo es el proceso de elección de cursos.
—¿Elección de cursos?
—Claro. Además de tener las clases de rigor como matemáticas o inglés, tienes que elegir al menos tres materias más para completar tu currículum. No te espantes —agregó ella al ver la cara de LuHan. —La verdad es que al principio es un poco duro, pero si eliges clases que te gustan, verás que todo el trabajo vale la pena.
—Eso espero.

Jessica le dio un tour por todo el instituto. Se suponía que el período formal de clases aún comenzaba, pero había uno que otro estudiante por ahí. Jessica le enseñó cada sector, desde Artes Plásticas hasta las salas de idiomas. El coreano de LuHan era muy básico, de hecho, él y Jessica se habían comunicado en inglés desde que se conocieron en el aeropuerto, y cuando ella le dijo que tomaría un intensivo de coreano a partir de mañana, se sintió un poco aliviado.

Al último lugar al cual lo llevó Jessica fue a las salas de práctica de baile. Se asomaron a una donde había un número considerable de chicos y chicas. Todos estaban apegados a los muros, observando a tres chicos que se encontraban en el centro de la sala.

—Oh, qué bien, están practicando. Miremos.

El muchacho que estaba en el centro de los tres hizo un gesto con la mano y la música comenzó a sonar. Sus movimientos eran fluidos y precisos. LuHan nunca había visto bailar a alguien así. No pudo dejar de observar el reflejo del rostro de aquel muchacho. Era alto y moreno, vestía unos pantalones deportivos y una sudadera gris. Sus gestos transmitían muchas cosas, y LuHan se sintió abrumado al no poder definir ninguna. Cuando la música acabó, el muchacho le miró a través del espejo, y LuHan se sintió sonrojar hasta la punta del pelo por alguna razón que no pudo explicar.

—¿Y bien? ¿Qué te ha parecido? —le preguntó Jessica, sacándolo de su nube.
—Ah… eh… S-son… muy buenos —dijo, aliviado de romper el contacto visual con aquel muchacho.

—Sí, son novatos, acaban de comenzar la preparatoria, y sí, son bastante buenos. Sin embargo, no son demasiado agradables.
—¿Por qué lo dices?
—Pues son unos cabeza hueca. ¿Viste al chico que estaba en el medio? Él es el peor de todos. Te recomiendo que no te acerques a él, es un patán.

LuHan asintió en silencio, su corazón latió más deprisa de lo normal.

~*~

El primer de clases LuHan estaba muy nervioso, y no sabía por qué. Bueno, sí sabía por qué. Era un estudiante nuevo, venía de otro país y su manejo del idioma no era el mejor. Tenía miedo de quedar como un tonto frente a sus compañeros. Suspiró, acomodándose la corbata frente al espejo. Se sonrió para darse ánimos. No pasaría nada malo, todo saldría de maravillas. No había nada que él no pudiera conquistar con una sonrisa.

~*~

Durante el primer día de clases todo el estudiantado se reunía en el auditorio para escuchar las palabras del fundador del instituto.

Luhan entró al auditorio y recibió una oleada de miradas que pudieron tirarlo al suelo de no ser porque ya se lo había esperado. Sintió un calor desagradable subirle al rostro y se relamió los labios. ‘No LuHan, no dejes que te intimiden’ se dijo en su fuero interno. Apretó el puño libre un par de veces y se obligó a mantener una postura relajada, con una suave sonrisa en su delicado rostro. Dio un par de pasos hacia adelante, pensado en sentarse en uno de los últimos asientos, pero entonces alguien chocó con él.

—Oh, lo siento —dijo en chino.
—Lo siento —respondió la otra persona al mismo, también en chino.

Ambos se miraron un tanto incrédulos.

—¿Hablas mandarín?
—Sí —sonrió el otro chico. —Soy Zhang Yixing, mucho gusto —saludó, haciendo una venia.
—Soy Lu Han —sonrió. —¿También eres nuevo?
Yixing negó con la cabeza.
—Llegué aquí a comienzos de año. ¿Tú eres el estudiante nuevo de Beijing?
—Sí.
—Yo soy de Changsha. ¿En qué año estás?
—Último.
—Oh, Lu Han gege —Yixing hizo una venia nuevamente. —Yo estoy un curso más abajo.
LuHan se sintió realmente aliviado y agradecido al haberse topado con Yixing. Éste le llevó a sentarse con él y con su grupo de amigos.
—LuHan-ssi —Jessica apareció de repente, sonriéndole. —Te estuve buscando —le dijo haciendo un mohín. —Creí que te habías perdido.
—Oh, lo siento.
—No importa. Veo que ya conoces a Lay-ssi.
—¿Lay? —miró a Yixing en confusión.
—Así es como me llaman en esta escuela —suspiró el susodicho.
—Toma, ayer no fuiste con la secretaria así que me pidió que te diera tu horario de clases.
—¡Ah! —LuHan se dio una palmada en la frente. —Lo olvidé. Muchas gracias Jessica-ssi.
—Dime Sica, todo el mundo me dice así. Nos vemos —se despidió de ambos con un gesto de la mano y se marchó a ocupar su lugar entre los asientos, una fila delante de donde LuHan se sentaría con Yixing.
—Te presento a Minseok hyung, es miembro del consejo estudiantil.
—Mucho gusto, soy Lu Han.
—¿Eres el nuevo estudiante que viene de Beijing? —le preguntó Minseok.

A LuHan le dio la impresión de Minseok era un chico muy adorable.

—Sí.
—Wow, tu coreano es muy bueno. No como el de Yixing, cuando llegó no podía decir nada —rió.

Yixing se sentó entre ambos y dirigió su vista hacia el frente, ignorando las palabras de Minseok.

Minseok le hizo un gesto a LuHan que le dio a entender que Yixing no había entendido nada de lo que había dicho,  y LuHan rió.

El fundador del instituto apareció de pronto sobre el escenario y comenzó a dar un pequeño discurso. Mencionó la adhesión de LuHan al alumnado y obligó a todo el mundo aplaudiera a LuHan como gesto de bienvenida, al cual el muchacho respondió con una torpe venia, bastante azorado.

~*~

La primera semana de clases estuvo bien para LuHan. Lo único que le incomodó de sobremanera fue la forma en la que la gente se le quedaba mirando. Algunas chicas incluso se ponían a susurrar entre ellas cuando él andaba cerca. Jessica le había dicho que no se preocupara, que ellas sólo comentaban lo ‘bonita’ que era su cara.

—Dicen que eres tan bonito que pareces una chica —sonrió Jessica una vez que ambos hacían fila para almorzar en la cafetería.
—Eso no es bueno —dijo él, mortificado.
—Claro que sí. Eres hermoso y la gente aprecia la belleza.
—Pero no es bueno que me comparen con una chica.
—Ah, eso es un detalle LuHan-ssi.

LuHan trató de restarle importancia, pero no podía dejar de sentirse mortificado. Su belleza siempre había atraído la atención, pero jamás le habían dicho que se parecía a una chica. Jamás.

—La verdad es que sí parece una chica —le respondió Minseok con sinceridad cuando se lo preguntó. —Pero eso no tiene nada de malo. Hay muchos chicos que parecen chicas y… pues normal.
—Humjm —dio LuHan por toda respuesta.

Una chica de un curso menor se acercó a él tímidamente para preguntarle qué productos usaba para mantener su piel tan tersa y humectada. LuHan quiso que se lo tragara la tierra.

—Uh… pues… ¿jabón?

La chica pidió específicamente la marca del jabón, y LuHan a duras penas pudo recordar el logo del envoltorio y lo dibujo en una servilleta.

—Muchas gracias oppa —la chica se fue contenta a reunirse con sus amigas.
LuHan se sentía realmente mortificado.
—Ya, LuHan-ssi, no le des importancia. Ya sabes cómo son las niñas.
LuHan se limitó a asentir.

~*~

Hasta entonces, LuHan no tenía de qué quejarse. Las clases habían comenzado bien, a pesar de que la mayoría eran dictadas en coreano. Él entendía todo, su problema era al momento de hablar. Algunas veces se trababa y olvidaba las palabras que sabía, pero Minseok se había ofrecido a ayudarle a practicar, así que no se sentía demasiado presionado.

La pesadilla de LuHan comenzó en la tercera semana, al finalizar la clase de baile. Había elegido tres clases más para añadir a su currículum: soccer, canto y baile.
No le había costado demasiado alcanzar el ritmo de los demás compañeros, y se sentía bastante contento porque Jessica estaba en la misma clase.

—Esta tarde tenemos reunión del club de baile, deberías unirte —le sugirió Yuri, una amiga de Jessica.
—Sí, sería una excelente idea, nos hacen falta chicos dóciles como tú —comentó otra amiga de Jessica, Hyoyeon.
—Uum, claro —LuHan aceptó porque le pareció una buena idea.
Cuando se lo comentó a Minseok y a Yixing, ambos le dieron su visto bueno.
—Yo ya soy parte de ese club —le comentó el menor, y LuHan se sintió más entusiasmado.

Esa misma tarde, él y Yixing entraron a la sala de prácticas donde se llevaban a cabo las reuniones. Había muchos chicos y chicas de todos los niveles, mucho estaban precalentando.

La jefa del club era Hyoyeon.

—Bien chicos —exclamó para llamar la atención de todos. —Tenemos sólo un par de meses para preparar los números para la demostración de fin de curso. Recuerden que este año tendremos un jurado muy exigente, así que debemos…
—¿Qué es la demostración de fin de curso? —le preguntó a Yixing en un susurro.
—Es un show donde se presentan todos los clubes relacionados con el arte escénico. Es una cosa muy grande. Este año el jurado será un ex alumno del instituto que está triunfando en los escenarios del país. Creo que era amigo de Hyoyeon y por eso ella quiere impresionarlo.
—¿Queda todo claro? —exclamó Hyoyeon.
—Sí  —LuHan y Yixing se unieron al coro a pesar de no saber a qué decía que sí.
—Bien. Por último quiero anunciar que tenemos un nuevo miembro. LuHan, ven aquí —le hizo un gesto con la mano y le sonrió.

LuHan miró a Yixing y este le hizo un gesto afirmativo con la cabeza.
Hyoyeon le cedió su lugar para que todos pudieran mirarlo.

—¡Que se presente! —gritó alguien, y todos estuvieron de acuerdo.
—Eeehm… Mi nombre es Lu Han, mucho gus…
—¡Así no!
—Aquí presentarse significa que tienes que bailar —le dijo Hyoyeon. —¿Alguna canción en especial?

LuHan no tuvo mucho para pensar.

—Algo de DBSK —dijo, y un muchacho que estaba cerca del equipo de sonido no tardó en hacerle caso.

Las primeras notas de una canción muy conocida para él comenzaron a sonar. LuHan comenzó a moverse de forma automática. Había bailado tantas veces esa canción que podía hacerlo con los ojos cerrados. Y así lo hizo. Cuando el primer coro pasó, se detuvo, y la música también. Los breves segundos en silencio se le hicieron eternos, pero cuando el primer aplauso se escuchó, abrió los ojos, y vio a todos los miembros del club aplaudiendo con entusiasmo.

—Eso estuvo muy bien —le dijo Hyoyeon. —Parece que al fin encontré una pareja para mí solo.
—Esa parte ya es mía —dijo una voz irritada desde el fondo de la sala.

Un muchacho alto de piel morena, seguido de otros dos, se acercó hasta el centro de la sala, hasta quedar justo frente a Hyoyeon.

—Llegas tarde —dijo ella.

El chico bufó, como si eso no fuera de importancia.

—Yo seré tu pareja de solo, noona.
—¿Cómo vas a serlo si faltas a las práctica?
—Estoy aquí ahora, ¿no?
—Eso no es suficiente Kim Jongin.
—¿Estás molesta y por eso quieres reemplazarme por… este? —dijo, dedicándole una mirada despectiva a LuHan, quién se sintió realmente pequeño.
—No le llames así. Resulta que él es mayor que tú, así que trátale con respecto.
—No puedes reemplazarme por este noona. Mírale, tiene cara de niña.

LuHan frunció el entrecejo, molesto. Miró a Kim Jongin a los ojos y entonces se dio cuenta de que ese muchacho era el mismo al que había visto bailar el día en que Jessica le hizo el tour por el instituto.

—¿Qué? —le espetó Jongin al notar la mirada de LuHan fija en él.
LuHan se sintió descolocado y no supo que decir.
—Basta Jongin —un chico salió de la multitud y se acercó a él.
—Pero hyung…
—Demuéstrale a noona que mereces ser su pareja en el solo —dijo.

Jongin soltó un bufido, le lanzó una última mirada asesina a LuHan y se alejó de la multitud hacia un rincón, donde estampó contra el piso el bolso deportivo que había cargado sobre su hombro.

Hyoyeon soltó un bufido de exasperación. Le dijo a todo el mundo que se pusieran a trabajar en lo suyo y la multitud del centro pronto se dispersó.

—Discúlpalo hyung —dijo el chico que había hablando con Jongin. —Él es muy impetuoso, eso es todo.
—No hay problema… —sonrió, nervioso. —Tú eres…
—Ah, Lee Taemin, de segundo. Mucho gusto.
—Mucho gusto, soy Lu Han.
—Ya lo sé, eres famoso —sonrió. Lu Han se dio cuenta de que Taemin y Jongin eran muy parecidos. —Nos vemos hyung.

~*~

Durante la práctica no hubo más altercados. LuHan se limitó a ignorar los bufidos despectivos del tal Kim Jongin y las constantes miradas de uno de sus amigos.
—¿Quién es él? —le preguntó a Yixing, pero este no supo responderle.
—Oh Sehun. Es un autista, no le hagas caso, mira así a todo el mundo —le explicó Yuri poniendo los ojos en blanco.

LuHan se dedicó a mostrar un poco de sus habilidades bailando las canciones que sabía, la mayoría de DBSK.

Cuando el tiempo acabó, él y Yixing se despidieron de todos y se marcharon. LuHan no se dio cuenta sino hasta que llegó a su dormitorio de que había olvidado su Ipod en la sala de prácticas.

~*~

Pensó que no habría nadie, pero para su mala suerte aún quedaban tres personas en la sala.

—¡No! —exclamó al ver cómo Kim Jonging tiraba su Ipod al piso y lo aplastaba con su pie. —¿Por qué lo has hecho? —exigió saber, enojado.
Jongin sonrió y se acercó hasta él.

—Escucha niña —Jongin le estampó contra la pared con fuerza. Gimió por el dolor que sintió en su espalda. —Si crees que puedes llegar y robarme mi lugar estás muy equivocado. Hyoyeon noona y ese solo son míos. Aléjate de ella y de mi solo si sabes lo que te conviene —le volvió a estampar contra la pared y lo soltó. LuHan cayó al suelo, adolorido, y Jongin y sus amigos se marcharon.

LuHan permaneció en el suelo unos minutos hasta que el dolor en su espalda y caderas disminuyó lo suficiente para permitirle moverse. Cogió su Ipod con la pantalla destrozada y se levantó. Regresó a su dormitorio rengueando por el dolor. Una vez en su cuarto llenó la tina de agua caliente, se desvistió con cuidado y sumergió su adolorido cuerpo en el agua.

Nunca nadie le había tratado así, con tanta violencia y rabia. Su corazón aún latía deprisa por la fuerte impresión. Sintió ganas de llorar, pero se contuvo.

‘No dejes que nadie pasé por encima de ti Han’

—No dejaré que nadie pase por encima de mí —se dijo en voz alta, abrazando sus rodillas.

~*~

LuHan creyó que ignorando la existencia de Jongin no volvería a tener problemas con él. Pero estaba equivocado.

Kim Jongin parecía haberse obsesionado con él. Le empujaba en los pasillos, le quitaba los libros y los lanzaba a la basura, le tiraba basura de lápiz en el cabello, le cortaba los listones a su mochila, le amarraba los cordones de los zapatos para que se cayera, le escondía la ropa cuando se duchaba después de la clase de deportes y lo golpeaba. Sí, Kim Jongin le golpeaba.

La primera vez pilló a LuHan de sorpresa, cuando volvía a los dormitorios desde la biblioteca. Era tarde así que casi no había gente en los pasillos. LuHan dobló un recodo y de repente alguien tiró del cuello de su camisa y lo introdujo en una sala que había cerca. Sintió que el aire le abandonaba cuando un puño se estrelló contra su estómago. Lo arrojaron contra los pupitres y LuHan cayó estrepitosamente al suelo. Los ojos se le aguaron debido al dolor.

—¿Por qué…? —preguntó, mirando a su agresor.

Kim Jongin le devolvió una mirada del más profundo desprecio y abandonó el salón.
LuHan no entendió el por qué de aquel golpe. Ese día en la cafetería, a Jongin se le había caído la billetera y LuHan la había cogida. ‘Toma’ le dijo y se la entregó. Jongin tardó mucho en reaccionar, y le respondió con un ‘gracias’. LuHan creyó que eso significaba que Jongin ya no tenía nada en contra de él. Obviamente se había equivocado.

La segunda vez LuHan tampoco se lo esperaba. Ese día, en la práctica de fútbol, un balón había salido disparado en dirección a Jongin, que pasaba por ahí. LuHan estaba cerca de él así que lo tiró y evitó que el balón le impactara en el rostro.

‘¿Estás bien?’ Jongin había asentido, ‘Qué bueno’ dijo de corazón, y regresó con el resto de sus compañeros a la práctica. Más tarde, cuando LuHan volvía de los vestidores porque había olvidado nuevamente su Ipod, Jogin le sorprendió en uno de los pasillos desiertos e impactó el puño contra el abdomen de LuHan.

LuHan se quedó arrodillado en el suelo, llorando y tratando de respirar, escuchando como las pisadas de Jongin se alejaban.

Después de eso LuHan decidió renunciar al club de baile. Hyoyeon estaba más que decepcionada y trató por todos los medios posibles de convencerlo para que se quedara. Pero LuHan ya había tomado una decisión. Yixing no intentó disuadirlo, intuía que LuHan tenía muy buenas razones para hacerlo, aunque no las compartiera con él.

—No es por ese tal Kim Jongin, ¿cierto? —comentó Minseok cuando LuHan le contó que había dejado el club a la hora del almuerzo. —¿Ha vuelto a molestarte, Han-ssi?
—No —se apresuró en responder, no muy seguro de por qué estaba mintiendo. —Necesito tiempo para estudiar. Por ahora me centraré en mis estudios, tal vez más adelante retome el club.
—¿Por qué no te unes al consejo estudiantil?

LuHan sonrío y negó con la cabeza. No era la primera vez que Minseok le hacía esa oferta.

—Es mucho trabajo, no gracias.
Minseok infló los mofletes y miró a LuHan fijamente a los ojos.
—Lo siento BaoZi —sonrió LuHan, aplastando las mejillas del otro.
Minseok sonrió, decepcionado, y se centro en su comida.
LuHan hizo lo mismo, y al cabo de un rato se removió incómodo en su silla.
—¿Pasa algo? —le preguntó Yixing.

LuHan sonrió y negó con la cabeza. Pensó que estaba siendo paranoico, porque sentía como si alguien le estuviese mirando. Es decir, a él siempre le miraban, pero ya se había acostumbrado. En su mayoría siempre se trataba de niñas que no paraban de hablar de su supuesta belleza femenina. Pero esta vez se sentía diferente, lo cual lo inquietaba bastante. No quiso preocupar a ninguno de sus amigos, así que se levantó de la mesa en silencio a tirar los restos de su comida. Intentando ser disimulado, recorrió rápidamente la cafetería con la vista y lo vio, unas cuantas mesas más allá. Uno de los amigos de Kim Jongin, Oh Sehun, le miraba fijamente. El chico ni siquiera se inmutó cuando LuHan le descubrió. Le sostuvo la mirada y al final fue el propio LuHan el que cedió, un tanto inhibido por aquella mirada tan penetrante. Se puso nervioso y trastabilló momentos antes de llegar al depósito de desperdicios.

—Date prisa niña —le espetó una voz arisca a sus espaldas.

LuHan deseó con todas sus fuerzas que se lo tragara la tierra.

—¿Qué no me oyes? Dije que te des prisa, niña.

LuHan estaba a punto de tomar la manilla de la ventanita del depósito para depositar los restos de su comida, pero Kim Jongin no pudo esperar. Le dio un empujón que lo hizo caer al suelo. Los restos de su sopa y de su flan chocolate le cayeron sobre el uniforme y la cara.

Jongin tiró todo, bandeja incluida, dentro del depósito.

—Eres la niña más lenta y más patosa que he conocido —le espetó Jongin antes de marcharse. 

LuHan observó cómo se dirigía a la mesa donde el tal Oh Sehun estaba sentado. Aquel muchacho le seguía mirando. LuHan no podía descifrar lo que sus ojos trataban de decirle.

~*~


LuHan pensó que sería una buena idea salir a comprar. Desde que había llegado a Corea deseaba beber bubble tea, pero no había tenido oportunidad de salir ningún día, hasta ahora.

A pesar de que temía andar solo no le pidió a ninguno de sus amigos que lo acompañara. Estaba seguro de que a esa hora Jongin ya estaría en su casa y no merodeando los pasillo del instituto.

LuHan se sintió confiado cuando salió del edificio de los dormitorios y recibió de lleno la brisa del anochecer. Caminó unas cuantas calles hasta que encontró el lugar del cual le había hablado Yixing, una pequeña cafetería en una esquina con unas cuantas mesas en el exterior. LuHan entró e inmediatamente se puso en la fila para ser atendido.

Cuando llegó su turno en la caja se sorprendió muchísimo al ver a la persona que tomaría su pedido.

—Buenas tardes, ¿qué desea ordenar?

LuHan se tardó en reaccionar.

—Uh, q-quisiera té d-de burbujas, por favor.
—¿Qué sabor?
—Uuh… ¿Q-qué sabor me recomiendas? —sonrió LuHan. No tenía por qué demostrar nerviosismo. No dejaría que nadie supiera lo mucho que la situación ‘Kim Jongin’ le afectaba.

Oh Sehun pareció un poco contrariado por la sonrisa que le dedicó LuHan.

—Uuh… Me gusta el de mango —dijo, y al cabo de segundos se sonrojó.
LuHan acentuó más su sonrisa.
—Quiero ese entonces —le entregó el dinero.

Sehun marcó en la computadora el pedido de LuHan. Una máquina imprimió una boleta y Sehun se la entregó.

—Tienes que mostrarle esto al chico de allá.
—Okay. Gracias —Sehun asintió.

Cuando LuHan le entregó el papel al muchacho que preparaba las bebidas, podía sentir la intensa mirada de Sehun sobre él. Trató de aparentar calma y reuniendo algo de valor, volteó a mirarlo y le sonrió. Sehun fue tomado por sorpresa ante su gesto.

—Aquí tienes —le entregaron su bebida y LuHan la tomó de inmediato para salir rápidamente de ese lugar.

Una vez en la seguridad de las calles dejó salir un largo suspiro. Se metió la pajita a la boca y sorbió de su bebida. Hacía tanto tiempo que no probaba un sabor tan familiar. De repente sintió ganas de volver a China y estar con su familia y sus amigos. Sus padres no sabían sobre los abusos que había sufrido por parte de Jongin. De hecho, nadie lo sabía. Sólo había una persona que intuía que algo malo le sucedía, y no porque LuHan se lo hubiese dicho, sino que, simplemente esa persona le conocía muy bien.

—¿Qué es Han?
—No es nada —LuHan trató de asegurarle a Kris por todos los medios posibles de que estaba bien.
—Si no me dices iré para allá.
—¿Qué? Ah, no. YiFan…
—Tienes que decírmelo.
—No es nada —repitió un millón de veces, cansinamente. Se arrepentía de haberlo llamado.
—Escucha Han, si tú no eres fuerte por ti, nadie lo será.
LuHan se quedó callado, sin saber qué decir.
—No dejes que nadie pase por encima de ti.
—Ya lo sé —sonrió  muy a su pesar.

YiFan siempre sabía cuando algo le sucedía. LuHan había cometido el error de llamarle justo después de un incidente desagradable con Jongin. No se arrepentía. La voz grave y calmada de YiFan le reconfortó.

LuHan se perdió en sus pensamientos mientras terminaba de beber su té. Tardó en darse cuenta de que no tenía ni idea en dónde estaba. Había salido tan deprisa del café donde trabajaba Oh Sehun que no había puesto atención a la ruta que debía seguir de regreso a los dormitorios del instituto. Sintió pánico, pero se calmó enseguida. Metió la mano en el bolsillo para sacar el celular y llamar a Yixing para que lo fuese buscar, pero un agudo dolor en la nuca no se lo permitió.

Su té cayó al suelo y se desparramó. Se llevó ambas manos a la nuca, tratando de mantener el equilibrio para no caer de bruces al suelo y al mismo tiempo aliviar el dolor.
Con dificultad se volteó para ver quién le había golpeado, pero no tuvo tiempo de ver nada. Su atacante le dio una patada en el estómago y lo tiró al suelo. LuHan no necesitaba abrir los ojos para saber de quién se trataba. Ese tonto perfume que usaba… LuHan había aprendido a reconocerlo.

Quiso moverse, pero Jogin inmovilizó su cabeza con el pie. LuHan sintió mucho miedo. Le dolía mucho. La presión que ejercía Jongin con su pie no era demasiada, pero LuHan temía que le aplastara la cabeza con todas sus fuerzas. No quería morir.

Jongin no dijo nada. LuHan aguantó la respiración. De pronto dejó de sentir el pie de Jongin sobre su cabeza. Deseó con todas sus fuerzas que Jongin se hubiese ido, pero no. Un golpe en el estómago, dos, otro en su muslo, otro en su rodilla. Las patadas cesaron cuando LuHan comenzó a sollozar. Se cubrió el rostro con los brazos y lloró sin ningún pudor. Quería a su madre, a YiFan, quería volver a China inmediatamente, donde todos lo conocían y apreciaban, donde nadie le agredía ni molestaba por ser tan bello como una chica.

—¿Por qué? —escuchó la voz entrecortada de Jongin. —¿Por qué no te defiendes? —su voz estaba cargada de frustración. —¿POR QUÉ NO TE DEFIENDES? ¿POR QUÉ NO TE COMPORTAS COMO UN HOMBRE? ¿O ACASO DE VERDAD ERES UNA NIÑA?

LuHan no entendía la rabia de Jongin, y no le importaba. Le dolía todo el cuerpo, y le dolía terriblemente el pecho. Le ardía con cada sollozo que soltaba.

—¡DEJA DE LLORAR MARICÓN!

LuHan se hizo un ovillo para recibir más golpes. Se sintió aturdido y con ganas de vomitar. Ya no tenía fuerzas ni para llorar. Aún así, las lágrimas no dejaron de salir. Jongin permaneció en silencio mucho rato. Era como si LuHan estuviese solo, pero él sabía que el otro seguía allí. LuHan quiso preguntarle muchas cosas, como por qué lo golpeaba siempre, qué cosa tan terrible había hecho LuHan para merecer todo su odio. No lo hizo sin embargo.

Al cabo de un rato Jongin se agachó a su lado. LuHan hizo un esfuerzo por encogerse en sí mismo, pero Jongin no lo dejó. Le tomó el rostro con ambas manos y lo obligó a mirarlo.

—¿Realmente… eres un hombre? —fue lo último que le dijo Jongin antes de soltarlo y alejarse corriendo.

LuHan miró hacia el cielo, sintiendo que no tenía fuerzas ni siquiera para arrastrarse. ¿Acaso se iba a morir ahí? ¿Solo?

Trató de mover el brazo y sacar su móvil del bolsillo de su pantalón, pero estaba totalmente entumecido. Tal vez sólo debería rendirse y cerrar los ojos. Alguien pasaría por ahí y lo encontraría, y con suerte lo llevaría de regreso a los dormitorios. O tal vez no.

‘No dejes que nadie pase por encima de ti Han’

~*~

Alguien le sacudió. Abrió los ojos. Se encontraba en el mismo lugar donde Jongin le había dado una paliza. Seguía sintiéndose muy débil como para moverse. No sabía cuánto tiempo había pasado. Al ver a la persona que lo acababa de despertar sintió miedo.

—Tranquilo —dijo él.
—No por favor… —dijo LuHan. No podía moverse.
—No voy a hacerte daño.
—Pero él…
—Él no está conmigo.

Esas palabras lo tranquilizaron.

Oh Sehun le ayudó a ponerse de pie. Pasó su brazo por sobre sus propios hombros para permitir que LuHan se sostuviera de él más fácilmente. LuHan no dijo nada. Se dejó guiar por Oh Sehun hasta los dormitorios. Por un momento pensó que Sehun podría llevarlo a cualquier otro lugar, otro lugar con Jongin esperándolo, y sintió pánico. Pero Sehun lo notó y le volvió a asegurar que no le haría daño. LuHan necesitaba desesperadamente creer en esas palabras.

Cuando llegaron a los dormitorios, una de los profesores de turno los divisó a ambos.

—¿Pero qué le ha sucedido? —era la profesora de baile, Victoria, por quien LuHan sentía especial simpatía ya que ella también era china.
—Lo encontré en la calle —le explicó Sehun. —Hay que llevarlo a la enfermería.
Al llegar a la enfermería, LuHan es recostado en una suave y blanda superficie. La enferma del instituto le inspecciona rápidamente y su veredicto es que no tienes nada roto.
—¿Hay que llevarlo al hospital? —preguntó Victoria.
—No. Pero hay que atender esos hematomas, para que no se pongan peor, y hay que limpiar esa herida que tiene en la sien.

LuHan sintió mucho ardor cuando la enfermera le aplicó antiséptico en un pequeño corte que tenía en la sien derecha. Victoria le trajo su pijama y LuHan se cambio sus ropas con bastante esfuerzo, porque le dolía todo.

—Toma estos analgésicos, para que puedas dormir un poco.
Mientras LuHan bebía las píldoras, Victoria le interrogaba.
—¿Qué hacías fuera de los dormitorios?
—Fue a comprar té. Y me perdí de regreso.
—¿Sabes quién te hizo esto? ¿Fue alguien del instituto?

LuHan vaciló unos segundos.

—No —respondió, ignorando la penetrante mirada que le dedicaba Sehun. —No sé quién fue, no lo vi.
—¿Te han quitado algo?
—Mi dinero —mintió, y vio con claridad cómo Sehun fruncía el ceño.
—¿Cómo lo encontraste? —le preguntó Victoria a Sehun.
—Terminé mi turno de trabajo y regresaba a casa. Lo encontré tirado en el suelo.
—¿Tienes idea de quién le ha golpeado?
Sehun intercambio una breve mirada con LuHan. LuHan negó con la cabeza.
—No —dijo.

Victoria frunció el ceño, no muy convencida.

—Informaré de esto al director. Y a tus padres.
—¿Qué? No, a mis padres no, por favor.
—¿Por qué no quieres decirles? ¿Crees que está bien ocultarles esto?
—No, pero… no quiero que se preocupen.
—Aish, LuHan, no puedo no avisar a tus padres. Tienen derecho a saber.
—Está bien.
—Tienes que estar tranquilo y descansar —dijo Victoria en chino, y LuHan sintió un ramalazo de nostalgia al escuchar su lengua de origen.
—Sí —respondió en mandarín también.

Victoria le sonrió y les deseó buenas noches a ambos.
Cuando ella salió, LuHan soltó un suspiro.

—Fue Jongin, ¿verdad? —preguntó Sehun de repente.

LuHan asintió.

—¿Por qué no lo has delatado?
—¿De qué serviría?
—Le daría una lección.
—Sólo haría que me odiara más.
—¿Acaso eso te importa?

LuHan no supo qué responder.

—Si esto vuelve a pasar… lo diré. No cuentes conmigo otra vez para encubrirlo.
LuHan le miró, confundido.

—Creí que era tu amigo.
—Precisamente por eso —dijo Oh Sehun.

Se quedaron en silencio algunos minutos.

—No entiendo… por qué lo hace —dijo LuHan de pronto. —Yo… no le he hecho nada.
Sehun le miró de una forma que LuHan no supo interpretar.
—Jongin está… Él… —se mordió los labios para no hablar de más. —Él está confundido.

LuHan le miró fijamente.

—¿Y eso justifica que me golpeara?

Sehun negó con la cabeza.

—Para él… es muy difícil.

LuHan no entendía a qué se refería Sehun, y no quería entenderlo. El hecho de que Jongin tuviese una buena razón que justificara todo el maltrato que le ha propinado a LuHan le daban ganas de vomitar.

—Escucha… hyung —dijo Sehun. —Yo sé que no puedes entenderlo ahora, pero Jongin es… él no era así antes. Ha pasado por cosas y… está distinto. Esta es… su manera de lidiar con todo.

LuHan sintió un nudo en la garganta.
—¿Qué culpa tengo yo de eso?

Sehun suspiró.

—Es que… llegaste al instituto en un mal momento hyung, eso es todo.

LuHan se quedó callado. Si abría la boca nuevamente se pondría a llorar.

Sehun le miró, apenado.

—Lo lamento… hyung —dijo. —Lamento no haber parado a Jongin cuando pude.

LuHan asintió, una lágrima se deslizó por su mejilla.

—No volverá a pasar —continuó hablando Sehun. —No dejaré que pase de nuevo.

Luhan tardó en darse cuenta de Sehun también estaba llorando. Cuando lo hizo, se limpió el rostro con la mano y le sonrió al menor.

—Eres un bueno chico Oh Sehun —dijo.

Sehun agachó al rostro, avergonzado, y lloró en silencio.
LuHan esperó pacientemente a que el menor se calmara. Pasaron casi diez minutos, hasta que el móvil de Sehun sonó.
El chicó se restregó los ojos y atendió la llamada. Por lo que pudo escuchar, LuHan dedujo que era su madre.

—Debo irme.
LuHan le sonrió.

—Ten cuidado al regresar a casa.

Sehun asintió y se despidió de él con una venia de noventa grados.

—Que pases buena noche hyung.
—Tú también Sehun-ah.

Sunday, July 1, 2012

[Borrador] Let's set the world on fire


Borrador. No está beteado.
Intento loco de KrisYeol. 8D




La primera vez que Yifan vio a Chanyeol sintió un tirón en el estómago. Una fuerza desconocida lo jaló, como si quisiera tirarlo al piso. Chanyeol reía a carcajadas de algo que le habían contado los otros niños con los que jugaba en la calle, muy cerca de la nueva casa a la que la familia de Yifan se había mudado. Era la risa más escandalosa que Yifan había escuchado jamás,  le erizó toda la piel, desde la nuca hasta la punta de los dedos de los pies. Se quedó mirándolo con la boca entreabierta unos segundos, hasta que Chanyeol volteó su mirada hacia él, de la nada, sin el menor aviso. Yifan se perdió en esos amigables ojos castaños. Chanyeol le sonrió. Era la sonrisa más boba e imperfecta que había visto jamás.
Yifan la amó con cada partícula de su pequeño ser.

~*~

Sucedió la primera vez que estuvo a solas con Chanyeol. Yifan había hecho amistad con los niños del vecindario, solían jugar a las escondidas a lo largo de toda la calle. Un día a Chanyeol le tocó buscar. Yifan se escondió detrás del grueso tronco de un árbol. No se dio cuenta cuando Chanyeol estaba detrás de él.
—¡Te atrapé! —exclamó.
Yifan quiso salir corriendo, pero Chanyeol le cogió del brazo y tiró de él. Yifan sintió que el corazón le explotaría, sintió que el estómago le daba un vuelco y que comenzaban a picarle las manos. El tronco del árbol tras el que se había escondido comenzó a arder de repente, y al ver fuego, se soltaron de inmediato. Las llamas escalaron hasta las ramas y las hojas. Pronto todo el árbol estaba envuelto por el fuego.
Los gritos se propagaron por todo el vecindario. Se oía a lo lejos el sonido de sirenas. Yifan miró a Chanyeol , que miraba el árbol con un gesto casi de culpa es su pequeño rostro.
La madre de Yifan apareció de pronto, con una expresión de horror que Yifan jamás olvidaría. Lo cogió de la mano y se lo llevó a tirones a la casa.
Ese día, sus padres le dijeron que lo llevarían a un lugar especial, a una especie de internado donde gente especial se haría cargo de él.
Yifan quiso preguntar por qué, qué era lo que había hecho mal. Sus padres le dijeron que no era un castigo y que él había sido un buen chico, pero que ellos no podían ayudarlo como deberían. Porque él era especial. Yifan no hizo preguntas. Siempre había sabido que algo andaba mal con él.
Esa noche en su habitación, mientras hacía el equipaje, alguien tocó a su ventana. Se llevó un gran susto al ver a Chanyeol del otro lado del vidrio. Abrió la ventana y se hizo a un lado para dejar entrar al otro niño.
—¿Cómo lo has hecho? Este es el segundo piso —preguntó.
—Trepé por la enredadera. Es fácil.
—¿A qué has venido? ¿Saben tus padres que estás aquí?
—No saben. Ellos están ahora abajo, hablando con los tuyos.
—¿En serio?
Chanyeol asintió.
—Creo que están hablando de lo que pasó esta mañana.
Yifan desvió la mirada. El incidente del árbol había sido su culpa.
—Mis padres van a enviarme a otro lugar. Una especie de internado o algo así —le contó Chanyeol, apenado.
—¡A mí también! —exclamó Yifan.
—¿En serio? —el rostro serio de Chanyeol se iluminó al instante con entusiasmo. —Quizás vayan a enviarnos a la misma escuela. ¡Sí! Es por eso que mis padres han venido a hablar con los tuyos.
Yifan sonrió de oreja a oreja, sintiendo un tirón en el estómago al ver la sonrisa de Chanyeol.
—Significa que estaremos juntos —dijo Chanyeol, y Yifan se estremeció al notar la alegría que suponía esa idea en el otro niño. —Qué bueno. Venía a despedirme, pero ya no hace falta —exclamó.
Chanyeol comenzó a reír y Yifan se contagió. No lo vio venir. Chanyeol se abalanzó sobre él y lo abrazó. Yifan sintió que su corazón explotaría nuevamente.
Y algo explotó. Toda su habitación estalló en llamas.

~*~

Cuando Yifan abrió los ojos, ya no estaba en su casa. Lo primero que vio en aquel nuevo lugar fue un foco de luz en el techo, que lo cegó por varios segundos hasta que por fin sus ojos se acostumbraron. El techo era de color gris pálido, o de un blanco muy mustio. Trató de mover los brazos y las piernas, pero no pudo. Sintió pánico. Estaba atado por correas negras a una especie de cama. Podía mover la cabeza, así que miró en derredor, en busca de algo conocido. A su lado izquierdo había otra cama, tal vez idéntica a la suya.
—Chanyeol… —su amigo estaba a su lado, dormido. —¡Chanyeol! ¡Chanyeol despierta!
—No hagas tanto ruido —dijo una voz grave. Un hombre vestido con una bata blanca y mascarilla se interpuso entre su cama y la de Chanyeol.
—¿Quién es usted? —preguntó Yifan.
—Soy el señor C para ti —dijo el hombre.
—¿Dónde está mi mamá?
—En el hospital, con graves quemaduras en la piel —le explicó el hombre con un leve tono acusador.
Yifan sintió ganas de vomitar.
El hombre preparó una jeringa con un líquido amarillo que salpicó el rostro de Yifan.
Yifan no dijo nada. Sintió la fría y dura aguja penetrar su piel, y sintió un dolor que jamás había sentido en el brazo. Algo le quemó, y ese ardor desagradable se expandió por todo su cuerpo a través de su sangre. Gimoteó, sus ojitos se llenaron de lágrimas al instante.
El señor C lo dejó solo con Chanyeol en aquella habitación. Yifan lloró, y sintió mucho miedo al ver que Chanyeol no respondía a sus llamados. Lo último que dijo antes de cerrar los ojos y desmayarse fue el nombre de su amigo.

~*~

Él tenía problemas con el fuego. ‘Piroquinesis’ era la palabra que había usado el señor C con frecuencia. No sólo él. Chanyeol también.
No había vuelto a ver a Chanyeol. Y había pasado mucho tiempo desde la última vez. Yifan no sabía qué día era, ni qué mes, ni qué año, pero podía deducir que había pasado muchísimo tiempo allí encerrado, porque su cabello estaba muy largo y su cuerpo se había estirado montones. No sabía qué edad tenía. Le gusta pensar que tenía trece. También le gustaba pensar que algún día su madre iría de visita. También le gustaba pensar en Chanyeol, le gustaba imaginar que tanto había cambiado. Sabía que Chanyeol estaba bien, porque eso era lo que el señor C le decía. Los habían aislado para estudiarlos por separado. Yifan con el tiempo había llegado a la conclusión de que se había convertido en una especie de animal de laboratorio. De todas formas las pruebas no llegaban a ningún resultado concreto. Yifan no tenía control sobre el fuego. No podía generarlo de forma espontánea. Había pasado por muchísimas pruebas, y de todo tipo. Pruebas tediosas, pruebas dolorosas, y nunca había podido generar fuego.

Muchas veces el señor C le había hecho preguntas sobre sus experiencias pasadas generando fuego, y Yifan siempre le había respondido con la verdad. La primera vez que había incendiado algo había sido a su niñera, cuando tenía ocho años. Era una chica muy linda de cabello castaño que lo trataba muy bien. Yifan recordaba sentir mariposas cada vez que la veía. Un día se sentó junto a ella a ver la televisión, y ella le abrazó. Yifan sintió que su corazón explotaría. Y ella fue envuelta por las llamas. Noventa por ciento de su cuerpo quemado. Falleció en el hospital una semana después. Pasó por segunda vez con una segunda niñera. Y una tercera vez, aunque la tercera no murió. Después de esas veces Yifan aprendió que él no debía tocar a las niñas que le gustaban. Después de eso se fueron del país y llegaron a Corea, al vecindario donde conoció a Chanyeol. Las únicas dos veces que se tocaron, el árbol y su propia casa había estallado en llamas.