Sunday, October 9, 2011

Promesa / Incompleto

Título: Promesa
Pareja: EunHae/HaeHyuk
Tipo: Slash
Género: Romance
Clasificación: PG-13
Advertencia: Este fic está incompleto y no veo su 'completación' en un futuro cercano xD


Promesa

Todos los días de tu vida has hecho lo mismo. Todos los días han sido iguales para ti. Te levantas temprano, tomas una ducha rápida, te vistes con el uniforme, desayunas algo ligero, y te marchas a la escuela. Después de clase o estás en el club de baile o en el club de fútbol, y empleas mucho de tu tiempo libre en el estudio.

Para ti, toda tu vida se limita a la escuela. Sabes que hay un tiempo “antes de”, ese cuando fuiste bebé, pero no recuerdas nada. La vida para ti comenzó con la escuela.

Ahora ya cursas el último año, tus días siguen iguales, malditamente iguales. Eres preso de esta rutina desde hace muchos años, pero no siempre ha sido así. Hubo un tiempo en que tu día a día siempre era algo nuevo. Esos días comenzaron en la primaria, y terminaron en la secundaria. Comenzaron cuando conociste al bullicioso de Lee Donghae, y terminaron cuando tú y él se fueron a preparatorias diferentes.

Lo conociste durante un castigo, un castigo que en verdad no merecías, pero eso al maestro no le había importado. Tú solamente pasabas por ahí al momento de la pelea, fuiste testigo de cómo esos niños de un curso superior le quitaban el almuerzo a una niña de tu grado, viste como esta rompía a llorar y como Donghae salía en su defensa. Viste como el pequeño castaño llamó a los niños grandes de mil maneras diferentes, todos insultos muy originales, y también viste como él, muy valientemente, se abalanzaba sobre uno de ellos, intentando quitarle la lonchera de la niña. Tú sólo te quedaste allí mirando todo porque te llamó la atención, y cuando llegó el maestro, este sólo te vio allí, parado cerca del pleito, y te llevó con los otros. Los dejó un par de horas después de clases, sentados muy lejos el uno del otro, copiando la frase “No debo golpear a nadie” de la pizarra. El maestro abandonó la sala un momento, y Donghae aprovechó para girarse y mirarte, y preguntar tu nombre.

‘Lee Hyukjae’

‘¿En serio? Yo soy Lee Donghae’ rió.

Desde ese día comenzaron a hablar. No iban en la misma clase, pero Donghae se acercaba a ti en los recreos, sólo para hablarte. Tú agradecías su compañía. Siempre fuiste tímido y hasta un poco retraído, todo lo contrario a ese niño, que era alegre y escandaloso y hablaba con todo el mundo.

Donghae siempre tenía ideas nuevas, algunas interesantes, otras realmente absurdas; eso no te importaba, le seguiste en todas y cada una de ellas. Se hicieron completamente inseparables.

Recuerdas los días de secundaria con cariño. Recuerdas a Donghae y al enorme grupo de amigos que tenían. Él se hizo muy popular rápidamente, por su chispeante personalidad y su carisma, eso te arrastró a ti también, y te viste de pronto rodeado de gente que se reía de tus bromas, y te diste cuenta de que estar con tantas personas a la vez no era desagradable.

La vida te parecía maravillosa. No querías nada más, lo tenías todo, buenas calificaciones, eras popular, y tenías el mejor amigo que pudieses desear. Desafortunadamente, el tiempo siguió avanzando, y llegó el momento de apartarse.

Tú y él habían hecho una promesa de asistir a la misma preparatoria, en Seúl, una preparatoria con muy buenos índices de ingreso a la universidad y con excelente formación en áreas artísticas como el baile, el canto y la música. Secretamente ambos compartían el mismo sueño: ser artistas y debutar algún día, ojala que en el mismo grupo.

Tú tenías todos tus documentos listos para ser enviados a esa preparatoria. Era más que claro que los aceptarían a ambos, puesto que poseían las más altas calificaciones. Llevaste todos tus papeles al salón de maestros, y se los entregaste al encargado de esas cosas. Te dijo que esperaras un segundo, porque le habían llamado por teléfono y tú asentiste. De curioso, fijaste la vista en el revoltijo de papeles que tenía en su escritorio, y sonreíste cuando viste el documento con la fotografía de Donghae. Leíste rápidamente todo el formulario de ingreso a la preparatoria de tu amigo, y te llevaste una gran sorpresa cuando leíste que el nombre de la preparatoria a la que iría tu mejor amigo no era el mismo que la tuya.

Contrariado, saliste de la sala de profesores, a buscarlo, y lo encontraste en la entrada de la escuela, pero no estaba solo. Estaba con su novia, una chica que ya cursaba la preparatoria en un instituto local. Reconociste el uniforme de inmediato y sentiste algo encogerse en tu interior. Eso no te impidió que lo llamaras.

—¡Donghae-ah!

El castaño volteó a verte y sonrió. Dejó a su noona a solas un momento y corrió hacia a ti.

—¿Qué sucede?

Tú no sabías por dónde empezar. Te sentías traicionado, dolido. ¿Cómo poner en palabras todo lo que sentías?

—Iremos a Seúl —dijiste. —Al Instituto___ —le miraste a los ojos, y sentiste que los tuyos se estaban humedeciendo, pero eso no te detuvo. —Sacaremos las mejores notas, ingresaremos a una buena universidad y apenas tengamos la oportunidad, audicionaremos en una compañía grande, comenzaremos el entrenamiento y debutaremos.

Donghae te miró algo apenado.

—Lo siento Hyukkie —dijo.

Y eso fue suficiente para ti. No esperabas explicaciones ni disculpas. Todo había quedado muy claro. Los planes trazados, los sueños juntos, todo eso desde ese momento sería sólo tuyo.

No dejaste de hablarle ni de juntarte con él, pero algo en su amistad se rompió. Él día que se graduaron de la secundaria, quisiste decirle cosas, cómo te sentías, lo asustado que estabas de emprender este viaje a Seúl sin él, pero no lo hiciste. Simplemente le abrazaste, le deseaste buena suerte en su futuro y él te deseó lo mismo.

Esa fue la última vez que lo viste. Desde entonces tu vida se ha convertido en la miserable rutina que vives ahora. Pero te consuelas a ti mismo diciéndote que sólo te queda un año más, y que prontamente tu esfuerzo se verá recompensado.

Audicionaste junto a un gran amigo que conociste apenas llegaste a Seúl, Junsu. Pero Junsu fue escogido, no tú. Te alegraste mucho por él y prometiste que volverías a intentarlo el año entrante. Así que ahora tu meta más próxima es audicionar nuevamente a esa compañía y quedar seleccionado sí o sí, por lo que darás el máximo en tus prácticas de baile y canto.

Hoy es el primer día de clases de tu último año de preparatoria. No estás emocionado, estás ansioso de que este semestre comience y así dar lo mejor de ti. Sales de tu casa y te aseguras de cerrarla bien. Vives solo desde que llegaste a Seúl. La preparatoria queda cerca, por lo que te vas caminando. De camino, varios estudiantes te saludan. Eres popular, tus talentos en el baile y en el canto te han ganado el respeto de todos.

Llegas justo a tiempo, un par de segundos antes de que entre el profesor. Este anuncia que tendrán un nuevo compañero de curso, y tú te acomodas mejor en tu silla, demostrando interés. El profesor le dice al nuevo alumno que pase. Al principio no le reconoces. Tiene el cabello mucho más largo, pero acomodado perfectamente de tal manera que le hacía lucir guapo con un toque de rebelde. Le reconoces cuando sus miradas se cruzan y él te sonríe. Su sonrisa sigue siendo la misma.

—Mi nombre es Lee Donghae —se presenta a la clase y hace una venia. —Por favor sean buenos conmigo.

Algo así como un murmullo de aprobación se extiende por todo el salón, pero no le prestas demasiada atención. Estás demasiado sorprendido.

El profesor le indica que se siente en el pupitre vacío uno dos puestos más atrás del tuyo. Él pasa a tu lado, y escuchas su risa al ver tu cara de asombro. Sientes su vista taladrando tu nuca y te volteas ligeramente para comprobar que te está mirando. Ubicas la mirada en el frente inmediatamente y no te atreves a mirarle de nuevo.

La clase pasa demasiado lenta para ti. Cuando suena el timbre, y todos comienzan a salir, sientes un alivio tremendo. Te giras, para hablarle, pero le ves rodeado por tus compañeras de clase.

—¿No eres de Seúl? ¿De dónde eres?

—¿Dónde estudiabas?

—¿Tienes novia?

Te levantas de tu asiento y abandonas el salón, pensando que ya habrá oportunidad de hablar con él. Te preguntas si aún te recuerda. Claro que debe recordarte, te sonrío. Vas por la mitad del pasillo cuando escuchas que alguien te llama.

—¡Eh! ¡Hyukjae-ah!

Detienes tus pasos y te giras.

Él se acerca a ti con una enorme sonrisa.

—¿No me recuerdas? —te pregunta. —¿Ya te olvidaste de mí?

—Claro que no —sonríes, enseñando todos los dientes y hasta las encías. Ambos se funden en un abrazo, de esos que dejan sin respiración.

—Ha pasado mucho tiempo —comenta él. —Has cambiado mucho.

—Tú también has cambiado. Has crecido.

—Tú también —ríe. —Me gusta el color de tu cabello —señala tu cabello rojo brillante.

Tú te sonrojas levemente.

—Me lo teñí para actuar en un musical.

—¿De verdad? ¿Tenías el papel principal?

—No, sólo era el antagonista.

—Wow, eso sigue siendo importante.

Tú sonríes.

—Tenemos mucho de qué hablar. Han pasado tantas cosas. Tienes que contarme cómo es tu vida en Seúl —te dice él, pasando un brazo alrededor de tu hombro e instándote a caminar.

—¿Cuándo te mudaste a Seúl?

—Hace un mes, y me cuesta acostumbrarme. Me sorprende que hoy haya llegado a la hora, siempre me pierdo.

—Yo puedo mostrarte los alrededores —sugeriste.

—Eso sería de mucha ayuda.

Siguen hablando y hablando, y es como si nunca se hubiesen separado. Te sorprende lo fácil que es hablar con él después de dos años de no haberse visto ni saber nada el uno del otro. Te sorprende que Donghae siga siendo el mismo de la secundaria, igual de enérgico, igual de alegre, igual de sonriente, igual de guapo…

—¡Eh! ¡Eunhyuk-ah! —tú y Donghae están sentados en una banca en el patio de la preparatoria. Te volteas a ver quién te llama y sonríes. Te pones de pie y con un gesto le indicas a Donghae que espere un momento.

—Junsu-ah —dices, contento de ver a tu amigo después de varios meses. Le abrazas. —¿Cómo has estado? ¿Qué haces aquí?

—Vengo a ver los horarios de los exámenes que debo rendir para graduarme este año —te explica.

—Vaya. ¿Cómo va lo del grupo? La última vez que hablamos me dijiste que te habían puesto en un grupo de cuatro.

—Sí, pero ese proyecto se rechazó.

—Ah…

—Pero eso no importa. Hay algo mejor que vine a decirte. Ahora estoy en un grupo de cinco miembros, y debutaremos el mes que viene.

—¿En serio? —exclamas, sorprendido y feliz a la vez. —Oh, de verdad… Felicidades —le abrazas nuevamente mientras los dos se ríen. —¿En dónde?

—Será por televisión. Transmitirán el comeback de BoA-shi, y actuaremos una canción con ella.

—¿BoA? —repites, impresionado. —¿Conoces a BoA?

Junsu se ríe y asiente.

—Es muy agradable. ¿Puedes creer que ella tiene nuestra edad?

—¿En serio? —te asombras. Ella tiene tu misma edad y ya tiene una gran carrera como cantante. Tú en cambio ni siquiera has sido contratado como aprendiz en ninguna compañía. —Bien, este año será mi año. Audicionaré y quedaré —dices con determinación.

Junsu te sonríe y te palmea el hombro, dándote ánimo.

Charlan un par de minutos más hasta que tu amigo te dice que debe irse. Se despiden y prometen reunirse después del debut de Junsu para celebrar.

Regresas junto a Donghae, quien te mira curioso.

—¿Por qué ese chico te llamó Eunhyuk?

Tú te echas a reír.

—Es un apodo que me gané en aquí después de mi primera presentación.

—¿Si?

Tú asientes.

—¿Quién es él? Se ve que son muy amigos.

—Él es mi mejor amigo —dices. —Xiah Junsu. Hará su debut muy pronto.

—¿De verdad? Vaya, debe ser muy bueno.

—Lo es. Es la mejor voz que he escuchado en mi vida —dices, con orgullo.

Donghae te sonríe, es una sonrisa extraña, pero no deja de ser bonita.

—El timbre sonó hace un par de minutos —te dice.

—¿Qué? —exclamas, sorprendido. Miras en derredor y en efecto no ves a nadie. —¿Por qué no me lo dijiste? —le reprochas.

—Te veías muy feliz hablando con ese chico —se encogió de hombros. —Seguro que no le veías de hacía mucho.

—Sí, pero…

—Ya déjalo, mejor vámonos porque vamos tarde —dice, comenzando a caminar.

—Donghae-ah, no es por ahí…

Él se ríe y te sigue.

Los días pasan. Te concentras mucho en tus prácticas y en tus estudios. Donghae se ha unido al club de baile, por lo que practican juntos. Y él es bueno, es condenadamente bueno. Cuando baila es como si fuera a romper el escenario por la energía que desborda.

—Eres muy bueno —le dices durante un momento de descanso.

Él te sonríe. —Practico todos los días.

—Entonces, ¿también quieres debutar?

Él asiente. —Ha sido mi sueño desde la primaria, ¿no lo recuerdas? —te sonríe, pero es una sonrisa extraña.

Tú asientes con la cabeza y te alejas en busca de una botella de agua. No quieres hablar del pasado, siempre lo evitas, porque en el fondo sigues dolido porque él te cambió, a ti, a la promesa y a su amistad, por esa noona, y ni siquiera sabes si siguen de novios o no. No quieres preguntarle porque no quieres saberlo.

—¿A qué compañía quieres entrar? —te pregunta, acercándose, intentando entablar una conversación.

—SM.

Él sonríe. Su sonrisa es hermosa. —No has cambiado.

—¿Por qué?

—Cuando íbamos en secundaria decías lo mismo, que querías entrar en la SM.

Te encoges de hombros, bebiendo agua.

—¿No recuerdas a qué compañía quería entrar yo? —te pregunta.

Tú niegas con la cabeza y evitas su mirada que, en tu opinión, se tornó un tanto decepcionada.

—Tienes muy mala memoria —le escuchas murmurar antes de que se aleje con destino al reproductor de música.

Le miras presionar la tecla de “play” y la música comienza a inundar la estancia. Le ves moverse, torcer los pies, mover los brazos, las caderas.

Te acomodas el mechón de pelo rojo que te cubre la frente y suspiras. No es que tengas mala memoria. Por supuesto que recuerdas cuál era la compañía a la que él quería entrar cuando iban en secundaria. Pero por alguna razón no quisiste que él lo supiera. No querías sentirte tonto al decirle que sí recuerdas, y que la razón por la que quieres entrar en la SM es él, porque antes él solía decirlo a cada momento, que entraría en esa compañía y que debutaría algún día contigo.

Te sientes extraño. ‘No soy yo el que tiene mala memoria’ piensas con amargura. Porque fue él quien olvidó la promesa y todos los planes que tenían juntos.

Donghae vive solo. Después de un mes, vas a conocer dónde vive. Es cerca del centro, en un edificio. Su departamento es muy pequeño, suficiente para una persona. No tiene muchas cosas. En la salita, que es mitad comedor, hay un sofá que se ve viejo, pero cómodo, y una mesa con cuatro sillas. No hay televisión, pero sí una laptop sobre la mesita de centro. La cocina es de esas estrechas, con una estufa normal, y lavaplatos al lado, una encimera, y los gabinetes superiores donde guarda platos, vasos y cosas por el estilo. Tiene una pequeña nevera.

La habitación de Hae es lo que más te gusta. Es simple. No hay cama, sólo un colchón en el suelo con muchas mantas y algunos muñecos de felpa encima. Hay un espejo grande, que casi cubre todo el muro, también tiene un ventanal grande que dejar entrar la luz a raudales. Hay una cajonera de madera marrón, una lámpara de lava encima. También notas que tiene un estéreo, y junto a este pilas y pilas de cds. Los parlantes están repartidos en cada extremo de la habitación.

Uno de los muros tiene muchos posters de las cosas que le gustan a Hae: series de anime, juegos de video, artistas.

—¿Y este? —te acercas a ver un poster que muestra a cinco chicos, guapos en tu opinión. —¿DBSK?

—Un amigo de Mokpo es miembro de ese grupo. Debutaron hace poco.

—Lo sé. Mi amigo Junsu está en este grupo.

—¿En serio?

Y hablan de sus amigos.

—¿No recuerdas a Yunho? Iba en secundaria con nosotros.

Sí lo recuerdas. Yunho era un chico alto y guapo. Siempre podías encontrarlo bailando en la plaza de la ciudad con su grupo de amigos. Le gustaba Michael Jackson.

—Sí lo recuerdo. No sabía que él también quería debutar.

—No quería —río Donghae. —Yunho pensaba entrar a estudiar Leyes, pero un agente de la compañía lo vio bailando y le propuso hacer un viaje hasta Seúl para que otras personas lo vieran. Al final se quedó aquí. Lleva entrenando un año.

—Sí, Junsu también lleva un año entrenando —dices, y suena como a un suspiro.

—¿Tú no audicionaste?

—Lo hice. Lo hicimos juntos, pero eligieron a Junsu —sonreíste. —Dijeron que mi baile era genial, pero que si podía mostrar algo más sería mucho mejor.

—¿Algo más como qué?

—Querían que cantara —tus mejillas se tornaron un poco rojas, pero decidiste ignorarlo. —Y lo mío no es el canto —reíste. —Canté un poco y dijeron que estaba bien, pero que necesitaba algo más para entrar.

—Mmm… Supongo que a veces bailar no es suficiente —murmura Donghae. —Pero eso no significa que no tengamos oportunidad —agrega, mirando fijamente el poster de DBSK. —Hasta hace un año, Yunho no cantaba. Me contó que en la compañía le obligaron a cantar, para probarlo, y lo hizo. Según él, el entrenador vocal dijo que su voz podía mejorar si se ponía a trabajar. Así que lo hizo. Me reuní con él en cuanto llegué a Seúl y me demostró lo bien que canta ahora. Me dijo que a pesar de cantar, a él le venía mejor rapear. Quizás a ti también te venga mejor eso que el canto.

—Mmm… No lo sé, nunca lo he intentado… —no quieres sonar pesimista, pero es inevitable que te escuches así. —En público —agregas. Porque si lo has hecho. La verdad es que te gusta mucho el rap, y has llegado incluso a escribir algunos, pero jamás te has atrevido a mostrarle aquel talento –si es que es uno- a nadie.

—Tenemos que esforzarnos si queremos ser elegidos —dice él, con cierto entusiasmo en la voz y en la mirada. —Desde mañana empezaremos a entrenarte para que cantes y rapees.

—¿Y cómo haremos eso? —ríes.

—Yo puedo cantar. Mi padre me enseñó a hacerlo desde pequeño. Rapear será complicado, pero no imposible. Sólo tenemos que escuchar un montón de rap y copiar el estilo que más nos guste, practicar hasta dominarlo, y después agregar un toque personal que nos haga únicos.

—Hablas como si todo fuera muy fácil.

—Lo será si trabajamos duro —te dice él, sonriendo. Hay algo en su sonrisa y en su forma de mirar que hace que aguantes la respiración. No sabes qué es y, en verdad, no quieres saberlo. —Nos presentaremos en las audiciones de Agosto del próximo año y quedaremos. Lo haremos Hyukkie, ¿de acuerdo?

Hay algo en la forma en la que te habla, algo en ese Hyukkie, que remece tu interior. Es como antes, como cuando tenían catorce años y soñaban con pararse en un escenario frente a muchas personas. Es como si el tiempo hubiese retrocedido a esa época de tu vida. No, es como si nada hubiese cambiado, como si Donghae jamás hubiese roto la promesa que hicieron. Aquel pensamiento te llena de una dicha que hace mucho tiempo no sentías. Es extraño. Sientes renovadas ganas y entusiasmo por hacer tu sueño realidad. Por mucho tiempo quisiste convencerte de que tu sueño de ser artista seguía siendo lo que más querías hacer en este mundo, y trataste por todos los medios de ignorar esa sensación de vacío que te invadía ante la perspectiva de cumplirlo sin tu mejor amigo. Ahora te das cuenta de que ese sueño jamás fue el mismo sin Donghae, que si no es con él jamás se cumplirá. Tú quieres debutar, quieres ser un artista y que el mundo entero reconozca tu talento, pero si no es al lado de este muchacho de cabello castaño que te mira con firmeza e ilusión, entonces no quieres.

—De acuerdo —dices, sonriendo, enseñando tus encías. Sellan sus palabras con un apretón de manos.

Inconscientemente han vuelto a hacer una promesa.

Han pasado los meses. Tú y Donghae practican sin descanso. Ponen especial empeño en las clases de canto del instituto. El profesor de canto, Kang Chang Mo, pasa horas extras con ustedes en la sala de música, enseñándoles a controlar sus voces, yendo desde bajos a altos.

Durante ese tiempo quedaste maravillado con la voz de Donghae. Alguna vez lo habrás escuchado cantar cuando ambos vivían en Mokpo, pero escuchar al Donghae de ahora es completamente diferente. Su voz ha cambiado. Su tono es diferente. Las pocas veces que le habías escuchado cantar en el pasado habían sido agradables, pero eso no se compara a lo que se siente ahora.

Cuando Donghae canta te sientes como hechizado. Es como si el mundo se detuviera por completo y sólo existiera tu amigo y su voz.

Let me take you to a place nice and quiet
There ain't no one there to interrupt
Ain't gotta rush I just want to take it nice and slow

Su voz tiene algo que te resulta atrapante. El sonido aterciopelado te acaricia los oídos, y hace que la piel se te erice.

See I've been waiting for this for so long
We makin' love until the sun comes up
Baby I just wanna take it nice and slow

Hay algo más. No sabes si es por el contenido de la canción o no. Esas palabras, que de por sí son provocativas, suenan endemoniadamente sugerentes con la voz de Donghae. Te sonrojas sin saber por qué. No quieres saber por qué. Poco antes de que tu amigo termine de cantar, sales de la sala de música. Caminas con premura hacia los baños, tratando de calmar el ritmo de tu corazón.

¿Por qué? ¿Por qué sientes así? Fue sólo una estúpida canción.

Te metes dentro de un cubículo. Apoyas la espalda contra la pared y suspiras, inclinando la cabeza hacia atrás. Te golpeas la nuca contra la pared un par de veces.

No fue sólo una estúpida canción. Fue una estúpida canción, más una voz estúpidamente turbadora, más un intérprete estúpidamente sensual… ¿Sensual? ¿De verdad acabas de pensar eso?

Suspiras. Te niegas a darle importancia a que pensaste en tu amigo como ‘sensual’. En verdad no quieres meditar sobre lo maricón que eso te hace.

—Sensual —bufas con cierta amargura una vez sales del baño.

—¿Quién es sensual?

Esa voz hace que des un pequeño respingo mientras miras hacia el frente. Donghae te está mirando escrutadoramente, apoyado en los lavabos, con los brazos cruzados.

Te sonrojas en apenas medio segundo.

Donghae lo nota. Te mira, y aunque intenta mantenerse serio, tú notas la diversión que chispea en su mirada.

—¿Qué hacías en el baño? —pregunta, y él tono de voz que emplea hace que sientas la cara aún más caliente.

—No es de tu incumbencia —murmuras, ubicándote en el lavabo a la izquierda de él, abriendo la llave de agua y mojando tus manos, por inercia porque es innecesario.

—¿Quién es sensual? —vuelve a preguntar.

Sientes tu cara arder nuevamente, lo cual te fastidia.

—¿Por qué estás aquí? —preguntas en lugar de responderle.

—Vine por ti. El profesor Kang te espera.

—Gracias —murmuras.

—De nada —sonríe. No deja de mirarte de esa forma. Te dan ganas de golpearlo para que te deje de fastidiar. —No tienes de que avergonzarte Hyukkie —te dice con un tono que intenta ser condescendiente.

Tú frunces el ceño. —¿De qué hablas?

—No finjas Hyukkie. Sé lo que estabas haciendo —te dice, con esa sonrisa traviesa que tiene él.

Sí creías que no podrías sonrojarte más, estabas equivocado. Podías sentir que hasta la punta de las orejas te ardían.

—Gwaenchanh-ayo —te dijo, dándote una palmadita en el hombro. —Mejor vamos, Kang seonsaeng-nim se enfadará contigo.

Asentiste y saliste detrás de él.

~*~

Saturday, September 17, 2011

Te quiero más cerca Hyung

Título: Sí puedes besarme Hyung
Pareja: KiHae
Tipo: Slash
Género: Romance
Clasificación: PG-13
Serie: 'Hyung'

N/A: Continuación de Sí puedes besarme Hyung


Te quiero más cerca Hyung

Miró la hora en su celular y sonrió discretamente. Eran las cuatro en punto. Cogió su mochila, regresó el libro que había estado leyendo a su estante correspondiente y abandonó la biblioteca.

—Hola hyung —sonrió tímidamente.

El mayor le respondió con una sonrisa radiante, levantándose de la escalera donde había esperado sentado pacientemente, como hacía todos los días.

Bajaron hasta el primer piso charlando. El mayor le contaba como había estado la práctica del equipo y alguna que otra cosa que había hecho durante el tiempo que no se habían visto. Kibum le escuchaba atentamente. Siempre era así. Su naturaleza era ser callado y escuchar, y eso a Donghae no le molestaba, ya se había acostumbrado a su silencio.

El pelinegro disfrutaba mucho el poder escucharlo, uno de sus momentos favoritos del día era cuando regresaban a casa juntos y su hyung le contaba las cosas que había hecho durante el día.

—¿Y tú qué has hecho? —preguntaba el mayor entonces, y a Kibum no le quedaba otra más que relatar las insignificantes cosas que había hecho en el día, aunque lo hacía de buena gana, porque el mayor siempre se mostraba muy interesado por sus aburridas y rutinarias actividades.

Llegaron al sitio en donde sus caminos se separaban. Esta era la parte menos y, a la vez, más favorita de Kibum. Menos favorita porque tenían separarse.

—Hoy es viernes —dijo el mayor.

—Sí.

—¿Tienes algo que hacer esta noche? —preguntó sin rodeos.

—Eeh, no.

—¿Vienes a dormir a mi casa? —preguntó, nervioso y expectante.

—Pues… —le divirtió notar el cómo la expresión del rostro de su hyung cambiaba a una de suma decepción. —La verdad es que mi madre me dijo que te invitara a casa esta vez. Dice que paso mucho tiempo en la tuya y que hace tanto que no te ve que… quiere que vayas.

El rostro del castaño se iluminó al instante.

—¿De verdad? Entonces iré —sonrió.

—Eso me alegra.

—¿En serio? —preguntó, divertido.

—En serio.

—Entonces nos vemos esta noche.

—Nos vemos esta noche hyung.

Y entonces lo hizo. Miró con disimulo en todas direcciones, cerciorándose que no había nadie a la vista. Se acercó a Kibum, se inclinó hacia él y le dio un fugaz beso en la mejilla antes de girar sobre sus talones, como si bailara, y despedirse de él con un gesto de la mano y con una sonrisa. Ese efímero contacto de los labios del mayor con su mejilla hacía que el momento de la despedida fuese, en cierta manera, su favorito. (413)

***

—Yo abriré —le avisó a su madre que estaba en la cocina. Se miró en el espejo que había en el recibidor y se acomodó el flequillo hacia un lado. Tragó saliva antes de abrir la puerta.

—Hyung —sonrió.

El mayor respondió a esa sonrisa con naturalidad.

—Donghae-ah —sonrió la madre de Kibum, apareciendo de repente. —Has crecido mucho. Hace mucho que no venías —agregó con tono de reproche.

—Lo siento mucho. Prometo que vendré más seguido —miró a Kibum en busca de un asentimiento y este no hizo más que sonrojarse.

—Espero que no hayas cenado. Como sabía que venías, preparé kimbap.

—¿De verdad? —sonrió el mayor, entusiasmado.

—De verdad. Deja tus cosas en la habitación de Kibum y bajen a cenar.

Subieron al cuarto del pelinegro de inmediato.

—Tu madre es muy buena conmigo —comentó el mayor.

Kibum se encogió de hombros. —Le gustas mucho.

Donghae rió.

Kibum estaba apoyado en la puerta, observándolo. Que el mayor de repente fijara su mirada en él lo puso nervioso.

—Será mejor que bajemos —murmuró al tiempo que el castaño se detenía frente a él.

No se movió ni hizo ademán de querer salir de la habitación. Se quedó quieto, esperando con los ojos cerrados. Podía sentir el cálido aliento de su hyung hacerle cosquillas en los labios.

—Muchachos, ya bajen —gritó su madre desde el piso de abajo.

Kibum suspiró imperceptiblemente. —Vamos —dijo, abriendo la puerta. El mayor le siguió en silencio. (237)

***

Después de comer, su madre les avisó a ambos que ella y su padre iban a salir.

—¿A dónde irán? —preguntó Kibum, extrañado.

Su madre miró a su padre en busca de apoyo, con las mejillas sonrojadas.

—Eso no es asunto tuyo —respondió el hombre.

Kibum se encogió de hombros, y él y el mayor se fueron al salón a jugar videojuegos.

—Ya nos marchamos Bummie —le dijo su madre. —¿Cómo me veo?

—Bien —respondió Kibum.

—Hermosa —sonrió Donghae.

La madre de Kibum sonrió encantada. —Eres muy amable Donghae-ah. Cuida bien de Bummie mientras no estamos.

—Omma —dijo Kibum con un dejo de impaciencia.

—Lo haré —sonrió el mayor.

—Si les da hambre cojan algo de la nevera, u ordenen una pizza, lo que sea.

—Está bien —dijo Kibum. —Adiós.

—Adiós muchachos. Pórtense bien —les guiñó un ojo a ambos y se marchó.

Aquel comentario tan inocente por parte de su madre le hizo enrojecer. Porque él y su hyung estarían solos.

Tragó duro ante esa perspectiva, nervioso.

Estaba tan nervioso, que en todas las partidas que jugaron, Donghae le venció. Kibum sabía que el mayor estaba consciente de su nerviosismo, y agradeció infinitamente la amabilidad y consideración de su hyung por no hacer ningún comentario al respecto.

—Tengo hambre —dijo el mayor a eso de la una. —¿Me dejas husmear en tu nevera?

—¿No prefieres ordenar pizza?

—Quiero comer algo dulce.

—Me parece que hay helado.

—¿Helado? —los ojos del mayor brillaron debido al entusiasmo, y se levantó del sofá rápidamente para ir a la cocina. —¡Wow! —exclamó desde la cocina. —Tienes toneladas de helado. ¿Puedo sacar del que yo quiera?

—Claro hyung —sonrió Kibum.

Al cabo de unos minutos, Donghae regresó con un pote de helado de vainilla, chocolate y fresas.

—¿Vas a comerte todo eso hyung? —rió Kibum.

—Esto es para los dos —dijo, dándole una cuchara.

—No me gusta el helado de fresa.

—Lo sé, pero te gusta la vainilla. La vainilla es para ti, yo me comeré la fresa y el chocolate.

—Creí que no te gustaba mucho la fresa hyung.

—Sí me gusta, lo que pasa es que evito comer algo de fresa muy seguido porque me hostiga. Hyukjae ama tanto la fresa que es lo único que comemos cuando nos vemos, por lo que a veces me harta.

—Ya veo —murmuró.

Hyukjae era el mejor amigo de su hyung, y estudiaba en el extranjero.

—¿No vas a comer, Bummie? —le dijo, ofreciéndole el pote de helado.

—No tengo ganas… Hey, hyung, no me llames así —protestó.

—¿Por qué no?

—Es vergonzoso.

—Es lindo —rió el mayor.

Kibum se sonrojó notoriamente, y sintió que se sonrojaba aún más cuando sintió la mano de su hyung acariciarle la mejilla.

Donghae se le quedó mirando, con esa sonrisa de medio lado que le hacía ver tan atractivo a ojos de Kibum.

—Vamos a dormir —dijo con ese tono de voz modulado que tanto le gustaba, y el corazón del menor dio un vuelco tremendo dentro de su pecho.

Se limitó a asentir con la cabeza y a seguir a su hyung a la habitación en silencio, con el rostro ardiendo, las piernas temblándole y las manos sudándole.

***

—¿Prefieres que duerma en el suelo? —preguntó el mayor al ver que el menor permanecía de pie cerca de la puerta mientras él se estaba acomodando en la cama de este.

—No hyung —respondió Kibum, y apagó la luz, presionando el interruptor junto a la puerta. La habitación quedó completamente a oscuras, pero el pelinegro la sabía de memoria, por lo que no tropezó con nada cuando caminó hasta llegar a su cama. Palpó la superficie con la mano y luego se recostó, con el corazón latiéndole en la garganta debido al nerviosismo.

Estaba tieso, con la espalda y los brazos tensos, la vista hacia el techo, con los ojos muy abiertos aunque no podía ver nada.

—Bummie —murmuró el mayor a su lado. —No estés asustado.

—No lo estoy.

—No estés nervioso.

—…

—…

—Está bien.

—No te hará nada, lo prometo.

Y una vocecilla dentro de la cabeza de Kibum comenzó a protestar. ¿Por qué? ¿Por qué protestaba? ¿Por qué las palabras de su hyung le habían dejado esa sensación de vacío en el pecho? ¿Acaso él quería que… sí hiciera algo?

—Hyung —murmuró sin darse cuenta.

—¿Qué?

¿Qué iba a decirle? No tenía idea. Él no quería que se alejase, quería sentirle cerca, más cerca de lo que ahora estaban.

—¿Qué es Bummie? —murmuró el mayor, con esa voz modulada que le ponía la piel de gallina. —Dime.

—Hyung —volvió a decir. Te quiero más cerca, completó en su cabeza, sin atreverse a decirlo.

—Kibum.

El pelinegro se recostó sobre su costado derecho y a tientas, buscó a su hyung con las manos. Cuando dio con su rostro, le atrajo suavemente hacia sí y susurró la dulce caricia de un beso en los labios del mayor.

Donghae suspiró ante esa caricia, y Kibum cerró los ojos para hacer de ese contacto algo más que un simple roce.

El beso de hacía unos días en los vestidores le había dejado con ganas de más.

Su labios, sus dientes, su lengua, Kibum degustó todo eso, tomando total control sobre el beso, disfrutando de los jadeos que escapaban de la boca del mayor cuando se separaba de él por breves instantes para cambiar el ángulo del beso. Todo había comenzado deliciosamente lento y suave, pero ahora, impulsado parcialmente por la insana velocidad de su corazón, Kibum tornó el beso más urgente y necesitado.

Se habían acercado muchísimo. Kibum rodeaba el cuello del mayor con los brazos, con la mano perdida en sus cabellos, mientras que este le rodeaba la cintura en un abrazo posesivo.

—Bummie —gimió el mayor, comenzando a repartir besos por toda la mandíbula del pelinegro, deslizándose con sutileza a su cuello, aspirando con fruición el aroma de su piel. —Me gustas mucho —murmuró contra su cuello, y comenzó a besar esa piel expuesta.

—Hyung —gimió Kibum, apegándose más a su hyung, fascinado por las sensaciones que le provocaba.

Sintió la humedad de la lengua del mayor contra su piel, luego sintió sus dientes, y después el cómo su piel era sorbida por su boca. Era una explosión de placer que nacía en esa zona de su cuello y se extendía a todas partes. Su corazón golpeaba con muchísima fuerza contra el pecho del castaño.

Su hyung llevaba mucho tiempo concentrado en su cuello, tanto que ya era hasta doloroso, pero a Kibum no le importaba. Había algo en ese dolor que le gustaba.

—Dong…hae —murmuró con dificultad, porque le era imposible mantener el aliento.

El mayor liberó la piel de su cuello y Kibum escuchó sus intentos por calmar su agitada respiración.

—L-lo siento. ¿Te lastimé?

—N-no.

—Lo siento —hundió el rostro en su cuello, y Kibum podría jurar que tenía ese adorable gesto en el rostro que hacía cada vez que se sentía avergonzado. —Me vuelves loco Bummie —murmuró contra la piel que había succionado y que ahora le escocía. Ante esas palabras, Kibum se estremeció, y cerró los ojos al sentir la lengua de su hyung. Sus lamidas trataban de calmar el dolor.

Pasados los minutos, se acomodaron para dormir.

—Tu corazón late muy fuerte hyung —murmuró Kibum, recostado en el pecho del mayor.

—Es tu culpa.

—Lo siento hyung.

—No te disculpes.

—No. Siento que debo disculparme —alzó la cabeza y la hundió en el cuello del mayor.

—Bummie —murmuró el castaño con deseo.

Y Kibum hizo exactamente lo mismo que su hyung. Repartió besos por toda la piel de su cuello, pasó la lengua reiteradas veces, y después tomó un trozó de piel con la boca, succionando.

—Bummie —gimió el mayor.

Kibum no se conformó con sólo una porción de piel, se deslizó por todo el espacio que le era accesible, y se inclinó para acceder al otro lado del cuello del mayor, haciendo lo mismo.

—Bummie, t-te quiero —murmuró el mayor.

Kibum sintió su corazón dar un brinco, pero no respondió. Se acurrucó contra el pecho del mayor y dejó que este le abrazara.

—Te quiero —repitió su hyung antes de caer dormido.

No me gustas Dongsaeng - I

Título: No me gustas Dongsaeng
Pareja: WonKyu
Tipo: Slash
Género: Romance
Clasificación: PG

Serie: Dongsaeng

N/A: Esto es una mini serie (?) xD. Y podría decirse que es un 'spin off' de mi otra mini serie 'Hyung', que es un KiHae muy rico que escribí *-*. Y eso .__. Amo el WonKyu ♥


'No me gustas Dongsaeng'

I

Suspiró, sintiéndose levemente cansado. Esa semana había sido pesada para él. Exámenes y reuniones del Concejo Estudiantil. Siwon a veces pensaba que necesitaba tomarse un día libre y no hacer nada, simplemente descansar, pero él no podía no hacer nada, era de esas personas que siempre debían estar haciendo algo.

‘Un buen libro y un poco de vino’ era lo que su padre siempre le decía. Y no sonaba mal, pero él no bebía.

Movió el cuello, disfrutando de aquel crujido tan satisfactorio que hacían sus articulaciones. Consultó la hora en su reloj de muñeca. Las cinco y media. Ya era hora de que se marchara a casa.

Recogió sus cuadernos, que estaban esparcidos sobre la mesa, y los guardó en su mochila. Regresó los libros que había estado leyendo a sus respectivos lugares y abandonó la biblioteca.

Antes de irse debía pasar por el salón del Concejo Estudiantil a dejar unos cuantos formularios de permiso que había rellenado durante la mañana y que debía entregar al director al día siguiente.

Pensó que el salón estaría vacío, puesto que los jueves era el día libre del Concejo Estudiantil. Insertó la llave y se sorprendió al notar que no había puesto ningún seguro. Abrió la puerta con cierta precaución.

—Ah, eres tú Kyuhyun-ah —sonrió al chico de cabello castaño y ensortijado que se encontraba sentado cerca de la ventana, leyendo un libro.

—Hola hyung —saludó poniéndose de pie y haciendo una venia.

Cho Kyuhyun era un año menor que Siwon, y era miembro del Concejo Estudiantil. Se encargaba de las finanzas, puesto que era muy bueno con los números.

—Pensé que la sala estaría vacía —comentó Siwon. —¿Qué hacías?

—Estudiaba. En casa no puedo concentrarme porque mi hermana se la pasa tocando el violín, y en la biblioteca hay mucha gente.

A Siwon le causó un poco de gracia el comentario del menor.

—Yo vengo de allí. ¿Cuánto es mucho para ti?

—Uhmm… Más de cuatro.

—Eres un poco exigente —sonrió Siwon, metiendo una carpeta azul entre un montón de carpetas que había en una repisa. —¿Ya te vas a casa?

—Creo que sí —suspiró cansinamente, cerrando el libro que sostenía entre sus manos.

—Bien. Regresemos juntos a casa.

—Claro hyung.

Kyuhyun cogió su mochila y se la calzó al hombro.

—Listo.

~*~

Volver a casa con Kyuhyun comenzó a hacerse un hábito. Se veían casi todos los días, cuando el Concejo Estudiantil se reunía a discutir asuntos relacionados con los festivales de la preparatoria y los presupuestos para cada club. Cuando las reuniones se extendían hasta la noche, se marchaban juntos. Cuando las reuniones terminaban temprano, el muchacho siempre se quedaba más tiempo después de clases estudiando, haciendo uso de la sala del Concejo. A Siwon no le pareció mala idea hacer uso también de la sala, puesto que sí era un ambiente más tranquilo que la biblioteca, por lo que pronto se convirtieron en compañeros de estudio.

A Siwon no le molestaba pasar tanto tiempo con Kyuhyun. Disfrutaba de su compañía a pesar de que Kyuhyun era un muchacho más o menos callado y serio.

Con el tiempo Siwon aprendió cosas sobre Kyuhyun. El muchacho era un bromista por naturaleza, aunque su sentido del humor era levemente retorcido. Hacía bromas, pero todo el mundo se las tomaba en serio porque Kyuhyun demostraba una seriedad casi perversa en su semblante. Siwon aprendió que Kyuhyun adoraba el sarcasmo, más aún cuando las personas no parecían entenderlo.

Kyuhyun también era muy irónico al hablar, pero ese era un lado que sólo mostraba con Siwon.

Al mayor le hacía mucha gracia la manera de ser de su dongsaeng. Era un chico muy divertido, a su manera. Siwon siempre reía de sus comentarios mordaces, más cuando la persona a la cual iba dirigido no sabía si sentirse ofendida o no.

Pronto no sólo dejaron de verse después del horario de clases. Comenzaron a charlar en los recesos y a comer juntos a la hora del almuerzo.

Se volvieron muy buenos amigos. Siwon lo apreciaba mucho. Kyuhyun se había vuelto su dongsaeng favorito.

~*~

De un tiempo para otro, Kyuhyun había cambiado. Para nadie era algo notorio, pero sí para Siwon. Él podía darse cuenta de que algo no anda bien con su dongsaeng.

Kyuhyun era hablador. Por lo menos lo era con Siwon. Siempre estaba quejándose de lo tontos que eran algunos de sus compañeros, o le describía con detalle alguna misión que había superado de su juego de Star Craft, o le hablaba de cualquier otro juego de video con el que estuviese obsesionado. Pero Kyuhyun le había dejado de hablar. Y Siwon no entendía por qué. No era como si le hubiese retirado la palabra. Kyuhyun respondía las preguntas que el mayor le hacía, pero ya no mostraba interés en sus conversaciones. Se veía ausente, casi deprimido. Siwon le había pillado en más de una ocasión suspirando. Aquello le preocupaba.

—Sabes que puedes confiar en mí dongsaeng —le dijo al menor una vez. —Haré lo que pueda para ayudarte.

Kyuhyun había evitado su mirada y había respondido.

—Claro hyung. Gracias.

Aún después de que Siwon le dijera eso, Kyuhyun seguía sin decirle qué le pasaba. El mayor pensó que lo mejor sería no presionar a su dongsaeng. Ya hablaría cuando sintiera ganas de hacerlo.

Ese momento llegó más pronto de lo esperado.

—Tengo que hablar contigo hyung —Kyuhyun lo abordó apenas salía de su salón, durante el primer receso de la mañana.

—Claro Kyu… Eh… ¿Quieres que vayamos…

—Ahora no —le respondió su dongsaeng, cortante. —Después de clases. Espérame en la sala del Concejo.

—Claro… ¿estás bien dongsaeng? ¿Es algo muy grave?

Notaba que Kyuhyun estaba agitado, y eso lo inquietaba mucho.

Su dongsaeng negó con la cabeza y se marchó sin decir nada más.

~*~

Siwon se tardó unos diez minutos en llegar a la sala del Concejo Estudiantil porque unos compañeros suyos le hicieron preguntas sobre el próximo Festival de Primavera, para el cual faltaba mucho. Era día jueves, el día que usualmente él y Kyuhyun se quedaban a estudiar, el día que no había reunión de Concejo, por lo que la sala estaría dispuesta sólo para ellos dos.

Encontró a Kyuhyun mirando por la ventana, con un gesto demasiado adusto en su joven rostro.

—Siento haberme tardado —dijo Siwon a modo de saludo. —Espero no haberte hecho esperar mucho —sonrió.

Kyuhyun le miró, pero no dijo nada. Su dongsaeng se alejó de la ventana y se acercó a la mesa, donde había dejado su mochila.

Siwon estaba a punto de abrir la boca para preguntar si acaso no le iba a decir nada, cuando Kyuhyun habló.

—Hay algo que debo decirte hyung —pronunció Kyuhyun con claridad.

Siwon asintió levemente y se acomodó las gafas, esperando.

—Me gustas.

Siwon creyó que había escuchado mal.

—¿Qué…

—Me gustas mucho. Estoy enamorado de ti hyung.

El mayor perdió todo el color de su rostro. Abrió la boca, la cerró, la volvió a abrir y la volvió a cerrar.

—Sólo quería que lo supieras —dijo Kyuhyun. Cogió su mochila, se la calzó al hombro y se acercó a Siwon.

Demasiado cerca. Siwon creyó que debía poner un poco más de distancia entre ellos, pero estaba demasiado impresionado como para moverse.

—Hablo en serio hyung. Me gustas mucho —y entonces lo hizo.

Él y Siwon eran casi de la misma altura, por lo que no hubo necesidad por parte del menor de ponerse de puntillas. Se inclinó hacia el rostro del mayor, y Siwon, por un segundo, temió que su dongsaeng le besara en los labios. Pero no lo hizo. Sintió los suaves y gruesos y cálidos labios del menor en su mejilla izquierda. Fue un contacto muy breve, pero lo suficientemente duradero como para hacerle sentir escalofríos al pelinegro.

—Nos vemos mañana hyung —se despidió su dongsaeng como si nada, y abandonó la sala, dejando a Siwon solo y más confundido que nunca.

Thursday, August 4, 2011

Sí puedes besarme Hyung

Título: Sí puedes besarme Hyung
Pareja: KiHae
Tipo: Slash
Género: Romance
Clasificación: PG

Serie: Hyung

N/A: Cotinuación de Me gustas mucho Hyung.


Sí puedes besarme Hyung

El silbido del árbitro dio inicio al partido. Kibum veía todo desde lejos, refugiado bajo la sombra de un árbol. Observó a su hyung jugar con mucho entusiasmo y anotar tres goles para su equipo. Aquella expresión que adornaba su rostro cuando celebraba con el resto de los jugadores era algo que a Kibum siempre le había gustado.

El primer tiempo ya había terminado y vio como su hyung se disculpaba con el resto del equipo.

—¿Te marchas temprano otra vez? —escuchó decir a uno de los miembros del equipo.

—Tengo algo que hacer —sonrió su hyung con un gesto de disculpa, al tiempo que cogía sus cosas y se marchaba apresuradamente a los vestidores.

Kibum sonrió. Mientras caminaba rumbo a los vestidores, pensaba. Ese día se le antojó variar su rutina, y decidió cambiar la biblioteca y los libros por un poco de aire fresco, porque lo que fue a ver la práctica del club de fútbol.

Le conmovió ver que su hyung dejaba la práctica temprano para llegar puntual a la hora en la que se reunían fuera de la biblioteca para regresar juntos a casa, pero como esta vez no estaba en la biblioteca, no sería necesario que su hyung fuese hasta allá, por lo que tenía que decirle. Entró en los vestidores masculinos y vio a su hyung recién salido de la ducha (¿tanto había demorado en seguirlo, o es que su hyung es realmente rápido bañándose?), con la cintura envuelta en una toalla. Se estaba secando el cabello, cuando alzó la vista y lo vio.

—Kibum-ah —sonrió.

Kibum le devolvió la sonrisa, sonrojado.

—Siento molestar…

—No molestas. ¿Qué haces aquí?

—Vine a ver la práctica.

—¿De verdad? —dejó la toalla del pelo sobre una banca de madera y se volteó completamente para verlo. —¿Por qué no me dijiste que vendrías?

—Fue algo de improviso. Lo siento hyung.

—No te disculpes. Estoy feliz de que hayas venido —sonrió, y Kibum no pudo más que hacer eco de esa cálida sonrisa. —Me vestiré en un segundo —dijo, cogió ropa limpia de su bolso y regresó a las duchas para vestirse ahí. Salió vestido con los pantalones del uniforme, poniéndose el cinturón, todavía desnudo del torso para arriba.

A Kibum la situación lo ponía nervioso. Su hyung era unos centímetro más bajo que él, pero tenía los músculos de los brazos y los pectorales muy definidos, y se notaba que los músculos de su abdomen estaban muy bien trabajados. Se veía odiosamente atractivo.

—¿Cómo estuvo tu día? —preguntó el mayor, sacándolo de su ensimismamiento. Se había puesto una camiseta sin mangas de color blanco que le quedaba ajustaba, y ahora se disponía a colocarse la camisa blanca del uniforme.

—Estuvo normal. ¿Qué tal el tuyo, hyung?

—Mmm… pensé que reprobaría mi examen de química, pero aprobé con la nota mínima —rió. —Quizás debería dejar el club de fútbol y ponerme a estudiar más.

—¿Lo harías? —preguntó Kibum, incrédulo.

—No, no lo haría. ¿Viste los goles que anoté? —le preguntó, y se notaba que había querido hablar de eso desde que lo vio.

—Sí los vi hyung —sonrió ante la actitud tan infantil del mayor.

—¿No crees que me veo bien cuando juego fútbol? —preguntó, más para sí mismo.

Kibum rió discretamente.

—No lo sé hyung. Deberías preguntarle a tu club de fans.

—Nah, ellas siempre dicen que me veo bien haciendo todo —suspiró.

Kibum rió. Su hyung era muy popular entre las chicas, por su carisma y por su dulce sonrisa.

—Kibummie-ah —dijo el mayor.

—¿Qué?

—Quédate quieto.

Se acercó al menor, quedando cara a cara con él. Kibum sintió que su corazón comenzaba a agitarse dentro de su pecho, y tragó saliva, aunque de repente la boca se le secó.

—¿Q-qué sucede hyung?

—Tienes algo verde en el cabello —murmuró, mientras le quitaba lo que sea que tenía en el lado izquierdo. —Listo —eran algunas hojas, seguramente del árbol bajo el cual había estado observando la práctica.

—Gracias hyung —sonrió.

Donghae le sonrió de vuelta, sin demostrar intenciones de alejarse.

—Estamos solos —murmuró, sonriendo de medio lado, mordiéndose el labio inferior con gesto travieso. —¿Puedo besarte?

Kibum asintió. Sintió la mano de su hyung en su rostro y cerró automáticamente los ojos. Los labios del mayor se presionaron contra los suyos. Estaban juntos desde hacía tres meses, y Kibum ya había aceptado que los labios de su hyung le encantaban, aún cuando sus besos no habían pasado de ser un roce casto entre sus labios.

Kibum tenía mucha curiosidad por saber qué se sentiría besar a su hyung de verdad, pero no se atrevía a dar el primer paso, porque se ponía demasiado nervioso. Sabía que su hyung notaba todo su nerviosismo, y creía que era quizás por eso que el mayor aún no daba ningún indicio de querer profundizar esos besos, tal vez pensaba que lo espantaría o algo así.

A pesar de eso, esos besos tan inocentes le seguían dejando sin aliento, hacían que su corazón bombeara sangre con locura, y que en la punta de los dedos de las manos sintiera cosquillas.

La mano izquierda de su hyung le sujetaba gentilmente el rostro, y Kibum sintió que con la otra mano le tomaba de la cintura.

—Kibummie —susurró el mayor con la voz ronca, provocando que la piel del menor se erizara.

El pelinegro gimió muy bajito cuando sintió los labios de su hyung intentando aprisionar su labio inferior. Gimió otra vez cuando sintió los dientes del mayor mordisquear su labio provocativamente, y lo hizo nuevamente cuando sintió la lengua del mayor recorrer su labio de extremo a extremo, muy lentamente.

Separó los labios inconscientemente, y el mayor se aprovechó de ello para introducir su lengua dentro de la boca de Kibum, saboreando con deliciosa lentitud la cavidad del menor. A Kibum nunca lo habían besado de esa manera, así que fue por puro instinto el que respondiera al beso, correspondiendo las caricias con su propia lengua. De pronto sintió detrás de su espalda y nuca algo duro y frío. No se percató en qué momento su hyung lo encaminó hasta acorralarlo contra la pared, y sinceramente no le importaba. El aliento del mayor, su olor, su sabor, la sensación de su lengua frotándose contra la suya, sus labios moviéndose contra los suyos, sus manos sujetando su rostro y su cintura, su cuerpo apegado al suyo…

De pronto el celular de Kibum comenzó a vibrar, produciendo un sonido que los desconcentró y sobresaltó a ambos. Se separaron. Kibum tenía las mejillas teñidas de un rojo brillante y respiraba agitado, al igual que el mayor. Metió la mano al bolsillo de su chaqueta y sacó el aparato. La pantalla parpadeaba al tiempo que un pececito revoloteaba de aquí a allá mientras la palabra “Hyung” y una campana cambiaban de color. Había programado la alarma para las cuatro, para así salir puntual a reunirse con el mayor. Desactivó la alarma y el celular dejó de brillar. Soltó un imperceptible suspiro. ¿Ya eran las cuatro? ¿Cuánto tiempo habían estado besándose?

—¿Vamos a casa? —preguntó Donghae, sonriendo.

Kibum asintió, y esperó a que terminara de vestirse.

Friday, June 3, 2011

El más grande de todos los tontos - Three

Título del fanfic: El más grande de todos los tontos
Parejas: EunHae/HaeHyuk
Tipo: Slash
Género: Angst
Clasificación: NC-17
Advertencias: Contiene escenas de sexo más o menos explícitas xD.

N/A: Un final cursi, ghei y feliz~.
Enjoy


Three

Despiertas, y tardas en darte cuenta de que no estás en la habitación del hotel. Quieres incorporarte, pero no puedes, sientes tu cuerpo muy pesado, estás como adormilado. Esperas unos minutos para poder levantarte. Te sientas a medias en la cama y miras. Es un cuarto de hospital.

Te miras a ti mismo. Vistes uno de esos camisones blancos de hospital, y tienes una de esas agujas incrustada en tu mano, conectada a una manguerita que va a una bolsa de líquido transparente que cuelga junto a la cama. Miras en derredor y te das cuenta de que no estás solo. Hay un sofá, y en él están Siwon, sentado, con los ojos cerrados y sosteniendo la biblia, y Sungmin, recostado en lo que queda de sofá, con la cabeza apoyada en la pierna del moreno. Ambos duermen profundamente, y tienen el aspecto de estar ligeramente agotados.

Miras al otro lado de la habitación, y te das cuenta de que alguien duerme con la cabeza apoyada en tu cama. Es él, y te sientes mareado sólo de verlo. Está sentado en una silla, con la mitad del cuerpo sobre tu cama, junto a tus piernas. Le miras detenidamente y crees ver rastros de lágrimas en sus mejillas, pero piensas que son imaginaciones tuyas.

Le miras durante unos minutos, le ves mover los labios y decir algo, crees que es tu nombre, pero te convences de que no. Estiras la mano para acomodar un mechón de pelo cobrizo que le cae sobre los ojos, y él se sobresalta, despertándose e incorporándose de inmediato. Se queda mirándote varios segundos. Notas que tiene los ojos hinchados y enrojecidos.

—Hyukkie… —murmura, y no puede contener las lágrimas. Deja escapar un sollozo, y ese sonido despierta a Siwon, quien abre los ojos, sacude la cabeza ligeramente para espantarse el sueño y mira en tu dirección. Te ve y se apresura en despertar a Sungmin, quien hace ruiditos de molestia y se restriega los ojos al tiempo que se incorpora.

Tú no ves nada de eso por supuesto. Estás mirando fijamente como llora el pez, como se cubre la boca con las manos y trata de hacer menos audibles los sollozos que se agolpan en su boca por salir.

Siwon se levanta y se asoma hacia a fuera, llamando a alguien, una enfermera tal vez. Sungmin se levanta del sofá y se acerca a ti, secándose las lágrimas que se deslizan por sus mejillas.

—¿Cómo te sientes Hyukkie? —te pregunta el mayor.
—¿Eh? Pues… tengo sueño —dices.
Siwon se acerca y te sonríe. —¿En serio? ¿Has dormido durante dos días y aún tienes sueño?
—¿Dos días? —dices, incrédulo.
—Nos tenías muy preocupados —te dice Sungmin, y hace un puchero. —No vuelvas a hacer algo así. No sabes el susto que nos dio.
—Hyung, ¿por qué estoy aquí? —preguntas, porque no entiendes nada.
Siwon te mira, con cierto reproche al hablar. —No debiste ingerir tal cantidad de pastillas. Cuando te vimos con ese frasco de píldoras en la mano, e intentamos despertarte y no abrías los ojos, pensamos lo peor.
—¿Qué quisiste hacer con eso Eunhyukkie? No quisiste… hacer eso, ¿verdad? —te pregunta Sungmin.
—No quise matarme hyung, si a eso te refieres. Sólo quería dormir.
—El doctor te dijo que sólo una cada noche antes de dormir —te recuerda Siwon, y no tienes idea de cómo él sabe eso, pero no te importa.
—Quería dormir mucho tiempo…

El silencio los rodea. No sabes que decir, te sientes mal y avergonzado por haber preocupado a todos así.

—Lamento haberlos preocupado —dices, y haces una venia.
—Ya pasó. Es bueno ver que estás bien —dice Siwon, tomando tu mano y dándole un apretón cariñoso. —Rezamos mucho por ti.
—No vuelvas a hacer algo así nunca —dice Sungmin, con los ojos brillantes, como si fuese a llorar otra vez. —No vuelvas a encerrarte en tu habitación de nuevo. Si algo te angustia, habla conmigo, o con Eeteuk si te es más fácil.
—Lo haré hyung.
—Ash, Eunhyuk baboo. Tu madre está tan preocupada que tomó el primer vuelo a China que pudo conseguir, así que supongo que pronto la veremos por aquí.
—¿Le avisaron a omma? ¡Hyung! —te quejas, e imaginas la tremenda reprimenda que te espera.
—También le dijimos a tu hermana. Está afuera con los demás, la obligaron a ir a comer, no se despegó de ti hasta hace unas horas —agrega Siwon.
—Noona —suspiraste, agradecido.
—Junsu-shi no deja de llamar preguntando por tu estado.
—¿Junsu también lo sabe?
—Llamé a Eeteuk para informarle y estaba con Yuhno-shi y su manager. Supongo que alguno de ellos le contó a Junsu-shi —dice Sungmin encogiéndose de hombros.
—Yah, hicieron un gran escándalo por esto —te quejas.
—Estábamos muy preocupados por ti —te dice Siwon, y tu molestia desaparece al instante ante su tono de voz y su mirada severa. —No vuelvas a hacer algo así.

Tú asientes con la cabeza, silencioso, demasiado avergonzado y arrepentido. Te sientes tonto porque ahora que lo piensas, tomar tal cantidad de píldoras fue una idea bastante estúpida, y agradeces interiormente de que nada grave te haya pasado. Ya te imaginas las caras de horror que debieron haber puesto los miembros al entrar a tu habitación, encontrarla hecha un desastre, con tu ropa y demás pertenencias esparcidas por el suelo, y a ti, recostado en la cama, con el frasco en la mano.

Suspiras. De verdad estás arrepentido.

Una enfermera entra en la habitación y comienza a revisar los aparatos a los que estás conectado. Te informa que te dejarán un día más en el hospital para observación, y que deberás comenzar una dieta, porque has perdido mucho peso.

Siwon y Sungmin comentan algo de que tienen hambre, y te dicen que se irán por algo y de paso a avisarles a los otros que al fin has despertado. Siwon dirige su mirada hacia Donghae, quien se ha mantenido totalmente silencioso y no ha dejado de llorar. La mirada de Siwon es compasiva, la de Sungmin en cambio, en un tanto dura y fría, como si el conejito intuyera que el pez tiene algo que ver en todo lo que te ha estado pasando.

—Volveremos pronto —dice Siwon.

Sungmin te sonríe antes de marcharse con el menor.

Ahora están solos, y tú le vuelves a mirar. Él tiene la cabeza gacha, y ves que sufre de espasmos mientras se limpia las lágrimas de las mejillas y trata de respirar.

Verlo así te duele, remueve algo en tu interior que te dan ganas de acercarte, abrazarlo y prometerle que todo estará bien. Pero no lo haces. No estás seguro si vas a perdonar esta vez. Se burló de ti en tu propia cara, te usó y desechó, jugó contigo, te rompió el corazón en pedacitos. No estás seguro si serás capaz de volver a pegar esos pedacitos alguna vez.

—¿Por qué lloras? —quieres saber, no entiendes por qué él sigue llorando.

Él te mira, tiene los ojos muy enrojecidos por tanta lágrima.

—Creí… —dice, con esfuerzo, porque la voz le tiembla. —Creí que te perdía… —logra decir, y coge aire. —Para siempre —la voz le tiembla, y un sollozó inaudible escapa por sus labios.

Tú le miras. Lo que acabas de escuchar… ¿Será otra mentira? Porque si lo es, por favor, que alguien te mate ahora mismo. Los pedacitos de tu corazón volvieron a unirse de nuevo sólo para estremecerse ante esas palabras. ¿Acaso sí le importas?

—¿Eso… te afecta? —preguntas, y notas que tu voz también tiembla.

Él asiente con la cabeza enérgicamente, incapaz de hablar.

—¿Si yo me fuera… —el pez alza el rostro para mirarte, con un leve dejo de miedo en sus ojos, —eso te… afectaría?
—S-sí —dice con un hilo de voz.

Tú suspiras, y sonríes amargamente.

—No voy a estar aquí para siempre —dices, y te sorprendes de lo firme que se escucha tu voz. —He sido muy paciente. He esperado mucho, he soportado mucho. E intentado… Todo eso ya se acabó. Yo ya no estaré para ti. No te esperaré ni te aceptaré cuando decidas volver. Se acabó.

—Lo sé —dice él. —Sé que ya no estarás ahí por siempre. Sé que quieres irte, que estás cansado. Lamento todo… todo lo… que pasaste por mí… No sé por qué… Soy un tonto. No quería dañarte, pero lo hice… N-no sé por qué lo hago… —llora, agachando el rostro para que no lo veas. —Quiero que ser distinto… quiero hacerte feliz. No quiero que dejes de sentir lo que sientes por mí, por eso… —mete la mano en el bolsillo de su pantalón y saca una cajita de terciopelo negro. La abre y deja a la vista un anillo de plata. —Prometo dedicarme enteramente a hacerte feliz, y si te vuelvo a hacer llorar, dejaré que Siwon me dé una paliza.
—Siwon nunca haría eso —dices.
—Tú no lo viste cuando te encontramos. Me gritó muchas cosas, y si no hubiera sido por Zhoumi y manager hyung, me habría golpeado.

Te sorprendes al escuchar eso, y te sientes muy agradecido con Siwon.

Se quedan en silencio durante unos segundos. Tu corazón latiendo demasiado fuerte, expectante, aguardando lo que sea que él tiene para decirte.

—Prometo que… te despertaré con un beso cada mañana que estemos juntos, que te prepararé el desayuno, aunque sólo sepa hacer huevos revueltos, y te lo llevaré a la cama cada vez que pueda. Prometo decirte lo mucho que te amo, porque te amo, hasta que te hartes y ya no quieras escucharlo más, y prometo que apenas salgas del hospital te llevaré a comprar un cachorro y le daremos a Bada, Mío y a Choko un dongsaeng. Prometo que te cuidaré cada vez que enfermes, y que te llevaré a conocer mi casa en Mokpo, a cenar con omma y hyung cuando este vuelva del ejército. Prometo que…
—Ya… Donghae, detente —dices, no puedes contener las lágrimas. Todo lo que él promete suena maravilloso, hermoso, perfecto. Quieres creerle, de verdad que quieres, pero tienes miedo. La caída puede resultar mucho más dolorosa si te promete un paraíso como ese.
—Hyukjae —dice él. —Estar contigo esa última vez… todas las veces que hicimos el amor… —murmura, y te estremeces de sólo recordarlo, te estremeces más por ese tono de voz suyo que se te antoja como anhelante, como si aquel recuerdo también removiera algo en su interior. —Significan mucho para mí. Perdóname por irme así, no quería que me malinterpretaras. No me fui porque no quisiera estar contigo. Por favor… perdóname.

Tu corazón recién reparado te pide a gritos que le digas que sí, pero hay algo que te detiene, y no sabes qué es. Resentimiento tal vez, porque después de todo, has sufrido. Has sufrido muchísimo, y no estás seguro de dejar pasar todo ese sufrimiento así como así.

—Te amo —murmura, el pez, guardando el anillo nuevamente en su bolsillo, y escondiendo el rostro en una mano, tratando de llorar silenciosamente y fracasando.

Y ahí va de nuevo. Es la segunda vez en menos de dos minutos que te dice que te ama. Nunca antes lo había hecho, ni una vez cuando hacían el amor, o cuando dormían juntos, abrazados. Nunca. Todas las promesas que él acababa de hacerte no valen
nada en comparación a ese «te amo» que tanto has ansiado escuchar y que pensaste que nunca llegaría.

Te das cuenta que la sensación cálida que le hace cosquillas a tu pecho ha vuelto a aparecer. Con eso, ya sabes cuál es tu respuesta.

—Dame mi anillo —dices.

Él se descubre el rostro y te mira, y la expresión que luce te conmueve profundamente. Tú estás sonrojado, y una pequeña sonrisa adorna tu rostro también lloroso. Él mete nuevamente la mano en el bolsillo y saca la cajita, la abre y te muestra el anillo de plata, y te das cuenta de que tiene algo grabado. Coges el anillo y lo acercas para leer.

Yours ever


—Prometo que seré tuyo siempre —dice el pez.

Te pones el anillo en el dedo anular de la mano izquierda.

—Me queda grande —dices.
—Es para este dedo —te dice él, colocándote el anillo en el dedo corazón. —Yo también tengo uno —y te enseña su mano izquierda, moviendo los dedos, el anillo plateado que adornaba su dedo de en medio. Se lo quita y te lo entrega. —Tiene algo grabado dentro —lees cuidadosamente y sientes algo en tu pecho al leer tu nombre. —Sé mi pareja —dice él de repente. —Novio, enamorado… el nombre que sea. Sé mío.

Tú le miras seriamente, y sin resistirte, te inclinas hacia él y lo besas. Ese contacto te sabe a muchas cosas, triunfo, gloria, felicidad. Sientes como si algo líquido y tibio se derramase sobre tu corazón, sanando todas las heridas, rellenando todos los espacios, las ranuras que quedaron tras haberse juntado uno a uno los pedacitos de este. Él responde tu beso con ansias, con deseo, y ambos terminan con las respiraciones agitadas. Apegas tu frente a la de él y sientes como el pesado, enorme, y doloroso nudo en tu garganta se afloja, se deshace. A pesar de eso, lloras, porque eres un llorón. Pero estas lágrimas que ahora se deslizan por tus mejillas son las lágrimas más dulces que has derramado en toda tu vida.

Eres feliz, eres inmensamente feliz. Sientes que todo el sufrimiento que viviste ha valido la pena si la recompensa es este momento. El corazón te late violentamente y crees que te explotará de la felicidad en cualquier instante.

—Feliz cumpleaños —susurra él.

Y tú abres los ojos desmesuradamente.

—¿Hoy es mi cumpleaños? —preguntas.

Él se ríe e ti.

—No. Lo fue hace dos días. Si me fui tan de repente esa mañana, fue porque quería conseguir algo realmente bueno para regalarte, así que pase toda la mañana buscando los anillos y luego los mandé a grabar. También te había comprado un pastel, pero cuando llegué no querías abrir la puerta. —Hace una pausa, y notas que el recuerdo de ese día le hace daño. —Cuando logramos entrar y te vi así… Me asusté mucho —murmura.
—¿O sea que ese día fue mi cumpleaños?
—Lamento haberte echado a perder el día —se disculpa, realmente apenado.
—Pero es que no lo sabía.
—¿No lo sabías?
—Que era mi cumpleaños.

Por supuesto. ¿Y cómo ibas a saberlo? Andabas perdido, sin saber en qué día vivías. Comenzó la gira y te olvidaste por completo de que el mes de Abril se acercaba. A veces eres tan tonto Hyukjae.

—En cuanto te den el alta, celebraremos tu cumpleaños, ¿te parece?
—No lo sé, estoy muy cansado como para una fiesta.
—Nada de eso. Ya estamos planeando la fiesta —dice una voz alegre desde la puerta y ambos miran.

Eeteuk, en compañía de los otros y tu hermana, entran, y la habitación se llena de repente.

—¿Cómo te sientes? —te pregunta el líder.
—Muy bien, pero hyung, ¿por qué estás en China?
—Estaba preocupado por mi dongsaeng —sonríe el mayor. —Además quería aprovechar de pasar tiempo con ustedes antes de entrar al ejército.
—Hyung… —dices, conmovido.
—Jungsoo hyung, ¿qué decías sobre la fiesta? —pregunta Donghae.
—Así, la fiesta —exclama con entusiasmo.

Entre todos se ponen a discutir los detalles de la fiesta, incluso tu hermana, después de llenarte de besos, se pone a opinar sobre la comida, la música y la decoración.

Tú no prestas atención a nada de eso. Estás más atento a la calidez de la mano que sostiene la tuya, a la mirada dulce que te dedican ese par de ojos castaños y a la sonrisa encantadora que se forma en esos exquisitos labios que de ahora en adelante son sólo tuyos.


*~*~*



Hace calor. De repente China empieza a gustarte mucho.

¿Qué es lo que más te gusta?

Las noches. Porque son jodidamente calientes. Te gustan porque sientes toda la noche ese cuerpo pegado al tuyo, ese calor abrasador que emana de esa piel salada y húmeda de sudor y saliva, saboreas esos labios adictivos, y el cuarto se llena de gemidos, de súplicas, de palabras incoherentes que escapan ante el delirio que causa el placer.

Escuchas la música, el ruido de copas, de risas, de voces hablando, gritando, divirtiéndose. No te importa, aunque tú seas el motivo de sus brindis y sus festejos. Prefieres celebrar el día de tu nacimiento, aunque este ya haya pasado, encerrado en esa habitación, invadiendo ese interior tan estrecho, embistiendo una y otra vez, arrancando salvajes sonidos de esa garganta que vibra como loca y que te provoca con el movimiento de esa nuez en ese cuello tan masculino.

Ese hormigueo delirante te golpea como por cuarta vez, y te derramas dentro de él. No te separas, porque disfrutas muchísimo de su calor interior envolviéndote, a veces te dan ganas de quedarte dentro de él por siempre. Descansas todo el peso de tu cuerpo sobre él, sabes que a él no le molesta, que resiste tu peso y que de hecho le gusta sentirse aplastado por ti. Comienzas a sentirte un poco cansado, y mantienes los párpados cerrados, pensando que no podría haber una manera mejor de dormir como aquella. Pero él se mueve, él se mueve y comienza a besar tu cuello con esa lentitud tan provocativa que te eriza toda la piel.

—Otra vez —murmura, con la voz cargada de deseo. A veces te sorprende el que Donghae parezca ser una fuente inagotable de calentura, excitación y montón de otras cosas pornosas.

Sientes que tu miembro comienza a recobrar vida nuevamente. Te ríes suavemente en su oído.

—¿No estás cansado?
—No.
—¿No quieres dormir un poco?
—¿Tú quieres dormir? Dormiste dos días seguidos —te reclama.
—Pero tengo sueño —le dices.
—Por favor Hyukkie —te pide con tono infantil. —Una más, sólo una más.
—Pero Hae, mañana te dolerá.
—Claro que no —rebate él de inmediato.
—Claro que sí.
—No importa. Sólo… sólo quiero estar contigo —susurra en tu oído, y comienza a llenarte de besos.
—Hae…
—¿No quieres? B-bien. Entiendo —dice, y deja de besarte.

Sabes que le has herido.

—¿P-puedes salir? —te dice, y tú le haces caso. Abandonas su interior muy lentamente y el gemido que brota de su boca te provoca.

Le ves lamerse los labios, con los ojos cerrados, como si visualizará algo sumamente placentero. Luego se gira sobre su costado y te da la espalda.

—Buenas noches —te dice.

Te quedas mirando su nuca y parte de su espalda. Te acercas y le rodeas con tus brazos. Tu contacto le hace gemir y eso te provoca más.

—Otra vez —susurras en su oído y le lames la oreja. —Las veces que quieras —agregas. Le sientes estremecerse todo. —No me canso de hacer el amor contigo —susurras.

Tus caricias son suaves y calmadas. Le estás amando con las manos, eso es lo que haces. Él suelta gemidos quedos, y se voltea para besarte, y ese beso es dulce y suave, como el algodón de azúcar.

Se llenan de besos y caricias tiernas, pero no por eso el deseo se calma o aminora. Es lo opuesto. Sientes fuego en tu interior. Quieres unir tu cuerpo al de él cuanto antes.

—Te quiero adentro Hae —le pides, y sabes que él está más que feliz por complacerte. —Hae… —su nombre brota de tus labios una y otra vez.

Es como un sueño, el sueño más maravilloso que has tenido en toda tu vida.

—Hae… No… vuelvas a irte —dices con dificultad, sintiendo su miembro golpear en tu interior. —No me dejes.
—Hyukkie —jadea él y te devora los labios. —Nunca… nunca me iré —gime, y aumenta el ritmo y la fuerza.
—Hae…

Le sientes acabar, al mismo tiempo tú acabas también. Está a punto de salir de ti, pero le detienes.
—No te vayas —murmuras.
—No seas tontito —te sonríe, con esa sonrisa que derrite mil corazones en menos de un segundo. —Nunca voy a dejarte. Serás mío para siempre —agrega en tono de broma, y se ríe.

Tú le respondes con una sonrisa y disfrutas de sus labios besando tu frente cariñosamente.

La idea de ser suyo para siempre no te parece tan mala. A decir verdad, se te antoja hermosa, porque sabes en el fondo de tu corazón que le pertenecerás por siempre.

Eres tonto, su tonto.