Cuando él le mira, apenas puede respirar.
Es como si algo se instalara ahí, en su garganta, dificultando el paso del aire; es como si los brazos de alguien le rodearan por el pecho y le ciñeran con mucha fuerza, en un abrazo opresivo.
Él desearía que fueran sus brazos.
Cuando Donghae lo mira a él, no percibe nada.
Las sonrisas, los sonrojos, el brillo en sus ojos, todo eso se ha ido a algún lugar. De la noche a la mañana, todo eso se esfumó, todo eso que Donghae tanto ansiaba y disfrutaba de él, todo eso que lo alimentaba de dicha todos los días, ahora le ha sido negado.
De la noche a la mañana…
Ante esto, se siente incapaz de hacer algo. Actuar, ser frontal, directo, Donghae es todo eso. Meditar las cosas, con calma, y esperar el momento adecuado, ese jamás había sido él, pero al tratarse de él, el pez le da un millón de vueltas a las cosas. Acepta que a veces es con todos así, y si se trata de algo delicado, se pone a llorar. Todos lo saben, es un bebé llorón, un pececito muy llorón, como Heechul hyung suele mofarse de él. Confiesa que si a veces tarda tanto en decir algo o afrontar alguna situación, es porque trata de controlarse. Sus emociones, tan intensas que se desbordan de sí mismo, así es Donghae. Eso es algo que pudo ver gracias a él. Fue él quien le dijo que llorar no le hacía menos hombre, que en cambio, llorar le hacía único, que sólo un verdadero hombre se atreve mostrar sus lagrimas frente a otros, y que por eso debería estar orgulloso, no avergonzarse de sus sentimientos, que simplemente eran demasiado intensos, como las olas de una tormenta que son imposibles de dominar.
Desde entonces, Donghae no se había vuelto a sentir avergonzado de lo que sentía. Desde entonces, comenzó a dejar de lado el pensarse demasiado las cosas a la hora de hacerle cara a algún problema, pero eso siempre se aplicaba a todos los demás. Con él era distinto. Siempre esperaba. Donghae siempre esperaba porque siempre es él el que da ese primer paso hacia el camino de la reconciliación, y Donghae estaba muy agradecido de esa cualidad suya. Pero ahora es diferente, ahora el pececito sabe que él no dará ese paso, y que, muy probablemente, él mismo tampoco lo haga.
Hyukjae.
Cuando hablaba, toda la atención del pez se centraba en él, incluso cuando sabía que sus palabras no iban dirigidas al propio Donghae. Cuando le hablaba, era feliz por el simple hecho de escucharle, por la simple delicia de saber que Hyukjae quería compartir aunque fuese una mínima parte de su mundo con él, con Donghae.
Cuando yo te hablaba, esa sensación cálida volvía a mi pecho, y me llenaba de una felicidad difícil de explicar. No era demasiado intensa, tal vez no refulgía, no brillaba, pero era constante, y se quedaba aquí, en mi pecho, incluso cuando pasaban las horas y ya no estábamos juntos; esa sensación podía permanecer dentro de mí por mucho tiempo, y me hacía sentir seguro, confiado, feliz. Porque saberme dueño de tu entera atención, aún por cinco segundos, me satisfacía de sobremanera.
Ahora ya no me hablas. No puedo reprocharte el porqué.
Ahora, yo no me atrevo a hablarte.
De la noche a la mañana, tu voz ha dejado de buscarme, y la mía ha dejado de interesarte.
Ya ni siquiera me permites oírte de lejos cuando hablas con otros. Tú simplemente dejaste de hablar. Merezco ser privado de tu sonido, de tus sugerentes palabras y tu fascinante risa, y lamento enormemente que lo último que escuché de ti fue el fantasma de un sollozó mal disimulado. Lamento que tus últimas palabras hayan estado impregnadas de desprecio. Pero lo merecía. Aún lo merezco.
Cuando miro el paisaje por el balcón, y veo la ciudad vestida de luces para el cielo nocturno, me pregunto, a veces, si es que acaso no volveré a escucharte otra vez.
No valen nuestras canciones, que si te soy sincero, escucho más seguido para sentir el sonido de tu voz. Reproduzco tus partes una y otra vez hasta que me aburro, y busco más y más canciones. Me pregunto si alguna vez volverás a hablarme, o a mirarme siquiera.
Cuando paso por tu lado, es como si no yo existiera y aunque a veces me sorprendes mirándote, y entonces nuestros ojos se encuentran por una fracción de segundo, no veo nada.
Antes podía ver a través de tus ojos ese mundo tan tuyo que me encantaba y al cual adoraba echar vistazos cuando se daba la oportunidad. Veía ese brillo, tus ojos chispeantes que siempre me devolvían miradas juguetonas o cariñosas.
Ahora no hay nada, se han vuelto dos pozos sin fondo, para mí.
De la noche a la mañana…
Tus ojos dejaron de mirarme, de buscarme, de sonreírme.
Esa noche…
Comprendo que al respecto no puedo hacer nada, el solo verte me da a entender que ya has tomado una decisión.
Duele, pero no me atrevo a hablarte, no puedo. Porque me avergüenza lo que hice, lo que viste. Jamás debió ser de esa manera, jamás debiste vernos. Jamás debí… dejarme envolver por esos encantos de los que él hace gala. Pero es que no traté de resistir, no creí que obraba mal. Quise mantenerme fiel a mis sentimientos por ti, pero él es una enorme tentación, y caí en él.
Lo puedes entender, ¿verdad? Él es fascinante. Yo, curioso, entrometido. Eso soy. Quise saber más de su mundo, quise asomarme un poquito más adentro de ese hermoso cofre del tesoro que es su corazón, y al mismo tiempo, sin darme cuenta, también quería compartir mi propio mundo con él. Porque a pesar de que contigo podía hablar prácticamente de todo y tener siempre tu apoyo y atención, había cosas que no te podía decir, cosas que, graciosamente, tenían que ver contigo.
No podía decirte lo mucho que me gusta cuando sonríes, mostrando todos los dientes y parte de tus encías; no podía decirte lo mucho que me gusta verte bailar, el cómo tus movimientos me hipnotizan; no podía decirte lo mucho (aunque una vez, en una entrevista, se me escapó sin darme cuenta) que me gustan tus labios, el cómo te muerdes el inferior cuando juegas a ser sensual frente a las fans. Cuando dije que tus labios eran los más bellos, pensaste que estaba bromeando, y sonreíste azorado y dijiste algo que ya no puedo recordar. Después de eso nunca volví a mencionarlo, ni frente a ti ni frente a los otros miembros, pero sigo creyendo lo mismo: tus labios son los más bellos y los más apetecibles que he visto… No comparto ese pensamiento con nadie… No lo hacía, hasta que se lo dije a él. Él es la excepción, mi excepción.
Yo, que nunca soy ciento por ciento sincero con nadie, incluso contigo llegue a ser sólo un noventa por ciento, pero con él… A él puedo contarle todo.
Él me escucha, me comprende, y a veces hasta me consuela. Siempre tiene algo que decir, siempre son cosas buenas, de ti y de mí.
Él es el hyung, pero cuando estamos juntos, somos iguales.
No sé por qué será. Me interesa escuchar lo que él tiene para decir, sus palabras a veces alivian las agitaciones de mi corazón, lo calman. Cuando me dice que Dios no va a dejar de amarme por sentir lo que siento por ti, me siento aliviado. Si esas palabras vienen de él, son como un bálsamo para mi alma, y estoy seguro de que si alguien más las dijera, incluso tú, carecerían de significado.
Es que estoy deslumbrado. Esa es mi pobre excusa. Deslumbrado y fascinado por el brillo y la belleza de todo su ser. Él es maravilloso, magnífico. Es la estrella que ilumina todo el cielo y cuya luz se refleja en mí, en mi propio mar. A veces pienso que esa escena es perfecta, pero entonces siempre llega a mí ese detalle. ¿Sabes de qué color son las aguas de mi mar? Son plateadas, plata líquida.
Tú y yo mezclados, siendo uno, mientras él nos alumbra. Esa escena es aún más perfecta. Yo quisiera que fuese así siempre. Los tres.
Mientras tú y yo somos uno, esa estrella que brilla sobre nuestras cabezas debe bajar, y sumergirse en nosotros, convirtiéndose en un tesoro, el más brillante, el más fabuloso; un tesoro que debo proteger con mis mareas de plata líquida; un tesoro que hace que brillemos.
El mar que comienza a brillar…
Qué absurdo. No puedo tenerlos a ambos. Tú ya te has ido.
~*~
Y yo no sé en qué momento mis visitas a su habitación comenzaron a hacerse más frecuentes. Tú, que vives en los otros dormitorios, no podías saberlo. Que había veces en las que incluso dormía allí. Y sólo dormía, por difícil que sea para ti creerlo. Confieso que había mañanas en las que despertaba entre sus brazos, confieso que más de una vez le desperté con un beso en la frente.
Sé lo que pensarás. Que soy descarado e hipócrita. Que me lleno la boca diciendo que no me gusta el contacto físico, que ese tipo de muestras de afecto no van conmigo. Yo también creo que soy un cínico. Siendo realmente honesto, sólo respondo el skinship de dos personas: de ti, por supuesto, y de él.
Con el paso del tiempo, su compañía, su presencia, se me hicieron necesarias.
El tiempo que pasábamos juntos durante las promociones en China. Confieso que al no verte, había ratos en los que desaparecías de mi mente. Lo sé, soy una basura.
Nos fuimos acercando peligrosamente, eso también lo sé. Él siempre trató de que no. Hubo un tiempo en que trató de distanciarse de mí. Y sufrí, sufrí en silencio, por un período corto, porque después insistí. Y él no sabía cómo explicarse, no sabía, ni se atrevía a decir lo que yo ya sabía, porque yo puedo leerlo a él. Todo lo que él siente, yo lo sé, lo he sabido siempre, desde el comienzo. Me siento mezquino, porque a fin de cuentas fui yo el que tentó al destino. Y todo terminó así. Contigo lejos de mí.
No medí las consecuencias. Pero, si soy honesto, ¿lo he hecho alguna vez?
Y entonces, llegó esa noche… que cambió todo.
Pensé que no estaría mal. Me quise convencer de que era un experimento, que era sólo probar un poco de algo que se me antojaba. Por dentro, algo gritaba, como loco, que debía detenerlo, que debía ser fiel a lo que sentía por ti. Pero ser fiel… ¿A qué? ¿A un sentimiento que jamás iba a ser correspondido? Si yo para ti era sólo un amigo, un hermano, y jamás sería algo más que eso, jamás me mirarías como yo te miro a ti, jamás pensarías en mí de la forma en la que yo pienso en ti.
Fue por eso… por eso yo… no me resistí.
Es egoísta, ¿verdad? Yo quiero que estemos los tres, que seamos los tres. Antes quería que fuésemos sólo tú y yo. Pero ahora…. Ahora sé que no puedo estar sin él, sin mi estrella. Y cómo quisiera no saberlo, cuánto quisiera seguir siendo ignorante de ello, y seguir pensando sólo en ti, sólo desearte a ti. Pero ya no puedo. Quiero tenerlos a ambos.
Soy escoria.
~*~
La compañía había dispuesto de una sala de ensayos para ellos en el último piso del edificio donde vivían. Se acercaba una presentación en un conocido programa musical, parte de la programación de las promociones del quinto álbum, por lo que durante los últimos días habían pasado varias horas en ese lugar.
Era una sala muy amplia, iluminada por pequeñas lamparillas que asemejaban reflectores y que se asomaban del techo perlado. Todo el muro norte estaba cubierto por espejos; el muro este sólo era adornado por dos puertas estrechas, una daba al baño, y la otra a la salida. El muro opuesto a las puertas era un ventanal, cuya hermosa vista podía dejar sin aliento a cualquiera. El piso era de madera oscura, con diseños casi imperceptibles a simple vista.
—Un, dos, tres… —Eunhyuk se encontraba en el centro de la gran habitación, murmurando para sí mismo mientras se movía, marcando pasos, con mirada seria y gesto concentrado, mordiéndose el labio inferior.
El resto de sus compañeros se encontraban apegados al muro, algunos de pie, otros sentados en el suelo, otros (Yesung) recostados, observándolo. El agotamiento se podía detectar claramente en sus rostros.
Donghae (que estaba de pie), al percatarse del gesto de Eunhyuk con su labio, suspiró sin darse cuenta, pasándose las manos por el cabello y echando la cabeza hacia atrás, apoyándola contra el muro. Siwon le miró desde el otro lado de la habitación y arqueó las cejas. El pez sólo lo ignoró.
—¿Ya lo tienes? —preguntó Shindong a Hyuk, con un dejo de impaciencia en el tono de su voz.
—Creo que sí —respondió el aludido, girándose para quedar cara a cara con su reflejo. A través del espejo, buscó a Hae hasta encontrarlo, y le guiñó un ojo en un gesto amistoso y de confianza que el otro respondió con una sonrisa.
—Entonces ahí va —le avisó Shindong, presionando la tecla de “play” del reproductor de música. El sonido salió de los parlantes que colgaban de la parte alta de los muros e inundó rápidamente el lugar.
Eunhyuk comenzó a moverse al ritmo de la música, con gracia y soltura. Donghae apoyó toda la espalda en el muro y cruzó los brazos, pasándose la lengua por los labios. Las venas de su antebrazo se hicieron levemente notorias. Estaba tenso, y es que su tortura ya había comenzado.
Mientras Hyukjae giraba sobre sus pies, lo único que vagaba por la mente del pez era el sudor que hacía brillar apetitosamente los brazos, rostro, cuello y la parte visible del pecho de su amigo. Que ese hombre se moviera de esa manera…
—Fíjate en su rostro —le dijo alguien a su lado. Él hizo caso a la voz, y el aliento se le hizo un poco escaso. La mirada, la sonrisa coqueta, esos labios sensuales y la manera en que los fruncía… Todo eso lo ponía… Aish.
Suspiró.
‘Debería estar prohibido el moverse así y hacer esas caras, por sanidad mental y hormonal’ pensaba el pez.
Escuchó una risita un tanto burlona a su lado, pero no hizo caso. Lo más importante en ese momento era ver a Hyukjae, no perderse detalle del tortuoso y a la vez glorioso espectáculo que presenciaba.
Eunhyuk terminó su baile tras una pirueta, y cuando la música dejó de sonar, a Donghae le dijeron al oído.
—Límpiate la boca.
Se sobresaltó, y le lanzó una mirada de fastidio a la persona a su lado. Siwon había llegado junto a él sin que se diera cuenta. De todas formas, para diversión del más alto, el pez se pasó el dorso de la mano por los labios, y demonios, sí estaba mojado. ‘Es el sudor’ se dijo a sí mismo, negándose a la posibilidad de haber babeado.
—Presta atención allí abajo también —le murmuró Siwon, lanzando una mirada discreta a la entrepierna de él.
Hae se ruborizó, y se despegó de la pared, parándose con la espalda totalmente recta. No era algo demasiado notorio, pero agradeció que ese día se le ocurriera vestir una camiseta sin mangas del tipo larga y holgada, ya que la tela de la parte baja le cubría perfectamente y disimulaba su pequeña erección.
La risa discreta de su amigo le llegó nuevamente a los oídos. Siwon era un buen amigo y todo, pero tenía la mala costumbre de nunca desaprovechar la más mínima oportunidad para molestarlo y avergonzarlo. Estaba dispuesto a soltar un par de insultos, cuando Hyukjae apareció junto a él y le dijo:
—¿Cómo estuvo? —casi sin aliento por el esfuerzo.
—B-bien —murmuró, tratando de sonreír.
—¿Sólo bien? —cuestionó el bailarín un tanto decepcionado.
Hae abrió la boca para responder, pero se vio salvado ya que Shindong y Leeteuk llamaron a su amigo.
El pececito siguió al bailarín con la mirada, le vio hablar con sus hyungs, y vio a Shindong enseñarle un paso nuevo.
—Aquí va de nuevo —murmuró Siwon, apoyándose en el muro y cruzándose de brazos.
Hyuk se ubicó otra vez en el centro de la sala. Shin puso la música, y repitió la misma coreografía de antes con unos cuántos cambios.
—¿Cómo lo soportas? —preguntó Siwon, que se sorprendió a sí mismo al no poder despegar la vista de Eunhyuk.
—Años de práctica —murmuró Donghae por respuesta.
Cuando Hyuk acabó, Leeteuk, Shindong y Ryeowook le aplaudieron.
—Con esto ya acabamos, ¿verdad? —preguntó Kyuhyun.
—Falta la parte de Hae —dijo Eunhyuk.
—¿Podemos ver eso mañana? —sugirió Sungmin, haciendo un mohín. —Tengo mucha hambre.
—Yo también —agregó Yesung, poniéndose de pie.
—Pero…
—Pueden marcharse —sonrió Hae amablemente. —Yo me quedaré un poco más.
—Hae… —comenzó a decir Eunhyuk.
—No pasa nada. Tú ya estás listo, y seguro también tienes hambre.
—Sí, pero…
—Tranquilo, yo también me quedo. Quiero repasar algunos pasos —explicó Siwon ante la mirada interrogante de Hyuk.
—Bueno, pues ya está decidido —exclamó Sungmin con cierto entusiasmo.
Los demás comenzaron a moverse hacia la salida.
Mientras Leeteuk hablaba con alguien por teléfono, Eunhyuk dijo:
—¿Los espero para cenar?
—No Hyuk, come tranquilo —fue la respuesta de Siwon.
—Pero asegúrate de dejarnos comida —pidió Donghae.
El bailarín asintió.
En eso, Leeteuk se acercó.
—Era Heechul —explicó. —Dice que ya llegó y que se muere de hambre, que bajemos a cenar de inmediato.
—Wae, Heechul hyung salió sólo para faltar al ensayo. Aish —se quejó Hyukjae.
—Ya lo conoces, pero hablaré con él después de la cena —el líder se encogió de hombros. —Nos vemos más tarde —se despidió de Hae y Siwon con palmaditas en la espalda para los dos, y él y Eunhyuk abandonaron la sala, este último no sin antes voltear y despedirse de sus amigos con un gesto de la mano.
Al quedarse solos, no perdieron tiempo y se dedicaron a lo suyo.
Donghae practicó su solo de baile, luego ayudó a Siwon con unos pasos que al más alto no le satisfacían.
Sudados y cansados, se dejaron caer al suelo.
—Hace mucho calor —se quejó Donghae, abanicándose con la mano.
—Son las luces —dijo Siwon, mirando hacia el techo. —Voy a apagarlas.
Donghae asintió, mientras el pelinegro se ponía de pie y caminaba hasta el muro donde estaba el interruptor. Siwon regresó con una botella de agua para Hae y una Coca-Cola para él que tomó de un pequeño congelador que había en un rincón, y con un gesto le señaló el otro extremo de la sala, el rincón que se formaba entre el espejo y el ventanal, el lugar favorito de ambos para charlar.
La habitación, a pesar de tener todas las luces apagadas, no quedó a oscuras. La luz de la noche de Seúl se hacía presente a través de los enormes cristales, por lo que ambos podían verse los rostros sin ninguna dificultad. Se sentaron en el suelo y apoyaron la espalda en el frío cristal del espejo, soltando al mismo tiempo exclamaciones de alivio.
Se rieron, mientras Hae destapaba su botella de agua, y Siwon su gaseosa. Se bebieron la mitad del contenido de sus botellas en casi solo un trago.
—¿Estás mejor? —le preguntó el pelinegro.
Donghae frunció el ceño y le pegó el brazo.
—Deja de fastidiar —le espetó.
Siwon abrió mucho los ojos y la boca en un gesto de sorpresa e indignación, pero al cabo de segundos, Hae comenzó a reír, entonces él también rió.
—Ah —suspiró el pez una vez pasada la risa. —Estoy enfermo —dijo.
Siwon frunció levemente el ceño y los labios, meditando lo que había dicho su amigo.
—Amar a alguien no es una enfermedad —dijo al cabo de un minuto en absoluto silencio.
Donghae sonrió y apoyó la cabeza en el hombro derecho de Siwon.
—Cuando tú hablas de amar… me haces sentir menos loco —dijo.
—¿Por qué sueno más loco que tú? —exclamó, sonriendo.
—No —negó el pez con una sonrisa. —Es que… no lo sé… Simplemente me gusta lo que dices.
Una cálida sonrisa adornó el rostro del pelinegro al tiempo que rodeaba los hombros del otro con su brazo y se inclinaba para besar su cabello.
Permanecieron en silencio hasta que Hae lo rompió.
—¿Crees que estaría bien… decirle?
Siwon arqueó las cejas, sorprendido por la pregunta.
—Pues, si tú quieres…
—No —cortó Hae, separándose de él para mirarle con seriedad. —No es si yo quiera o no. ¿Estaría bien?, ¿crees tú que serviría de algo?
Siwon apretó los labios, tomándose su tiempo para pensar.
—¿Crees que no?, ¿que no debería decirle nada? —Siwon no respondió. —Siwon —murmuró el pez. —Siwon… ¡Siwon!
—Aah… —exclamó el caballo, frunciendo el ceño. —No seas impaciente.
—Respóndeme.
—Estoy pensando.
—Dime lo que piensas —demandó.
Siwon dudó un segundo, pero le hizo caso.
—Creo que cuando alguien le confiesa su amor a otra persona… es hermoso.
—¿Hermoso?
—Que alguien te diga lo mucho que le importas, lo especial que eres, lo mucho que anhela tu compañía… ¿No crees que es hermoso que alguien sienta todo eso por ti?
—Viéndolo así… sí.
—Tú tienes miedo —continuó Siwon, —no sólo de que Hyukjae te rechace, si no también, de que te aborrezca. —Hae bajó la mirada, incómodo. —Eso no va a pasar jamás —le aseguró Siwon, posando sus manos en los hombros de Hae. —Él estará… muy agradecido de tus sentimientos, Donghae.
El pez quería creerle, de verdad quería.
—Pero, ¿y si no?
—No pienses en eso.
—¡No puedo dejar de pensar en eso! —exclamó. Con voz más calmada, agregó: —Todos los días me despierto y pienso ‘hoy es el día’, y me siento decidido a decirle todo —murmuró. —Pero luego me doy cuenta de que es una tontería, que no es necesario que él lo sepa, que le evitaré pasar un mal rato quedándome callado. Que así él… él no terminará odiándome.
—Él nunca te odiaría, Hae. Tú lo conoces mejor que nadie; Hyuk es incapaz de aborrecer a nadie. Es demasiado amable. —El pez sonrió levemente. —No deberías temerle a tus sentimientos, Hae.
—No tengo miedo —soltó de inmediato.
—Sí tienes —sonrió Siwon, dando un sorbo a su Coca-Cola. —Estás asustado.
El silencio se hizo presente, Siwon sabía que su amigo meditaba sus palabras.
—No estoy asustado de lo que siento —dijo con voz segura. —No me asusta eso…
—Entonces, ¿qué es? —murmuró Siwon, instándolo a decirlo.
—Ya lo sabes —dijo en casi un susurro.
Siwon suspiró, dirigiendo su vista a un punto indefinido en el cielo nocturno tras el cristal del ventanal.
—Nunca… nunca voy a poder… —se pasó la mano por la nariz, que ya comenzaba a picarle. —Esto es una mierda —agregó en voz baja.
Siwon abrió mucho los ojos, un tanto escandalizado, e hizo una mueca graciosa con los labios para expresar su sorpresa, porque Hae no acostumbraba a expresarse de esa forma cuando estaba con él.
—No hables así.
—¿Por qué no? Esto que siento… no lo puedo controlar y… es tanto que… me duele —terminó murmurando, para después sonreír amargamente, pasándose la lengua por el labio inferior. —Antes no importaba. La idea de permanecer a su lado como amigo me satisfacía, no aspiraba a más que eso, me conformaba con tan poco… Pero me volví codicioso. Demasiado. —Siwon volteó el rostro hacia él, para mirarle detenidamente con ese gesto que mezclaba preocupación, compasión y ganas de reconfortar. —Estoy siendo castigado.
—Hae…
—La codicia es un pecado ¿verdad? —continuó el pez, sin escucharlo. —Al comienzo, nuestras charlar y el pasar el tiempo haciendo cosas divertidas, eran suficiente. Verle feliz era suficiente. Ahora… mis brazos se mueven automáticamente y se cierran alrededor de él cuando está cerca. Siento una necesidad… —decía, mientras gesticulaba con las manos, —de sentir su olor, su calor. Y todos los días, siento que quiero más de eso, más de él. Pienso en él todas las noches, antes de dormir lo último que veo es su rostro, y es lo primero que viene a mi mente al despertar. La mayoría de las veces, él se aparece en mis sueños. Y no tienes ideas con qué cosas he soñado —dijo afligido, cubriéndose la cara con las manos en un gesto que denotaba frustración. —Los días pasan y… le deseo más. Le deseo Siwon. Deseo sentirlo cerca, s-su piel contra la mía, su respiración, sus labios… —susurró, con tanto anhelo que la piel de Siwon se puso de gallina.
—Hae…
—Eso también es un pecado. Lujuria, ¿verdad? Además de que es… antinatural. Desear a un hombre… pero… no puedo evitarlo.
—Hae.
—Por eso es un castigo. Dios me está castigando, por ser tan despreciable y…
—¡Hae!
—¿Qué?
—Dios no castiga —dijo con seriedad. —Lo que te pasa no es un castigo por ser pecador. Dios no castiga por amar.
—¿Ah, no?
—No —negó con la cabeza. —No le estás causando dolor a nadie más que a ti mismo. Guardas tus sentimientos por Hyukjae dentro de ti, y te lastimas a ti mismo en lugar de importunarlo a él. Eso no es pecar, eso es ser admirable.
—No Siwon —sonrió triste. —Yo no soy admirable. Me guardo todo, me lastimo, como dices tú, porque soy un cobarde, porque… me da terror escuchar… escucharlo decir…
Siwon volvió a suspirar.
—Hyuk te quiere mucho Hae.
—No es lo mismo.
—Es amor.
—Pero es diferente —dijo, aumentando levemente el volumen de su voz. —Él… no me quiere como yo le quiero. Él no siente lo que yo siento cuando le veo o estoy con él, cuando me mira o me toca —hizo una breve pausa. —Quisiera… quisiera que fuese igual, ¿sabes? Que al verme, sonría como tonto, y que al estar cerca, tocándome, su pulso se dispare, su boca se seque, sus manos… tiemblen… Ash —volvió a cubrirse la cara con las manos. —No lo sé.
Siwon lo miró silencioso, hasta que el pez descubrió su rostro y lo miró. El pelinegro le cogió una de las manos y la sostuvo entre las suyas, acariciándola con ternura.
—¿Te tiemblan las manos cuando… cuando tocas a Hyukjae?
—S-sólo cuando se acerca sin avisar y… se pone tan cerca que siento su respiración.
—¿Hace eso? —preguntó Siwon, impresionado.
—S-sólo en los conciertos… Estúpido fanservice —masculló.
Siwon rió bajito. —Las fans del EunHae llorarían si te escucharan decir eso.
—Tsk —hizo un ruidito de fastidio. —EunHae —dijo, y golpeó el espejo con su cabeza varias veces, con los ojos cerrados, y la mandíbula apretada.
—No hagas eso —le regañó Siwon.
—El EunHae es el peor invento del mundo —masculló.
—Wae —exclamó Siwon con los ojos muy abiertos —¿y eso a qué viene?
—Si no existiera el EunHae, Hyuk me dejaría en paz.
—¿Y tú le dejarías en paz? No es que sólo él te persiga, es mutuo, y lo sabes.
—Sí, sí, pero, ¿has visto lo que escriben las fans del EunHae? —preguntó elevando el tono de voz.
—¿Te refieres a esas historias que Heenim siempre lee? Mmm… ¿Fics?
—Fanfics, sí. ¡Yo siempre estoy sufriendo por Hyukjae! Siempre soy yo el que se enamora primero, al que rechazan y rompen el corazón, al que engañan, al que golpean…
—Woo, ¿te golpean?
—¡Sí! —exclamó indignado. —Y en las historias en las que no, siempre soy un chico malo que se mete en problemas y liga con muchas tipas, hasta que conozco a Hyukjae y él cambia mi manera de ser y blah, blah, blah.
Siwon no pudo más que disimular la risa que amenazaba con salir al ver a su amigo tan afectado.
—¿Y sabes qué es lo peor de todo? —le espetó, y Siwon negó con la cabeza. —¡Yo siempre estoy abajo! ¿Me entiendes? ¡Abajo! Hyukjae siempre es el que domina. Ash —se cruzó de brazos y se pasó la lengua por el labio inferior en un gesto de molestia.
Siwon no lo pudo resistir más y soltó una carcajada que resonó fuertemente contra las paredes de la sala. Donghae frunció el ceño y la boca, pero al cabo de segundos, terminó riendo también.
—O sea que… —comenzó a decir Siwon cuando la risa se hubo calmado un poco, —en la realidad, tú serías el que domina, ¿no?
Donghae sólo respondió con una sonrisita un tanto ufana, mordiéndose el labio.
Cuando todo asomo de risa se esfumó del aire, Siwon dijo:
—En el fondo… —Hae le miró de inmediato con un gesto curioso. —Tienes esperanzas.
—¿De qué?
—De que Hyukjae te corresponda.
El pez sonrió, cabizbajo.
—¿Es malo?
Siwon negó con la cabeza.
El silencio se hizo presente una vez más.
—No puedes guardarte todo para siempre —habló Siwon. —Tienes que sacarlo de ti, si no, te hará daño.
—Para eso tengo el hablar contigo —sonrió Donghae, y el más alto le sonrió de vuelta.
El pez se inclinó sobre el pelinegro y ambos se acomodaron de tal manera que Hae quedó sentado entre las piernas del otro, con el rostro semioculto en el cuello del pelinegro mientras este le rodeaba con sus brazos.
—Hablar contigo… me hace sentir menos loco.
—Eso ya lo dijiste.
—Quise decírtelo de nuevo.
Permanecieron envueltos en ese cálido silencio hasta que Siwon, nuevamente, habló.
—Deberías conquistarlo —murmuró, como si hablase más consigo mismo que con Hae.
El otro hizo un ruidito de fastidio.
—No es una chica —dijo de mal talante.
—Lo sé —rió el más alto, —pero hay muchas maneras de enamorar a una persona.
—No Siwon.
—Pero…
—No lo entiendes… E-es difícil acercarse a Hyuk como… como algo más que un amigo. Es… raro.
—¿Ya lo has intentado?
Hae se sintió enrojecer por la vergüenza, y enterró más el rostro en el cuello del otro.
—Hae —le instó Siwon a que hablara.
—S-sólo a veces. Y-y ha sido tan… raro. No me gusta, no va conmigo. Y creo que él lo nota, por cómo me mira y cómo actúa. Se pone muy nervioso y evita mirarme. No me gusta cuando Hyuk me evita así. Odio sentir eso.
—Quizás… eres demasiado obvio.
—¿En serio? —Hae se incorporó para mirarlo un tanto desafiante. —Tres años, y él sigue diciendo que soy su mejor amigo.
—Junsu es su mejor amigo.
—Ash. ¡Su segundo mejor amigo!
—Ya son tres años Hae.
—Quizás sea más. Lo conozco desde la secundaria. Y tardé mucho en darme cuenta.
—Cada vez se te hace más insoportable. ¿Qué harás cuando pasen otros tres años? ¿Y después los siguientes tres? Cuando Hyukjae tenga esposa y ya no viva contigo.
Donghae se quedó callado, sin saber qué decir.
—¿Vas a dejar que venga algún desconocido y te lo arrebate?
—Hablas como si fuese un objeto.
—Sabes a qué me refiero.
—Soy su amigo Siwon —murmuró. —Si no es como tal… Hyuk no me ve.
—No digas eso.
—Sé que le importo mucho, que me quiere, pero jamás llegaré a ser… esa persona con la que él sueña compartir su vida.
—¿Por qué dices eso? Tú eres maravilloso y…
—¿Qué no lo has escuchado? —preguntó alzando la voz y mirándolo. —Se la pasa hablando de su persona ideal.
—Sí es verdad, pero…
—Yo nunca podré ser esa persona ideal, Siwon. Yo no puedo competir con una mujer —lo dijo tan bajito, que a Siwon le costó escucharlo.
—Pero tú eres maravilloso Hae. Cualquier hombre sería feliz con tenerte.
Inmediatamente, el pez le lanzó una mirada ofendida.
—No me gustan los hombres Siwon, me gusta Hyuk. Si tuviera que estar con alguien que no fuese él, elegiría a una mujer. Como Hara-ssi o Sica-ssi.
—Bien, bien, no te enfades. Corrijo, cualquier persona…
—Pero yo quiero a Hyuk —murmuró.
—Donghae…
—Pero… él se casará y formará una familia. Prometimos que el primero de nosotros que tuviera un hijo, lo llamaría EunHae, y seguro que él es el primero, porque yo… yo estaré solo.
—No hables así —le regañó Siwon, atrayéndolo hacia sí y estrechando su abrazo. —Yo siempre estaré contigo —murmuró.
—Pero tú también te casarás, y tendrás tu familia, tu esposa y tus hijos.
—Y uno de ellos se llamará SiHae y tú serás el padrino, y vendrás a mi casa a comer los fines de semana cuando no estés ocupado.
Una enorme sonrisa adornó el rostro de Hae.
—Y malcriaré a tus hijos con regalos y muchas golosinas.
—Yah, no quiero que seas mala influencia para ellos Lee Donghae—le advirtió.
—Mal jugado Choi Siwon, porque lo seré.
Rieron, y Siwon besó su cabello cariñosamente cuando dijo:
—Nunca serás mala influencia para mis hijos. Para nadie.
La sonrisa de Hae se tornó cálida ante las palabras de su amigo.
—Gracias por incluirme en tu fantasía del futuro —dijo, apartándose de él con suavidad, regresando a su sitio original, apoyando la espalda contra el espejo.
Siwon se recostó en el suelo, posando su cabeza en el regazo del otro.
—De nada —dijo con aires de suficiencia.
Hae cogió su botella de agua y bebió un sorbo.
—Yo también quiero una familia —dijo tras dejar la botella a un lado y comenzar a acariciar el cabello de Siwon mientras este esperaba a que continuara. —Cuando era más joven, solía imaginarme a mí mismo de mayor en una casa grande y bonita, con un jardín enorme de césped muy verde y con un árbol para construir una casita en él. Siempre estaba esta mujer, que era hermosa y que se parecía un poco a mi madre, esperándome con tres niños, uno un poco más grande que los otros, y un enorme labrador que meneaba la cola, frenético, apenas me veía.
—Me gusta —sonrió Siwon con los ojos cerrados, disfrutando de las caricias del otro en su cabello.
—Sí. Era un buen pensamiento sobre el futuro.
—¿Era?
Hae sonrió amargamente, mordiéndose el labio inferior.
—Cuando conocí a Hyukjae… la fantasía cambió un poco. Imaginaba lo mismo, pero, él estaba allí, jugando con mis hijos, charlando con mi esposa. Después, cuando me di cuenta de… de lo que sentía, cambió totalmente. Cuando pensaba en el futuro, cuando me imaginaba a mí mismo… ya no veía la casa grande, y ya no estaban la hermosa mujer ni los niños ni el perro. La casa de convirtió en un departamento en Seúl, y la persona conmigo…
—Hyuk.
—Sí —y las caricias cesaron. —En los últimos años esa ha sido la imagen de mi futuro. No hay casa grande, no hay niños, ni perro, pero hay Hyukjae —sonrió amargamente. —Pero, últimamente —la sonrisa se borrando gradualmente mientras hablaba, —cuando imagino mi futuro… veo el departamento vacío. No hay nadie más que yo. Solo.
Siwon le dedicó una mirada preocupada. Hae pegó su nuca al cristal y se llevó el índice y el pulgar de su mano izquierda al puente de su nariz.
—Hae…
—No sé por qué… me cuesta imaginarme acompañado. Siento que… nadie nunca podrá quererme…
Siwon se incorporó y le miró detenidamente.
—¿Por qué piensas eso?
—Hyuk es perfecto. Si él no puede ver algo en mí, si no puede quererm…
—Hyukjae sí te quiere. Te ama.
—Como a un hermano —murmuró. —Pero yo me refiero a otro tipo de amor.
‘Ese amor que se desborda de mí, y se desparrama por donde quiera que voy’
—Si le haces ver tus sentimientos, seguro que él te aceptará.
Hae sonrió, y le acarició la mejilla al más alto.
—Siempre dices eso. Eres muy amable, Siwon.
—Digo lo que creo.
—Lo sé. Es muy importante para mí que creas eso. Lo aprecio mucho.
—Aún así sigues sin hacerme caso.
Hae negó con la cabeza.
—Por dentro estoy podrido. Nadie va a querer amar algo como eso.
—No me gusta cuando hablas así —le reclamó Siwon. —No estás podrido Hae. Por dentro, eres hermoso.
Hae río sin mucha alegría. —Muchas gracias.
—Hablo en serio —dijo Siwon con gesto serio.
Donghae no supo que decir, así que volvió a hablar pasados unos segundos. —No puedes ver dentro de mí Siwon.
Su tono, seco e imperturbable, molestaron al más alto. Lo enfadaron. Se puso de pie, se alejó unos metros, y le dio la espalda. Se pasó ambas manos por la boca y trató de concentrarse en algo, lo que sea para serenarse.
Donghae rodó los ojos en un gesto de fastidio mientras bebía otro sorbo de agua. También se puso de pie.
—No pierdas el tiempo enfadándote —le espetó, dispuesto a ir a la salida, pero Siwon se movió rápido y lo acorraló contra el espejo.
—Sí puedo —murmuró.
—¿Qué cosa? —preguntó el pez, sin parecer molesto ante la brusquedad con la que chocó contra el cristal.
—Ver dentro de ti.
—Tsk, seguro —desvió la mirada al suelo, pero la mano de Siwon en su rostro le obligó a mirarlo.
—Sí puedo. Ahora mismo puedo verlo. Porque tus ojos son transparentes, Hae. Puedo ver todo tu interior a través de ellos.
—¿Ah, sí? —dijo, desafiante. —¿Y qué ves?
*
—Veo amor. Estás lleno de amor, un amor líquido, agitado como el mar de una tormenta. Y estás ansioso por darlo, ansioso por entregarlo, pero en tu mente, todo ese amor tiene un solo dueño, y estás tan empeñado en darle todo a esa única persona, que te has quedado ciego.
—¿Ciego?
—Ciego. Porque te niegas a ver que hay muchas personas que morirían por probar un poco de ese amor tuyo.
Hae miró a su amigo, curioso y confundido. Su corazón latía demasiado rápido, demasiado fuerte, y estaba seguro que Siwon también podía sentirlo. El pelinegro le sostuvo la mirada mucho tiempo, sin decir anda, y el pez comenzaba a impacientarse, porque él quería saber más, quería escuchar más. Todo lo que Siwon tuviese para decir… era indudablemente fascinante.
—¿Cómo quién? —preguntó.
Siwon entonces, escondió el rostro en el hombro del otro.
—Estás tan ciego —se lamentó, con la voz ligeramente más ronca. —Ignoras a esas personas que están pendientes de ti, personas que tienen que soportar tu silencioso y tan notorio sufrimiento, el verte anhelar a alguien más, verte agonizar de deseo por alguien que ignora cómo te sientes. —Hizo una breve pausa. —Tener que soportar que todos tus gestos, que todas tus miradas, estén dirigidas sólo a él. Y en silencio, contener el deseo de apegarse a ti para ayudar a calmar tu cuerpo, que tiembla y se agita por esa persona que vive en su mundo de ignorancia, ajena a todo el conflicto dentro de ti.
¿Era todo eso cierto? ¿De verdad existían esas personas?
La respiración de Siwon se hacía pesada, y el calor de su aliento le abrasaba el cuello.
—¿Quién? —murmuró el pez, que ya estaba convencido de que se trataba sólo de una persona.
Siwon se removió, un tanto inquieto, y sus labios acariciaron la piel del cuello de Donghae, haciendo que este sintiera una descarga eléctrica recorrerle desde el cuello, por toda la columna, hasta más abajo…
Siwon supo que Donghae lo sabía, que lo sabía todo. Se maldijo a sí mismo (porque sí, Siwon a veces también maldecía) por ser tan descuidado. Ese era el juego de Donghae. Desde hacía un tiempo Siwon había notado que de pronto la atención del pez, en lugar de estar totalmente centrada en Eunhyuk, se centraba también en él; que el pez pasaba mucho más tiempo con él, que ya no rechazaba ni se molestaba por el contacto físico, incluso lo buscaba, de una forma muy sútil, casi imperceptible para cualquiera, pero no para Siwon.
Él vio la intensión de Hae en sus ojos, no mentía cuando decía que eran transparentes. Siwon había visto a través de ellos el deseo secreto de Donghae de ser amado por alguien, esa hambre de ser querido, esa necesidad por sentirse especial y amado, esas ansias tremendas por cariño y atención. Y él había sido compasivo, y había tratado de satisfacer esa hambre de atención y cariño con su amistad, alimentando también, de alguna manera, su propia hambre. Porque él también tenía hambre, aunque su hambre era distinta. Mientras Hae quería que alguien le quisiera, Siwon quería a alguien a quien querer, quería desesperadamente a alguien a quien proteger, mimar y llenar de atenciones, y ese lugar rápidamente fue ocupado por Donghae.
Y éste lo sabía, porque el pececito era muy inteligente*, y notó en Siwon los mismos síntomas que sufría el mismo (por Hyukjae). Por más que Siwon disfrazara todo con esas amables sonrisas y con sus palabras de aliento, había veces que se descuidaba, como cuando, en algún momento de la noche mientras dormían, le abrazaba y le susurraba al oído, sin percatarse de que el otro estaba despierto, un suave “dulces sueños”, y le besaba la mejilla, o muy cerca de los labios. Y esos descuidos no escapaban a la percepción de Hae.
Como en ese momento, donde Siwon acababa de moverse de nuevo, y sus labios habían vuelto a frotarse contra la piel del cuello de Hae. Y el contacto era tan delicioso, que Siwon, inconscientemente, comenzó a repartir pequeños y castos besos por toda esa piel a la que tenía libre acceso.
Donghae no se sorprendió. La verdad era que esperaba que lo hiciera. Cerró los ojos y disfrutó de esas suaves caricias. Sin embargo, algo dentro de él se removía con inquietud. No debería estar haciendo esto, no estaba bien. Él era de Hyukjae, aunque este no lo supiera. Él, Donghae, le pertenecía a Hyukjae.
¿Qué hacía allí entonces? En la oscuridad de la sala de prácticas, prisionero entre el frío espejo y el cálido cuerpo de Siwon, disfrutando de esos labios carnosos y sugerentes que no eran los labios que él amaba…
‘Pero no tiene nada de malo’ se dijo a sí mismo. No estaba haciendo nada malo, no estaba traicionando a nadie. Simplemente… tenía mucha curiosidad. Eso era lo que provocaba Siwon, unas inmensas ganas de saber todo, de conocer, de probar… Porque todo lo que le ofrecía Siwon se le antojaba fascinante.
—Siwon —murmuró, con voz modulada. —¿Quién? —insistió, aunque ya sabía la respuesta, quería escuchar la voz del otro decirla.
Siwon suspiró contra su cuello, y movió su boca hasta el oído de Hae. Jugueteó con el lóbulo sólo con los labios, sin atreverse a morderlo o lamerlo, y dijo:
—Como yo —jadeó. —Yo moriría por probar un poco de tu amor, Donghae —toda la piel del pececito se erizó.
Siwon retomó la actividad anterior, y dedicó varios minutos a acariciar el cuello de Donghae con nada más que los labios. El más bajo estaba alucinado, maravillado por la sensación que provocaban esos labios en su piel. Él jamás había sentido algo así. El calor de otra persona, el contacto de piel contra piel, la electricidad por ese contacto… Todo eso era nuevo.
—Por un momento… sólo por un momento —comenzó a decir Siwon. —Imagina que soy Hyukjae.
—¿Qué… imagine? —su voz salió un poco ronca.
—Cierra los ojos —Hae lo miró dubitativo, pero ante la determinación en los ojos contrarios, obedeció. —Piensa que no soy yo el que está frente a ti ahora. Piensa que es Hyukjae el que está aquí, a solas contigo.
—Siwon…
—Sssh —le cubrió los labios con su índice. —Es Hyukjae el que está frente a ti, es Hyukjae el que te toca —posó sus manos en los hombros de Hae y los deslizó hacia abajo, acariciando los músculos definidos de sus brazos. —Imagina que es Hyukjae… el que te besa —murmuró, y le tomó el rostro con ambas manos, acercándose lentamente.
Con apenas un centímetro de distancia, Donghae sorbió ese aliento masculino y se relamió los labios ante la espera. Ese gesto hizo que algo en el interior de Siwon se agitara, y terminó por presionar sus labios sobre los del otro. El contacto le puso la piel de gallina a ambos.
Al principio, Donghae sintió esos labios suaves y carnosos besarlo tímidamente. No lo pudo evitar, las palabras de Siwon había surtido efecto en su mente, por lo que se dejó envolver por su imaginación, y visualizó a Eunhyuk frente a él.
—Hyukjae —escapó de sus labios.
—Eso es —murmuró Siwon con aprobación al tiempo que mordía tiernamente el labio inferior del pez.
Donghae estaba perdido en su fantasía. Hyuk le mordisqueó el labio bajo, luego pasó la punta de su lengua sobre él, de extremo a extremo, reiteradas veces. Hae entreabrió su boca, dejando escapar uno que otro suspiro. La excitación aumentaba en cada lamida y mordida que Hyuk le propinaba. Ese jugueteo por parte del otro le estaba enloqueciendo; Hae quería probar esos labios perfectos y saborear cada rincón de esa boca. Y fue como si Eunhyuk leyese su mente, porque su lengua traviesa se deslizó dentro de su boca, saboreándolo todo, transformando ese beso suave, tierno y tentador en uno profundo y ardiente.
Las manos de Hae se despegaron del espejo y abandonaron su quietud rodeando la cintura de su acompañante. Pero había algo extraño en la cintura del otro. Hae conocía de memoria las proporciones del cuerpo de Hyukjae, él estaba hecho para ajustarse perfectamente a su cuerpo, a sus abrazos. Por eso al rodear con las manos esa cintura, en su fuero interno algo le dijo que se sentía levemente diferente, que esa cintura no era la de Eunhyuk. Él es delgado, y su cintura es estrecha, como la de una mujer. Esta, en cambio, era un poco más ancha, aunque bajo el tacto de las palmas de sus manos, que se desplazaban levemente de arriba abajo, se sentía muy bien.
Pero no era Hyukjae. El cuerpo que lo aprisionaba contra el espejo no era el del rapero, este cuerpo era más grande, y se sentía poderoso y no frágil, dominante y no sumiso. Y a pesar de que era un cuerpo diferente, de que esa vocecilla en su cabeza le gritaba que lo apartara porque no era Hyukjae y que no se dejara engatusar por esas inconcebiblemente placenteras caricias en su lengua, Hae no quería parar. El contacto de ese cuerpo grande contra el suyo le gustaba, ese aroma masculino que penetraba su nariz y lo embriagaba, esos besos y esos roncos jadeos que a veces su acompañante dejaba escapar, todo eso le gustaba. Mucho.
Siwon le gustaba.
Pero Siwon no lo sabía. Un parte de él creía que Hae le encontraba un poco atractivo, que Hae le quería… Pero sólo una parte de él, y era una parte muy pequeña en comparación a la que aseguraba que Donghae sólo tenía ojos para Eunhyuk.
Ese pensamiento le dolía a veces, como ahora. Porque a pesar de que estuviese cumpliendo una fantasía personal al estar devorando esos labios rosados que siempre lo tentaban con inocentes sonrisas, dentro de su pecho algo dolía. Y es que él no era Hyukjae, ni nunca lo sería. Él era Siwon, y para desgracia suya, no era a Siwon a quien Donghae quería. Pero eso no debería importarle, menos ahora. Él se conformaría el resto de su vida con ese momento, con haberlo sentido de esa forma tan sólo una vez. No importaba si Hae no lo veía o si creía que era Hyukjae. Siwon se conformaría con liberar un poco la tensión en el cuerpo de su amigo, esos deseos contenidos que Hae no sabía ocultar. Sus sonrojos, su excitación… de todo eso se haría cargo Siwon.
—S-si-won —murmuró Hae con esfuerzo.
—No —murmuró el otro, frunciendo el ceño levemente, temiendo que el más bajo fuese a apartarlo, mordisqueando su labio inferior. —Hyukjae —dijo. Le besó ferozmente, metiendo toda la lengua.
Hasta ahora, Hae se había dejado hacer. Su movimiento más osado había sido rodear la cintura del otro con las manos, pero la acción anterior de Siwon le encendió de sobremanera.
—Siwon —gimió con la voz ronca, sujetando al otro por las caderas y atrayéndolo hacia sí, apegando deliciosamente sus cuerpos y respondiendo el beso con el mismo apetito del otro.
El pelinegro soltó un gemido en la boca del más bajo, sintiendo una descarga extenderse desde el centro de su entrepierna al resto de su cuerpo.
Ya no había vuelta atrás.
Hae mantenía firmemente su agarre en las caderas del más alto, y las movió a un ritmo enloquecedor para ambos. Siwon le soltó el rostro, y apoyó las manos contra el cristal del espejo, una a cada lado de la cabeza de Hae, cuando este le separó mínimamente para tener acceso a su pantalón. Siwon vestía unos pantaloncillos deportivos de color gris. Hae, muy lentamente, deshizo el nudo del cordón de la cinturilla que evitaba que los pantalones se cayeran. Colocó sus manos en los costados de la prenda, introduciendo los pulgares, ensanchando el elástico. Entonces ambos se miraron. Duró apenas una fracción de segundos. Hae hundió su rostro en el cuello del más alto y comenzó a besar esa piel sudorosa al tiempo que hacía descender la prenda del otro hasta caer al suelo, dejándolo en bóxers. Sin apartarse del cuello de Siwon, Hae acarició con los dedos esa erección, atrapada bajo la tela negra, y el pelinegro cerró los ojos y jadeó, complacido.
El castaño continuó palpando ese ser, maravillado por como sentía que quemaba las yemas de sus dedos y por los jadeos involuntarios que escapaban de los labios del otro.
Siwon se sentía perdido por las caricias de esa mano curiosa. Deseó que el contacto fuese más profundo, deseó que su ropa interior fuese bajada y que su miembro fuese rodeado por esa mano. Se mordió el labio para reprimir su enésimo jadeo al sentir que Hae le tocaba los testículos. Aquello le dio un breve momento de lucidez, y tomó las muñecas de Hae, ubicándolas sobre la cabeza de este y sosteniéndolas quietas con una sola mano.
—Esto no se trata de mí —le dijo. —Si no de ti.
A Donghae, ese gesto brusco y posesivo le pareció condenadamente excitante.
Usando la mano libre, Siwon le bajó los pantalones y la ropa interior, lo suficiente como para liberar el miembro del castaño que dio un brinco al ser liberado.
Hae ahogó un gemido al sentirse rodeado por la mano de su amigo.
Siwon veía con fascinación el cómo su propia mano comenzaba a moverse lentamente, bombeando esa longitud, disfrutando del tacto de esa piel rosada en extremo suave, cálida, y palpitante.
Hae logró soltarse del agarre de Siwon, y se apresuró a bajar la ropa interior del otro. El miembro del pelinegro se irguió en toda su longitud, y Hae no se hizo esperar para cogerlo con la mano e imitar los movimientos del otro.
La respiración de ambos se había vuelto pesada y ruidosa con cada caricia, desde la base hasta la punta. La excitación desbordaba a Siwon. Cuando comenzó con ese absurdo juego, su único propósito era aliviar la tensión de Donghae, jamás se le pasó por la mente la idea de que este le respondería de esa manera, deslizando la mano una y otra vez por todo su miembro.
Explotaría.
—Hae… —gimió.
El más bajo sonrió y aumentó la velocidad. Siwon gimió alto, sin tapujos, e inconscientemente aceleró su caricia también, haciendo que el pez soltara un ronco gemido.
Siwon podía sentirlo. El calor abrasador, el cúmulo de sensaciones que se agolpaban en esa zona y que le cortaban el aliento, el temblor en sus piernas que se hacía casi insostenible, el movimiento de su propia cadera para acelerar todo. Sólo un poco más, sólo un poco…
—Hae —gimió.
El sonido de algo golpeando el suelo hizo que ambos voltearan el rostro y miraran en dirección a la puerta. Los ojos de ambos de ensancharon a más no poder debido a la sorpresa.
Siwon quiso detenerse, pero no pudo. Su semilla salió expulsada, derramándose en la mano de Hae y en su pierna, al mismo tiempo que el poderoso orgasmo lo golpeaba con brutal intensidad.
—Hyuk —escapó de los labios de Hae, en un gemido que nada tenía de excitante o sensual.
~*~
Eunhyuk yacía en la puerta, y el gesto de su rostro se debatía entre la sorpresa y el horror. A sus pies yacía lo que parecían ser paquetes de comida. Un poco de arroz, carne y verduras se había esparcido sobre el piso. Había también jugo derramado, que no dejaba de salir de una botella que había rodado bastante lejos.
Fue como si la escena se hubiese congelado, el tiempo, sus respiraciones, los latidos del corazón. El que rompió aquel hechizo fue Eunhyuk. Sus ojos brillantes y enrojecidos, sus mejillas sonrosadas y bañadas súbitamente de lágrimas. Se cubrió la boca con el dorso de la mano para acallar sin éxito un sollozo, y se echó a correr sin decir nada.
—Hyuk —llamó Donghae. Se precipitó a seguirlo, pero olvidó que sus pantalones estaban abajo, por lo que trastabilló y cayó al suelo. —Mierda —rugió con furia, arrodillándose para subirse los pantalones y la ropa interior y alejándose a zancadas para alcanzar al otro, dejando a Siwon completamente solo.
El pelinegro trataba de regularizar su respiración, pero no podía. Su corazón latía desbocado, martilleando en su pecho con mucha fuerza, mientras intentaba recuperarse del explosivo orgasmo y de la impresión que le causó que Hyuk los descubriera en tan vergonzosa situación. La mano derecha —la mano con la que había estado masturbando a Hae— le temblaba, por lo que la cerró en un puño para dominar ese temblor. Alzó la vista hacia el frente y se encontró con su propia mirada. Su reflejo sólo le transmitió una sensación: vergüenza.
Se subió la ropa interior y el pantaloncillo. Cogió aire, pero este le quemó cuando atravesó su garganta.
—Dios —murmuró, cerrando los ojos, golpeándose la frente contra el espejo. —Hice algo muy malo —agregó en un tono más dolorido.
Quería llorar.
***
Eunhyuk presionó el botón del ascensor, tembloroso, pero este venía en un piso muy abajo, y él estaba en el último. Los pasos y la voz de Donghae aumentaban su volumen. Miró en derredor, desesperado, y dio con la puerta que daba a las escaleras. No se lo pensó demasiado. Ya había descendido dos pisos cuando Donghae siguió su andar hacia las escaleras.
—Hyukjae —le llamó, pero ambos sabían que Eunhyuk no iba a detenerse por nada del mundo, ni por la extraña sensación de frío y calor que lo azotaba, ignorando el sudor y los temblores que no dejaban de incordiarle y le dificultaban cada vez más su huida.
—¡Hyukjae! ¡Por favor! —Donghae hizo uso de toda su habilidad y velocidad para poder darle alcance. Era obvio que Eunhyuk estaba muy afectado, puesto que él era igual o más veloz que él y podría haberse fugado con mucha facilidad si se lo hubiera propuesto. —Por favor —Hae no sabía si estaba llorando o no. Su cara estaba húmeda, eso estaba claro, pero no sabía si eran lágrimas, sudor, o la saliva de los besos de Siwon.
Estaba detrás del otro, a unos cuantos pasos. Extendió la mano y la posó en el hombro del mayor, en un gesto de súplica, de perdón. Hyuk sintió ese tibio contacto, demasiado tibio… y pegajoso. Con horror, sintió ese contacto húmedo y pegajoso, y un olor repulsivo llegó a sus fosas nasales.
—¡No me toques! ¡Qué asco! —rugió, lloró, ya ni se daba por enterado, al tiempo que se giraba y depreciaba la mano de Donghae pegando un fuerte manotón al antebrazo de este.
Fue un golpe fuerte. La piel del antebrazo del pez enrojeció enseguida, mientras este iba a parar sobre los escalones, porque el impacto del golpe, y de las palabras de Eunhyuk, habían sido brutales.
Miró a Hyukjae, notoriamente estupefacto y dolido. El mayor se cubrió la boca con el dorso de la mano, queriendo contener el llanto que le mancillaba los ojos y la garganta para salir. Y no pudo hacerlo por mucho tiempo. Un sollozo ahogado escapó primero, un par de lágrimas descendieron desde sus ojos, y a continuación otro sollozo, más lágrimas… Lloraba como un niño pequeño, sintiéndose solo y perdido y deseando más que nunca ver el rostro de su madre y su hermana y pedir un poco de consuelo. Se cubrió el rostro con las manos, apoyándose en la pared, llorando copiosamente. No quería pensar en nada, pero la imagen de Siwon y Donghae, haciendo lo que estaban haciendo… Esa imagen lo perseguiría de por vida.
Siwon y Donghae. Siwon y Donghae. Siwon y Donghae. Siwon y Donghae. Siwon y Donghae.
Ni cuenta se dio que yacía en el suelo. En algún momento, sus piernas debieron haber cedido al temblor que, incluso en ese momento, no lo abandonaba.
Donghae se miró la mano con la que había tocado el hombro de Eunhyuk, cubierta por el semen blanco y espeso de Siwon. Sintió asco de sí mismo, y comprendió que Eunhyuk lo detestara, odiara, aborreciera. No lo odiaría por sus sentimientos ocultos, no lo odiaría por estar enamorado de él, le odiaría por lo que acababa de hacer, tan antinatural y abominable como masturbar a un compañero. La mirada de Eunhyuk, el sonido de su llanto, todo, le hacía sentir asqueado de sí mismo. Se quitó la sustancia en la tela de su pantalón, y observó en silencio, de esos en los que la ansiedad te come por dentro, a Hyukjae, sin atreverse a hacer nada. No se había dado cuenta de que él también lloraba, las lágrimas caían límpidamente por sus rojas mejillas, sin cesar.
Cuando Eunhyuk se calmó un poco, se descubrió el rostro, y lo miró. Se miraron por breves segundos, hasta que el mayor hizo una mueca. ¿Una mueca de qué? ¿De pena? ¿De asco? Era obvio que trató de no hacerlo, pero no pudo evitarlo: rompió a llorar nuevamente, con la misma energía de la primera vez, como si no hubiese estado llorando en el suelo por una hora. Porque una hora era el tiempo que había transcurrido con ellos dos allí, en las escaleras del edificio.
Donghae vio como el mayor se ponía de pie con esfuerzo y desaparecía tras la puerta que daba al pasillo de un piso en el que no había ninguno de los dos dormitorios de la banda. No hizo el menor esfuerzo en seguirlo, porque no podía moverse. Sentía el cuerpo pesado y agarrotado. Se quedó allí, sentado en los escalones, por tanto tiempo, hasta que las luces se apagaron. Eran de esas luces que se volvían a encender con el movimiento, pero él se sentía incapaz de moverse, por lo que permaneció en la oscuridad por horas, entumecido. Ya había dejado de llorar.
Dios mio! como hiciste para escribir este coso tan hermoso *-* es que me he quedado boquiabierta :O la historia, los detalles, los recursos todo me resulta exquisitamente fascinante y esa forma tuya de describir los sentimientos, de relatar los escenas... es un verdadero placer leer tus escritos.
ReplyDeleteLa devoción con la cual Siwon desea llenar la falta de amor que hay en Donghae, la entrega y sacrificio de sus propios sentimientos por su ser amado ;____________; lo que el fic entrega ese ese sentimiento de desamor encarnado en Siwon... que tan tontamente cayo en el juego del pez desgraciado e___é
De verdad te encanta hacer que Hyuk joda los buenos momentos cierto? u___u justo cuando están en lo mejor se tuvo que aparecer xDDD SHIT!
Él sufrimiento de Hae no se compara al de Wonnie, aunque debo admitir que me pareció bastante deprimente su comportamiento y por eso digo que amo tus dramas <3 jamás se me hubiera ocurrido algo así asdfghjkl me emocione con el lemon (siempre lo hago) hasta me dieron calores xDD
Yah~ debo terminar con el comentario que de por si salió largo 8D Muchas gracias por compartir esto conmigo me encanto *-* fue tan lindo y triste... awww te quiero, sorry se me escapa lo ghei </3 antes de que lo olvide TERMINALO! Te lo exijo como madrina del fic que soy –se autodeclara- has le final si? Anda di que sí, sabes que no puedes dejarlo ahí.
Ok ahora si... Adiós –la abraza- ♥
WOW WOW WOW!!!!!!!!!!!! HICISTE QUE A MEDIA NOCHE NO PUDIESE DORMIR MAS O.O
ReplyDeleteQUE GENIAL, ESOS SENTIMIENTOS, DEBO DECIR QUE NO SOY LA TÍPICA NIÑA QUE LLORA POR TODO, PERO ME INVADISTE POR COMPLETO TT^TT ESTUVO PERFECTO
wow!! Escribes espectacular!! Porfaaa continualo, no lo dejes asi!
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