Sunday, July 1, 2012

[Borrador] Let's set the world on fire


Borrador. No está beteado.
Intento loco de KrisYeol. 8D




La primera vez que Yifan vio a Chanyeol sintió un tirón en el estómago. Una fuerza desconocida lo jaló, como si quisiera tirarlo al piso. Chanyeol reía a carcajadas de algo que le habían contado los otros niños con los que jugaba en la calle, muy cerca de la nueva casa a la que la familia de Yifan se había mudado. Era la risa más escandalosa que Yifan había escuchado jamás,  le erizó toda la piel, desde la nuca hasta la punta de los dedos de los pies. Se quedó mirándolo con la boca entreabierta unos segundos, hasta que Chanyeol volteó su mirada hacia él, de la nada, sin el menor aviso. Yifan se perdió en esos amigables ojos castaños. Chanyeol le sonrió. Era la sonrisa más boba e imperfecta que había visto jamás.
Yifan la amó con cada partícula de su pequeño ser.

~*~

Sucedió la primera vez que estuvo a solas con Chanyeol. Yifan había hecho amistad con los niños del vecindario, solían jugar a las escondidas a lo largo de toda la calle. Un día a Chanyeol le tocó buscar. Yifan se escondió detrás del grueso tronco de un árbol. No se dio cuenta cuando Chanyeol estaba detrás de él.
—¡Te atrapé! —exclamó.
Yifan quiso salir corriendo, pero Chanyeol le cogió del brazo y tiró de él. Yifan sintió que el corazón le explotaría, sintió que el estómago le daba un vuelco y que comenzaban a picarle las manos. El tronco del árbol tras el que se había escondido comenzó a arder de repente, y al ver fuego, se soltaron de inmediato. Las llamas escalaron hasta las ramas y las hojas. Pronto todo el árbol estaba envuelto por el fuego.
Los gritos se propagaron por todo el vecindario. Se oía a lo lejos el sonido de sirenas. Yifan miró a Chanyeol , que miraba el árbol con un gesto casi de culpa es su pequeño rostro.
La madre de Yifan apareció de pronto, con una expresión de horror que Yifan jamás olvidaría. Lo cogió de la mano y se lo llevó a tirones a la casa.
Ese día, sus padres le dijeron que lo llevarían a un lugar especial, a una especie de internado donde gente especial se haría cargo de él.
Yifan quiso preguntar por qué, qué era lo que había hecho mal. Sus padres le dijeron que no era un castigo y que él había sido un buen chico, pero que ellos no podían ayudarlo como deberían. Porque él era especial. Yifan no hizo preguntas. Siempre había sabido que algo andaba mal con él.
Esa noche en su habitación, mientras hacía el equipaje, alguien tocó a su ventana. Se llevó un gran susto al ver a Chanyeol del otro lado del vidrio. Abrió la ventana y se hizo a un lado para dejar entrar al otro niño.
—¿Cómo lo has hecho? Este es el segundo piso —preguntó.
—Trepé por la enredadera. Es fácil.
—¿A qué has venido? ¿Saben tus padres que estás aquí?
—No saben. Ellos están ahora abajo, hablando con los tuyos.
—¿En serio?
Chanyeol asintió.
—Creo que están hablando de lo que pasó esta mañana.
Yifan desvió la mirada. El incidente del árbol había sido su culpa.
—Mis padres van a enviarme a otro lugar. Una especie de internado o algo así —le contó Chanyeol, apenado.
—¡A mí también! —exclamó Yifan.
—¿En serio? —el rostro serio de Chanyeol se iluminó al instante con entusiasmo. —Quizás vayan a enviarnos a la misma escuela. ¡Sí! Es por eso que mis padres han venido a hablar con los tuyos.
Yifan sonrió de oreja a oreja, sintiendo un tirón en el estómago al ver la sonrisa de Chanyeol.
—Significa que estaremos juntos —dijo Chanyeol, y Yifan se estremeció al notar la alegría que suponía esa idea en el otro niño. —Qué bueno. Venía a despedirme, pero ya no hace falta —exclamó.
Chanyeol comenzó a reír y Yifan se contagió. No lo vio venir. Chanyeol se abalanzó sobre él y lo abrazó. Yifan sintió que su corazón explotaría nuevamente.
Y algo explotó. Toda su habitación estalló en llamas.

~*~

Cuando Yifan abrió los ojos, ya no estaba en su casa. Lo primero que vio en aquel nuevo lugar fue un foco de luz en el techo, que lo cegó por varios segundos hasta que por fin sus ojos se acostumbraron. El techo era de color gris pálido, o de un blanco muy mustio. Trató de mover los brazos y las piernas, pero no pudo. Sintió pánico. Estaba atado por correas negras a una especie de cama. Podía mover la cabeza, así que miró en derredor, en busca de algo conocido. A su lado izquierdo había otra cama, tal vez idéntica a la suya.
—Chanyeol… —su amigo estaba a su lado, dormido. —¡Chanyeol! ¡Chanyeol despierta!
—No hagas tanto ruido —dijo una voz grave. Un hombre vestido con una bata blanca y mascarilla se interpuso entre su cama y la de Chanyeol.
—¿Quién es usted? —preguntó Yifan.
—Soy el señor C para ti —dijo el hombre.
—¿Dónde está mi mamá?
—En el hospital, con graves quemaduras en la piel —le explicó el hombre con un leve tono acusador.
Yifan sintió ganas de vomitar.
El hombre preparó una jeringa con un líquido amarillo que salpicó el rostro de Yifan.
Yifan no dijo nada. Sintió la fría y dura aguja penetrar su piel, y sintió un dolor que jamás había sentido en el brazo. Algo le quemó, y ese ardor desagradable se expandió por todo su cuerpo a través de su sangre. Gimoteó, sus ojitos se llenaron de lágrimas al instante.
El señor C lo dejó solo con Chanyeol en aquella habitación. Yifan lloró, y sintió mucho miedo al ver que Chanyeol no respondía a sus llamados. Lo último que dijo antes de cerrar los ojos y desmayarse fue el nombre de su amigo.

~*~

Él tenía problemas con el fuego. ‘Piroquinesis’ era la palabra que había usado el señor C con frecuencia. No sólo él. Chanyeol también.
No había vuelto a ver a Chanyeol. Y había pasado mucho tiempo desde la última vez. Yifan no sabía qué día era, ni qué mes, ni qué año, pero podía deducir que había pasado muchísimo tiempo allí encerrado, porque su cabello estaba muy largo y su cuerpo se había estirado montones. No sabía qué edad tenía. Le gusta pensar que tenía trece. También le gustaba pensar que algún día su madre iría de visita. También le gustaba pensar en Chanyeol, le gustaba imaginar que tanto había cambiado. Sabía que Chanyeol estaba bien, porque eso era lo que el señor C le decía. Los habían aislado para estudiarlos por separado. Yifan con el tiempo había llegado a la conclusión de que se había convertido en una especie de animal de laboratorio. De todas formas las pruebas no llegaban a ningún resultado concreto. Yifan no tenía control sobre el fuego. No podía generarlo de forma espontánea. Había pasado por muchísimas pruebas, y de todo tipo. Pruebas tediosas, pruebas dolorosas, y nunca había podido generar fuego.

Muchas veces el señor C le había hecho preguntas sobre sus experiencias pasadas generando fuego, y Yifan siempre le había respondido con la verdad. La primera vez que había incendiado algo había sido a su niñera, cuando tenía ocho años. Era una chica muy linda de cabello castaño que lo trataba muy bien. Yifan recordaba sentir mariposas cada vez que la veía. Un día se sentó junto a ella a ver la televisión, y ella le abrazó. Yifan sintió que su corazón explotaría. Y ella fue envuelta por las llamas. Noventa por ciento de su cuerpo quemado. Falleció en el hospital una semana después. Pasó por segunda vez con una segunda niñera. Y una tercera vez, aunque la tercera no murió. Después de esas veces Yifan aprendió que él no debía tocar a las niñas que le gustaban. Después de eso se fueron del país y llegaron a Corea, al vecindario donde conoció a Chanyeol. Las únicas dos veces que se tocaron, el árbol y su propia casa había estallado en llamas.

Sunday, May 13, 2012

[Borrador] SuHo

Advertencia: No está beteado

SuHo



Despertó sobresaltado, incorporándose en la cama. Las mantas que lo habían cubierto cuando se acostó a dormir yacían desparramadas en el suelo. Su corazón latía como si hubiese corrido en un maratón, su respiración era forzosa e irregular. Le tomó sólo un momento calmarse. Soltó un suspiro largo y se pasó el dorso de la mano por su frente cubierta en sudor frío.
Se levantó de la cama. La alfombra que cubría el piso de su habitación amortiguó el sonido de sus pisadas hasta el baño. Encendió la luz y se miró al espejo. La imagen del muchacho demacrado con mechones húmedos pegados a su rostro y con bolsas en los ojos que le devolvió el espejo era muy desalentadora, pero se sonrió así mismo para darse ánimos. Se lavó la cara, y se secó enérgicamente con la toalla mullida de color azul que colgaba cerca del lavamanos.
Se miró otra vez al espejo y pensó que tendría que usar corrector de ojeras para ir al trabajo. Quiso no darle importancia cuando apagó la luz del baño, cerró la puerta y volvió hasta su cama, pero lo que acababa de suceder no dejaba de inquietarle. Ya era la cuarta vez en lo que iba de la semana. Tenía sueños extraños, sueños que ni siquiera recordaba. Se despertaba sobresaltado, empapado en sudor muy frío y con el pulso disparado. No recordaba qué soñaba, pero la sensación de desesperación y miedo de sus sueños permanecía con él hasta quedarse dormido otra vez.
Estaba seguro que eran pesadillas, pero no tenía idea por qué las tenía. Todo en su vida marchaba bien. Vivía en un pequeño, pero cómodo departamento en el centro de la ciudad cuya renta no era cara. Trabajaba como mesero en un café muy popular, el dueño le tenía mucha estima y las propinas de la clientela eran muy generosas. Tenía bastante ahorrado para la universidad, esa era la razón por la que se había mudado a la ciudad. No pasaba hambre. Si bien, el dinero no le sobraba, había veces en las que podía darse ciertos lujos, como esos audífonos costosos que tanto había querido, o su televisor de pantalla plana que reposaba sobre un mueble en la salita.
Había pensado que la causa de sus pesadillas podía estar relacionada con su familia, pero ellos estaban bien. Los extrañaba, pero hablaba seguido con sus padres y su hermana. Además en la ciudad tenía a un hyung que apreciaba mucho y al cual podía recurrir cuando se encontraba en problemas.
La vida de Joonmyun marchaba muy bien. Sin embargo… estaban las pesadillas.
Se quitó la camiseta gris, el pantalón de chándal y los bóxers que llevaba puestos porque estaban mojados y fríos. No entendía qué cosa podía soñar que lo hiciera sudar tanto. Se puso ropa limpia y seca y se dispuso a acurrucarse para volver a dormir, pero antes tocó su cama. Las sábanas estabas empapadas; la almohada, donde la forma de su cabeza había dejado su marca, también. Aquello también había sucedido antes, desde que empezó a tener esas pesadillas, hacía cuatro noches. La primera vez pensó que se había orinado y se sintió muy avergonzado de sí mismo. La noche siguiente tomó las precauciones necesarias: no bebió líquidos después de las ocho de la noche y fue a deposar antes de irse a dormir. Pero esa noche también se despertó empapado de pies a cabeza. Se había extrañado muchísimo de que ocurriera de nuevo, así que inspeccionó con mucho cuidado las sábanas. Éstas parecían mojadas por agua, puesto que no olían a nada extraño.
En la tercera noche, supo que no se trataba de que él se orinara en la cama. Lo atribuyó al sudor, pero no dejaba de sorprenderlo lo mucho que sudaba durante el sueño como para dejar así las sábanas y el colchón.
Se sentía agotado porque no había podido dormir bien ninguna noche. Se despertaba agitado y eso cortaba su horario de sueño, y además tenía que cambiarse de ropas y tenderse a dormir sobre la alfombra, puesto que su colchón siempre terminaba muy mojado como para dormir en él sin que despertase al día siguiente con una neumonía.
Si seguía así, tendría que comprar un colchón nuevo, y eso no le hacía mucha gracia porque era desperdiciar dinero. El suyo estaba perfectamente bien. Si tan sólo no sudara tanto durante las pesadillas.
Se obligó a sí mismo a no seguir pensando y a despejarse. Tenía que levantarse muy temprano para ir a trabajar.

~*~

Joonmyun trabajaba en un café del centro llamado “Angel’s”. El dueño del café era un hombre enérgico y jovial que no aparentaba los treinta años que tenía. A Joonmyun le agradaba mucho trabajar con él porque era muy comprensivo y divertido. Su nombre era Park Jungsoo. Él tenía varias sucursales por todo el país, y aunque no era a lo que se dedicaba cien por ciento (Jungsoo era dueño de una empresa que importaba café de todas partes del mundo), se paseaba por el café con regularidad, y cuando lo hacía, el ambiente del lugar se volvía fascinante. Jungsoo tenía muy buen gusto con la decoración, pero lo que le daba un aire especial al café era el piano de cola de color blanco que había en un rincón. Cada vez que Jungsoo iba, tocaba algo para fascinar a la clientela, que en su mayoría eran mujeres. A ese hombre le encantaba ser halagado. ‘Ah, me gusta el amor que recibimos de nuestras fans’ le comentaba a Joonmyun en ocasiones, guiñándole un ojo. Jungsoo decía que Joonmyun atraía mucha clientela, mucha chicas ‘jóvenes’, y eso era bueno para el negocio. ‘Tienes un buen rostro y buenos modales. Tu sonrisa es carismática y tu mirada muy humilde. Eso les gusta a las chicas. Y también a las noonas’. Joonmyun también era muy popular con las mujeres, la mayor parte de ellas dejaba generosas propinas con sus números telefónicos incluidos.

—Ah, Joonmyun-ssi. ¿Otra vez quedándote dormido?
Joonmyun pegó un pequeño saltó y se afirmó de la escoba que tenía en las manos. Se había quedado dormido mientras barría.
—Lo siento mucho, señor —se disculpó, haciendo una venia de noventa grados, sintiendo la cara arder un poco por las risas que soltaron algunas de las clientas al ver la escena.
—‘Hyung’, ya te he dicho que me llames ‘hyung’ —le dijo Jungsoo. —Ven un momento a la cocina Joonmyun-ssi.
—Sí.
—Yah, Jungsoo oppa, no seas duro con él —exclamó una de las clientas. —Si lo despides dejaremos de venir —dijo, y varias de las presentes asintieron en acuerdo.
Jungsoo les sonrió y les aseguró que eso no pasaría antes de llevarse a Joonmyun a la cocina con leves empujoncitos.
—Yah, Joonmyun-ssi…
—¡Lo lamento mucho! —Joonmyun volvió a disculparse, esta vez su venia fue mucho más pronunciada que la anterior.
—¿Qué haces? Ponte derecho, vas a dañarte la espalda por esos movimientos tan bruscos.
—¡No volverá a pasar, señor! Le ruego que no me despida. Necesito el empleo.
—¿Quién ha dicho algo sobre despedirte?
Joonmyun se incorporó y lo miró, sorprendido.
—¿No va a despedirme?
—¡Claro que no! Trabajas muy bien Joonmyun-ssi. Además, si te despido, Kyuhyun no me lo perdonaría…
—Pero…
—Sólo quiero saber qué te pasa. Has estado quedándote dormido estos días. ¿No duermes bien?
—No últimamente…
—¿Por qué?
—Pues… —no tenía ganas de explicarle que había sufrido pesadillas las últimas noches.
—¿Es por una chica?
—No señor…
—‘Hyung’.
—Hyung —corrigió. —He tenido… pesadillas —agregó avergonzado, rascándose la cabeza.
—¿Hay algo que te preocupa? ¿Está bien tu familia?
—Ellos están bien.
—¿Entonces te hace falta dinero? Porque no tengo problema en darte un aumento.
—No tengo problemas de dinero.
—¿Entonces qué es?
—No lo sé —dijo Joonmyun con sinceridad. —No tengo la menor idea.
—Mmm… Me gustaría ayudarte muchacho. Tal vez debas conseguir una novia. Ya sabes lo que dicen, el amor es la solución para todos los problemas.
—Pero… Soy nuevo en la ciudad, no conozco a muchas chicas…
—Pues invita a alguna clienta de aquí. Alguna que te parezca bonita.
—Mmm… —asintió, no muy convencido.
—Si el problema persiste, te recomiendo que vayas a ver a un hipnotista. Yo pasé por un período de estrés el año antepasado cuando mi socio se fue, y la terapia de la hipnosis realmente me ayudó.
—Oh, claro, no lo había pensado. Gracias hyung.
—De nada. Ahora vuelve al trabajo, que nuestras fans nos esperan. Pero espera… —le detuvo cogiéndolo suavemente por el hombro, —cualquier cosa que necesites puedes decírmelo. He llegado a apreciarte mucho muchacho, y eres el dongsaeng favorito de mi dongsaeng, así que siento que es mi deber cuidarte.
Joonmyun le agradeció con una sonrisa y una venia y abandonó la cocina.

~*~

Ya había pasado casi dos semanas y las pesadillas no habían desaparecido.
Joonmyun había hecho una cita con un especialista al día siguiente y había pedido permiso en el trabajo para llegar más tarde.
Espera encontrar una solución pronto, porque ya no podía seguir viviendo de esa forma. Hacía dos noches no sólo había empapado parte del colchón y la almohada, sino también el piso. Fue como si alguien hubiese entrado en su habitación y hubiese desparramado litros y litros de agua sobre la alfombra. Se pasó todo el día quitando la alfombra arruinada porque no podía darse el lujo de llamar a una compañía especializada en tapices, y cuando el conserje del edificio le vio sacando la basura y le preguntó qué había pasado, le explicó que había dejado la llave de la tina abierta sin darse cuenta y se había producido una mini inundación.
Aquel episodio le dejó aterrado, y a la noche siguiente decidió dormir en la bañera. Se llevó un susto de muerte cuando despertó con el cuerpo sumergido en agua hasta el cuello. Era imposible que un ser humano sudase tanto como para llenar una bañera. La única explicación racional a la que llegó después de calmarse un poco fue que él era sonámbulo y que mientras estaba dormido habría la llave de la tina, la llenaba con agua y se sumergía en ella. Amplió su explicación para los sucesos de su habitación pensando que seguramente iba por agua al baño y mojaba su cama y el piso. Era la única conclusión a la que su mente podía llegar. Pero por más que tratara de convencerse de aquello, no dejaba de sentirse totalmente abrumado e intranquilo. Sospechaba que algo muy malo estaba pasando con él.
Había otra cosa que también había cambiado con Joonmyun: ahora podía recordar sus sueños. No completos, pero sí algunos fragmentos. Más de una vez se pasó gran parte del día y de la noche tratando de unir los fragmentos y entender que soñaba, pero no podía. Recordaba cosas muy vagas. Una de esas era que en sus sueños siempre había agua. Soñaba también con personas, pero no podía identificar ninguno de sus rostros. Un chico sentado en una silla, llorando, y una mariposa volando cerca de él… Y entonces todo se volvía oscuro, y en el cielo se sucedía un eclipse lunar. Seis siluetas negras sobre los edificios más altos de la ciudad. Un muchacho de cabello claro que le miraba duramente, desafiante, pero a la vez percibía un sentimiento de añoranza en esos ojos. Y entonces todo era silencio. En ese momento Joonmyun se despertaba agitado.
No sabía si se trataba de un sueño muy largo o de sueños diferentes. Lo único que tenía claro era que no tenía la menor idea de por qué soñaba todo eso.
La noche anterior se despertó tan abrumado que sintió ganas de llorar, y prácticamente corrió a la sala de su departamento a coger el teléfono para llamar a su hyung. Pero cuando marcó el primer dígito, cortó y dejó el teléfono donde estaba, y se sentó en el suelo, tiritando de frío, notando que detrás de sí había dejado un mini charco de agua debido a sus pisadas. Lloró hasta que ya no pudo más y el frío se volvió insoportable.
No tenía deseos de dormir, pero no podía no hacerlo. Su colchón estaba cubierto con un plástico y cuando se recostó hizo un ruido desagradable, pero eso no le importaba. Su ropa de recambio estaba lista, esperándolo en el compartimiento de su armario de pared.
Deseaba de todo corazón pasar una noche tranquila y que al día siguiente su sesión con el especialista le diera una solución a su problema.

~*~

El cielo estaba muy oscuro, como boca de lobo. De repente las espesas y oscuras nubes se desplazaron y dieron paso al resplandor de la luna, que brillaba orgullosa. Su luz iluminó a un muchacho delgado y de piel clara, parado sobre una plataforma circular de color blanco. Estaba rodeado de agua. Pequeñas y suaves olas chocaban contra el borde la plataforma, pero no amenazaban con hacer caer al muchacho.
De pronto el agua comenzó a moverse con más vida, y un chorro de ésta golpeó al muchacho.  La luz pronto fue desapareciendo debido a un repentino eclipse que había comenzado. Todo quedó a oscuras por un segundo, hasta que el borde de la luna comenzó a brillar intensamente. El eclipse se reflejaba en el agua, que se había calmado hasta volverse como un espejo. Sin embargo, el muchacho no poseía reflejo alguno.
Uno a uno, fueron apareciendo once muchachos en el agua, como si estuviera de pie en la plataforma, pero no estaban. Once en total. Doce con el muchacho del otro lado, el que no tenía reflejo, el que parecía estar en un mundo diferente a los demás.
El muchacho solitario alzó la mano con cierta añoranza y cerró el puño en el aire.
Antes de que todo se fundiera en la oscuridad y desapareciera, Joonmyun pudo escuchar, y sentir, un grito de dolor y desesperación.

~*~

Joonmyun despertó gritando. Se incorporó frenético de la cama y reparó en que el piso estaba cubierto de agua, y era tanta agua que le llegaba hasta los tobillos. Pequeños chorros de agua caían desde su cama al suelo, o mejor dicho, desde él mismo hasta el suelo. Se tocó los brazos, podía sentir como una ligera capa de agua fluía por su piel. Gimió, asustado. Corrió hasta el baño y encendió la luz, ignorando el hecho de que sus dedos estaban empapados.
Todo él estaba empapado. Cogió la toalla que mantenía junto a lavamanos y se secó el rostro, pero éste volvió a mojarse inmediatamente. Desesperado, continuó haciéndolo, haciéndose daño, pero no logró sentirse seco. La toalla quedó completamente mojada en segundos.
—¿Qué me está pasando? —gimió.
Tembloroso, alzó la mano derecha frente a su rostro. Goterones de agua comenzaron a caer hacia el lavamanos ante el gesto horrorizado de Joonmyun. Agitó la mano y se alejó del lavabo, se cubrió el rostro con las manos y se apoyó en la pared.
¿Qué estaba pasando? ¿Por qué no se detenía?
Estaba realmente asustado.
Se miró las manos, que le temblaban descontroladas.
—Basta —murmuró. Se alejó de la pared y cogió el rollo de papel higiénico que había junto el excusado. Se envolvió las manos con él y, espantado, vio como el papel se deshacía producto del agua. —N-no… no. —Se pasó las manos por sobre la ropa, pero esta ya estaba completamente mojada. —Argh —gimió, frustrado, quitándose la camiseta, que cayó al suelo con un golpe pesado. —Detente, detente —murmuraba sin cesara, estrujándose las manos. —Basta, por favor. Por favor… —El corazón le latía desesperado. Estaba muerto de miedo. No sabía cómo parar aquello, y no podía recurrir a nadie para que lo ayudase. Estaba solo, completamente solo. —Detente —sollozó. —¡Detente! ¡Detente! —se golpeó las manos contra la loza del lavabo, y ni siquiera sintió el dolor. —¡Detente! ¡Detente! ¡Haz que se detenga! —No sabía con quién hablaba. Tiró todo lo que había en la repisa, rasgó las cortinas de la ducha, rompió la tapa del retrete. —¡HAZ QUE SE DETENGA! —lanzó una botella de champú con todas sus fuerzas hacia su reflejo semidesnudo en el espejo, que se quebró al instante.
El sonido del cristal le calmó un poco, le hizo darse cuenta del desastre que había causado. Retrocedió hasta dar con la pared y se dejó caer hasta el suelo. El agua no dejaba de fluir de él.
¿De dónde venía tanta agua? Él no tenía la menor idea. Echó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos. No podía seguir inundando así su departamento. Se puso de pie y se metió en la tina, le puso el tapón y esperó. La tina no tardó en llenarse. Quitó el tapón, y cuando la tina quedó vacía, volvió a ponerlo. No sabía cuando tiempo estaría así, pero esperaba que no fuese demasiado.

~*~

A Joonmyun nunca le había gustado el agua. Un amigo suyo de la infancia había muerto ahogado en un río cercano al pueblo donde vivía, y por eso había nacido su rechazo a los ríos, los lagos y el mar. Por supuesto que sí aprendió a nadar, ya que era algo obligatorio en la escuela, y la verdad era que lo hacía bastante bien, pero a pesar de eso él siempre se mantuvo alejado de piscinas y cosas por el estilo.
Jamás, hasta ese momento, había experimentado lo relajante que podía ser sumergirse bajo el agua. No recordaba en qué momento había comenzado a hacerlo. La verdad era que no sabía cuántas horas había pasado. Su teléfono había sonado muchas veces, pero no cogió ninguna llamada, y no tenía grabadora de voz. Lo habían llamado unas veinte veces seguidas. Luego otras diez más. Después de un tiempo considerablemente largo, había vuelto a llamar. Perdió la cuenta en la llamada sesenta y siete. Seguramente le llamaban del trabajo, o de la consulta del especialista al que suponía que vería, o tal vez era Kyuhyun hyung, o su madre. Todos debían estar muy preocupados, pero en ese preciso momento no le importaba. El agua no paraba de fluir.
Sumergido debajo del agua se sentía diferente. Se sentía liviano, y el hecho de que de su cuerpo saliera tanta agua dejaba de parecerle molesto. Permaneció mucho tiempo bajo el agua. Demasiado. Olvidó quitar el tapón a la tina y el agua comenzó a rebalsarse, pero no le importó. El sonido distante del teléfono llegó a sus oídos, pero eso tampoco le importó. Sonó siete veces antes de quedar en silencio. Algunos minutos después volvieron a llamar. Sonó siete veces más. Joonmyun contó: su teléfono sonó sesenta y tres veces, lo habían llamado nueve veces seguidas. Abrió los ojos, y reparó que en todo ese tiempo no había sentido ganas de respirar. De hecho, llevaba muchísimo tiempo bajo el agua y no recordaba cuando había sido la última vez que había salido a flote por aire. Un tanto abrumado, contó mentalmente, hasta que llegó a mil. Asombrado, se incorporó en la tina. Se entretuvo bastante con su nuevo descubrimiento, pero no por mucho tiempo. Pronto volvió a su estado inactivo, sumergido bajo el agua, dejando que el agua se desbordara desde la tina al suelo.
Podría haberse quedado mucho más tiempo, pero sintió golpes en su puerta.
Asustado, se sentó en la tina, y escuchó voces. No entendía qué decían.
—¡Joonmyun-ah! ¡Abre la puerta! —era la voz de Kyuhyun.
Joonmyun sintió pánico. ¿Cómo iba a explicarle a su hyung lo que le pasaba? Quitó el tapón de la tina y el agua comenzó a irse por la coladera, pero el agua de su cuerpo no dejaba de fluir.
—¡Joonmyun! —su hyung se oía enojado. —¡Abre ahora mismo o echaré la puerta abajo!
Estaba aterrado. Se miró las manos con frustración, a punto de ponerse a llorar.
Si tan sólo… toda esa agua desapareciera… Si tan sólo… se detuviera.
Nunca antes había deseado algo con tanta fuerza.
Escuchó como su hyung abría la puerta y entraba.
—¿Qué es todo esto? —exclamó. Sus pisadas chapotearon debido al agua, y cuando entró al cuarto de Joonmyun, éste pudo oír claramente como su hyung soltaba una maldición.
—¿Pero qué ha pasado aquí? —preguntó una voz que Joonmyun reconoció como Jungsoo.
—¡Joonmyun! —Kyuhyun habló fuerte, llamándolo, y se apresuró hasta el baño.
El mayor se detuvo unos segundos en el umbral de la puerta, admirando el desastre que el propio Joonmyun había provocado.
—Hyung… —pronunció Joonmyun con la voz entrecortada.
Kyuhyun miró hacia la tina. Su dongsaeng temblaba, tenía los labios un tanto amoratados debido al frío. Se precipitó a llegar a su lado y se quitó la chaqueta que llevaba puesta para cubrir a Joonmyun.
—Hyung, trae toallas por favor —gritó. Miró a Joonmyun con preocupación, un gesto que Joonmyun jamás le había visto.
—Hyung…
—¿Has comido algo? —Joonmyun negó con la cabeza. —¿Pasaste aquí encerrado las últimas horas? ¿Por qué no respondiste mis llamadas?
—Yo…
—No importa. Guarda tus energías. Te ves terrible —le ayudó a levantarse de la tina y Joonmyun sintió dolor en todo su cuerpo.

Wednesday, April 18, 2012

[Borrador]

Prólogo
Primera parte.

La noche en Seúl apenas comenzaba. El cielo estaba negro, como boca de lobo. Soplaba un viento frío, que erizaba los vellos de la nuca de la gente en las calles que se apresuraba por volver a sus casas, porque en cualquier momento haría mal tiempo.
En la azotea de un edificio altísimo había dos siluetas. Dos muchachos enfundados en atuendos negros.
El más alto tenía el cabello castaño claro y lacio, y estaba parado sobre la cornisa, sin inmutarse por la altura ni por una eventual caída.
—El viento… —dijo en voz baja, pero sabía que su acompañante le escuchaba. —El viento está frío. —Cerró los ojos y estiró los brazos, dejando que una leve ráfaga de viento le golpease en pleno rostro. Sorbió el aire con fruición. —Hoy sucederá algo extraordinario —agregó, abriendo los ojos, fijando la vista unos segundos en el oscuro cielo y luego desviándola hacia sus pies. —Es aquí. Esta es la ciudad elegida.
El muchacho a sus espaldas no dijo nada. Permaneció mirando al otro, su cabello negro y corto ondeando por la brisa.
—Pronto —dijo el más alto, volviendo sus ojos hacia el cielo.
—Aún no sabemos dónde están.
—Pronto —repitió. —Pronto van a manifestarse. Cuando llegue el momento, actuaremos. Debemos esperar a que estén todos juntos. Y eso sucederá pronto.
—Tenemos conceptos del tiempo muy diferentes.
El más alto sonrío y se volteó a encarar a su acompañante.
—Entiendo tus preocupaciones Tao, pero no debes temer. Algo extraordinario está a punto de comenzar. Me lo ha dicho el viento.
Y nuevamente el viento sopló más fuerte, como reafirmando sus palabras.
—Ya hemos esperado demasiado —murmuró el de cabello negro.
El más alto abandonó la cornisa y se acercó a él.
—Lo sé —dijo, mirando a Tao fijamente a los ojos. El pelinegro le sostuvo la mirada, con calma. —Hemos esperado mucho para este momento. Pero no podemos alterar el curso del tiempo.
—Sí podemos.
—No podemos —dijo, empleando un tono de voz levemente amenazador. —Tú eso lo sabes mejor que nadie. No debemos interferir directamente.
El pelinegro asintió.
—Me sorprende que seas tan impaciente. Lo esperaba de XiuMin, pero no de ti.
—Lo lamento.
—No te disculpes. No has hecho nada malo —alzó las manos y tomó el rostro de Tao. Acercó su rostro al de él y apegó sus frentes con suavidad. —Yo sé que hemos esperado demasiado, pero un poco más no nos dañará. Muy pronto comenzará.
Tao asintió levemente, sin desviar su mirada de los ojos del otro, que los cerró. Permanecieron así un par de segundos, disfrutando la intimidad del momento.
El más alto lo soltó y volvió a darle la espalda.
—Ve con Lay —dijo.
—Sí, líder —respondió el pelinegro con suavidad, dando media vuelta en dirección a las escaleras.
—Pronto —murmuró el líder cuando Tao cerró la puerta, que rechinó al ser cerrada. —Muy pronto.

To be continued...

Wednesday, March 28, 2012

[SiHan] Geng

Título: Geng
Pareja: SiHan
Tipo: Drabble
Género: Frienship, Romance, Drama, Shota.
Clasificación: PG
Serie: El amo que no puede amar a su sirviente
Advertencia: Glosario al final del drabble.

Geng

Cuando Siwon nació, Geng ya estaba allí.

Desde el primer momento en que Siwon tuvo consciencia, supo que Geng era excepcional, y las historias que su madre y Fei mǔqīn le contaron sobre el crecimiento de Geng sólo reafirmaron esa creencia.

Cuando Siwon aprendió a caminar, Geng estuvo con él. Fue él quien lo sostuvo en sus primeros e inciertos pasitos, fue él quien lo levantó cuando cayó y se golpeó por primera vez contra el piso, y fue él quien lo recibió cuando se lanzó a caminar solo por primera vez.

Según las palabras de su padre, Geng era su núlì, que en el idioma antiguo quería decir ‘esclavo’. En palabras de su madre, Geng era su sirviente, y debía obedecer todas las órdenes que Siwon le diera. En palabras de Mi fùqīn, Geng era su protector, y en palabras de Fei mǔqīn, Geng era la persona destinada a acompañarlo por el resto de su vida.

Geng era tan sólo unos cuantos años mayor que Siwon. Tres tal vez. Era un niño como él, pero no se comportaba como uno. Siwon era bullicioso y hasta caprichoso, Geng era tranquilo y callado. Y hasta un poco soberbio. Su manera de hablar, sus gestos, su forma de caminar, todo en Geng denotaba una calma y elegancia impropias de aquella tierna edad.

Geng era excepcional. A los cinco años, ya dominada cuatro tipos diferentes de artes marciales. Su caligrafía era casi perfecta y leía con fluidez, y dominaba con precisión las cuatro operatorias elementales de la aritmética.

Siwon comenzó a tener lecciones desde muy pequeño. Siendo el primer y único heredero de la cabeza de la familia, su formación debía comenzar a muy temprana edad y ser la mejor. Siwon jamás vio a Geng tomar lecciones con ningún maestro. Por mucho tiempo creyó que Geng nació sabiendo todo y que era incluso más sabio e inteligente que sus propios maestros. Más tarde supo gracias a Fei mǔqīn que quien había enseñado a Geng todo lo que sabía había sido Mi fùqīn. Mi no era el padre de Geng, si no su tío, y era el siervo personal del padre de Siwon, SeungHyun. Siwon creía que Mi era el favorito de su padre y que por eso lo mantenía cerca suyo. El padre de Geng era Cheng, y Siwon no estaba muy seguro de qué era lo que hacía para su familia. Cheng le daba un poco de miedo a Siwon, puesto que era un hombre de facciones duras y gesto adusto, al contrario de Mi, que siempre le guiñaba un ojo y le daba caramelos.

Siwon también era instruido en las artes marciales, pero no era –ni nunca sería- tan bueno como Geng. Entrenaban juntos. Algunas veces era Mi fùqīn quien daba las lecciones, pero la mayoría de las veces era Sungmin lǎoshī. Siwon creía que entrenar con Geng era muy divertido. Siempre albergaba esperanzas en vencerlo. Pero incluso, cuando los años pasaron y ambos se convirtieron en hombres, jamás logró vencer a Geng.


Glosario
Fùqīn: padre
Mǔqīn: madre
Lǎoshī: maestro


Sunday, January 1, 2012

EunSiHae Incompleto xD

Cuando él le mira, apenas puede respirar.

Es como si algo se instalara ahí, en su garganta, dificultando el paso del aire; es como si los brazos de alguien le rodearan por el pecho y le ciñeran con mucha fuerza, en un abrazo opresivo.

Él desearía que fueran sus brazos.

Cuando Donghae lo mira a él, no percibe nada.

Las sonrisas, los sonrojos, el brillo en sus ojos, todo eso se ha ido a algún lugar. De la noche a la mañana, todo eso se esfumó, todo eso que Donghae tanto ansiaba y disfrutaba de él, todo eso que lo alimentaba de dicha todos los días, ahora le ha sido negado.

De la noche a la mañana…

Ante esto, se siente incapaz de hacer algo. Actuar, ser frontal, directo, Donghae es todo eso. Meditar las cosas, con calma, y esperar el momento adecuado, ese jamás había sido él, pero al tratarse de él, el pez le da un millón de vueltas a las cosas. Acepta que a veces es con todos así, y si se trata de algo delicado, se pone a llorar. Todos lo saben, es un bebé llorón, un pececito muy llorón, como Heechul hyung suele mofarse de él. Confiesa que si a veces tarda tanto en decir algo o afrontar alguna situación, es porque trata de controlarse. Sus emociones, tan intensas que se desbordan de sí mismo, así es Donghae. Eso es algo que pudo ver gracias a él. Fue él quien le dijo que llorar no le hacía menos hombre, que en cambio, llorar le hacía único, que sólo un verdadero hombre se atreve mostrar sus lagrimas frente a otros, y que por eso debería estar orgulloso, no avergonzarse de sus sentimientos, que simplemente eran demasiado intensos, como las olas de una tormenta que son imposibles de dominar.

Desde entonces, Donghae no se había vuelto a sentir avergonzado de lo que sentía. Desde entonces, comenzó a dejar de lado el pensarse demasiado las cosas a la hora de hacerle cara a algún problema, pero eso siempre se aplicaba a todos los demás. Con él era distinto. Siempre esperaba. Donghae siempre esperaba porque siempre es él el que da ese primer paso hacia el camino de la reconciliación, y Donghae estaba muy agradecido de esa cualidad suya. Pero ahora es diferente, ahora el pececito sabe que él no dará ese paso, y que, muy probablemente, él mismo tampoco lo haga.

Hyukjae.

Cuando hablaba, toda la atención del pez se centraba en él, incluso cuando sabía que sus palabras no iban dirigidas al propio Donghae. Cuando le hablaba, era feliz por el simple hecho de escucharle, por la simple delicia de saber que Hyukjae quería compartir aunque fuese una mínima parte de su mundo con él, con Donghae.


Cuando yo te hablaba, esa sensación cálida volvía a mi pecho, y me llenaba de una felicidad difícil de explicar. No era demasiado intensa, tal vez no refulgía, no brillaba, pero era constante, y se quedaba aquí, en mi pecho, incluso cuando pasaban las horas y ya no estábamos juntos; esa sensación podía permanecer dentro de mí por mucho tiempo, y me hacía sentir seguro, confiado, feliz. Porque saberme dueño de tu entera atención, aún por cinco segundos, me satisfacía de sobremanera.

Ahora ya no me hablas. No puedo reprocharte el porqué.

Ahora, yo no me atrevo a hablarte.

De la noche a la mañana, tu voz ha dejado de buscarme, y la mía ha dejado de interesarte.

Ya ni siquiera me permites oírte de lejos cuando hablas con otros. Tú simplemente dejaste de hablar. Merezco ser privado de tu sonido, de tus sugerentes palabras y tu fascinante risa, y lamento enormemente que lo último que escuché de ti fue el fantasma de un sollozó mal disimulado. Lamento que tus últimas palabras hayan estado impregnadas de desprecio. Pero lo merecía. Aún lo merezco.

Cuando miro el paisaje por el balcón, y veo la ciudad vestida de luces para el cielo nocturno, me pregunto, a veces, si es que acaso no volveré a escucharte otra vez.

No valen nuestras canciones, que si te soy sincero, escucho más seguido para sentir el sonido de tu voz. Reproduzco tus partes una y otra vez hasta que me aburro, y busco más y más canciones. Me pregunto si alguna vez volverás a hablarme, o a mirarme siquiera.

Cuando paso por tu lado, es como si no yo existiera y aunque a veces me sorprendes mirándote, y entonces nuestros ojos se encuentran por una fracción de segundo, no veo nada.

Antes podía ver a través de tus ojos ese mundo tan tuyo que me encantaba y al cual adoraba echar vistazos cuando se daba la oportunidad. Veía ese brillo, tus ojos chispeantes que siempre me devolvían miradas juguetonas o cariñosas.

Ahora no hay nada, se han vuelto dos pozos sin fondo, para mí.

De la noche a la mañana…

Tus ojos dejaron de mirarme, de buscarme, de sonreírme.

Esa noche…

Comprendo que al respecto no puedo hacer nada, el solo verte me da a entender que ya has tomado una decisión.

Duele, pero no me atrevo a hablarte, no puedo. Porque me avergüenza lo que hice, lo que viste. Jamás debió ser de esa manera, jamás debiste vernos. Jamás debí… dejarme envolver por esos encantos de los que él hace gala. Pero es que no traté de resistir, no creí que obraba mal. Quise mantenerme fiel a mis sentimientos por ti, pero él es una enorme tentación, y caí en él.

Lo puedes entender, ¿verdad? Él es fascinante. Yo, curioso, entrometido. Eso soy. Quise saber más de su mundo, quise asomarme un poquito más adentro de ese hermoso cofre del tesoro que es su corazón, y al mismo tiempo, sin darme cuenta, también quería compartir mi propio mundo con él. Porque a pesar de que contigo podía hablar prácticamente de todo y tener siempre tu apoyo y atención, había cosas que no te podía decir, cosas que, graciosamente, tenían que ver contigo.

No podía decirte lo mucho que me gusta cuando sonríes, mostrando todos los dientes y parte de tus encías; no podía decirte lo mucho que me gusta verte bailar, el cómo tus movimientos me hipnotizan; no podía decirte lo mucho (aunque una vez, en una entrevista, se me escapó sin darme cuenta) que me gustan tus labios, el cómo te muerdes el inferior cuando juegas a ser sensual frente a las fans. Cuando dije que tus labios eran los más bellos, pensaste que estaba bromeando, y sonreíste azorado y dijiste algo que ya no puedo recordar. Después de eso nunca volví a mencionarlo, ni frente a ti ni frente a los otros miembros, pero sigo creyendo lo mismo: tus labios son los más bellos y los más apetecibles que he visto… No comparto ese pensamiento con nadie… No lo hacía, hasta que se lo dije a él. Él es la excepción, mi excepción.

Yo, que nunca soy ciento por ciento sincero con nadie, incluso contigo llegue a ser sólo un noventa por ciento, pero con él… A él puedo contarle todo.

Él me escucha, me comprende, y a veces hasta me consuela. Siempre tiene algo que decir, siempre son cosas buenas, de ti y de mí.

Él es el hyung, pero cuando estamos juntos, somos iguales.

No sé por qué será. Me interesa escuchar lo que él tiene para decir, sus palabras a veces alivian las agitaciones de mi corazón, lo calman. Cuando me dice que Dios no va a dejar de amarme por sentir lo que siento por ti, me siento aliviado. Si esas palabras vienen de él, son como un bálsamo para mi alma, y estoy seguro de que si alguien más las dijera, incluso tú, carecerían de significado.

Es que estoy deslumbrado. Esa es mi pobre excusa. Deslumbrado y fascinado por el brillo y la belleza de todo su ser. Él es maravilloso, magnífico. Es la estrella que ilumina todo el cielo y cuya luz se refleja en mí, en mi propio mar. A veces pienso que esa escena es perfecta, pero entonces siempre llega a mí ese detalle. ¿Sabes de qué color son las aguas de mi mar? Son plateadas, plata líquida.

Tú y yo mezclados, siendo uno, mientras él nos alumbra. Esa escena es aún más perfecta. Yo quisiera que fuese así siempre. Los tres.

Mientras tú y yo somos uno, esa estrella que brilla sobre nuestras cabezas debe bajar, y sumergirse en nosotros, convirtiéndose en un tesoro, el más brillante, el más fabuloso; un tesoro que debo proteger con mis mareas de plata líquida; un tesoro que hace que brillemos.

El mar que comienza a brillar…

Qué absurdo. No puedo tenerlos a ambos. Tú ya te has ido.

~*~

Y yo no sé en qué momento mis visitas a su habitación comenzaron a hacerse más frecuentes. Tú, que vives en los otros dormitorios, no podías saberlo. Que había veces en las que incluso dormía allí. Y sólo dormía, por difícil que sea para ti creerlo. Confieso que había mañanas en las que despertaba entre sus brazos, confieso que más de una vez le desperté con un beso en la frente.

Sé lo que pensarás. Que soy descarado e hipócrita. Que me lleno la boca diciendo que no me gusta el contacto físico, que ese tipo de muestras de afecto no van conmigo. Yo también creo que soy un cínico. Siendo realmente honesto, sólo respondo el skinship de dos personas: de ti, por supuesto, y de él.

Con el paso del tiempo, su compañía, su presencia, se me hicieron necesarias.

El tiempo que pasábamos juntos durante las promociones en China. Confieso que al no verte, había ratos en los que desaparecías de mi mente. Lo sé, soy una basura.

Nos fuimos acercando peligrosamente, eso también lo sé. Él siempre trató de que no. Hubo un tiempo en que trató de distanciarse de mí. Y sufrí, sufrí en silencio, por un período corto, porque después insistí. Y él no sabía cómo explicarse, no sabía, ni se atrevía a decir lo que yo ya sabía, porque yo puedo leerlo a él. Todo lo que él siente, yo lo sé, lo he sabido siempre, desde el comienzo. Me siento mezquino, porque a fin de cuentas fui yo el que tentó al destino. Y todo terminó así. Contigo lejos de mí.

No medí las consecuencias. Pero, si soy honesto, ¿lo he hecho alguna vez?

Y entonces, llegó esa noche… que cambió todo.

Pensé que no estaría mal. Me quise convencer de que era un experimento, que era sólo probar un poco de algo que se me antojaba. Por dentro, algo gritaba, como loco, que debía detenerlo, que debía ser fiel a lo que sentía por ti. Pero ser fiel… ¿A qué? ¿A un sentimiento que jamás iba a ser correspondido? Si yo para ti era sólo un amigo, un hermano, y jamás sería algo más que eso, jamás me mirarías como yo te miro a ti, jamás pensarías en mí de la forma en la que yo pienso en ti.

Fue por eso… por eso yo… no me resistí.

Es egoísta, ¿verdad? Yo quiero que estemos los tres, que seamos los tres. Antes quería que fuésemos sólo tú y yo. Pero ahora…. Ahora sé que no puedo estar sin él, sin mi estrella. Y cómo quisiera no saberlo, cuánto quisiera seguir siendo ignorante de ello, y seguir pensando sólo en ti, sólo desearte a ti. Pero ya no puedo. Quiero tenerlos a ambos.

Soy escoria.

~*~

La compañía había dispuesto de una sala de ensayos para ellos en el último piso del edificio donde vivían. Se acercaba una presentación en un conocido programa musical, parte de la programación de las promociones del quinto álbum, por lo que durante los últimos días habían pasado varias horas en ese lugar.

Era una sala muy amplia, iluminada por pequeñas lamparillas que asemejaban reflectores y que se asomaban del techo perlado. Todo el muro norte estaba cubierto por espejos; el muro este sólo era adornado por dos puertas estrechas, una daba al baño, y la otra a la salida. El muro opuesto a las puertas era un ventanal, cuya hermosa vista podía dejar sin aliento a cualquiera. El piso era de madera oscura, con diseños casi imperceptibles a simple vista.

—Un, dos, tres… —Eunhyuk se encontraba en el centro de la gran habitación, murmurando para sí mismo mientras se movía, marcando pasos, con mirada seria y gesto concentrado, mordiéndose el labio inferior.

El resto de sus compañeros se encontraban apegados al muro, algunos de pie, otros sentados en el suelo, otros (Yesung) recostados, observándolo. El agotamiento se podía detectar claramente en sus rostros.

Donghae (que estaba de pie), al percatarse del gesto de Eunhyuk con su labio, suspiró sin darse cuenta, pasándose las manos por el cabello y echando la cabeza hacia atrás, apoyándola contra el muro. Siwon le miró desde el otro lado de la habitación y arqueó las cejas. El pez sólo lo ignoró.

—¿Ya lo tienes? —preguntó Shindong a Hyuk, con un dejo de impaciencia en el tono de su voz.

—Creo que sí —respondió el aludido, girándose para quedar cara a cara con su reflejo. A través del espejo, buscó a Hae hasta encontrarlo, y le guiñó un ojo en un gesto amistoso y de confianza que el otro respondió con una sonrisa.

—Entonces ahí va —le avisó Shindong, presionando la tecla de “play” del reproductor de música. El sonido salió de los parlantes que colgaban de la parte alta de los muros e inundó rápidamente el lugar.

Eunhyuk comenzó a moverse al ritmo de la música, con gracia y soltura. Donghae apoyó toda la espalda en el muro y cruzó los brazos, pasándose la lengua por los labios. Las venas de su antebrazo se hicieron levemente notorias. Estaba tenso, y es que su tortura ya había comenzado.

Mientras Hyukjae giraba sobre sus pies, lo único que vagaba por la mente del pez era el sudor que hacía brillar apetitosamente los brazos, rostro, cuello y la parte visible del pecho de su amigo. Que ese hombre se moviera de esa manera…

—Fíjate en su rostro —le dijo alguien a su lado. Él hizo caso a la voz, y el aliento se le hizo un poco escaso. La mirada, la sonrisa coqueta, esos labios sensuales y la manera en que los fruncía… Todo eso lo ponía… Aish.

Suspiró.

‘Debería estar prohibido el moverse así y hacer esas caras, por sanidad mental y hormonal’ pensaba el pez.

Escuchó una risita un tanto burlona a su lado, pero no hizo caso. Lo más importante en ese momento era ver a Hyukjae, no perderse detalle del tortuoso y a la vez glorioso espectáculo que presenciaba.

Eunhyuk terminó su baile tras una pirueta, y cuando la música dejó de sonar, a Donghae le dijeron al oído.

—Límpiate la boca.

Se sobresaltó, y le lanzó una mirada de fastidio a la persona a su lado. Siwon había llegado junto a él sin que se diera cuenta. De todas formas, para diversión del más alto, el pez se pasó el dorso de la mano por los labios, y demonios, sí estaba mojado. ‘Es el sudor’ se dijo a sí mismo, negándose a la posibilidad de haber babeado.

—Presta atención allí abajo también —le murmuró Siwon, lanzando una mirada discreta a la entrepierna de él.

Hae se ruborizó, y se despegó de la pared, parándose con la espalda totalmente recta. No era algo demasiado notorio, pero agradeció que ese día se le ocurriera vestir una camiseta sin mangas del tipo larga y holgada, ya que la tela de la parte baja le cubría perfectamente y disimulaba su pequeña erección.

La risa discreta de su amigo le llegó nuevamente a los oídos. Siwon era un buen amigo y todo, pero tenía la mala costumbre de nunca desaprovechar la más mínima oportunidad para molestarlo y avergonzarlo. Estaba dispuesto a soltar un par de insultos, cuando Hyukjae apareció junto a él y le dijo:

—¿Cómo estuvo? —casi sin aliento por el esfuerzo.

—B-bien —murmuró, tratando de sonreír.

—¿Sólo bien? —cuestionó el bailarín un tanto decepcionado.

Hae abrió la boca para responder, pero se vio salvado ya que Shindong y Leeteuk llamaron a su amigo.

El pececito siguió al bailarín con la mirada, le vio hablar con sus hyungs, y vio a Shindong enseñarle un paso nuevo.

—Aquí va de nuevo —murmuró Siwon, apoyándose en el muro y cruzándose de brazos.

Hyuk se ubicó otra vez en el centro de la sala. Shin puso la música, y repitió la misma coreografía de antes con unos cuántos cambios.

—¿Cómo lo soportas? —preguntó Siwon, que se sorprendió a sí mismo al no poder despegar la vista de Eunhyuk.

—Años de práctica —murmuró Donghae por respuesta.

Cuando Hyuk acabó, Leeteuk, Shindong y Ryeowook le aplaudieron.

—Con esto ya acabamos, ¿verdad? —preguntó Kyuhyun.

—Falta la parte de Hae —dijo Eunhyuk.

—¿Podemos ver eso mañana? —sugirió Sungmin, haciendo un mohín. —Tengo mucha hambre.

—Yo también —agregó Yesung, poniéndose de pie.

—Pero…

—Pueden marcharse —sonrió Hae amablemente. —Yo me quedaré un poco más.

—Hae… —comenzó a decir Eunhyuk.

—No pasa nada. Tú ya estás listo, y seguro también tienes hambre.

—Sí, pero…

—Tranquilo, yo también me quedo. Quiero repasar algunos pasos —explicó Siwon ante la mirada interrogante de Hyuk.

—Bueno, pues ya está decidido —exclamó Sungmin con cierto entusiasmo.

Los demás comenzaron a moverse hacia la salida.

Mientras Leeteuk hablaba con alguien por teléfono, Eunhyuk dijo:

—¿Los espero para cenar?

—No Hyuk, come tranquilo —fue la respuesta de Siwon.

—Pero asegúrate de dejarnos comida —pidió Donghae.

El bailarín asintió.

En eso, Leeteuk se acercó.

—Era Heechul —explicó. —Dice que ya llegó y que se muere de hambre, que bajemos a cenar de inmediato.

—Wae, Heechul hyung salió sólo para faltar al ensayo. Aish —se quejó Hyukjae.

—Ya lo conoces, pero hablaré con él después de la cena —el líder se encogió de hombros. —Nos vemos más tarde —se despidió de Hae y Siwon con palmaditas en la espalda para los dos, y él y Eunhyuk abandonaron la sala, este último no sin antes voltear y despedirse de sus amigos con un gesto de la mano.

Al quedarse solos, no perdieron tiempo y se dedicaron a lo suyo.


Donghae practicó su solo de baile, luego ayudó a Siwon con unos pasos que al más alto no le satisfacían.

Sudados y cansados, se dejaron caer al suelo.

—Hace mucho calor —se quejó Donghae, abanicándose con la mano.

—Son las luces —dijo Siwon, mirando hacia el techo. —Voy a apagarlas.

Donghae asintió, mientras el pelinegro se ponía de pie y caminaba hasta el muro donde estaba el interruptor. Siwon regresó con una botella de agua para Hae y una Coca-Cola para él que tomó de un pequeño congelador que había en un rincón, y con un gesto le señaló el otro extremo de la sala, el rincón que se formaba entre el espejo y el ventanal, el lugar favorito de ambos para charlar.

La habitación, a pesar de tener todas las luces apagadas, no quedó a oscuras. La luz de la noche de Seúl se hacía presente a través de los enormes cristales, por lo que ambos podían verse los rostros sin ninguna dificultad. Se sentaron en el suelo y apoyaron la espalda en el frío cristal del espejo, soltando al mismo tiempo exclamaciones de alivio.

Se rieron, mientras Hae destapaba su botella de agua, y Siwon su gaseosa. Se bebieron la mitad del contenido de sus botellas en casi solo un trago.

—¿Estás mejor? —le preguntó el pelinegro.

Donghae frunció el ceño y le pegó el brazo.

—Deja de fastidiar —le espetó.

Siwon abrió mucho los ojos y la boca en un gesto de sorpresa e indignación, pero al cabo de segundos, Hae comenzó a reír, entonces él también rió.

—Ah —suspiró el pez una vez pasada la risa. —Estoy enfermo —dijo.

Siwon frunció levemente el ceño y los labios, meditando lo que había dicho su amigo.

—Amar a alguien no es una enfermedad —dijo al cabo de un minuto en absoluto silencio.

Donghae sonrió y apoyó la cabeza en el hombro derecho de Siwon.

—Cuando tú hablas de amar… me haces sentir menos loco —dijo.

—¿Por qué sueno más loco que tú? —exclamó, sonriendo.

—No —negó el pez con una sonrisa. —Es que… no lo sé… Simplemente me gusta lo que dices.

Una cálida sonrisa adornó el rostro del pelinegro al tiempo que rodeaba los hombros del otro con su brazo y se inclinaba para besar su cabello.

Permanecieron en silencio hasta que Hae lo rompió.

—¿Crees que estaría bien… decirle?

Siwon arqueó las cejas, sorprendido por la pregunta.

—Pues, si tú quieres…

—No —cortó Hae, separándose de él para mirarle con seriedad. —No es si yo quiera o no. ¿Estaría bien?, ¿crees tú que serviría de algo?

Siwon apretó los labios, tomándose su tiempo para pensar.

—¿Crees que no?, ¿que no debería decirle nada? —Siwon no respondió. —Siwon —murmuró el pez. —Siwon… ¡Siwon!

—Aah… —exclamó el caballo, frunciendo el ceño. —No seas impaciente.

—Respóndeme.

—Estoy pensando.

—Dime lo que piensas —demandó.

Siwon dudó un segundo, pero le hizo caso.

—Creo que cuando alguien le confiesa su amor a otra persona… es hermoso.

—¿Hermoso?

—Que alguien te diga lo mucho que le importas, lo especial que eres, lo mucho que anhela tu compañía… ¿No crees que es hermoso que alguien sienta todo eso por ti?

—Viéndolo así… sí.

—Tú tienes miedo —continuó Siwon, —no sólo de que Hyukjae te rechace, si no también, de que te aborrezca. —Hae bajó la mirada, incómodo. —Eso no va a pasar jamás —le aseguró Siwon, posando sus manos en los hombros de Hae. —Él estará… muy agradecido de tus sentimientos, Donghae.

El pez quería creerle, de verdad quería.

—Pero, ¿y si no?

—No pienses en eso.

—¡No puedo dejar de pensar en eso! —exclamó. Con voz más calmada, agregó: —Todos los días me despierto y pienso ‘hoy es el día’, y me siento decidido a decirle todo —murmuró. —Pero luego me doy cuenta de que es una tontería, que no es necesario que él lo sepa, que le evitaré pasar un mal rato quedándome callado. Que así él… él no terminará odiándome.

—Él nunca te odiaría, Hae. Tú lo conoces mejor que nadie; Hyuk es incapaz de aborrecer a nadie. Es demasiado amable. —El pez sonrió levemente. —No deberías temerle a tus sentimientos, Hae.

—No tengo miedo —soltó de inmediato.

—Sí tienes —sonrió Siwon, dando un sorbo a su Coca-Cola. —Estás asustado.

El silencio se hizo presente, Siwon sabía que su amigo meditaba sus palabras.

—No estoy asustado de lo que siento —dijo con voz segura. —No me asusta eso…

—Entonces, ¿qué es? —murmuró Siwon, instándolo a decirlo.

—Ya lo sabes —dijo en casi un susurro.

Siwon suspiró, dirigiendo su vista a un punto indefinido en el cielo nocturno tras el cristal del ventanal.

—Nunca… nunca voy a poder… —se pasó la mano por la nariz, que ya comenzaba a picarle. —Esto es una mierda —agregó en voz baja.

Siwon abrió mucho los ojos, un tanto escandalizado, e hizo una mueca graciosa con los labios para expresar su sorpresa, porque Hae no acostumbraba a expresarse de esa forma cuando estaba con él.

—No hables así.

—¿Por qué no? Esto que siento… no lo puedo controlar y… es tanto que… me duele —terminó murmurando, para después sonreír amargamente, pasándose la lengua por el labio inferior. —Antes no importaba. La idea de permanecer a su lado como amigo me satisfacía, no aspiraba a más que eso, me conformaba con tan poco… Pero me volví codicioso. Demasiado. —Siwon volteó el rostro hacia él, para mirarle detenidamente con ese gesto que mezclaba preocupación, compasión y ganas de reconfortar. —Estoy siendo castigado.

—Hae…

—La codicia es un pecado ¿verdad? —continuó el pez, sin escucharlo. —Al comienzo, nuestras charlar y el pasar el tiempo haciendo cosas divertidas, eran suficiente. Verle feliz era suficiente. Ahora… mis brazos se mueven automáticamente y se cierran alrededor de él cuando está cerca. Siento una necesidad… —decía, mientras gesticulaba con las manos, —de sentir su olor, su calor. Y todos los días, siento que quiero más de eso, más de él. Pienso en él todas las noches, antes de dormir lo último que veo es su rostro, y es lo primero que viene a mi mente al despertar. La mayoría de las veces, él se aparece en mis sueños. Y no tienes ideas con qué cosas he soñado —dijo afligido, cubriéndose la cara con las manos en un gesto que denotaba frustración. —Los días pasan y… le deseo más. Le deseo Siwon. Deseo sentirlo cerca, s-su piel contra la mía, su respiración, sus labios… —susurró, con tanto anhelo que la piel de Siwon se puso de gallina.

—Hae…

—Eso también es un pecado. Lujuria, ¿verdad? Además de que es… antinatural. Desear a un hombre… pero… no puedo evitarlo.

—Hae.

—Por eso es un castigo. Dios me está castigando, por ser tan despreciable y…

—¡Hae!

—¿Qué?

—Dios no castiga —dijo con seriedad. —Lo que te pasa no es un castigo por ser pecador. Dios no castiga por amar.

—¿Ah, no?

—No —negó con la cabeza. —No le estás causando dolor a nadie más que a ti mismo. Guardas tus sentimientos por Hyukjae dentro de ti, y te lastimas a ti mismo en lugar de importunarlo a él. Eso no es pecar, eso es ser admirable.

—No Siwon —sonrió triste. —Yo no soy admirable. Me guardo todo, me lastimo, como dices tú, porque soy un cobarde, porque… me da terror escuchar… escucharlo decir…

Siwon volvió a suspirar.

—Hyuk te quiere mucho Hae.

—No es lo mismo.

—Es amor.

—Pero es diferente —dijo, aumentando levemente el volumen de su voz. —Él… no me quiere como yo le quiero. Él no siente lo que yo siento cuando le veo o estoy con él, cuando me mira o me toca —hizo una breve pausa. —Quisiera… quisiera que fuese igual, ¿sabes? Que al verme, sonría como tonto, y que al estar cerca, tocándome, su pulso se dispare, su boca se seque, sus manos… tiemblen… Ash —volvió a cubrirse la cara con las manos. —No lo sé.

Siwon lo miró silencioso, hasta que el pez descubrió su rostro y lo miró. El pelinegro le cogió una de las manos y la sostuvo entre las suyas, acariciándola con ternura.

—¿Te tiemblan las manos cuando… cuando tocas a Hyukjae?

—S-sólo cuando se acerca sin avisar y… se pone tan cerca que siento su respiración.

—¿Hace eso? —preguntó Siwon, impresionado.

—S-sólo en los conciertos… Estúpido fanservice —masculló.

Siwon rió bajito. —Las fans del EunHae llorarían si te escucharan decir eso.

—Tsk —hizo un ruidito de fastidio. —EunHae —dijo, y golpeó el espejo con su cabeza varias veces, con los ojos cerrados, y la mandíbula apretada.

—No hagas eso —le regañó Siwon.

—El EunHae es el peor invento del mundo —masculló.

—Wae —exclamó Siwon con los ojos muy abiertos —¿y eso a qué viene?

—Si no existiera el EunHae, Hyuk me dejaría en paz.

—¿Y tú le dejarías en paz? No es que sólo él te persiga, es mutuo, y lo sabes.

—Sí, sí, pero, ¿has visto lo que escriben las fans del EunHae? —preguntó elevando el tono de voz.

—¿Te refieres a esas historias que Heenim siempre lee? Mmm… ¿Fics?

—Fanfics, sí. ¡Yo siempre estoy sufriendo por Hyukjae! Siempre soy yo el que se enamora primero, al que rechazan y rompen el corazón, al que engañan, al que golpean…

—Woo, ¿te golpean?

—¡Sí! —exclamó indignado. —Y en las historias en las que no, siempre soy un chico malo que se mete en problemas y liga con muchas tipas, hasta que conozco a Hyukjae y él cambia mi manera de ser y blah, blah, blah.

Siwon no pudo más que disimular la risa que amenazaba con salir al ver a su amigo tan afectado.

—¿Y sabes qué es lo peor de todo? —le espetó, y Siwon negó con la cabeza. —¡Yo siempre estoy abajo! ¿Me entiendes? ¡Abajo! Hyukjae siempre es el que domina. Ash —se cruzó de brazos y se pasó la lengua por el labio inferior en un gesto de molestia.

Siwon no lo pudo resistir más y soltó una carcajada que resonó fuertemente contra las paredes de la sala. Donghae frunció el ceño y la boca, pero al cabo de segundos, terminó riendo también.

—O sea que… —comenzó a decir Siwon cuando la risa se hubo calmado un poco, —en la realidad, tú serías el que domina, ¿no?

Donghae sólo respondió con una sonrisita un tanto ufana, mordiéndose el labio.

Cuando todo asomo de risa se esfumó del aire, Siwon dijo:

—En el fondo… —Hae le miró de inmediato con un gesto curioso. —Tienes esperanzas.

—¿De qué?

—De que Hyukjae te corresponda.

El pez sonrió, cabizbajo.

—¿Es malo?

Siwon negó con la cabeza.

El silencio se hizo presente una vez más.

—No puedes guardarte todo para siempre —habló Siwon. —Tienes que sacarlo de ti, si no, te hará daño.

—Para eso tengo el hablar contigo —sonrió Donghae, y el más alto le sonrió de vuelta.

El pez se inclinó sobre el pelinegro y ambos se acomodaron de tal manera que Hae quedó sentado entre las piernas del otro, con el rostro semioculto en el cuello del pelinegro mientras este le rodeaba con sus brazos.

—Hablar contigo… me hace sentir menos loco.

—Eso ya lo dijiste.

—Quise decírtelo de nuevo.

Permanecieron envueltos en ese cálido silencio hasta que Siwon, nuevamente, habló.

—Deberías conquistarlo —murmuró, como si hablase más consigo mismo que con Hae.

El otro hizo un ruidito de fastidio.

—No es una chica —dijo de mal talante.

—Lo sé —rió el más alto, —pero hay muchas maneras de enamorar a una persona.

—No Siwon.

—Pero…

—No lo entiendes… E-es difícil acercarse a Hyuk como… como algo más que un amigo. Es… raro.

—¿Ya lo has intentado?

Hae se sintió enrojecer por la vergüenza, y enterró más el rostro en el cuello del otro.

—Hae —le instó Siwon a que hablara.

—S-sólo a veces. Y-y ha sido tan… raro. No me gusta, no va conmigo. Y creo que él lo nota, por cómo me mira y cómo actúa. Se pone muy nervioso y evita mirarme. No me gusta cuando Hyuk me evita así. Odio sentir eso.

—Quizás… eres demasiado obvio.

—¿En serio? —Hae se incorporó para mirarlo un tanto desafiante. —Tres años, y él sigue diciendo que soy su mejor amigo.

—Junsu es su mejor amigo.

—Ash. ¡Su segundo mejor amigo!

—Ya son tres años Hae.

—Quizás sea más. Lo conozco desde la secundaria. Y tardé mucho en darme cuenta.

—Cada vez se te hace más insoportable. ¿Qué harás cuando pasen otros tres años? ¿Y después los siguientes tres? Cuando Hyukjae tenga esposa y ya no viva contigo.

Donghae se quedó callado, sin saber qué decir.

—¿Vas a dejar que venga algún desconocido y te lo arrebate?

—Hablas como si fuese un objeto.

—Sabes a qué me refiero.

—Soy su amigo Siwon —murmuró. —Si no es como tal… Hyuk no me ve.

—No digas eso.

—Sé que le importo mucho, que me quiere, pero jamás llegaré a ser… esa persona con la que él sueña compartir su vida.

—¿Por qué dices eso? Tú eres maravilloso y…

—¿Qué no lo has escuchado? —preguntó alzando la voz y mirándolo. —Se la pasa hablando de su persona ideal.

—Sí es verdad, pero…

—Yo nunca podré ser esa persona ideal, Siwon. Yo no puedo competir con una mujer —lo dijo tan bajito, que a Siwon le costó escucharlo.

—Pero tú eres maravilloso Hae. Cualquier hombre sería feliz con tenerte.

Inmediatamente, el pez le lanzó una mirada ofendida.

—No me gustan los hombres Siwon, me gusta Hyuk. Si tuviera que estar con alguien que no fuese él, elegiría a una mujer. Como Hara-ssi o Sica-ssi.

—Bien, bien, no te enfades. Corrijo, cualquier persona…

—Pero yo quiero a Hyuk —murmuró.

—Donghae…

—Pero… él se casará y formará una familia. Prometimos que el primero de nosotros que tuviera un hijo, lo llamaría EunHae, y seguro que él es el primero, porque yo… yo estaré solo.

—No hables así —le regañó Siwon, atrayéndolo hacia sí y estrechando su abrazo. —Yo siempre estaré contigo —murmuró.

—Pero tú también te casarás, y tendrás tu familia, tu esposa y tus hijos.

—Y uno de ellos se llamará SiHae y tú serás el padrino, y vendrás a mi casa a comer los fines de semana cuando no estés ocupado.

Una enorme sonrisa adornó el rostro de Hae.

—Y malcriaré a tus hijos con regalos y muchas golosinas.

—Yah, no quiero que seas mala influencia para ellos Lee Donghae—le advirtió.

—Mal jugado Choi Siwon, porque lo seré.

Rieron, y Siwon besó su cabello cariñosamente cuando dijo:

—Nunca serás mala influencia para mis hijos. Para nadie.

La sonrisa de Hae se tornó cálida ante las palabras de su amigo.

—Gracias por incluirme en tu fantasía del futuro —dijo, apartándose de él con suavidad, regresando a su sitio original, apoyando la espalda contra el espejo.

Siwon se recostó en el suelo, posando su cabeza en el regazo del otro.

—De nada —dijo con aires de suficiencia.

Hae cogió su botella de agua y bebió un sorbo.

—Yo también quiero una familia —dijo tras dejar la botella a un lado y comenzar a acariciar el cabello de Siwon mientras este esperaba a que continuara. —Cuando era más joven, solía imaginarme a mí mismo de mayor en una casa grande y bonita, con un jardín enorme de césped muy verde y con un árbol para construir una casita en él. Siempre estaba esta mujer, que era hermosa y que se parecía un poco a mi madre, esperándome con tres niños, uno un poco más grande que los otros, y un enorme labrador que meneaba la cola, frenético, apenas me veía.

—Me gusta —sonrió Siwon con los ojos cerrados, disfrutando de las caricias del otro en su cabello.

—Sí. Era un buen pensamiento sobre el futuro.

—¿Era?

Hae sonrió amargamente, mordiéndose el labio inferior.

—Cuando conocí a Hyukjae… la fantasía cambió un poco. Imaginaba lo mismo, pero, él estaba allí, jugando con mis hijos, charlando con mi esposa. Después, cuando me di cuenta de… de lo que sentía, cambió totalmente. Cuando pensaba en el futuro, cuando me imaginaba a mí mismo… ya no veía la casa grande, y ya no estaban la hermosa mujer ni los niños ni el perro. La casa de convirtió en un departamento en Seúl, y la persona conmigo…

—Hyuk.

—Sí —y las caricias cesaron. —En los últimos años esa ha sido la imagen de mi futuro. No hay casa grande, no hay niños, ni perro, pero hay Hyukjae —sonrió amargamente. —Pero, últimamente —la sonrisa se borrando gradualmente mientras hablaba, —cuando imagino mi futuro… veo el departamento vacío. No hay nadie más que yo. Solo.

Siwon le dedicó una mirada preocupada. Hae pegó su nuca al cristal y se llevó el índice y el pulgar de su mano izquierda al puente de su nariz.

—Hae…

—No sé por qué… me cuesta imaginarme acompañado. Siento que… nadie nunca podrá quererme…

Siwon se incorporó y le miró detenidamente.

—¿Por qué piensas eso?

—Hyuk es perfecto. Si él no puede ver algo en mí, si no puede quererm…

—Hyukjae sí te quiere. Te ama.

—Como a un hermano —murmuró. —Pero yo me refiero a otro tipo de amor.

‘Ese amor que se desborda de mí, y se desparrama por donde quiera que voy’

—Si le haces ver tus sentimientos, seguro que él te aceptará.

Hae sonrió, y le acarició la mejilla al más alto.

—Siempre dices eso. Eres muy amable, Siwon.

—Digo lo que creo.

—Lo sé. Es muy importante para mí que creas eso. Lo aprecio mucho.

—Aún así sigues sin hacerme caso.

Hae negó con la cabeza.

—Por dentro estoy podrido. Nadie va a querer amar algo como eso.

—No me gusta cuando hablas así —le reclamó Siwon. —No estás podrido Hae. Por dentro, eres hermoso.

Hae río sin mucha alegría. —Muchas gracias.

—Hablo en serio —dijo Siwon con gesto serio.

Donghae no supo que decir, así que volvió a hablar pasados unos segundos. —No puedes ver dentro de mí Siwon.

Su tono, seco e imperturbable, molestaron al más alto. Lo enfadaron. Se puso de pie, se alejó unos metros, y le dio la espalda. Se pasó ambas manos por la boca y trató de concentrarse en algo, lo que sea para serenarse.

Donghae rodó los ojos en un gesto de fastidio mientras bebía otro sorbo de agua. También se puso de pie.

—No pierdas el tiempo enfadándote —le espetó, dispuesto a ir a la salida, pero Siwon se movió rápido y lo acorraló contra el espejo.

—Sí puedo —murmuró.

—¿Qué cosa? —preguntó el pez, sin parecer molesto ante la brusquedad con la que chocó contra el cristal.

—Ver dentro de ti.

—Tsk, seguro —desvió la mirada al suelo, pero la mano de Siwon en su rostro le obligó a mirarlo.

—Sí puedo. Ahora mismo puedo verlo. Porque tus ojos son transparentes, Hae. Puedo ver todo tu interior a través de ellos.

—¿Ah, sí? —dijo, desafiante. —¿Y qué ves?

*

—Veo amor. Estás lleno de amor, un amor líquido, agitado como el mar de una tormenta. Y estás ansioso por darlo, ansioso por entregarlo, pero en tu mente, todo ese amor tiene un solo dueño, y estás tan empeñado en darle todo a esa única persona, que te has quedado ciego.

—¿Ciego?

—Ciego. Porque te niegas a ver que hay muchas personas que morirían por probar un poco de ese amor tuyo.

Hae miró a su amigo, curioso y confundido. Su corazón latía demasiado rápido, demasiado fuerte, y estaba seguro que Siwon también podía sentirlo. El pelinegro le sostuvo la mirada mucho tiempo, sin decir anda, y el pez comenzaba a impacientarse, porque él quería saber más, quería escuchar más. Todo lo que Siwon tuviese para decir… era indudablemente fascinante.

—¿Cómo quién? —preguntó.

Siwon entonces, escondió el rostro en el hombro del otro.

—Estás tan ciego —se lamentó, con la voz ligeramente más ronca. —Ignoras a esas personas que están pendientes de ti, personas que tienen que soportar tu silencioso y tan notorio sufrimiento, el verte anhelar a alguien más, verte agonizar de deseo por alguien que ignora cómo te sientes. —Hizo una breve pausa. —Tener que soportar que todos tus gestos, que todas tus miradas, estén dirigidas sólo a él. Y en silencio, contener el deseo de apegarse a ti para ayudar a calmar tu cuerpo, que tiembla y se agita por esa persona que vive en su mundo de ignorancia, ajena a todo el conflicto dentro de ti.

¿Era todo eso cierto? ¿De verdad existían esas personas?

La respiración de Siwon se hacía pesada, y el calor de su aliento le abrasaba el cuello.

—¿Quién? —murmuró el pez, que ya estaba convencido de que se trataba sólo de una persona.

Siwon se removió, un tanto inquieto, y sus labios acariciaron la piel del cuello de Donghae, haciendo que este sintiera una descarga eléctrica recorrerle desde el cuello, por toda la columna, hasta más abajo…

Siwon supo que Donghae lo sabía, que lo sabía todo. Se maldijo a sí mismo (porque sí, Siwon a veces también maldecía) por ser tan descuidado. Ese era el juego de Donghae. Desde hacía un tiempo Siwon había notado que de pronto la atención del pez, en lugar de estar totalmente centrada en Eunhyuk, se centraba también en él; que el pez pasaba mucho más tiempo con él, que ya no rechazaba ni se molestaba por el contacto físico, incluso lo buscaba, de una forma muy sútil, casi imperceptible para cualquiera, pero no para Siwon.

Él vio la intensión de Hae en sus ojos, no mentía cuando decía que eran transparentes. Siwon había visto a través de ellos el deseo secreto de Donghae de ser amado por alguien, esa hambre de ser querido, esa necesidad por sentirse especial y amado, esas ansias tremendas por cariño y atención. Y él había sido compasivo, y había tratado de satisfacer esa hambre de atención y cariño con su amistad, alimentando también, de alguna manera, su propia hambre. Porque él también tenía hambre, aunque su hambre era distinta. Mientras Hae quería que alguien le quisiera, Siwon quería a alguien a quien querer, quería desesperadamente a alguien a quien proteger, mimar y llenar de atenciones, y ese lugar rápidamente fue ocupado por Donghae.

Y éste lo sabía, porque el pececito era muy inteligente*, y notó en Siwon los mismos síntomas que sufría el mismo (por Hyukjae). Por más que Siwon disfrazara todo con esas amables sonrisas y con sus palabras de aliento, había veces que se descuidaba, como cuando, en algún momento de la noche mientras dormían, le abrazaba y le susurraba al oído, sin percatarse de que el otro estaba despierto, un suave “dulces sueños”, y le besaba la mejilla, o muy cerca de los labios. Y esos descuidos no escapaban a la percepción de Hae.

Como en ese momento, donde Siwon acababa de moverse de nuevo, y sus labios habían vuelto a frotarse contra la piel del cuello de Hae. Y el contacto era tan delicioso, que Siwon, inconscientemente, comenzó a repartir pequeños y castos besos por toda esa piel a la que tenía libre acceso.

Donghae no se sorprendió. La verdad era que esperaba que lo hiciera. Cerró los ojos y disfrutó de esas suaves caricias. Sin embargo, algo dentro de él se removía con inquietud. No debería estar haciendo esto, no estaba bien. Él era de Hyukjae, aunque este no lo supiera. Él, Donghae, le pertenecía a Hyukjae.

¿Qué hacía allí entonces? En la oscuridad de la sala de prácticas, prisionero entre el frío espejo y el cálido cuerpo de Siwon, disfrutando de esos labios carnosos y sugerentes que no eran los labios que él amaba…

‘Pero no tiene nada de malo’ se dijo a sí mismo. No estaba haciendo nada malo, no estaba traicionando a nadie. Simplemente… tenía mucha curiosidad. Eso era lo que provocaba Siwon, unas inmensas ganas de saber todo, de conocer, de probar… Porque todo lo que le ofrecía Siwon se le antojaba fascinante.

—Siwon —murmuró, con voz modulada. —¿Quién? —insistió, aunque ya sabía la respuesta, quería escuchar la voz del otro decirla.

Siwon suspiró contra su cuello, y movió su boca hasta el oído de Hae. Jugueteó con el lóbulo sólo con los labios, sin atreverse a morderlo o lamerlo, y dijo:

—Como yo —jadeó. —Yo moriría por probar un poco de tu amor, Donghae —toda la piel del pececito se erizó.

Siwon retomó la actividad anterior, y dedicó varios minutos a acariciar el cuello de Donghae con nada más que los labios. El más bajo estaba alucinado, maravillado por la sensación que provocaban esos labios en su piel. Él jamás había sentido algo así. El calor de otra persona, el contacto de piel contra piel, la electricidad por ese contacto… Todo eso era nuevo.

—Por un momento… sólo por un momento —comenzó a decir Siwon. —Imagina que soy Hyukjae.

—¿Qué… imagine? —su voz salió un poco ronca.

—Cierra los ojos —Hae lo miró dubitativo, pero ante la determinación en los ojos contrarios, obedeció. —Piensa que no soy yo el que está frente a ti ahora. Piensa que es Hyukjae el que está aquí, a solas contigo.

—Siwon…

—Sssh —le cubrió los labios con su índice. —Es Hyukjae el que está frente a ti, es Hyukjae el que te toca —posó sus manos en los hombros de Hae y los deslizó hacia abajo, acariciando los músculos definidos de sus brazos. —Imagina que es Hyukjae… el que te besa —murmuró, y le tomó el rostro con ambas manos, acercándose lentamente.

Con apenas un centímetro de distancia, Donghae sorbió ese aliento masculino y se relamió los labios ante la espera. Ese gesto hizo que algo en el interior de Siwon se agitara, y terminó por presionar sus labios sobre los del otro. El contacto le puso la piel de gallina a ambos.

Al principio, Donghae sintió esos labios suaves y carnosos besarlo tímidamente. No lo pudo evitar, las palabras de Siwon había surtido efecto en su mente, por lo que se dejó envolver por su imaginación, y visualizó a Eunhyuk frente a él.

—Hyukjae —escapó de sus labios.

—Eso es —murmuró Siwon con aprobación al tiempo que mordía tiernamente el labio inferior del pez.

Donghae estaba perdido en su fantasía. Hyuk le mordisqueó el labio bajo, luego pasó la punta de su lengua sobre él, de extremo a extremo, reiteradas veces. Hae entreabrió su boca, dejando escapar uno que otro suspiro. La excitación aumentaba en cada lamida y mordida que Hyuk le propinaba. Ese jugueteo por parte del otro le estaba enloqueciendo; Hae quería probar esos labios perfectos y saborear cada rincón de esa boca. Y fue como si Eunhyuk leyese su mente, porque su lengua traviesa se deslizó dentro de su boca, saboreándolo todo, transformando ese beso suave, tierno y tentador en uno profundo y ardiente.

Las manos de Hae se despegaron del espejo y abandonaron su quietud rodeando la cintura de su acompañante. Pero había algo extraño en la cintura del otro. Hae conocía de memoria las proporciones del cuerpo de Hyukjae, él estaba hecho para ajustarse perfectamente a su cuerpo, a sus abrazos. Por eso al rodear con las manos esa cintura, en su fuero interno algo le dijo que se sentía levemente diferente, que esa cintura no era la de Eunhyuk. Él es delgado, y su cintura es estrecha, como la de una mujer. Esta, en cambio, era un poco más ancha, aunque bajo el tacto de las palmas de sus manos, que se desplazaban levemente de arriba abajo, se sentía muy bien.

Pero no era Hyukjae. El cuerpo que lo aprisionaba contra el espejo no era el del rapero, este cuerpo era más grande, y se sentía poderoso y no frágil, dominante y no sumiso. Y a pesar de que era un cuerpo diferente, de que esa vocecilla en su cabeza le gritaba que lo apartara porque no era Hyukjae y que no se dejara engatusar por esas inconcebiblemente placenteras caricias en su lengua, Hae no quería parar. El contacto de ese cuerpo grande contra el suyo le gustaba, ese aroma masculino que penetraba su nariz y lo embriagaba, esos besos y esos roncos jadeos que a veces su acompañante dejaba escapar, todo eso le gustaba. Mucho.

Siwon le gustaba.

Pero Siwon no lo sabía. Un parte de él creía que Hae le encontraba un poco atractivo, que Hae le quería… Pero sólo una parte de él, y era una parte muy pequeña en comparación a la que aseguraba que Donghae sólo tenía ojos para Eunhyuk.

Ese pensamiento le dolía a veces, como ahora. Porque a pesar de que estuviese cumpliendo una fantasía personal al estar devorando esos labios rosados que siempre lo tentaban con inocentes sonrisas, dentro de su pecho algo dolía. Y es que él no era Hyukjae, ni nunca lo sería. Él era Siwon, y para desgracia suya, no era a Siwon a quien Donghae quería. Pero eso no debería importarle, menos ahora. Él se conformaría el resto de su vida con ese momento, con haberlo sentido de esa forma tan sólo una vez. No importaba si Hae no lo veía o si creía que era Hyukjae. Siwon se conformaría con liberar un poco la tensión en el cuerpo de su amigo, esos deseos contenidos que Hae no sabía ocultar. Sus sonrojos, su excitación… de todo eso se haría cargo Siwon.

—S-si-won —murmuró Hae con esfuerzo.

—No —murmuró el otro, frunciendo el ceño levemente, temiendo que el más bajo fuese a apartarlo, mordisqueando su labio inferior. —Hyukjae —dijo. Le besó ferozmente, metiendo toda la lengua.

Hasta ahora, Hae se había dejado hacer. Su movimiento más osado había sido rodear la cintura del otro con las manos, pero la acción anterior de Siwon le encendió de sobremanera.

—Siwon —gimió con la voz ronca, sujetando al otro por las caderas y atrayéndolo hacia sí, apegando deliciosamente sus cuerpos y respondiendo el beso con el mismo apetito del otro.

El pelinegro soltó un gemido en la boca del más bajo, sintiendo una descarga extenderse desde el centro de su entrepierna al resto de su cuerpo.

Ya no había vuelta atrás.

Hae mantenía firmemente su agarre en las caderas del más alto, y las movió a un ritmo enloquecedor para ambos. Siwon le soltó el rostro, y apoyó las manos contra el cristal del espejo, una a cada lado de la cabeza de Hae, cuando este le separó mínimamente para tener acceso a su pantalón. Siwon vestía unos pantaloncillos deportivos de color gris. Hae, muy lentamente, deshizo el nudo del cordón de la cinturilla que evitaba que los pantalones se cayeran. Colocó sus manos en los costados de la prenda, introduciendo los pulgares, ensanchando el elástico. Entonces ambos se miraron. Duró apenas una fracción de segundos. Hae hundió su rostro en el cuello del más alto y comenzó a besar esa piel sudorosa al tiempo que hacía descender la prenda del otro hasta caer al suelo, dejándolo en bóxers. Sin apartarse del cuello de Siwon, Hae acarició con los dedos esa erección, atrapada bajo la tela negra, y el pelinegro cerró los ojos y jadeó, complacido.

El castaño continuó palpando ese ser, maravillado por como sentía que quemaba las yemas de sus dedos y por los jadeos involuntarios que escapaban de los labios del otro.

Siwon se sentía perdido por las caricias de esa mano curiosa. Deseó que el contacto fuese más profundo, deseó que su ropa interior fuese bajada y que su miembro fuese rodeado por esa mano. Se mordió el labio para reprimir su enésimo jadeo al sentir que Hae le tocaba los testículos. Aquello le dio un breve momento de lucidez, y tomó las muñecas de Hae, ubicándolas sobre la cabeza de este y sosteniéndolas quietas con una sola mano.

—Esto no se trata de mí —le dijo. —Si no de ti.

A Donghae, ese gesto brusco y posesivo le pareció condenadamente excitante.

Usando la mano libre, Siwon le bajó los pantalones y la ropa interior, lo suficiente como para liberar el miembro del castaño que dio un brinco al ser liberado.

Hae ahogó un gemido al sentirse rodeado por la mano de su amigo.

Siwon veía con fascinación el cómo su propia mano comenzaba a moverse lentamente, bombeando esa longitud, disfrutando del tacto de esa piel rosada en extremo suave, cálida, y palpitante.

Hae logró soltarse del agarre de Siwon, y se apresuró a bajar la ropa interior del otro. El miembro del pelinegro se irguió en toda su longitud, y Hae no se hizo esperar para cogerlo con la mano e imitar los movimientos del otro.

La respiración de ambos se había vuelto pesada y ruidosa con cada caricia, desde la base hasta la punta. La excitación desbordaba a Siwon. Cuando comenzó con ese absurdo juego, su único propósito era aliviar la tensión de Donghae, jamás se le pasó por la mente la idea de que este le respondería de esa manera, deslizando la mano una y otra vez por todo su miembro.

Explotaría.

—Hae… —gimió.

El más bajo sonrió y aumentó la velocidad. Siwon gimió alto, sin tapujos, e inconscientemente aceleró su caricia también, haciendo que el pez soltara un ronco gemido.

Siwon podía sentirlo. El calor abrasador, el cúmulo de sensaciones que se agolpaban en esa zona y que le cortaban el aliento, el temblor en sus piernas que se hacía casi insostenible, el movimiento de su propia cadera para acelerar todo. Sólo un poco más, sólo un poco…

—Hae —gimió.

El sonido de algo golpeando el suelo hizo que ambos voltearan el rostro y miraran en dirección a la puerta. Los ojos de ambos de ensancharon a más no poder debido a la sorpresa.

Siwon quiso detenerse, pero no pudo. Su semilla salió expulsada, derramándose en la mano de Hae y en su pierna, al mismo tiempo que el poderoso orgasmo lo golpeaba con brutal intensidad.

—Hyuk —escapó de los labios de Hae, en un gemido que nada tenía de excitante o sensual.


~*~

Eunhyuk yacía en la puerta, y el gesto de su rostro se debatía entre la sorpresa y el horror. A sus pies yacía lo que parecían ser paquetes de comida. Un poco de arroz, carne y verduras se había esparcido sobre el piso. Había también jugo derramado, que no dejaba de salir de una botella que había rodado bastante lejos.

Fue como si la escena se hubiese congelado, el tiempo, sus respiraciones, los latidos del corazón. El que rompió aquel hechizo fue Eunhyuk. Sus ojos brillantes y enrojecidos, sus mejillas sonrosadas y bañadas súbitamente de lágrimas. Se cubrió la boca con el dorso de la mano para acallar sin éxito un sollozo, y se echó a correr sin decir nada.

—Hyuk —llamó Donghae. Se precipitó a seguirlo, pero olvidó que sus pantalones estaban abajo, por lo que trastabilló y cayó al suelo. —Mierda —rugió con furia, arrodillándose para subirse los pantalones y la ropa interior y alejándose a zancadas para alcanzar al otro, dejando a Siwon completamente solo.

El pelinegro trataba de regularizar su respiración, pero no podía. Su corazón latía desbocado, martilleando en su pecho con mucha fuerza, mientras intentaba recuperarse del explosivo orgasmo y de la impresión que le causó que Hyuk los descubriera en tan vergonzosa situación. La mano derecha —la mano con la que había estado masturbando a Hae— le temblaba, por lo que la cerró en un puño para dominar ese temblor. Alzó la vista hacia el frente y se encontró con su propia mirada. Su reflejo sólo le transmitió una sensación: vergüenza.

Se subió la ropa interior y el pantaloncillo. Cogió aire, pero este le quemó cuando atravesó su garganta.

—Dios —murmuró, cerrando los ojos, golpeándose la frente contra el espejo. —Hice algo muy malo —agregó en un tono más dolorido.

Quería llorar.

***

Eunhyuk presionó el botón del ascensor, tembloroso, pero este venía en un piso muy abajo, y él estaba en el último. Los pasos y la voz de Donghae aumentaban su volumen. Miró en derredor, desesperado, y dio con la puerta que daba a las escaleras. No se lo pensó demasiado. Ya había descendido dos pisos cuando Donghae siguió su andar hacia las escaleras.

—Hyukjae —le llamó, pero ambos sabían que Eunhyuk no iba a detenerse por nada del mundo, ni por la extraña sensación de frío y calor que lo azotaba, ignorando el sudor y los temblores que no dejaban de incordiarle y le dificultaban cada vez más su huida.

—¡Hyukjae! ¡Por favor! —Donghae hizo uso de toda su habilidad y velocidad para poder darle alcance. Era obvio que Eunhyuk estaba muy afectado, puesto que él era igual o más veloz que él y podría haberse fugado con mucha facilidad si se lo hubiera propuesto. —Por favor —Hae no sabía si estaba llorando o no. Su cara estaba húmeda, eso estaba claro, pero no sabía si eran lágrimas, sudor, o la saliva de los besos de Siwon.

Estaba detrás del otro, a unos cuantos pasos. Extendió la mano y la posó en el hombro del mayor, en un gesto de súplica, de perdón. Hyuk sintió ese tibio contacto, demasiado tibio… y pegajoso. Con horror, sintió ese contacto húmedo y pegajoso, y un olor repulsivo llegó a sus fosas nasales.

—¡No me toques! ¡Qué asco! —rugió, lloró, ya ni se daba por enterado, al tiempo que se giraba y depreciaba la mano de Donghae pegando un fuerte manotón al antebrazo de este.

Fue un golpe fuerte. La piel del antebrazo del pez enrojeció enseguida, mientras este iba a parar sobre los escalones, porque el impacto del golpe, y de las palabras de Eunhyuk, habían sido brutales.

Miró a Hyukjae, notoriamente estupefacto y dolido. El mayor se cubrió la boca con el dorso de la mano, queriendo contener el llanto que le mancillaba los ojos y la garganta para salir. Y no pudo hacerlo por mucho tiempo. Un sollozo ahogado escapó primero, un par de lágrimas descendieron desde sus ojos, y a continuación otro sollozo, más lágrimas… Lloraba como un niño pequeño, sintiéndose solo y perdido y deseando más que nunca ver el rostro de su madre y su hermana y pedir un poco de consuelo. Se cubrió el rostro con las manos, apoyándose en la pared, llorando copiosamente. No quería pensar en nada, pero la imagen de Siwon y Donghae, haciendo lo que estaban haciendo… Esa imagen lo perseguiría de por vida.

Siwon y Donghae. Siwon y Donghae. Siwon y Donghae. Siwon y Donghae. Siwon y Donghae.

Ni cuenta se dio que yacía en el suelo. En algún momento, sus piernas debieron haber cedido al temblor que, incluso en ese momento, no lo abandonaba.


Donghae se miró la mano con la que había tocado el hombro de Eunhyuk, cubierta por el semen blanco y espeso de Siwon. Sintió asco de sí mismo, y comprendió que Eunhyuk lo detestara, odiara, aborreciera. No lo odiaría por sus sentimientos ocultos, no lo odiaría por estar enamorado de él, le odiaría por lo que acababa de hacer, tan antinatural y abominable como masturbar a un compañero. La mirada de Eunhyuk, el sonido de su llanto, todo, le hacía sentir asqueado de sí mismo. Se quitó la sustancia en la tela de su pantalón, y observó en silencio, de esos en los que la ansiedad te come por dentro, a Hyukjae, sin atreverse a hacer nada. No se había dado cuenta de que él también lloraba, las lágrimas caían límpidamente por sus rojas mejillas, sin cesar.

Cuando Eunhyuk se calmó un poco, se descubrió el rostro, y lo miró. Se miraron por breves segundos, hasta que el mayor hizo una mueca. ¿Una mueca de qué? ¿De pena? ¿De asco? Era obvio que trató de no hacerlo, pero no pudo evitarlo: rompió a llorar nuevamente, con la misma energía de la primera vez, como si no hubiese estado llorando en el suelo por una hora. Porque una hora era el tiempo que había transcurrido con ellos dos allí, en las escaleras del edificio.

Donghae vio como el mayor se ponía de pie con esfuerzo y desaparecía tras la puerta que daba al pasillo de un piso en el que no había ninguno de los dos dormitorios de la banda. No hizo el menor esfuerzo en seguirlo, porque no podía moverse. Sentía el cuerpo pesado y agarrotado. Se quedó allí, sentado en los escalones, por tanto tiempo, hasta que las luces se apagaron. Eran de esas luces que se volvían a encender con el movimiento, pero él se sentía incapaz de moverse, por lo que permaneció en la oscuridad por horas, entumecido. Ya había dejado de llorar.