Thursday, May 26, 2011

Llegar tarde a casa

Título del fanfic: Llegar tarde a casa
Tipo: Yaoi
Fandom: Taito
Género: PWP
Clasificación: NC-17

N/A: Cero trama ._. Escrito en un momento de... locura (?) porque no encontraba ningún Taito pornoso que me gustara ówÓ xD.

Llegar tarde a casa

Y quieres lamerlo, saborearlo todo, pero él te lame primero y te sofocas, y te dejas hacer; te lame y siente tu sabor salado, jadeas mariconamente; te gustaría hacerle lo mismo pero no puedes, estás desposeído de ti mismo, porque se siente bien. Estás jodido. Te gusta, porque es tabú, y es la penumbra, el alcohol, y la curiosidad mandando.

Le sientes las manos recorrerte, como te aprietan el miembro ya adolorido que apenas recibe un poco de alivio ante caricias tan superficiales. Maldices tus pantalones de mezclilla, y lo maldices a él por ser tan suave. Gruñes y te toca fuerte, y entonces gimes, porque es rico.

Lo sientes por el cuello, por toda la cara. Adoras cuando atiende tu lengua y se dan de latigazos infatigables de deseo. Te sube la camiseta y te lame el pecho, te deja rastros de saliva y te gusta cómo se siente sobre tu piel. Tienes los pezones duros, y él te los aplasta con la lengua, sin misericordia, si hasta te mordisquea el muy bastardo, porque sabe que la sensación te supera, con tus jadeos le suplicas que siga chupando, y que, si es posible, lo haga más duro.

Cierras los ojos y te dejas ir. Él te somete a esas deliciosas torturas, y el único pensamiento coherente además de “más” o “rico” que se forma en tu cabeza es “mientras más duro mejor”. Le quieres sentir fuerte. En jamás en tu puta vida has sentido así antes. Ninguna chica te ha hecho sentir como él lo hace. Es que el rubio es maestro, te conoce todo, te sabe de memoria aunque sea esta la primera vez que te prueba de esa manera. Tiene manos expertas, que saben cómo tocarte el paquete y quitarte el aliento. Y tiene una lengua experta, que te produce escalofríos donde sea que se pose.

Al principio gemías bajito. Era la vergüenza y el orgullo. Ahora el orgullo y la vergüenza se te fueron por el culo. Gimes más alto, y ya no lo intentas disimular. Quieres hacerle saber que toda esa puta magia que te hace te gusta montones, que quieres seguir sintiéndole sobre ti, llenándote de saliva caliente que al segundo se pone fría.

Un momento de lucidez te atrapa, y consigues moverte por ti mismo al fin. Muevas la mano, y lo haces para llegar a rozarle la entrepierna. Y jadeas al sentirle, porque Matt está duro, como una piedra, como tú mismo lo estás, y se siente enorme bajo la tela. Te regocija el sonido gutural que escapa de la garganta del rubio. Te hace saber que él está tan necesitado de ti como tú lo estás de él. Y te dan ganas de complacerle, de llenarle de saliva y de lamerlo todo. Te entra como un apetito, y la imagen mental del rubio y de ti, con roles invertidos, se te antoja jodidamente excitante.

Le separas de ti con un leve agarrón de hombros. Él te mira confundido, y por un segundo crees apreciar miedo en su mirada de acero azul ya fundido, pero ese miedo se reemplaza por deseo cuando nota que el gesto de tu cara dice de todo, menos algún indicio de querer detener esa locura. Le empujas para que caiga sobre la cama, pero él no cae, porque es terco como una mula y le gusta hacerse el difícil, y entonces sólo se semi recuesta, apoyándose en los codos para quedar levemente incorporado. Te inclinas sobre su cara y se lamen, se muerden, se chupan. Poco hay de besos, los besos se quedan cortos por la pasión y la urgencia que sienten. Te separas y empiezas a bajar, le lames el cuello, y te divierte, porque notas los escalofríos que le provocas. Le lames la oreja, desde el lóbulo a la punta, te gusta que escuche y sienta tu respiración caliente. Bajas, y vas directo a la hebilla del pantalón. Él se sorprende, pero no hace nada para detenerte, de hecho, te ayuda a bajarse la prenda con un poco de desesperación. Te maravilla ver esa erección que se adivina poderosa, sofocada por la tela negra del bóxer. Esa prenda también es bajada en un segundo, y ese falo rosado se alza vigoroso ante tu mudo gesto de asombro, curiosidad y deseo. Te humedeces los labios, te inclinas y botas aire; tu respiración le hace cosquillas. Le rozas la punta con la punta de tus labios, y él se estremece, expectante, ansioso, urgido. Asomas la lengua con timidez, le mojas la cabeza al lamerla como a un helado. Le oyes jadear y eso te incita a repetir la acción. Líquido pre seminal escapa de la diminuta apertura, y te sorprende, porque te gusta el sabor. Tu lamida se hace más profunda, y le miras, curioso por ver su expresión, y él tiene los ojos cerrados y la mandíbula un tanto apretada. Te gusta ese gesto porque lo hace ver jodidamente sensual. Ya no te aguantas y te lo metes todo a la boca, y él gime tu nombre, sí, lo dice clarito, porque no puede evitar que se le salga, y eso te motiva tantísimo. Mueves la cabeza a lo loco, rápido. No tienes ni puta idea de cómo dar una mamada, a pesar de que a ti te han dado muchas. A ti siempre te gusta que te chupen rápido y hasta el fondo, así que así intentas hacérselo. Es agotador, pero a la mierda el cansancio o el acuciante dolor en tu mandíbula. Ver a Matt con los ojos cerrados, la boca abierta, jadeando sin tapujos y con el mayor sonrojo de su vida valía toda esa incomodidad.

—Tai… —te dice el rubio con dificultad.

Sabes por qué lo dice, te está avisando, para que te quites porque si no se correrá en tu boca. Y tú para eso no estás preparado, no aún. Pero aún así te quedas un poco más, haciéndolo más fuerte y más rápido.

—Tai… —jadea ya sin aliento.

Y te lo sacas de la boca por poquísimo, porque apenas está fuera, y un chorro de leche caliente se estrella en tu cara. Haces un ruidito de fastidio y asco, porque te entra en un ojo. Con uno abierto, mientras te frotas el otro para quitarte la porquería, le miras. Está recuperando el aliento, y se limpia saliva que se le ha escurrido por la comisura de la boca. De debajo de la almohada saca la remera de su pijama, te jala sin consideración del brazo y te hace caer de espaldas a la cama. Te tira la remera sobre la cara, para que te limpies. Todo queda oscuro, y cuando te quitas la prenda de la cara, te sorprendes al descubrirte con los pantalones a medio quitar. Te limpias la cara de todas formas, y no te quejas. Matt te desviste de la cintura para abajo, y sientes una ola de expectación y calentura al ver cómo te mira la verga erecta y se relame los labios. Con la mano la toma, y la acaricia en toda su longitud. Gimes, y gimes otra vez al sentir tu glande rodeado por su cavidad húmeda. Y ya no puedes pensar en nada más que no sea la cabeza del rubio hundida en tu entrepierna. Sientes que es como si fuera a tragarse tu pene, y esa sensación te fascina. Te lleva al borde de inmediato. Te chupa rápido, y tú, sin poder hacer o decir nada, te corres fuerte, como nunca en tu vida. Y él no se quita como tú, se lo traga todo, y esa sensación de él tragándose tu leche te excita. Te lame suavemente para ayudarte a calmarte después del explosivo orgasmo. Pero tu miembro sigue duro. Te incorporas y le coges del cuello de la camisa para atraerlo hacia ti, él casi te cae encima, y ambos jadean cuando sus erecciones chocan deliciosamente. Te fundes con él en un beso voraz. La mano de él sujeta (con cierta dificultad) las vergas duras de ambos, que se frotan y frotan de forma alucinante. Se dejan caer sobre la cama, de costado, mirándose. Te adueñas de su lengua, y los dos agarran la virilidad del otro, y las manos comienzan a recorrer todo el largo. Estás tan concentrado, y de pronto sientes una mano estrujándote el culo. Pero no te quejas nada. Tú creías que sólo a las tipas había que agarrarles el culo, porque lo tenían bien formado y era provocativo y agradable al tacto, nunca creíste que les podía gustar, o qué podían sentir. Y ahora sabes que si te agarran el culo se siente jodidamente bien. La mano de Matt es grande y suave, y te masajea rico. Sientes entonces que su mano se desliza hacia esa hendidura con lentitud, y entonces comprendes su intensión. Y quieres decirle que no, que ni de puta madre te vas a dejar, pero su tacto suave te gusta, te da de esas cosquillas ricas que te suben por la columna vertebral, revientan, y llegan hasta la punta de tus dedos.

Sientes un dedo de él, pero lo único que hace es hacer presión, nada más. Y esas suaves y superficiales pulsaciones en tu entrada trasera te ponen, oh, sí. Sientes que el ano te palpita ansioso para recibir ese dedo, pero Matt demuestra no tener intensiones de meterlo. Y eso te molesta. Te separas de él, y el gruñe al perder dominio sobre tu lengua. Ni siquiera le miras, porque te da vergüenza, y es que lo que estás a punto de hacer es jodidamente maricón. Pero a la mierda eso, estás caliente, necesitado, y quieres todo lo que él te pueda ofrecer. Le das la espalda, y te arrodillas, te ayudas del pecho para apoyarte, y alzas el culo hacia él.

—Hazlo —dices en un puto tono suplicante, volteando el rostro con dificultad para mirarle.

Y él niega con la cabeza, aunque su mirada se ha tornado feroz. Te mira, e intenta hacerte entrar en razón. Él quiere evitarte dolor y tú lo sabes, pero la curiosidad y el deseo pueden más que el querer evitar el dolor. No le tienes miedo al dolor, eres valiente. Y además, te dolerá sólo al principio, ¿no? Después sentirás placer, mucho placer.

Matt te sigue mirando, como reprochándote que le ofrezcas el culo tan fácilmente. Pero tú le das una mejor vista de tu estrecha entrada con la ayuda de tus manos, y le ves tragar saliva. Piensas que has esperado una eternidad cuando el rubio al fin se digna a moverse, pero te desconcierta que él se ponga de rodillas. Entiendes un segundo antes de sentir su cálida y húmeda lengua acariciando tu entrada. Te lame y te llena de saliva, te prepara metiendo la lengua, y jadeas porque se siente genial, tal y como pensaste. Su mano aparece cerca de tu boca, y tú sin siquiera pensártelo, le lames los dedos, y los llenas de saliva. La lengua del rubio causa estragos placenteros en tu interior, pero entonces, el rubio te quita su mano, y la lengua es reemplazada por un dedo. Y te duele. Joder que sí. Te raspa, y te arde, pero después de unos minutos el movimiento se hace fluido y ya o raspa. Vuelves a sentir el ardor cuando inserta otro dedo en tu interior, pero como con el primero, al rato se pasa, y se te olvida, y lo único que sientes es placer, sucio y prohibido, pero exquisito.

Gruñes cuando sientes que los dedos te abandonan. Jadeas al sentir su glande caliente y necesitado rozarse contra tu entrada. Te preparas porque sabes que se viene fuerte. Le sientes entrar. Aprietas la mandíbula porque no quieres dejar escapar ningún quejido por el dolor lacerante que sientes. Se adentra, y una vez lo sientes todo adentro, respiras hondo y deseas quedarte así, quietito, porque lo que te dolió fue la entrada, y tenerlo ya adentro se siente bien. Pero el jodido rubio ignora tus pensamientos y sale. La salida duele, te duele incluso más que la entrada. No te quejas ni una sola vez, y después de que él repitiera la acción unas cuatro veces más, sientes que ya no duele tanto, y no sabes si es porque tu estrechez ya se acostumbró a la intromisión, o porque por tanto dolor ya no sientes nada. La respuesta te llega clara cuando, después de entrar de una sola estocada, él se empieza a mover dentro tuyo. Su miembro se frota contras tus estrechas y sensibles paredes, y golpea un punto que te hace sentir una delicia indescriptible.

Al comienzo el rubio es lento, y le agradeces mentalmente por la consideración. Pero luego de un rato eso te fastidia, le quieres rápido y duro, y empiezas a mover las caderas en busca de ese contacto deseado. Y Matt se descontrola. Te penetra salvaje y desposeído de sí mismo, y a ti te encanta. Te gusta también que se haya hecho hacia atrás, para sentarse contigo encima, y que te haya agarrado tu dura y necesitada verga, para atenderla mientras tu saltas y te agitas y el aumenta el ritmo de las estocadas.

La cama suena, como si chillara, pero tus gemidos y sus jadeos son mucho más poderosos. Te apega contra su pecho, sientes su aliento caliente golpearte el cuello.

—Tai... —gime él en tono de voz sumamente turbador.

Y cuando dice tu nombre, te derramas en su mano. El orgasmo te golpea violentamente, imparable, fogoso, impetuoso, ardiente. Sientes dentro de ti una calidez que te quema, y sabes que él también acabó. Sin dejar de rodear con la mano tu miembro, sin siquiera dar indicios de querer salir de dentro de ti, Matt suspira y oculta la cara en tu hombro.

Cuando tú ya recobras el aliento, con delicadeza te quita de encima, y abandona tu interior. Buscas tu ropa y te viste, y evita mirarle, así como él evita mirarte a ti. Miras el reloj y te das cuenta de lo tarde que es, y que en cuanto llegues tu madre te dará una buena tunda por no avisarle.

—Ya debo irme —muraras, mirándole al fin.

Él sólo asiente con la cabeza.

Coges tu cuaderno de matemática, y recuerdas que habías ido a casa del rubio a estudiar. Lo metes en la mochila y te pone la chaqueta que dejaste colgada del respaldo de la silla del escritorio.

Te giras a verlo para despedirte, pero él no te está mirando. No te atreves a decirle nada y sales de su habitación en silencio. A fuera está todo a oscuras. Llegas hasta la puerta y antes de salir, el rubio sale de su habitación y te llama. Tú volteas a mirar; le ves gracias a la luz que sale de su habitación, pero estás seguro de que él no te ve.

Lo sientes acercarse a ti a todo a velocidad, la mochila se te cae al piso, y eres asestado contra la puerta, mientras sus labios te atrapan en un beso posesivo y demandante, un beso húmedo que hace que se te ponga dura en cuestión de segundos. Y le respondes con el mismo frenesí, metiéndole las manos por debajo de la camisa y tocándole la piel.

—¿Tienes que irte? —te dice de una forma casi suplicante, sugerente y turbadora a la vez, como una jadeo.

No le respondes. No quieres decirle que sí porque deseas quedarte y besarle, y sentirle más, pero tampoco quieres que tu madre te regañe por regresar a casa más tarde aún.

Él no espera tu respuesta y te besa de nuevo. Los sonidos de las gargantas de ambos se funden, también sus respiraciones. Matt lleva las manos a tu pantalón, y te lo baja, junto a la ropa interior, con maestría. Se agacha y su lengua se arremolina alrededor de tu vara ya lista. Gimes.

—Mi madre va a matarme —dices, rendido, haciéndote a la idea de que llegarás a casa mucho más tarde.

Saturday, May 21, 2011

El más grande de todos los tontos - One

Título del fanfic: El más grande de todos los tontos
Parejas: EunHae
Tipo: Slash
Género: Angts
Clasificación: NC-17

N/A: Amé escribir este fic. Tiene un no-sé-qué que me hace amarlo con locura. Me siento orgullosa de esto. Es de lo mejor que he escrito. Oh yeah~
Enjoy


One

Sentado en tu cama, te preguntas cómo has llegado a este estado. El pecho te duele, te duele montones, es como si alguien presionara una barra de hierro caliente contra tu piel, y te estuviese marcando perpetuamente para que no puedas olvidar el dolor. Te duele, y entre medio de tu llanto, te haces preguntas, esas preguntas que últimamente te has estado repitiendo una y otra vez y que todavía no tienen respuesta.

En verdad sí las tienen, pero tú no quieres responderlas. No todavía.

¿Cómo estás?

Estás llorando. Estás triste, enojado y dolido, y ahora mismo todo te vale una putada.

¿Por qué estás así?

Porque eres un tonto. Porque debiste haberte marchado de su lado hacía mucho, cuando comenzaste a sentir feo cada vez que él te rechazaba. Estás así porque en tu mundo el corazón puede más, porque tu razón es patéticamente débil y tu voluntad es de esas que se deshacen apenas él te ofrece una miserable sonrisa.

¿Quién es el responsable?

Pues tú mismo. No lo culpas a él, aunque él sea el motivo de tus desdichas.
Simplemente no puedes culparlo. Cuando estás triste, tu razón toma algo de control, y te echa toda la culpa. Tú eres el que permite que sucedan esas cosas, tú eres el que se deja dominar y pisotear de esa manera. Tú eres el que se queda callado cuando él regresa y le recibes, sintiendo como todo tu ser se derrite ante su presencia. Cuando él te mira o te habla, cosas tan pequeñas e insignificantes como esas te llenan de una dicha que no puedes explicar, pero que describes como patética y ridícula. Si hasta tú mismo te das cuenta que tu manera de responder frente a él no es sana, no para ti al menos.

Te duele, te duele todo lo que él hace y no hace. Te duele esperarle y que él jamás llegue a tu lado, te duele que a veces pase junto a ti sin siquiera mirarte y que al segundo siguiente este sobre ti, hablándote de cosas sin sentido, o llenándote de caricias.

Él es bipolar, estás seguro de ello, no puede haber otra explicación. Un día te busca con sus ojos castaños llenos de cariño, se sienta junto a ti, te toma las manos, te acaricia el rostro, se queda mirando tus labios, a veces de te besa, otras sólo te sonríe con esa sonrisa brillante que es contagiosa y que te mata de felicidad, y te sientes el ser más afortunado y querido en todo el planeta.

Otro día, en cambio, ni siquiera te da los buenos días, apenas levanta el rostro y te mira un segundo para seguir haciendo lo que sea que haga. No busca tus manos, no se sienta a tu lado, en lugar de eso bromea y presta atención a todos los demás, un día es Siwon, otro día es Kyuhyun, la mayor parte del tiempo es Eeteuk, y a ti no te da nada, ni siquiera una sonrisa, ni siquiera un saludo. Te trata con la peor de las indiferencias, y eso te hace sentir tan desgraciado que te metes a tu habitación, pasas mucho tiempo en ella, solo, componiendo melodías tristes o escribiendo líricas sobre desamor que reflejan lo que siente tu herido corazón.

Y es que cuando Donghae se comporta así contigo, lo único que haces es preguntarte «¿Qué hice mal?» Y te quiebras la cabeza pensando en ello, tratando de responder una pregunta que no tiene respuesta alguna. Porque en verdad no haces nada, nada malo como para ganarte su fría indiferencia.

Eres muy atento con él. Siempre es el dueño de tu atención y le complaces en todo lo que se le antoje, como ir a nadar a mitad de la noche, o practicar nuevos pasos cuando tú estás tan cansado que apenas puedes mantener los ojos abiertos, o le escuchas hablar por horas y horas sobre cosas que él cree que son importantes, pero que en verdad no lo son tanto. Cuando le da hambre, compartes tus caramelos y tu leche de fresa con él, y le dejas que usurpe tu cama cuantas veces él quiera, e incluso le cubres con una manta para que no coja frío mientras sueña con peces. Todas tus sonrisas son para él y cuando sales de compras, siempre vuelves a casa con algo especialmente para el pez.

Quizás tú único defecto sea que eres demasiado tímido, tanto así, que al principio rechazabas sus demostraciones de afecto en público, porque te daba vergüenza, porque no querías que nadie sospechara nada. Pero ahora es distinto, ahora ya no te reprimes tanto, ahora te acercas a él y el demostrarle afecto te sale natural, pero ahora es él el que te rechaza, y eso te rompe el corazón porque a ti te cuesta tanto hacer ese tipo de cosas. ¿Por qué se comporta de esa manera? ¿Por qué cuando están en algún concierto o presentación, él no devuelve las insistentes miradas que tú le das? ¿Por qué evita los jugueteos contigo, y no con los demás, como con Siwon por ejemplo? ¿Por qué deja que Siwon se acerque tanto y lo manosee todo? ¿Por qué deja que Kyuhyun le diga a las fans que él es suyo? ¿Por qué pasa tanto tiempo en el cuarto de Eeteuk charlando con él?
Esas cosas te ponen enfermo de celos, te enfurecen, pero tú eres de esa clase de persona que no puede estar enojada mucho tiempo, de esa que transforma la rabia en melancolía.

No entiendes por qué él se comporta así. Quieres preguntarle, pero casi nunca te atreves, simplemente no quieres que se enfade. Te importa demasiado todo lo que él piense y haga.
Pero esa situación tiene que acabar. Ya lo has decidido. Hoy fue la última vez, la última. No tienes por qué seguir aguantando cosas como esa, sufrir por cosas como esa. Su frialdad, su inferencia, tú no quieres nada de eso, no lo mereces. Por mucho que te duela la idea de que no volverás a sentirlo cerca, que no volverás a estremecerte cuando su cálido aliento recorra tu piel, ni cuando sus labios busquen los tuyos desesperadamente y su lengua se una a la tuya en un contacto líquido y caliente. Su cuerpo, su sonrisa, y hasta su voz, de todo eso tienes que olvidarte. Te será horriblemente difícil porque se ven casi todos los días, y ante esa perspectiva agradeces que el viva en el piso de arriba y que tú tengas una habitación para ti solo.

El primer paso es cambiar la cerradura de la puerta, porque él tiene copia de la llave y entra cuando quiere. Ya no podrá hacerlo, así que ya no habrá más mañanas en las que el suave contacto de sus labios en tu frente o mejillas te despierte. Ya no se meterá en tu cama en medio de la noche, ya no se abrazara a tu cuerpo ni te besara el cuello ni frotara su entrepierna despierta contra ti para provocarte y pedirte en voz baja que lo tomes. Ya no volverás a desvestirlo, ni a saborear todo su cuerpo, ni a introducirte en él, abriéndote paso lentamente en su estrechez hasta alcanzar ese punto que lo hace perder la cabeza y suplicarte por embestidas más duras y profundas.

Sientes que tu miembro comienza a palpitar tan sólo pensar en ello, y lloras más, frustrado, molesto contigo mismo por ser débil ante sólo un recuerdo. Pero es inevitable. El recuerdo del primer beso, de la primera caricia, de la primera vez juntos, todo eso comienza a jugar con tu mente y con tu corazón, como en un intento de mermar con tu determinación de sacarlo de tu vida. Es como si el Donghae de tu mente se estuviese revelando contra ti y tu voluntad de no volver a caer en él nunca más. Pero tú estás cansado de llorar, estás harto de sentir ese vacío en tu pecho cuando él decide que es «tiempo de ignorar a Hyukjae». Tú ya no quieres seguir cuestionándote a ti mismo y a tus actitudes ni a nada de lo que haces. Quieres dejar de mirarte tanto en el espejo, arreglando tu cabello y tu ropa, sólo para no recibir ninguna mirada por parte suya. Estás hasta la coronilla de que coquetee con todo el mundo delante de tus narices, como si tú no existieras ni sintieras.

Hoy fue la última vez. Ya no más, ya no permitirás que te siga afectando. Porque te afecta, y de qué manera te afecta. Por las noches no duermes esperando en silencio a que se cuele dentro de tu habitación y se acueste junto a ti, y la ansiedad y la expectación por una palabra suya te hacen doler el estómago y ya ni ganas de comer tienes. Y al no comer ni dormir, te encuentras débil, sin energías suficientes para practicar tus bailes como se debe.

Suspiras y aprietas los puños con fuerza, tratando de infundirte un poco de valor. Tú lo sabes, que no mereces lo que él hace, el cómo se comporta. Y has tratado de saber por qué es así contigo, le has preguntado, un par de veces, y aunque él nunca se ha dignado a responderte, tú lo consideras un gran intento, por tu parte, de solucionar todo. Te has rebajado, te has humillado, le has dicho «Si no quieres estar conmigo, estás bien. Seguiremos siendo amigos» y él te ha dejado la mitad del tiempo con la palabra en la boca.

Te golpeas la nuca contra el muro, y te duele. Te muerdes el labio para reprimir un sollozo, y es que no puedes evitar recordar lo que pasó hace unas horas. Estabas tan feliz de volver a Sukira después de dejar el programa temporalmente por las actividades con SJ M, y te pusiste mucho más feliz cuando supiste que Donghae estaba invitado. Siempre te gustó hacer el programa cuando él era invitado, porque era divertido, y esperabas que esta vez, al estar juntos, el pez te prestara un poco de atención. Pero no lo hizo. No se sentó a tu lado, se sentó entre Eeteuk y Yesung, y te quedaste al otro lado de este último. No te dirigió la mirada ni la palabra, se dedicó a hacer bromas con los mayores, e incluso los molestó mientras hablaban al micrófono, picándolos con el dedo índice de tanto en tanto. Eso, aunque te dolió mucho, lo podías soportar, porque, vamos, ya estás acostumbrado. Pero entonces, el llamado de una fan y su inocente pregunta complicaron todo.

‘Oppa, ¿hay alguien en tu corazón?’

Los cuatro se dispusieron a responder esa pregunta, y te eligieron a ti como el primero.

—Bueno... es complicado —dijiste, sonriendo como bobo, avergonzado. Querías ser sincero, y hacerle llegar indirectamente el mensaje a ese estúpido pez que te hacía sufrir tanto. —La verdad es que... tengo muchas personas en mi corazón. Los miembros, mi familia, ELF, pero si tuviera que pensar en una sola persona... alguien especial, pues sí, sí hay alguien especial en mi corazón.

Yesung y Eeteuk soltaron exclamaciones de asombro, pero Donghae sólo te miró, por un segundo, antes de posar su vista en Yesung, que respondía la misma pregunta.

Tú le miraste insistentemente, sintiendo un temblor en tus piernas ante la expectación, porque venía el turno de él. Tú sabías que él sí había entendido tu mensaje, más claro no pudo haber sido, ¿verdad? Por lo que el aire abandonó tus pulmones cuando escuchaste su respuesta.

—¿Es mi turno? —sonrió. —Pueees... en mi corazón, como dijo Eunhyuk, hay muchas personas. En mi corazón está ELF, yo soy de ELF y de nadie más.

Yesung y Eeteuk rieron y le insistieron a que respondiera la pregunta, sin contar a ELF, el grupo o su familia.

—No. Mi corazón está libre para cualquiera que lo quiera.

Eeteuk comenzó a decir su respuesta, y tú dejaste de mirarlo, porque ya no podías. Tus ojos se humedecieron casi al instante, y te insultaste tanto por ser así de débil. Cuando el programa acabó, quisiste hablar con él, pero él te dijo que lo hicieran después, que ahora se fueran a comer con los otros. Le insististe, porque era importante, pero él siguió negándose, y te dijo ‘Prefiero comer que hablar contigo’.

Incluso ahora, esas palabras te siguen doliendo. Tú lo intentaste, lo intentaste tanto, y él sólo te dice que prefiere comer a hablar contigo. Aun así le sonreíste y le dijiste que estaba bien, cuando no tenía nada de bien. Debiste haberle gritado, insultado, incluso golpeado, para hacerlo reaccionar. Pero para ti ya no había nada que hacer. Si él prefería irse a comer a intercambiar un par de palabras contigo, después de días sin dignarse a hacerlo, eso sólo significaba que para él no eras tan importante como en algún momento llegaste a creer.

Escuchas ruidos fuera de la habitación, y sabes que el resto ha llegado. No te importa, sin embargo. No haces caso al llamado de Shindong para que vayas a comer algo, ni tampoco a los golpecitos suaves de Ryewook para saber si estás bien. Estas dispuesto a ignorar todo intento de comunicación contigo por parte del exterior cuando alguien vuelve a tocar a tu puerta, y tú reconoces esa manera de tocar, si hasta muerto lo harías. ‘Toc, toc, toc, toc, toc’.
Tu corazón da un vuelco, pero permaneces inmóvil, porque no darás tu brazo a torcer, no más.

—Hyukjae —llama, y te estremeces al escuchar su voz diciendo tu nombre, porque hacía tanto que no lo escuchabas. —Abre —demanda con impaciencia, pero tú no te mueves. Estás decidido.

Le escuchas maldecir y llamarte tonto. Le escuchas forcejear con la cerradura, intentando abrirla con la copia de la llave de la cerradura anterior, la cual yace sobre tu cama, desarmada, y te felicitas por no haber esperado hasta mañana para cambiarla.

Casi una hora de golpes en la puerta, ruidos metálicos y palabrotas, y el pez al fin se rinde, o eso crees tú, porque después de recargar nuevamente la cabeza contra el muro, escuchas un golpe fuerte y entonces la puerta se abre.

Donghae entra y trae consigo un martillo. Ha destrozado tu nueva cerradura.

—Demonios Donghae —suspiras cansinamente. —La acabo de poner —dices, aunque lo has hecho hace un par de horas.
—¿Por qué cambiaste la cerradura? —te pregunta el pez, dejando el martillo en el suelo.
—Perdí mi llave —mientes descaradamente.
—¿Por qué no me pediste mi copia?
—No estabas aquí.
—¿Por qué no me llamaste?
—Perdí mi celular.
—¿Por qué no esperaste a que llegara?
—Tardaban demasiado
—¿Por qué no abrías la puerta?
—Quería estar solo —dices, siendo sincero.

Él te mira con el entrecejo fruncido, y deseas que no lo haga. Deseas que se de media vuelta y se marche, porque hasta verlo te causa un poco de dolor.

—¿Por qué?

Te molestas. ¿Quién se cree para hablarte en ese tono?

—Porque sí. Ahora vete.

Él no se mueve, y estás a punto de lanzarle una almohada.

—¿Qué sucede Hyukkie? —murmura, con ese tono de voz dulce y encantador que causa estragos en ti.
No respondes.
—Dime qué es —se acerca dos pasos, y te mira con esa cara, ya sabes, esa donde los ojos le brillan y sus labios se fruncen en un puchero de lo más encantador.

Algo en tu interior quema. Te sientes tan estúpido. Por un lado, ese rostro está causando estragos en tu determinación, hace que te entren ganas de mirarle, de decirle que no es nada, de abrazarlo y comértelo a besos. Por otro, te da coraje que se acerque a ti de esa manera, que esté ahí y espere a que le contestes y hagas cómo si nada hubiese pasado, como si todos estos días de indiferencia no te hubieran dolido.
Suspiras, en parte para liberar la tensión en tu interior y aflojar el nudo que se ha formado en tu garganta.

Él se acerca y se sube a tu cama, se ubica junto a ti, te mira fijamente y estira la mano para coger una de las tuyas. Su contacto te estremece. Lo has añorado tanto, tu piel se eriza toda y un hormigueo se expande por todo tu cuerpo desde donde él te toca. El nudo en tu garganta se hace enorme y pesado, te duele, te duele muchísimo y te gustaría gritarlo.

Sus dedos acarician el dorso de tu mano y luego se entrelazan con los tuyos. Te sientes patético, porque esa caricia te hace feliz. Pero esa felicidad no se compara a todo lo demás que sientes.

—No juegues conmigo —murmuras bajito, porque tu voz está desapareciendo.
—¿Mmm? —luce confundido.
—Tsh —escapa de tus labios, con una sonrisa amarga.

Quieres apartar su mano de la tuya, porque su contacto te daña, te quema, te hace anhelarle más. Pero no lo haces. Miras con atención tu mano en la de él y piensas que es una buena imagen, una bonita, una que te gustaría recordar por siempre. Pero sabes que eso no va a suceder. Que la imagen que vas a recordar siempre es la de tu propia mano, sola, esperando en vano a que la mano de él la tome. Y tú no quieres eso para ti, no más. Amas, pero has llegado a ese punto donde es necesario decir que ha sido suficiente, que has esperado lo suficiente, que has soportado lo suficiente. Has sido bueno, muy bueno y paciente. No pides demasiado, sólo quieres una sonrisa todos los días, un saludo, algún gesto de reconocimiento, lo que sea que pueda hacer el pez para reconocer tu existencia y tu importancia en su vida.

Tragas saliva, y una lágrima cae desde uno de tus ojos. Te duele tanto lo que estás a punto de decir. Prefieres no tener que decirlo nunca, pero sabes que tienes que hacerlo, que es tu deber. Por ti.

—No quiero… No quiero seguir con esto —dices apenas con un hilo de voz, pero sabes que él te ha escuchado perfectamente.
—¿Con qué? —pregunta, y no sabes si echarte a reír o a llorar por su ignorancia.
—Tú y yo —dices, y sientes una quemazón tan intensa en la garganta, que podrías aullar de dolor. —Se acabó.

Él sólo te queda mirando, sientes su mirada castaña fija en ti, como esperando a que voltees el rostro para mirarle. Pero no lo haces, no puedes. Quieres contener el llanto hasta lo último, y sabes que si lo miras aunque sea sólo por un segundo, romperás a llorar como un bebé.

—¿Qué dijiste? —pregunta, y notas un cambio en su tono de voz, pero no puedes descifrar qué es.
—Se acabó —repites. No puedes decir nada más, no eres capaz.

Por un instante, los únicos sonidos que puedes escuchar provienen sólo de ti, tu respiración y tus desaforados latidos. Te preguntas por qué Donghae no está respirando cuando este habla.
—Está bien —se aleja de ti, se baja de tu cama, camina hasta la puerta, la abre, y sale. Todo en silencio. Sin mirarte siquiera una vez.

Con la mano temblando, te tocas el pecho, y encierras en un puño la tela de tu camisa. Sientes que te han arrancado el corazón, que te lo han quitado de la forma más dolorosa. Te regañas mentalmente por ser tan idiota, por haber creído que él te diría algo, que haría algo, cualquier cosa, para retenerte a su lado, para impedir que te fueras. Algo que te demostrase que sí le importas, que sí quiere estar contigo. Pero no recibiste nada de eso.

Eres un tonto, y por eso lloras. Lloras porque anhelas su compañía, sus caricias y sus besos. Lloras porque quieres más que nada en el mundo que él te preste un poco de atención, como antes solía hacerlo. Lloras porque sabes que él ya no volverá, que se acabaron para siempre las mañanas donde se metía en tu cama con la excusa de despertarte y se quedaba durmiendo contigo. Lloras porque no volverás a sentir su piel, ni volverás a hacerle el amor una y otra vez, ni volverás a escucharle gemir tu nombre cuando te estés corriendo en su interior, llenándolo de tu semilla mientras él se derrama entre sus vientres.

Eres un tonto por anhelar todo eso. Un tonto, el más grande de todos.

Tuesday, May 17, 2011

Llueve

Título: Llueve
Fandom: Harry Potter
Género: Friendship
Clasificación: G
Advertencias: Contiene palabras malsonantes estilo merodeador (?).

N/A: Esta cosita hermosa la escribí hace un año. James y Sirius me inspiran, es una amistad hermosa y debía escribir sobre ellos. Amo al perro, es mío ♥ xD.

Respira hondo y una sonrisa ladina se asoma en su rostro. El agua que cae le entra por la nariz y por la boca, pero no le importa. Estira los brazos y se ríe gamberramente. El corazón le va fuerte, y el pecho se le hincha por una emoción que le es difícil de descifrar.

Está ahí, en el jardín de los Potter, bajo la lluvia mezquina de verano que ya lleva cayendo un par de días, con esa risa loca que le hace vibrar la garganta. Y en verdad parece loco, y se siente loco, afiebrado por una sensación de regocijante libertad que a la vez le sabe amarguísima.

La lluvia aminora, él siente en los huesos que pronto acabará. Y espera, hasta sentir sobre el rostro vuelto hacia el cielo la última gota. Se agacha para coger la botella que está a su lado sobre el césped esmeralda humedecido. Le quita la tapa con los dientes y la escupe, y da un largo trago. Y el licor le quema, él quiere creer que es el licor lo que le quema la garganta, las manos, el pecho, y el alma de perro.

Su vista se posa en la ventana del segundo piso frente a él, y se ríe de nuevo.

—¡Hey, Cornamenta! —grita el muy canalla, borracho de ansiedad disimulada. —¡Sal ya!

La ventana no tarda en abrirse.

—¿Canuto? —dice James que, con incredulidad pintada en el rostro, apenas se pone bien las gafas reconoce a su amigo. —¿Qué mierda haces en mi jardín? ¡Son las 3 de la madrugada!

—Ya Jamie, no seas quejica y baja ya, que hoy quiero emborracharme.

—Estás jodido —le dice James con un asomo de sonrisa. —¿Qué te sucede?, ¿por qué putada estás aquí y no es tu casa?

Y Sirius lo siente otra vez, que algo le quema, y esta vez le quema fuerte, y le quema y le duele. Porque lo va a decir en voz alta, se lo va a decir a James y esta vez es una puta de verdad y no una joda como suele ser siempre.

—¿Sirius? —le llama James, que nota que al cachorro le pasa algo, y se preocupa. Y Sirius nota ese puto gesto de preocupación en la cara de Jamie, y no le gusta. —¿Qué es? —pregunta el de gafas con suavidad.

Y a la mierda la suavidad, la preocupación y la comprensión. Porque él no quiere nada de eso, él quiere risa ebria y colocada, y olvidarse de su nombre, de su puto nombre de Black. Él quiere ser Canuto y nada más.

—¿Qué es, Sirius? —insiste Potter, enojado por su silencio. —¿Qué putada es Black?

Y Sirius se ríe. Sí, el condenado se ríe; suelta una risotada, un ladrido, y le mira con diversión.

—Estás mal Jamie —le dice. —Porque ya no soy un Black. —Vuelve a estirar los brazos, apretando su agarre en la botella hasta hacerse daño cuando dice: —¡Ya no soy un puto Black! —y parece que goza, como ebrio de una felicidad no sentida nunca, ni siquiera en sus mejores momentos de Merodeador.

James sonríe forzadamente, porque no siente ganas de hacerlo y tiene qué. Porque en ese momento el mundo se le antoja una mierda, y le gustaría patearle el culo a la vida por tremenda putada.

Pero sonríe de todas formas, porque Sirius se lo está pidiendo. Y es que la mirada del cachorro está distinta, y es la primera vez que James la ve así. Y siente ganas de llorar, de alcanzar al de ojos grises y abrazarle, y llorar con él hombro con hombro, llorar mariconamente porque es necesario, y consolarlo.

Sirius sabe que James le pilla, que le descubre, que lee a través de su actitud insolente, y que le ve tal como lo que en ese momento es: un niño pequeño que llora porque le ha dejado jodidamente solo. Pero Sirius le ruega, le ruega con esa risa delirante de perro que no le deje llorar, que no le deje pensar en putadas mamonas, porque él es hombre, es un Merodeador, y, por sobre todo, él es Sirius, y Sirius (Black o no Black) no llora. Punto.

Y es entonces cuando James se ríe, y se ríe de verdad, larga una carcajada que hace eco con la de su amigo. Se encarama a la ventana y salta sin pensárselo. Aterriza bien gracias a la agilidad que resulta después de tanto quidditch y tantas noches corriendo por los terrenos persiguiendo a Remus bajo la luna llena.

Se para frente a Sirius, y este le mira, nervioso, frenético.

Sirius siente la cara mojada. Y claro, si por la lluvia de hace un rato estaba todo empapado, pero esta humedad que siente es distinta, es cálida y no fría, y es salada, no dulce. Se pasa la mano libre y siente la calidez en sus dedos, siente que ese líquido se empieza a desparramar por su cara. Pero esa sonrisa loca no se borra de su boca, no se va. Entonces qué putada le pasaba.

—Es la lluvia —responde James, y le quita la botella, traga largo y duro, y estira los brazos con la cara vuelta hacia el cielo. —Ha vuelto a llover, Canuto. La puta lluvia volvió.

—Y está jodidamente caliente —se ríe, y mira al cielo negro de la noche, plagado de nubes negras que tiran sobre ellos un agua invisible que se esparce sólo por sobre sus caras y no les moja nada más.

Tuesday, May 3, 2011

La esperanza de Kyuhyun

Título del fanfic: La esperanza de Kyuhyun
Parejas: KyuWon/WonKyu/SiHyun
Tipo: Slash
Género: Angst (?), Romance (?)
Clasificación: Rating G.

N/A: Probablemente escriba más sobre esto. Contiene versos de "Hope is a dream that never sleeps"

La esperanza de Kyuhyun

Aquel día se miró en el espejo muchas veces, acomodándose el flequillo una y otra vez. Suspiró, nervioso, cogió la cajita de regalo que descansaba sobre su cama, la guardó en su bolsillo, y salió de la habitación.

Su madre le preguntó que adónde iba antes de salir y él respondió ‘al parque’ con una sonrisa.

Caminó, admirando los árboles, y sonrió cálidamente cuando encontró lo que buscaba.

Un muchacho alto, de rostro atractivo y sonriente, repartía globos a un grupo de niños que lo rodeaba.

Se acercó cuando aquel muchacho le entregó el último globo a una pequeña.

—Muchas gracias oppa.

El muchacho se agachó para quedar a su altura y le acarició la cabeza.

—Ve con cuidado —se despidió. Se quedó mirando cómo la niñita se alejaba con una sonrisa.

—Hyung.

El muchacho volteó el rostro al escuchar su llamado.

—Kyuhyun-ah —exclamó. —Creí que no vendrías.

—Siento haberte hecho esperar hyung —se disculpó, apenado.

—No hay problema. ¿Nos sentamos? —le señaló con un gesto de la cabeza una banca de madera frente a ellos. —Debería estar de camino a la Iglesia —dijo, sonriendo.

—Lo siento.

—No te disculpes y mejor dime, ¿de qué querías hablarme?

Kyuhyun tragó saliva con dificultad.

La persona a su lado no era cualquier persona. La persona a su lado era quién lo había salvado. Por mucho tiempo Kyuhyun había vivido en las sombras, completamente vacío y sin ambición, soportando día tras día las burlas por su torpeza o por sus malas calificaciones en todas las materias a excepción de las matemáticas. Soportó gritos, motes, empujones y atentados contra sus pertenencias en un sinnúmero de ocasiones. Cuando comenzó a asistir a la Iglesia, pensó que allí sería diferente, que todos serían amables y buenos con él, pero no fue así. Allí tuvo que soportar la soledad, el ser aislado, el que nadie le hablara ni mirara, el que nadie le tomara en cuenta. Hasta que conoció a esa persona.

Recordaba perfectamente el día en que lo vio por primera vez, hacía un año. El grupo de jóvenes de su Iglesia se separaba por rangos etarios, pero un día en que se realizó una actividad conjunta entre todos los grupos fue cuando lo vio.

A primera vista, Choi Siwon daba la mejor de las impresiones. Alto, guapo, con ese rostro afable y esa sonrisa encantadora. A Kyuhyun no le llamó demasiado la atención salvo por su innegable belleza, y a sus catorce años, sintió un poco de envidia por como todo el mundo parecía encantado por esa persona.

Pasaron los días, y lo volvió a ver en otra actividad, una en donde los menores fueron divididos en grupos y a cada uno le fue asignado un mayor como guía. El guía de su grupo fue Siwon. Fue en aquella ocasión que tuvo oportunidad de conocerlo. Después de que el mayor se presentara y los hiciera presentarse a cada miembro del grupo, Kyuhyun comprendió un poco más el por qué todo el mundo quedaba encantado por él. Esa persona poseía un aura extremadamente cálida, a la que, sumando esa encantadora sonrisa, hacían que uno se sintiese como en las nubes.

En aquella ocasión se organizaron algunos juegos al aire libre. Por supuesto que sus compañeros no lo eligieron para nada. Él en verdad odiaba ese tipo de situaciones, odiaba asistir al grupo de jóvenes porque lo único que hacía era sentarse sólo en un rincón y observar lo que los demás hacían. Si seguía asistiendo era por orden de sus padres.

Sentado solo, apartado del barullo de las actividades, deseando estar en casa en compañía de sus videojuegos, esa persona se acercó y se sentó a su lado. En aquel entonces esa persona tenía diecisiete años.

‘¿Por qué no juegas?’ le había preguntado.

‘No soy bueno para estas cosas’ había respondido.

‘Pero debe haber algo para lo que seas bueno. Algo que te guste’

‘Me gustan los videojuegos’ se había encogido de hombros.

‘Reunámonos un día a jugar videojuegos’ había sonreído el mayor. ‘Choi Siwon’

‘Cho Kyuhyun’ y estrechó por primera vez la mano de esa persona.

Ese primer contacto le hizo sentir cosquillas, como electricidad, esparciéndose hacia todos los centros nerviosos de su cuerpo. Podría decirse que fue así como comenzó todo.

Kyuhyun nunca había disfrutado asistir a las reuniones de su Iglesia, hasta que lo conoció a él. Siwon le prestaba atención, le saludaba apenas le veía y se acercaba a charlar de vez en cuando. Se interesaba por su vida en la escuela, siempre animándolo a estudiar más cuando Kyu le contaba de alguna mala calificación que había obtenido, y siempre le decía que deberían reunirse a jugar videojuegos.

Un día Kyuhyun reunió valor y lo invitó a su casa a jugar videojuegos, y su dicha fue enorme cuando él aceptó. Ese día se dio cuenta, por como su corazón latía cuando estaba con él, de lo que sentía.

Siwon le gustaba, y mucho.

Por supuesto que pensó que todo sería imposible, que era soñar demasiado alto. Porque Siwon nunca se fijaría en alguien como él, un perdedor por naturaleza. Y además, los dos eran hombres. Estaba prohibido, era abominable.

Kyuhyun lloró muchas veces sintiéndose culpable por lo que sentía. La única persona que lo consolaba era el propio Siwon. Aunque nunca se atrevió a decirle la razón de su tristeza, Siwon siempre estuvo allí para abrazarle y asegurarle que vendrían cosas mejores en el futuro. Kyu siempre creía en sus palabras.

Con el pasar del tiempo, él y Siwon se hicieron muy cercanos, Siwon siempre decía que Kyu era el hermano menor que siempre había deseado. Pero Kyuhyun no podía verlo con los ojos de un hermano. Esa persona era fascinante, con un corazón tan hermoso y bondadoso que debería ser considerado como una de las maravillas del mundo. Kyuhyun anhelaba secretamente que ese corazón le perteneciera. Él quería que Siwon lo mirara de la misma manera en que él lo miraba, y que correspondiera sus sentimientos. Y sabía que era mucho pedir, sabía que eso jamás de los jamases pasaría, pero aún así, por la noches, pedía a Dios que Siwon le correspondiera, e inmediatamente después se retractaba y pedía perdón por pensar de esa manera, por sentir de esa manera, por estar enamorado de un hombre.

Llegó a pensar que la solución a lo que le pasaba era tener una novia, por lo que comenzó a acosar de cierta manera a una chica de su clase. Ninguno de los desplantes de la chica le dolió, por lo que siguió insistiendo hasta que ella le aceptó. Pero ella se dio cuenta de los verdaderos sentimientos de Kyu. Él sabía que la había herido, pero aún así la chica fue amable y le ánimo a confesar sus sentimientos a “esa persona”. Kyu intentó explicarle muchas veces que aquello no era algo sencillo, porque esa persona era de su mismo sexo y él no tenía permitido sentir lo que sentía, pero nunca lo hizo, por miedo a que ella lo divulgara. A pesar de ello, fueron las palabras de ella las que finalmente lo ayudaron a decidirse.

‘No importa quién sea. El amor es ciego. El corazón no decide a quien querer por como lo ven tus ojos. El corazón sólo siente. No importa si es alguien atractivo o no, incluso si es hombre o mujer, el corazón sólo siente.’

Y Kyu pensó que ella tenía razón. Fue por eso, que después de semanas pensando, se había decidido por confesarle sus sentimientos a Siwon. Por supuesto que estaba asustado, pero dentro de él, una chispa de esperanza le llenaba de entusiasmo. Había una parte de él que creía que Siwon, tal vez, podría corresponderle.

Kyuhyun era una persona muy realista, y solía darse cuenta de los imposibles con mucha facilidad, pero en este caso, el sabía que su amor no era completamente imposible. Sólo tenía que tomar en cuenta el comportamiento del mayor. Siwon era excesivamente cariñoso con él, siempre estaba abrazándolo y de vez en cuando hasta le besaba la frente o la mejilla. Cada vez que el mayor hacía eso, Kyuhyun sentía que su corazón estallaba dentro de su pecho. Además, estaban las incontables veces en las que el mayor, apenas le veía llegar, iba directamente hacia él y entablaba conversación. E incluso, cuando por alguna razón Siwon y él estaban en el mismo lugar, pero separados, el mayor nunca dejaba de mirarlo y sonreírle cada vez que Kyuhyun le miraba de vuelta. La verdad era que Siwon siempre estaba muy pendiente de él, y eso para él sólo podía significar una cosa: que él no le era demasiado indiferente al mayor.

Por eso le había pedido al mayor que se reunieran brevemente en el parque.

—¿Kyuhyun-ah?

—T-tengo algo para ti hyung —dijo Kyu, sintiendo un nudo de nervios contraerse en su vientre. Metió la mano en el bolsillo de su chaqueta y sacó la pequeña cajita envuelta con un moño azul de regalo. Se puso de pie y se ubicó frente al pelinegro. —T-ten —dijo, ofreciéndole la caja, haciendo una venia. —Por favor, acéptalo.

Siwon sonrió y cogió la cajita con su mano derecha.

—Kamsanmida —dijo, y se dispuso a abrirla.

—¡No lo abras ahora! —exclamó Kyuhyun.

—¿Por qué no?

—A-ahora no hyung. Ábrela después, más tarde.

—¿Más tarde? —preguntó, confundido.

—¿No tenías que ir a la Iglesia, hyung?

—¡Ah! —exclamó el mayor, poniéndose de pie. —Es cierto, ya voy muy tarde.

—Lamento haberte retrasado hyung —se disculpó, apenado.

—No te disculpes. Me gusta pasar tiempo con mi dongsaeng —le puso la mano sobre el hombro y le dio un leve apretón.

Kyuhyun sonrió ampliamente.

—Nos vemos después Kyu.

—Hasta pronto hyung.

Antes de marcharse, el mayor se inclinó hacia Kyu (quién era una cabeza más bajo que él) y le besó la frente fugazmente.

Kyuhyun sintió su rostro enrojecer, pero aún así la ancha sonrisa de su rostro no desapareció.

Cuando su hyung se perdió de vista, suspiró, y se dejó caer sobre la banca de madera, porque todo el cuerpo le temblaba aún por el beso del mayor.

Una sonrisa de medio lado era lo que en ese momento adornaba su rostro.

La primera parte del plan ya estaba completa.

~*~

Ya eran las seis de la tarde. A Siwon siempre le sorprendía que el tiempo pasara tan rápido. Las oraciones ya habían acabado, por lo que se disponía a regresar a su casa cuando recordó la cajita que descansaba en su bolsillo.

No había visto a Kyu durante la misa de las cuatro ni tampoco en el grupo de oración de las cinco, lo cual le había llamado mucho la atención. Con la idea de que lo llamaría en cuanto llegara a su casa, deshizo el moño de cinta azul que envolvía a la cajita y sacó la tapa. Se sorprendió al encontrar dentro un trozo de papel doblado. Detuvo sus pasos y desdobló la hoja de papel con cuidado. Era una nota muy breve.

‘Detrás del escenario’

Siwon frunció el entrecejo levemente y comenzó a andar en dirección al escenario. Su Iglesia era tan grande que también contaba con un auditorio con muchísimas butacas y un gran escenario en donde se presentaban musicales y obras de teatro. Él mismo había protagonizado algunas.

Tomó la puerta que llevaba detrás del escenario, y comenzó a andar por un estrecho pasillo. Un poco más allá, un papel de color rojo pegado en la puerta que daba a la parte trasera del escenario atrajo su atención. En él había escrito lo siguiente:

‘Hoy quiero ser sincero y decirte todo lo que siento’

Siwon sonrió, y dejó el papel pegado donde estaba, pensado que no era para él. Pero al abrir la puerta se sorprendió muchísimo. En aquel sector, había seis espejos pegados a la pared, cada uno con su respectivo mesón, lugar donde todo mundo se maquillaba cuando había alguna presentación. Pero lo que lo sorprendió no era eso, pueso había estado en ese lugar cientos de veces, lo que lo sorprendió fue ver que en cada espejo había una notita de papel rojo. Siwon se acercó a la primera, la despegó y la leyó.

No importa si estoy solo. Cada vez que pienso en ti una sonrisa se asoma en mi rostro.

Fue a la segunda.

Incluso si estoy cansado, cuando cierro mis ojos solo te veo a ti.

Y luego a la tercera.

‘Si el mundo me hace llorar, estaré bien. Porque siempre estás a mi lado.

Estaba confundido. ¿Había sido Kyuhyun el que había escrito todo eso? ¿Por qué?

En el cuarto espejo.

‘Cuando me siento cansado, tú te vuelves mi fortaleza.’

En el quinto espejo.

‘Contigo, cada día de mi vida es como un sueño.
Creo que te quiero.’

Siwon frunció los labios y cejas en un gesto preocupado. Aún así cogió la última nota.

‘Si sientes igual que yo, sube las escaleras.’

Unos metros más allá estaban las escaleras de metal que daban a la parte superior del escenario, donde los encargados de iluminación manipulaban las luces para enfocar a los actores cada vez que hacían alguna presentación. Kyuhyun estaba allí, esperando ansioso, sintiendo un enorme y apretado nudo de nervios en el estómago, sintiendo un desagradable cosquilleo en las manos y en los pies, sintiendo el corazón latirle desbocado.

Para mí, la esperanza es un sueño que nunca duerme.

Kyu esperó, en silencio. Cada segundo que pasaba lo sentía como una tortura, hasta que escuchó ese sonido. Y luego otro, seguido de otro. Los pasos de alguien subiendo por la escalera. Su corazón dio un vuelco y el estómago se le llenó de mariposas que comenzaron a revolotear a todas partes. Sintió los músculos de la cara picarle, y estaba a punto de sonreír, pero no se atrevió.

Siwon se ubicó a su lado. Ambos miraban hacia abajo, hacia el escenario, apoyando los brazos en la baranda de metal. El mayor notó el nerviosismo del menor, el rubor encantador en sus mejillas y el casi imperceptible temblor que lo recorría. Quiso sonreír con ternura, quiso levantar la mano y revolver ese cabello castaño, como tantas veces hizo. Pero no pudo. Sus latidos no estaban alterados, su respiración también era tranquila, no estaba nervioso ni molesto, simplemente estaba… Sorprendido.

Apoyó los antebrazos en el frío metal, con los dedos sostenía las notitas de papel rojo.

—¿Tú escribiste esto? —preguntó.

No sonó enojado, ni entusiasmado, ni nada. Kyuhyun lo notó.

—Sí hyung —respondió. Poco a poco las mariposas iban muriendo en su estómago.

Siwon suspiró imperceptiblemente. Era una situación delicada. Su dongsaeng favorito le acababa de confesar que tenía sentimientos por él, sentimientos que iban más allá de la camaradería y el cariño fraternal que Siwon sentía por el menor. Obviamente esto era su culpa. Su naturaleza tan cariñosa debió confundir al muchacho. Siwon no podía más que sentirse culpable.

—No sabía… que sintieras todo eso —dijo, y sonrió, con esa sonrisa amable en la que estiraba sus labios y se formaban esos encantadores hoyuelos en sus mejillas. —Estoy muy agradecido.

Kyuhyun asintió, sin mirarlo. Se obligaba a mirar hacia abajo. Sus manos estaban cerradas alrededor de la baranda.

—Yo… te quiero mucho Kyuhyun-ah —dijo el mayor.

Kyu abrió los ojos desmesuradamente, y las mariposas revivieron en su estómago. Estaba a punto de voltear y mirar al mayor con una sonrisa, cuando este agregó:

—Pero… no siento lo mismo que tú.

Y su agarre en el frío metal de la baranda se hizo más fuerte.

—Entonces… ¿por qué viniste? —el menor se sorprendió de que su voz sonara tan suave y firme a la vez. —Debiste haberte marchado —agregó con cierto reproche.

—Pensé… que sería mejor darte una respuesta.

—Eres muy amable hyung —murmuró. ‘Demasiado’ pensó.

El silencio era incómodo. Kyuhyun no podía soportarlo.

Me trago el dolor y la pena.
Y sólo te muestro mi lado sonriente.

—L-lo entiendo hyung —dijo, sonriendo, levantando el rostro y mirando al frente. —Suelo equivocarme fácilmente, ya sabes lo tonto que soy —rió nerviosamente.

Siwon sintió algo removerse en su interior. ¿Pena? Sí, sentía pena por el niño a su lado.

—Kyuhyu…

—Ah, hyung —exclamó el castaño, arrebatándole las notitas rojas que sostenía en las manos. —Voy a tirar esto. N-nos vemos —y salió disparado hacia las escaleras. Las bajó lo más rápido que pudo, cruzó la estancia a toda prisa, y una vez salió y cerró la puerta, dejó que las lágrimas le bañaran por completo el rostro y se echó a correr.

Siwon permaneció en ese lugar por más tiempo. Realmente se sentía apenado por todo. Sabía que Kyuhyun estaría sufriendo ahora mismo, y sentía deseos de ir por él y consolarlo, como siempre hacía desde que lo conocía, pero sabía que los sentimientos del menor estaban equivocados, que sólo estaba muy confundido, y que lo mejor que podía hacer por el bien de Kyuhyun era alejarse de él.

Suspiró. Una de las notitas de Kyuhyun se había salvado de las garras de su autor. Siwon la leyó y no pudo evitar que una sonrisa se asomara en su rostro.

Si el mundo me hace llorar, estaré bien. Porque siempre estás a mi lado.

Se sintió mucho más culpable al pensar que ahora mismo, si Kyuhyun estaba llorando, él era el responsable de sus lágrimas.

~*~

Kyu entró en su habitación logrando evadir a sus padres. Le puso el seguro a la puerta y no se molestó en encender la luz. Arrastrando los pies avanzó hasta su cama y se dejó caer sobre ella boca abajo. Los sollozos eran amortiguados por la almohada. La falta de aire le hizo voltear el rostro sobre un costado. Había llorado todo el camino de regreso a casa, y ahora seguía llorando. Tenía los puños apretados, y dentro de uno de ellos se encontraban todas las notitas que escribió para Siwon.

¿Por qué lo hizo? ¿Por qué tuvo que sentir esa estúpida necesidad de decirle al mayor cómo se sentía? ¿Por qué creyó que éste le correspondería?

Se sentía tan estúpido. De solo pensar en la próxima vez que él y el mayor se vieran, sentía la cara arder por la vergüenza. Esas cosas le sucedían sólo a él, por ser tan idiota. Pero así era Kyu. Ingenuo, optimista a pesar de todo.

Así era Kyuhyun.

~*~

Los días de la semana pasaron hasta que Kyunhyun se atrevió a asistir a misa. Antes de la misa propiamente tal, los muchachos se reunían un momento para reflexionar. El grupo de Kyu era guiado por Siwon, y Kyu sintió que la cara se le caía de la vergüenza. Pero durante toda la reunión, Siwon y él no hablaron. El mayor apenas y le dirigió una mirada y un gesto de saludo. Nada más. Kyuhyun supo inmediatamente que algo andaba mal, pero no se atrevió a acercarse y preguntar.

El tiempo siguió avanzando, y Kyu volvió a ser el chico ignorado y desplazado. Y le dolía muchísimo que fuese el mimo Siwon el que lo estuviera ignorando. Porque eso hacía. Con suerte e intercambiaba un saludo con él. Las charlas amistosas, los abrazos, las sonrisas cómplices, todo eso se había esfumado.

Y eso le dolía horriblemente, le dolía más que el hecho de haber sido rechazado.

Fueron incontables las veces en que Kyuhyun se encerró en su habitación a llorar en silencio, pensando. Era obvio que el cambio del mayor tenía que ver con su declaración, era la única explicación que le hacía sentido a que Siwon se distanciara de él.

Kyuhyun no lo pensó bien en ese momento. Siwon le parecía una persona realmente buena y comprensiva, no pensó que el mayor llegaría a juzgarlo o a pensar mal de él. Obviamente estaba equivocado. Que un hombre estuviese enamorado de otro hombre… Eso era una abominación. Estaba mal. Seguramente, todo el cariño que Siwon sintió alguna vez por él ahora había sido remplazado por desprecio, por asco. Kyu no podía soportar esa idea. Que Siwon lo aborreciera. No, él no podía soportarlo. Y sin embargo, debía hacerlo, porque no sabía qué hacer para remediarlo. Era demasiado cobarde como para acercarse al mayor y preguntarle qué pasaba entre ellos. Tenía miedo a las palabras de Siwon, tenía miedo a recibir una mirada cargada de rechazo y a ser despreciado.

Aunque Kyu trataba de convencerse de que eso no sucedería, que Siwon nunca haría algo así porque no era esa clase de persona. “Hyung es demasiado amable” pensaba Kyu. Y sí, Siwon era demasiado amable, pero eso no significaba que no pudiera sentir asco por Kyu.

Un mes pasó luego de aquel fatal día en la vida del menor en el que decidió confesar sus sentimientos por el mayor. Kyuhyun se había vuelto extremadamente taciturno y lacónico en todo lo que decía. Había comenzado a desarrollar cierto rechazo por la Iglesia, porque odiaba ir allí y sentirse ignorado, como si fuese una decoración barata en el muro o una piedra en el suelo. Comenzaba a culpar al mayor por todo lo que estaba sintiendo, pero no quería hacerlo. En el fondo sus sentimientos hacia el mayor no habían cambiado, y aunque se odiaba por ello, Kyuhyun pensó que si hablaba con el mayor francamente las cosas volverían a ser como antes. Porque Siwon era esa clase de persona, esas que no niegan segundas oportunidades.

Kyuhyun esperó a que el mayor terminara sus asuntos en la Iglesia, y lo abordó sin esperar mucho apenas lo vio.

—Hyung.

—Aah, Kyuhyun-ah —se sorprendió el mayor, y luego trató de sonreír. —¿Qué haces aquí?

—Quiero hablar contigo hyung.

—¿Sobre qué?

—Ya lo sabes —le dijo Kyu.

—Ah —suspiró Siwon. —Ahora mismo no puedo, tengo que ir a buscar unos documentos en casa y volver.

—¿Puede ser mañana?

—Mmm… Lo veo difícil. Tengo esta semana muy ocupada.

—¿Qué tal después de la misa del viernes? ¿Puedes entonces, hyung?

—Mmm… —algo en el rostro de Siwon le hizo pensar que se negaría. —Está bien, que sea ese día.

—Bien. Qué tengas un buen día hyung —hizo una venia y se marchó.

Esperó impacientemente a que llegara el día viernes. Ese día estuvo muy desconcentrado durante la misa. No puso atención al sermón ni a nada. Siwon aún no aparecía y eso se le hacía realmente extraño. Había mirado constantemente hacia la entrada para ver si llegaba. La misa ya estaba por acabar y ni rastros de él.

—Y por último, le pedimos al Señor que acompañe a nuestro joven Choi Siwon —Kyuhyun alzó la cabeza y miró hacia el frente inmediatamente cuando el sacerdote nombró a su hyung, —y que le de la salud y la fortaleza necesaria para emprender este viaje al servicio de Jesús.

Kyuhyun no entendió ni una palabra.

—¿A dónde fue Siwon hyung? —preguntó.

Su madre, a su lado, le miró un tanto confundida por su pregunta.

—Siwon-ssi se fue de misión —le dijo. —Volverá en dos años.

—¿M-misión? —‘¿volverá en dos años’ pensó Kyu con horror.

Apenas la gente comenzó a levantarse de sus asientos, Kyu salió disparado. Abandonó la Iglesia, llegó a su casa y se encerró en su cuarto. Y no salió durante todo el día, ni siquiera a comer. Se quedó tendido sobre su cama, mirando el techo.

¿Por qué? Todo había sido tan repentino. ¿Una misión? Siwon hyung le dijo más de una vez que algún día iría en una misión, que era un sueño que tenía desde que era niño. Pero, aún así, irse tan de repente… ¿Habría sido por él? ¿Se habría marchado tan abruptamente para alejarse de Kyu?

‘¿Tanto me aborrece?’ se preguntó.

Kyuhyun sintió ganas de llorar, y se cubrió los ojos con su antebrazo izquierdo.

Siwon hyung se había marchado. Lo había abandonado.